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Loránd János. Una apuesta por llevar a las pantallas el poder de la danza.

El movimiento es el ingrediente esencial con el que el mundo continúa, o sobrevive. Cuando el cuerpo se fusiona con el movimiento cinematográfico nace uno de los géneros más auténticos: el cine de danza. Choreoscope, el Festival Internacional de Cine de Danza de Barcelona, celebra su décimo aniversario. En pleno arranque de la décima edición, he entrevistado a su director artístico, artífice e incansable luchador. También, grandísimo amigo. Conocí a Loránd János en 2014, cuando yo trabajaba como responsable de comunicación en la Oficina de Quebec de Barcelona. Vino acompañado de Susanna Vivé a presentarnos su proyecto. “Esta es una colaboración más que lógica”, nos dijo a mí y a Esther del Peral, por aquel entonces responsable del área de cultura de la oficina. “En Quebec hay una gran tradición de cine de danza. Se hacen cosas maravillosas”. Y nos mostró el cortometraje Danse Macabre. Me fascinó. Colaboramos desde la Oficina (a día de hoy aún perdura esa complicidad) apoyando una sesión especial dedicada a producciones quebequesas. Era la segunda edición del festival. En la tercera, yo ya formaba parte del equipo. Choreoscope es uno de esos proyectos exquisitos que van a contracorriente y que, considero, dan sentido a la cultura y a la reivindicación artística.

Naciste en Rumanía, allí realizaste estudios superiores diversos como Turismo, Cine y Danza. Llegaste a Barcelona a través de una beca y, mientras trabajabas, te licenciaste en Publicidad y Relaciones Públicas en la Pompeu Fabra. Después de este recorrido, ¿cómo surge la idea de Choreoscope?

Antes de crear el festival, había dirigido y producido películas de danza y eché de menos en Barcelona algún espacio o certamen donde poder presentar mis películas. Como mi primer cortometraje, ‘Sueños’, duraba veinte minutos, alquilé una sala de cine y lo proyecté junto con una presentación. Pero el siguiente, ‘Lynching’, duraba solamente diez minutos y se me ocurrió la idea de hacer una velada con varias películas. Así que busqué otros cortometrajes de danza para poder hacer una sesión y que la guinda del pastel fuera mi película. Sin embargo, cuando empecé a hacer este trabajo de investigación, encontré películas tan fantásticas que la mía pasó a un segundo plano y me resultó mucho más interesante poder compartir con el público todas estas maravillas que se hacían (y se hacen) a nivel internacional. Y así, en 2013, hicimos una sesión en los Cines Maldà, donde estaba incluida mi película, pero con muchos otros cortometrajes, naciendo con ella Choreoscope.

“La principal diferencia, para simplificar las dos definiciones, es que la videodanza está relacionada con el video arte, y cine de danza, con el cine”.

Por aquellos años, lo bautizaste como el primer festival de cine de danza de Barcelona.

Sí, y he recibido mucha crítica por parte de algunos profesionales. Sigo manteniendo que ha sido el primer festival de cine de danza de Barcelona, pero es una realidad que ya se hacían cosas de audiovisuales de danza mucho antes de que naciera Choreoscope. Yo no había inventado la rueda. La videodanza existe en esta ciudad desde los años 80 y hay colectivos muy potentes que han trabajado el lenguaje audiovisual de la danza. Pero el problema radica en que videodanza y cine de danza no es lo mismo. En este sentido, a pesar de que la videodanza estaba introducida en Barcelona y en España, desde hace mucho tiempo, y existían certámenes de videodanza, en Barcelona no se hacía ningún festival de cine de danza.

La eterna dialéctica. ¿Qué diferencia, entonces, al cine de danza de la videodanza?

La principal diferencia, para simplificar las dos definiciones, es que la videodanza está relacionada con el video arte, y cine de danza, con el cine. Decir que cine de danza y video danza es lo mismo, sería como decir que el video arte y el cine son la misma disciplina. Y no es así, evidentemente. Los dos se nutren de dos conceptos muy diferentes, utilizan el lenguaje audiovisual, hasta cierto punto, para expresar y exponer, pero no tienen nada que ver. El cine de danza es un subgénero cinematográfico que se sitúa dentro de lo que se conoce como el screendance, que recoge todo aquello que es danza en la pantalla. Dentro de este género, también está la videodanza, que se distingue por la centralidad de la experimentación audiovisual sobre la transmisión del cuerpo y su movimiento. El cine de danza, en cambio, se basa en las reglas de construcción cinematográfica, principalmente la narrativa y la imagen como medios de expresión. Son películas. Y todas aquellas películas en las que el movimiento corporal es fundamental para su estructura dramática se pueden considerar cine de danza. Nosotros como filosofía fundamental decimos que somos un festival de cine. De cine de danza, pero de cine. Lo que el público se va a encontrar cuando viene a nuestro festival son: cortometrajes, largometrajes, documentales, animación… con historias contadas a través del cuerpo, del movimiento.

Choreoscope reivindica el cine de danza como uno de los géneros más auténticos.

Cine y danza han ido siempre de la mano, precisamente porque hablan el mismo lenguaje. Es significativo que el propio término americano movie contenga la raíz de movement, que los actores y actrices a menudo tomaban clases de danza y que una de las escenas más icónicas del cine sea, por ejemplo, la de Pulp Fiction, cuando Uma Thurman y John Travolta salen a la pista de baile. La danza está en el cine desde que existe cine. En las primeras películas ya se bailaba. Estamos hablando de más de 120 años de historia. Somos un festival de nicho, ya que es un festival de cine de danza, pero si pensamos en los grandes éxitos comerciales como Dirty Dancing, Flash Dance, Fiebre de sábado noche, Billy Elliot o Cisne negro (todas ellas películas de danza) estamos hablando de producciones que han arrasado a nivel comercial en todo el mundo. Y yo creo que ahí está la prueba de que a la gente le gusta la danza, consume más danza de la que se piensa, aunque quizás de una manera más inconsciente. La danza forma parte de nuestro ADN. Nos expresamos a través del cuerpo, del movimiento, mucho más que a través de las palabras. Hay una razón por las que en países como Irán se prohíbe bailar. La danza une, la danza comunica, la danza eleva a las personas. Conecta a nivel universal. En este sentido, las películas que mostramos hablan un lenguaje universal y que no tiene fronteras.

Cine y danza han ido siempre de la mano. La danza une, la danza comunica, la danza eleva a las personas”

¿Cuáles han sido los festivales de cine o asociaciones que han inspirado al proyecto?

Nuestra primera colaboración y nuestra primera fuente de inspiración fue el Dance on Camera de Nueva York, organizado por la Dance Films Associaton, que es la asociación de danza en la pantalla más antigua del mundo, con más de 75 años de recorrido. Ellos fueron los primeros en apoyar nuestro proyecto cuando nadie creía en él. Luego ya empezamos a desarrollar conexiones con otros festivales que tienen una filosofía similar a la nuestra, desde Loikka Dance Film Festival, de Helsinki, que tristemente ya no existe y era uno de los festivales más bonitos; el Cinedans – Dance on Screen de Amsterdam y el San Francisco Dance Film Festival. Pero también colaboramos con muchos otros proyectos o festivales, como el Inshadow de Portugal, con quien hemos programado este año una sesión especial, o el Athens Video Dance Project, por nombrar algunos. Y a nivel estatal, no podemos olvidarnos del Zinética, del País Vasco, que es uno de los festivales más interesantes que existen en estos momentos en el campo de la danza audiovisual.

¿Y apoyos locales?

Aquí en Catalunya, y en Barcelona concretamente, contamos con el apoyo de varias instituciones y proyectos culturales. Como el departamento de festivales de cine de la Generalitat de Catalunya, el cual nos ha ayudado prácticamente desde el primer momento y nos ha orientado muchísimo a la hora de poder definir también lo que es nuestro festival, Catalunya Film Festivals y espacios culturales de la ciudad como Mercat de les Flors, La Caldera, la Oficina del Quebec en Barcelona, Arts Santa Mónica y Filmoteca y los Maldà, que son nuestras sedes. Tenemos tres padrinos: Paco León, que fue embajador del festival desde los primeros años y que celebró la creación del proyecto porque aunaba su pasado de bailarín de contemporáneo y su presente como director de cine; la coreógrafa y bailarina Lali Aiguadé, quien llegó a Cannes y a los Oscars con su cortometraje de danza Time Code y nuestra querida Sol Picó, que año tras año nos acompaña con su carisma y buen rollo.

En esta década de Choreoscope, se puede observar que la producción local y estatal de cine de danza ha aumentado.

Sí, y me gustaría pensar que en este sentido Choreosocope ha jugado un papel importante. Con el objetivo de potenciar la creación de cine de danza, impulsamos en 2015, con el apoyo de Mercat de les Flors y también de La Caldera, unas convocatorias que llamamos Jóvenes talentos. Animábamos a estudiantes de cine y de danza a crear piezas. Pusimos mucho empeño en estas convocatorias y sus frutos habrán dado porque si hace diez años apenas se producían dos o tres películas al año, ahora ya tenemos una sesión especial, con unas quince películas programadas y muchas otras que hemos tenido que dejar fuera por falta de espacio. El número de producciones se ha disparado. Y también creo que hay un antes y un después de la pandemia. Muchos bailarines y coreógrafos, durante el confinamiento, han hecho las paces con el medio audiovisual. Para mí, hay que entenderlo como un aliado muy potente para poder seguir trabajando y que las creaciones puedan llegar a nivel internacional, a sitios donde de otra manera sería mucho más difícil.

“No solo lloré cuando le dimos el Premio Honorífico a Lloyd Newson y a DV8, también me pasó el año pasado con Wim Vandekeybus”

¿Qué puede aportar el cine de danza a las Artes Vivas?

Creo que el lenguaje audiovisual es un lenguaje con el que es más fácil llegar a muchas más personas. Dar acceso a las demás artes. El cine está considerado el séptimo arte precisamente porque engloba todas las artes. Para que una película funcione y quede bien, hay muchas disciplinas que se tienen que juntar y colaborar y congeniar para generar un resultado satisfactorio. También considero que le puede ofrecer una parte de inmortalidad que las Artes Vivas no tienen, ya que son efímeras y lo audiovisual les puede permitir perdurar en el tiempo. Pero eso sí, en las Artes Escénicas hay un intercambio con el público y el artista o los artistas de una manera directa, en el que el artista bebe de la energía del público y el público se enriquece con la energía que recibe de la creación, muy diferente a lo que ocurre en el proceso de intercambio entre una película y el público no se da de la misma manera. Ya que el público está delante de una pantalla, y por mucho que se emocione, no será del mismo modo que ante un espectáculo en vivo.

Choreoscope apostó por Filmin antes de que fuera un canal tan conocido y de que en la pandemia se convirtiera en un medio imprescindible para muchos festivales de cine.

Llevamos más de siete años colaborando con ellos. Siempre hemos considerado que hay que aprovechar todas las posibilidades tecnológicas y cuando conocimos este proyecto (una plataforma digital de cine de autor) no dudamos en entablar una colaboración. Además, Filmin en la pandemia ha disparado nuestro número de espectadores, pasando de una media de 3000 a más de 36000, el año pasado. Se agradece muchísimo poder conectar con todo el estado y Andorra. Es una gran ventaja. En esta edición Choreoscope estará en Filmin con contenido exclusivo a partir del lunes 24.

En estos diez años, podríamos contar muchísimas anécdotas. Desde photocalls que volaron por las Ramblas hasta momentazos con los invitados internacionales, o un espléndido Pere Faura presentado la cuarta edición. Ya sabes que la que más me gusta es la de Lloyd Newson…

¡Diez años ya dan para mucho! No solo lloré y tuve mi momento fan loca cuando le dimos el Premio Honorífico a Lloyd Newson y a DV8, también me pasó el año pasado cuando me reuní antes del festival con Wim Vandekeybus para darle el premio honorífico. Vino a Barcelona en el marco de Dansa Metropolitana, y aproveché para entregarle nuestro reconocimiento. Volví a llorar de emoción.

“Choreoscope no existe para hacer dinero, sino para acercar al público contenido cultural de calidad y original. Inspirar, generar, mover el mundo”

Choreoscope es un proyecto que su esfuerzo y sudor cuesta. ¿Qué es lo que más te frustra en este camino?

El equipo y el público. Me explico. Un proyecto como Choreoscope no existe para hacer dinero, sino para acercar al público contenido cultural de calidad y original que de otra manera no tendría acceso o sería mucho más complicado llegar a él. Inspirar, generar debate, cambiar el mundo, mover el mundo. Lo que me frustra es, y aquí es donde interviene el poco apoyo económico que recibimos, que al no tener una buena base económica es muy difícil mantener un equipo, generar un equipo estable. La estabilidad del equipo para mí es fundamental, como para cualquier otro proyecto para que éste pueda crecer y evolucionar. Una de las cosas que más sentimiento de impotencia me genera es el hecho de que hayan pasado muchas personas por el festival con muchísimo talento, pero que no se han podido quedar porque llega un momento que todo el mundo tiene que priorizar pagar sus facturas, y esto duele. Estoy muy agradecido a todas estas personas que han hecho que el proyecto crezca y han aportado sus conocimientos y su amor al festival. Pero me gustaría poder construir un equipo estable y que Choreoscope no dependa tanto de mí. Me gustaría que llegase un momento en el que el festival continue, aunque yo no esté. Que sea un proyecto que perdure. Y cuando hablo del público, evidentemente el festival lo creas para él, estos últimos años han sido difíciles, la respuesta del público no siempre ha sido la mejor. Sobre todo, en las sesiones presenciales. Duele cuando ves una butaca vacía. Porque el objetivo es este, que la gente pueda conectar con estas maravillas.

Y, para terminar, ¿Qué te gustaría destacar de esta edición?

Es una edición muy ecléctica, con gran diversidad de propuestas, que es uno de nuestros objetivos: mostrar todas las facetas del movimiento y de la danza que hay en el mundo. Por lo tanto, veremos propuestas que van desde el contemporáneo al jazz, con un documental fantástico que nos habla sobre la historia del jazz clásico, pero sobre todo hay historias muy bonitas que se cuentan a través del movimiento y del cuerpo en movimiento y lo que buscan es conectar con el público, para mover el mundo.

Perfil del autor
Esther Pedrós

Esther Pedrós Martorell es periodista, gestora cultural y escritora. Con una formación ecléctica en Humanidades y Ciencias de la información, diplomada en Comunicación Audiovisual y licenciada en Filología Hispánica por la Universitat de València, con un máster en Periodismo Avanzado por la Universitat Ramón Llull de Barcelona, ha trabajado para diversas instituciones como la Oficina gubernamental y cultural de Quebec en Barcelona, la Fundació Ictus o el 1er Observatori de Mitjans i Salut Mental de Catalunya; así como en diferentes medios de comunicación y agencias corporativas como ABC, Revista Rambla, Comunicas o Mapa Comunicación.

En 2017 y 2018 publica una serie de libros de entrevistas sobre los distritos de la ciudad condal y las ciudades del área metropolitana de Barcelona, en los que da voz a las personas, entidades y asociaciones más emblemáticas de cada barrio. Especializada en periodismo de proximidad y en comunicación cultural, combina esta profesión con la codirección del festival de cine Choreoscope, el festival internacional de cine de danza de Barcelona. En la actualidad, tras volver a su ciudad natal, Valencia, es la responsable de comunicación y prensa de Projecte inestable.

Esther Pedrós Martorell es periodista, gestora cultural y escritora. Con una formación ecléctica en Humanidades y Ciencias de la información, diplomada en Comunicación Audiovisual y licenciada en Filología Hispánica por la Universitat de València, con un máster en Periodismo Avanzado por la Universitat Ramón Llull de Barcelona, ha trabajado para diversas instituciones como la Oficina gubernamental y cultural de Quebec en Barcelona, la Fundació Ictus o el 1er Observatori de Mitjans i Salut Mental de Catalunya; así como en diferentes medios de comunicación y agencias corporativas como ABC, Revista Rambla, Comunicas o Mapa Comunicación. En 2017 y 2018 publica una serie de libros de entrevistas sobre los distritos de la ciudad condal y las ciudades del área metropolitana de Barcelona, en los que da voz a las personas, entidades y asociaciones más emblemáticas de cada barrio. Especializada en periodismo de proximidad y en comunicación cultural, combina esta profesión con la codirección del festival de cine Choreoscope, el festival internacional de cine de danza de Barcelona. En la actualidad, tras volver a su ciudad natal, Valencia, es la responsable de comunicación y prensa de Projecte inestable.

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