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Tecún Umán, foto de ®Brava_estudio

FESTIVAL RUSSAFA ESCÉNICA 2022: VOLVEMOS A RECORDAR LAS CALLES DE RUSSAFA

Fechas de representaciones: del 24 de septiembre al 2 de octubre de 2022. Fecha de la crítica: 3 de octubre de 2022. Festival Russafa Escènica (diversos espacios).

La duodécima edición del festival de otoño Russafa Escènica ha regresado por fortuna a su formato anterior a la pandemia. Con aforos al cien por cien después de dos años con restricciones y una elección obligada de las salas establecidas en la ciudad de Valencia como espacio para las representaciones. Es una gran alegría volver a los paseos por el barrio de Russafa y asistir a los llamados Viveros, piezas cortas de media hora máxima de duración, que siempre nos muestran a compañías, autores y actores generalmente noveles, y subrayo generalmente. Porque en esta edición, como es algo que advertimos desde 2019, hemos vuelto a ver en el festival obras de creadores consagrados como Toni Aparisi o Toni Agustí.

Aunque ha habido cambios desde 2019. Ya no existe la Russafa In y la Russafa Out. Aunque en realidad sí existen porque los llamados Bosques, piezas con una duración de alrededor de una hora, han pasado a las salas que acogían al Out, con la excepción de La cadira verda en el teatro Russafa, anterior sede del Invernadero, la producción propia del festival de larga duración. Esto ha provocado que hayamos perdido un par de días de poder asistir a los Viveros porque las salas están fuera del barrio y el tiempo para acudir a ellas era escaso. Hemos ganado en calidad en las representaciones por discurrir en salas preparadas, aunque hayamos perdido en la posibilidad de realizar en una tarde maratones de dos o tres Viveros y un Bosque o el Invernadero, que aún se mantiene.

Por otro lado, el número de estrenos en la ciudad durante las dos semanas de duración del festival también ha sido culpable de no haber podido asistir a todas las obras programadas. Hay tanta programación que resulta imposible de cubrir. Ya no se puede evitar que el campeón sea el teatro de usar y tirar o el sujeto a los sistemas de subvenciones cuantitativos más que cualitativos. De hecho, no pude ver  el Vivero ganador del festival, La vida es oler aunque huela a mierda de Gabriel Benavent. Lo espero ampliado en la lectura dramatizada en la SGAE.

Con humor siempre mantengo que Russafa Escènica necesitaría un crítico en exclusiva y a tiempo completo para atender a once Bosques, y más cuando siete de ellos se programaron en cuatro días, y ocho Viveros en nueve, más las actividades complementarias. Es un festival tan sumamente interesante y bien organizado, a pesar de la dificultad de ser espacios no convencionales la mayoría, y ahora que los Bosques están en salas, se añaden las dificultades logísticas de desplazamientos a salas alejadas de Russafa. No soy yo una persona apta para aconsejar u opinar sin cifras en la mano, pero sí transmitir como público que no sé si cuatro días son suficientes para exhibir los Bosques valencianos.

Aun así, el festival está consolidado y es la primera gran cita de la temporada. Esperemos que su director Jerónimo Cornelles y su magnífico equipo que con encanto nos recibe un año tras otro sigan adelante. Aunque sea agotador. Y que no hagan caso al desánimo y la superstición dado que la próxima edición es la decimotercera. Seguro que han tomado nota de cuestiones para cambiar a mejor. Aunque ya no sintamos como antes que era el verdadero inicio de la temporada en la ciudad de Valencia porque el incremento de estrenos en este mes de septiembre en los teatros privados ha sido notable (los públicos siguen cerrados en ese mes donde vuelven espectadores con ganas de teatro). Afortunadamente.

Viva lo positivo, lema de esta edición.

Bosques en perspectiva

El 22 de septiembre en la sala Off se estrenó Tomada, pieza escrita y dirigida por Carlos Ruiz, autor ganador de la quinta convocatoria de autoría de la sala Ultramar en 2020. Se trata de una historia extraña demostrativa de que con dos sillones, un carillón y un suelo de de arena  se puede hacer teatro siempre que haya un buen texto y los actores sean solventes.

En las obras de Ruiz siempre aparece una madre. Tomada no es una excepción, aunque sea referida y ausente; un recuerdo ambulante como un fantasma por la casa donde sus hijos, Irene y su hermano, se enfrentan al conflicto de tener que alquilar la mejor de las habitaciones con las vistas al atardecer de la vieja casa familiar para subsistir a dos desconocidos extraños y ávidos de ver el conocido rayo verde. Su llegada altera la vida solitaria y los hábitos de la pareja que siempre come sobras incluso de las sobras del día anterior, tiene una vaca, Rosita, que puede ser sacrificada para su subsistencia, más un perro cojo que se ha perdido o ha huido. La evocación de la madre, cuya habitación permanece cerrada, está presente como pervivencia del pasado. Un debate entre lo sentimental y lo pragmático.

A pesar de la simpleza de medios, la propuesta es atractiva por el desarrollo interpretativo del texto. Destaca el desdoblamiento de los dos actores en los cuatro personajes, con cambios realizados de forma sencilla. Estela Muñoz permuta de la hermana a la esposa de los inquilinos solo quitándose la pinza del pelo o volviéndosela a colocar, y Fernando Soler subiéndose los tirantes del pantalón. Ambos ofrecen una excelente interpretación. Ella es una actriz con un poder de convicción ejemplar en la conformación de sus personajes. Y aquí se muestra mucho más que poderosa, con mucha naturalidad reforzada por su perfecta y transparente dicción. Fernando Soler, que a veces se escapa de la atractiva compañía Caterva, muestra su reconocida solvencia y su capacidad para darle realce a los tics cómicos sutiles. Logran una compenetración milimétrica con buenos movimientos y unos cruces de diálogos entre lo divertido y lo enigmático. No nos sorprenden porque ya los conocemos pero hay que reconocer que es una pareja con química.

Tomada es un buen texto caracterizado por lo grotesco. Ello provoca golpes de humor, con alguno muy efectivo como el largo abrigo de lana tejido por Irene para su hermano, que servirá como recordatorio de la fantasmal presencia materna. Este humor alterna con la melancolía de la caída de un mundo vetusto frente a los nuevos vientos del capitalismo inmobiliario. No queda más remedio que amoldarse a la situación para sobrevivir, como ocurre en estos tiempos, aunque sea a costa de quedar sometidos a los extraños. ¿Pero son deseos que salen a la luz? Ahí está el buen juego ambiguo planteado por Ruiz. Quienes amamos a Cortázar no podemos dejar de recordar y considerar el argumento de su conocido relato “Casa tomada”, con el que salvando las distancias argumentales posee cierta relación en cuanto a que lo más íntimo, la casa, es invadido por terceros.

Sin revelar nada del final, añadiremos que lo propuesto como remate es una solución demasiado sencilla. Queda extraña y poco precisa. Parece que la puesta en escena haya buscado una salida acelerada de un laberinto o que la obra durara diez minutos más y se hubiese recortado para ajustarla a la duración exigida por el festival. El monólogo de Soler con el recuerdo de lo sucedido en Buenos Aires queda como un paréntesis prescindible con el desenlace propuesto porque lo interesante está en la dialéctica de los personajes para resolver el conflicto de una forma más elaborada e hilvanando los detalles para no dejar perplejo al espectador. Aun así, es un interesante trabajo que nos pone ante un autor joven que alienta más esperanzas de futuro del teatro valenciano. Tomada es una obra convincente, siempre que se ajuste el desenlace para conseguir que veamos el rayo verde ansiado por la pareja de desconocidos inquilinos. Que el desenlace no parezcan sobras de comida.

El 23 de septiembre asistimos al estreno de la creación de Toni Agustí , autor y actor polifacético entre el cine y el teatro, titulada Versión en el Espai Rambleta. También con una mesa larga de trabajo y dos sillas como escenografía se representó este montaje que es puro metateatro con una representación lineal del proceso de ensayos de una adaptación de una novela best-seller a lo largo de casi dos meses, donde una madre, Alice, asesina a sus hijos de diez meses.

La pareja crea desde la nada y va aportando sus pareceres y opiniones desde el trabajo en mesa a la acción y ensayos con movimientos. El objetivo es plantear el suspense necesario para comprender los motivos del infanticidio. Pero lo importante es el desarrollo de las sesiones; cómo se va gestando la obra progresivamente y las dificultades tanto internas como externas, incluyendo los mutis de escena. Incluso cómo ante la indefinición del escritor, la actriz sugiere soluciones dramatúrgicas a las escenas.

El resultado pone en valor el arte de la creación y la interpretación. La adaptación de una novela no es sencilla. Pero Agustí nos lo plantea como un juego, entre el diálogo que reproduce el argot y los métodos de gestación durante los ensayos del producto que los espectadores verán en escena, sobre todo la incidencia entre lo personal y la interpretación. Él es el autor y ella una actriz pero la creación se irá completando entre ambos. Se plantean las dificultades, como la escena de los posibles desnudos, el permiso de la autora de la novela para realizar la adaptación, el choque entre el proceso inacabado de una obra surgida desde los ensayos frente al texto acabado que la novelista exige, o las situaciones de traslación del argumento narrativo al representativo, pero también se dejará un rosario de alusiones a la situación del teatro actual: la precariedad que obliga a que los dos actores interpreten todos los personajes de la novela, hasta los policías, o las nominaciones reales a premios de Toni Agustí, que no gana nunca, o su propia edad real.

Agustí se interpreta a sí mismo. Hasta el punto de autoparodiarse, mostrando sus despistes y su falta de ideas que lo dejan plano. Con su estilo interpretativo de indecisión con naturalidad, y su paroxismo ante las indicaciones de Lara Salvador. Su gracia y su ironía características son el sustento de la creación, cuyos diálogos son deliciosos. Ella está sensacional y no hace falta hablar de su potencia en la escena desde que la viésemos hace ocho años en Nosotros no nos mataremos con pistolas y la máxima excelencia de su primer texto Qué sabe nadie o les cançons de Penélope. Forman una pareja ideal en escena, él con sus dudas y problemas y ella más práctica y resolutiva aunque asumiendo su papel de actriz seleccionada.

Pero además de las cuestiones metateatrales también presenciamos la historia de la detención y el juicio a Alice, la acusada de haber asesinado a sus hijos Álex y Angélica. Entonces lo teatral alcanza una expresión máxima cuando los dos actores interpretan a la acusada, los testigos que declaran, y alternativamente el fiscal y la abogada defensora. Excelentes los momentos de búsqueda en la psicología de la asesina. ¿Resultado del juicio? Quién sabe, da lo mismo, porque surge una circunstancia personal que impide seguir adelante a pocos días del estreno. Sin olvidar los cambios de vestuario necesarios, desde la camiseta que Lara Salvador exhibe sobre su imperfección. Muy adecuada a lo que presenciamos.

La interpretación no siempre es grata. Lo vemos en esta puesta en escena magnífica, cargada de realismo y de fino sentido  del  humor desde la figuración del teatro dentro del teatro, algo que contrasta con la dureza de la historia del argumento de la novela a adaptar. No se puede negar que es una obra de Toni Agustí. Muy suya y brillante. Además, tiene la duración ajustada a las necesidades del argumento. ¿Juzgamos a los creadores y actores como a Alice?

Al día siguiente asistimos al antiguo Jardín esta vez incluido como Bosque: Pots? Es el montaje de una obra compuesta de seis monólogos ejecutados de forma autónoma en distintos rincones del Centre del Carme de Cultura Contemporània. En las últimas ediciones ha sido una de las propuestas más atractivas del festival. Tanto 1Km2 de Jerónimo Cornelles y Maribel Bayona hace dos años, con experiencias durante el confinamiento por la pandemia de la Covid-19, como Un segle d’abismes de Amparo Vayá el pasado, fueron dos trabajos redondos.

Este año la encargada de esta pieza de teatro itinerante ha sido la compañía Indecents, que ya participó en el festival con la divertida No som ningú, e Isabel Martí la autora y directora. Pots?, producción propia del festival, reúne seis monólogos sobre la búsqueda de la felicidad relacionándola con la salud mental. Teniendo en cuenta de que el lema de esta edición es Positiu, qué menos que incluir una pieza tan directa sobre la felicidad, su carencia y la búsqueda del equilibrio vital aunque sea con medios externos.

 Martí crea dos escenas cargadas de dramatismo sobre la depresión claustrofóbica y la terapia colectiva de un testimonio individual, y cuatro puramente cómicas sobre la mujer mayor que pone en contradicción la falsa felicidad mostrada en las redes sociales, la búsqueda del hermano desaparecido en la clínica de la felicidad, el refugio en la espiritualidad hindú, y la venta de un juego para alcanzarla, como si la felicidad fuera algo frívolo. El orden de visionado será indiferente porque giran alrededor del tema sin linealidad, unidas por una imagen del lema terapéutico para ser feliz y pensar en positivo mostrado en algún momento de la representación. El mensaje global es que debemos intentar encontrar la felicidad en nosotros mismos y huir de elementos externos que la venden como si fuese una mercancía. No es posible comprarla.

El monólogo de la mujer mayor interpretada por Pilar Martínez es divertido. Ella está enorme como siempre. Pero a su humor se opone cierta tristeza por la situación en que los mayores quedan ante los avances tecnológicos de la telefonía móvil y las redes sociales. Ante el aislamiento individual vigente, ella es una madre que se crea un perfil en el Facebook para conocer mejor a su hija y sus hábitos. Recibe a los espectadores y muestra de entrada su torpeza con el teléfono móvil, intentando hacerse una autofoto que sale mal o con su pronunciación de la palabra followers. Mucho humor e ironía, con golpes como el paso de Instagram a Tik-Tok, hasta el punto de que se llega a sentir la distancia generacional existente entre los mayores y los más jóvenes por la inadaptación tecnológica. Demasiada brecha digital.

Otro episodio cómico es el protagonizado por Vicent Pastor. Bernat busca a su hermano Albert en una clínica porque hace un mes que no se sabe nada de él. Y delante de los familiares, el público. Para ello, llama por teléfono a la clínica. Se enfrentará a las máquinas automatizadas de las centralitas de teléfonos. Todo en tono divertido, con él como hermano trabajador y tomado por fracasado desde niño, o al menos acomplejado en opinión de la familia, frente al hermano siempre proclamado triunfador. Las desventuras con las llamadas telefónicas provocan un ritmo hilarante continuo, refrendado por la enorme actuación de Pastor.

El tercer episodio cómico está interpretado por Raquel Piera, extraordinaria desde el primer momento, con un aire cómico activo para mostrar actitudes ridículas. Ella es una vendedora de “El juego de la felicidad”, una suerte de juego de la oca con el objetivo de conseguir la llave de una caja donde está depositada la felicidad (cuando se abra veremos qué sorpresa puede proporcionarla). La vendedora nos recibe bailando, como si fuese una monitora de aerobic, una forma de introducción publicitaria. Después nos irá sorprendiendo progresivamente con cada elemento contenido en la caja del juego, de fichas muy curiosas contra la depresión, hasta llegar al desenlace estupefacta. Divertida parodia donde Raquel Piera demuestra que posee una vis cómica excelente pero también mucha convicción en la transmisión oral paródica.

Francesc Anyó se convierte en un maestro espiritual, un gurú, en una sesión de meditación con el público. Sus instrucciones son interrumpidas a golpe de matamoscas. Al público le pedirá concentración, cerrar los ojos y no pensar para alcanzar el equilibrio. Divertida parodia sin ánimo de ofensa, muy divertida, con música de relajación de fondo, y una buena interpretación, aunque la voz se perdiera en ocasiones en el claustro interior del monumento.

Marina Mulet nos sitúa frente a una joven escondida entre su sábana. Su depresión la aleja del mundo. No quiere ver a nadie. No desea más que apartarse de la humanidad hasta la claustrofobia. Nos enseña con una buena interpretación cómo cualquiera puede pasar de la felicidad a la depresión por un repentino suceso inesperado. Era feliz hasta ese día. Desconoceremos qué ha provocado su situación porque lo importante es su estado y la expresión de sus sentimientos. Cuando sale de la sábana cara al público observamos su rostro demacrado. Una buen testimonio que permite tomar conciencia de que se puede perder la felicidad en el momento menos pensado e incluso llegar al suicidio.

El joven Nacho Sánchez ofrece el que posiblemente sea el sketch menos llamativo al ser un testimonio sobre los  miedos interiores. Es una terapia de grupo donde él comparte sus sentimientos de agorafobia. Tiene pánico al exterior: a cruzar la calle, a sentirse avergonzado o a encontrarse con alguien. Y no halla la salida. Mira por los cristales al exterior y lo siente lejano. Sin optimismo, cree no encontrar sanación. Pero en el fondo, el mensaje es el contrario: es necesario encontrarse con el mundo para no caer en el abismo.

El conjunto estuvo logrado y cumplió sus propósitos a la hora de concienciar al espectador de la necesidad de la felicidad alcanzada por medios propios. Existe un negocio de la felicidad, vendida como si fuese crecepelo, pero somos nosotros mismos quienes debemos luchar por encontrarla día a día. Porque en cualquier momento surge un suceso imprevisto que puede cambiar una vida. En el fondo, Isabel Martí nos está lanzando un mensaje: carpe diem. O más bien seamos positivos, como dice el lema de esta edición del festival. La línea que separa la felicidad de la tristeza es tan tenue como la de la realidad y la ficción. La salud mental es un problema social latente y del que huimos por incómodo. Incluyendo los poderes públicos. Qué mejor manera de concienciar que con esta mezcla de situaciones entre la comedia y la tragedia bien llevadas y con unas interpretaciones logradas.

El 25 de septiembre asistimos a la producción de las compañías TransferMove y Academia CdM, Lux Radius, una obra de danza pensada y solo ejecutable en el Monasterio de San Miguel de los Reyes. Se  ha de ser un genio para coreografiar una pieza sobre la historia del monasterio porque irse diez siglos atrás y resumir con el movimiento su evolución a lo largo de los tiempos es una osadía artística.

Es lo realizado por Toni Aparisi, un referente de la danza valenciana tanto en la interpretación como en la creación y la dirección coreográfica. Toma para ello algunos momentos significativos de la historia del monasterio y les ha puesto danza con motivos peculiares de cada uno de ellos. Pero, además,  los ha acompañado con música en directo interpretada por distintos instrumentos de flauta por Belén Nieto y de cuerda por Robert Cases,  correspondientes a cada época y para cada escena de la obra.

Todo comienza cuando era una alquería árabe, dibujada con un número colectivo al son del laúd. La singularidad del montaje es que los cuatro episodios históricos individualizados en la interpretación combinan el solo, el dueto o el cuadro colectivo. Generalmente adquirirá más importancia el solo para la expresividad del momento histórico. Pero en realidad el concepto es dotar a cada cuadro de un protagonista, aunque participe con él el resto de intérpretes. Es el caso de la siguiente escena con la reina Germana de Foix. Sabemos que esta segunda esposa de Fernando el Católico tenía algunos kilos de más porque le gustaba mucho comer. Su intérprete es Iris Pintos, quien con un prodigio interpretativo, dibuja con gestos sus pellizcos de comida o su maquillaje en la cara. Entonces, el instrumento de cuerda pasa a ser la guitarra renacentista que dio origen al timple, y del que después derivaron el charango o el ukelele.

Posteriormente pasaremos a los siglos XIX y XX. A la desamortización, paréntesis muy agudamente elidido, para entrar en la guerra y la represión franquista, cuando el monasterio se convirtió en cárcel. En toda esta época contemporánea asistimos al protagonismo de Eva Bertomeu, una vuelta a los escenarios muy feliz acompañada de la guitarra romántica (aunque ya estuvo en los aperitivos del la última edición de Dansa València en el Museo San Pío V) demostrando que también es un referente de la danza y no solo como coreógrafa. El cuarto personaje es Rafa Arribas, que nos dibujará la guerra civil y la cárcel que fue el monasterio, con la guitarra española que conocemos. Todos acompañados también los sonidos de distintas flautas de pico, salvo una travesera.

Hay muchos detalles gesticulares y de movimientos con referencias históricas. Posiblemente en un segundo visionado encontraríamos algunos que se nos pasaron en el estreno. No el magnífico vestuario con colores significativos y una camiseta ideada con abstracciones para cada intérprete y los músicos. El negro de Toni Aparisi, señalando la evolución en cada aparición suya, el fresa de Iris Pintos representativo de Germana de Foix, el lila de Eva Bertomeu y el verde oliva, color de referencia militar, para Rafa Arribas, señalando una época oscura. Con una escenografía simple pero simbólica: dado que el monasterio es hoy en día la sede de la Biblioteca Valenciana, un libro que se abre como un acordeón hasta adoptar distintas formas, más varios discos de madera para aposento de los intérpretes encima de él.

La música en directo da mucha vida a un montaje donde la iluminación y los elementos externos están preparados en una pista única, lo cual obliga a la sincronización máxima entre todos los intérpretes. No puede haber un segundo de retraso. Muchas melodías nos resultarán conocidas porque son populares, como el fandango que rubrica la dançà valenciana o alguna melodía de origen religioso. Pese a esta dificultad compleja, los intérpretes ejecutan a la perfección las secuencias con soltura en los movimientos y una corporalidad sumamente expresiva. Resulta muy lograda la escena donde se combina el paso del fandango con la individualidad de uno de ellos en el cuadro.

Un gran trabajo con una idea muy bien pensada y un desarrollo coreográfico trabajado al máximo. Además, con el gesto de incluir cuatro intérpretes con una edad correspondiente a una década distinta: Toni Aparisi en los cincuenta años, Eva Bertomeu en los cuarenta, Iris Pintos en los treinta y Rafa Arribas en los veinte. Con cuidado en todos los detalles en un trabajo que esperemos sea explotado y se reponga en ese marco incomparable de la capilla de San Miguel de los Reyes. La danza también habla y divulga nuestra historia. Con ese rayo de luz que entra el día de San Gabriel, San Rafael y San Miguel que marca la posible tumba de los duques de Calabria en la cripta del monasterio.

El 28 de septiembre comenzaron los Bosques foráneos. El primero fue Noche cañón de la conocida compañía catalana Sociedad Doctor Alonso, que volvió a la sala Inestable de Valencia. Siempre tiene un público fiel, sobre todo joven. De hecho, volverán el 22 de octubre a La Mutant para ofrecernos su trabajo titulado Hammaturgia.

Siempre he tenido una sensación de encantamiento con esta compañía que podríamos encuadrar en las llamadas Artes Vidas, propuestas que rompen lo convencional, entre la performance y las simbiosis de tendencias dramatúrgicas. Si los huesos hablaran y Anarchy eran notables producciones suyas. Aunque no todo ha sido perfecto, como ocurrió en Andrei Rublev, una panicografía. Suele ocurrir cuando se parte de la transgresión, el riesgo y la inventiva.

Noche cañón es un excelente montaje de este subgénero. Divertido y lleno de sorpresas. Para empezar, con un cuaderno depositado en los asientos para seguir la obra pasando la página cuando lo indica la intérprete, que produce paradojas gratas y jocosas. La interactuación con los espectadores es fundamental, desde el primer momento en que Sofía Asencio, única intérprete en escena, da las buenas noches a cada asistente que entra en la sala. Juega con el público hasta el punto de provocar que la primera fila deba recoger el cuaderno en la última fila o comentando que pueden comer un caramelo guardado en la misma bolsa del folleto en el supuesto descanso de la función, mientras la actriz engulle un bocadillo. Una suma de inventivas que desmontan con deleite al asistente a la ceremonia de un viaje al que están invitados. Al fin y al cabo, las Artes Escénicas son un periplo, y Sociedad Doctor Alonso dispone de talento creativo para que sea fresco y envolvente.

Su humorismo ramoniano, en referencia a Ramón Gómez de la Serna, está reconocido por la compañía. Es una manera de desentrañar la amargura de la sociedad y de señalar sus disparates con el disparate. Ya se sabe que la greguería ramoniana es humor más metáfora, y el teatro de Sociedad Doctor Alonso es lo mismo, solo que la metáfora se percibe con los cinco sentidos y no solo con la lectura o el oído.

Sofía Asencio ha creado una dramaturgia a considerar. No solo por ser divertida y juvenil sino por su penetración en el absurdo de nuestra sociedad. La paradoja es fundamental, como el iniciar un viaje en una butaca de autobús, como reza la primera fotografía del cuaderno, con cinturón de seguridad incluido, desde lo estático y lo pausado ante un micrófono. También la extrañeza, con esas páginas con un telón teatral rojo cerrado sobre fondo verde que pasamos al inicio. Su interpretación es de una inteligencia sublime, dominando el tempo, y domando al espectador sobresaltado por la hiperparticipación. Pero  sobre todo transmite, incluso con un baile muy sugestivo.

Solo por el monólogo sobre la mediocridad, escrito por ella junto a Lluc Baños e Hipólito Patón, la obra ya vale la pena. Realmente parece que lo mejor es la solución propuesta de huir de los mediocres y volver a la vulgaridad. Su símil de que el mediocre apunta alto pero le cae la flecha encima se queda grabado en la memoria, con toda la mala uva del humor cínico. La exposición a la pausa, los silencios, los disparates y la sobreactuación se adorna con aforismos en determinados pasajes. Incluso lo lírico, llevado a los extremos más surreales, mientras la tramoya ofrece una serie de objetos que forma imágenes durante la función. Sin olvidar el excelente final, con la aceleración del paso de las páginas.

Un inolvidable montaje, con una Sofía Asencio espectacular. Contra los arquetipos. Aunque he de añadir que en mis críticas no he escrito más que algunas veces esporádicas en una década esa manida frase sin sentido que es “no dejará indiferente” empleada como latiguillo cuando emerge la duda sobre si su opinión coincidirá con la del público o la de otros críticos. ¿O es un eufemismo de “no me gusta por extraño”? Es perfecto que Sociedad Doctor Alonso dé en la diana de esa crítica donde campana lugares comunes: los excesos pueden ser de gran inventiva o reiterativos hasta el cansancio. Ayuda.

El último Bosque que pude ver fue de otra compañía catalana: Els Informalls. Presentó el último día del festival en el Centro Cultural La Beneficiencia un espectáculo breve titulado Aperitiu. Realmente lo es por su duración de apenas veinticinco minutos, aunque durante ese tiempo realizan un trabajo físico extenuante. Se trata de una pequeña presentación del universo de Luis García y Pere Joseph, sus componentes, en forma de espectáculo multidisciplinar que combina el teatro físico y de movimiento, la acrobacia y el clown circenses y la danza, con coreografías a dúo e individuales de vértigo.

La propuesta pone de relieve un juego con el poder de lo ridículo, que no siempre lo es. Un micrófono escondido entre ramos de flores marca la parte teatral para elogiar la unión en la amistad a partir de repeticiones y paradojas. Es una apología de una actitud vital positiva, alejada del pesimismo reinante, a pesar de las pugnas entre ambos actores. Se dirigen incluso a la mesa para indicar errores o entradas de alguna pista, porque la perfección no existe y ellos no dejan caer el error en lo estrambótico, mientras mueven de forma arbitraria las dos butacas plegables de playa que junto a un cesto constituyen los elementos de partida.

Un espectáculo que divirtió a mayores y pequeños con mucha acción y una representación simbólica de la energía vital necesaria. Sencillo pero de complejidad ejecutoria máxima en las acrobacias, invadiendo el espacio amplio de La Beneficencia, con toques muy humorísticos, como el empleo del ambientador ante el anuncio del mal olor. Y muy sobrado Pere Joseph en las acrobacias, sobre todo las derivadas de la danza urbana.

Viveros

La pieza breve Bragas a 2 euros, teatro a 10 es teatro de la verdad. Representada en el local de Coworkshop Spain, con un modo interpretativo cómico próximo al clown, dicharachero y con apariencia de elucubración, Entre4paredes, compañía integrada por Jose Torres e Irene González, autora del texto,  dibuja un panorama a partir de la realidad de la propia compañía y sus vicisitudes, que es extensible a la situación de las personas que se dedican al oficio teatral sin haber llegado a la consolidación.

Una pareja en un camping despliega sus afirmaciones sobre sus peripecias y adversidades en el mundo del teatro. Todo es verídico, aunque parezca absurdo. Su propio universo se convierte en un ejercicio de autoficción, porque a partir de su experiencia construyen una farsa sobre la profesión. Por ahí desfila la precariedad actual, las dificultades para salir adelante. No escapa nadie en esta farsa: administraciones, profesionales, programadores, críticos y hasta el propio público, al que se dirigen directamente los actores. Demasiadas dificultades que restan tiempo a la dedicación teatral y, que por desgracia, cada día aumentan.

Irene González y Jose Torres despliegan toda su energía y construyen situaciones de un humor desternillante. Con mucha viveza y dinamismo, con el modo del bululú, describen de forma paródica y con energía. Como indica el título, la creación artística se parece a vender en el mercadillo tu producto lo más económico posible y como charlatanes. Lo cómico desprende algo de tristeza. Pero sabemos que es la situación actual y nos causa pena.

En una tierra donde nos conocemos todos, ¿son necesarias tantas trabas? ¿Podemos seguir siendo independientes en la cultura o debemos ponernos al servicio de lo externo a nuestra creación? ¿Debemos continuar un camino donde hay que dedicar más tiempo al papeleo que al oficio? Son planteamientos que Entre4paredes nos ofrece para reflexionar. Estoy de acuerdo con todo lo que reivindica la pareja. Incluyendo la crítica a la crítica. ¿Para qué servimos si cuando nuestra reseña sale publicada han pasado los tres o cuatro días de exhibición y nadie la puede leer? ¿Emergentes con cuarenta años?

La merienda de la compañía La Oníric, representada en la Floristería Sueca, un espacio clásico del festival, es el monólogo de un joven que vuelve del instituto y narra su historia familiar. Pero en realidad es un diálogo con el personaje ausente de su abuela mientras le da una papilla como merienda. Neus Miquel ha construido un texto emotivo, cargado de sensibilidad y realce de los valores del cariño y el afecto dentro de la familia. Un amor a nuestros mayores más que necesario en una sociedad egoísta. Pero, además, y ahí está uno de los méritos de esta obra corta, las obras plásticas expuestas en el espacio de representación, como en cualquier vivero del festival, sirven como rostros de los familiares aludidos por el autor: padre, madre, hermano y, por supuesto, la abuela.

Chuso Puig interpreta al joven con acierto. Narra con credibilidad las vicisitudes familiares. Contrapone con sentido a su propio hermano, de calificaciones escolares en las que se vislumbran sus posteriores estudios tecnológicos, mientras el protagonista, humanístico, es quien cuida a la abuela, dándole la merienda manejada con cuidado por el actor haciendo visible su esfuerzo. Con un plátano que debería comerse para compartir con ella el momento de esa merienda, pero finalmente se convierte en un objeto metafórico y significativo. Un bello canto al candor de los sentimientos y a la necesidad de reconocer el esfuerzo de nuestros ascendientes.

La compañía L’Estepària representó en la Associació Cultural Vivons 30 la pieza corta Tecún Umán. El tema de la identidad planea en el libreto de Alexander Lemus. Por una parte, la de índole nacional o como pueblo, con la penetración en el mundo maya y en la sociedad guatemalteca, y por otra la familiar, con el recuerdo de su padre y su actitud con los suyos.

Las imágenes de la naturaleza y la voz en off recitando el libro sagrado quiché Popol Vuh planean en distintas ocasiones. La apertura teatral con la salida a escena de Alexander Lemus, ataviado y maquillado como un cacique maya, recordando a Tecun Umán, su último jefe quiché, abre una reflexión sobre el destino de su pueblo, invadido por los colonizadores españoles (¿qué es el concepto de civilización?), que incluso expandieron la viruela a aquellas tierras americanas. Pero es parte de una fiesta celebrada en Guatemala todos los años, el país que deambulará después de este recuerdo al ser su creación artificial y con el conflicto permanente entre blancos y criollos al servicio del colonizador e indígenas.

A continuación, gira a la historia familiar con el recuerdo trágico de su padre, para ir rematando con alusiones a la situación actual de Guatemala. Incluso con la cita de Florentino Pérez y su gran negocio allí: la construcción del parque Renace que supuso la privatización de quince kilómetros del río Cahabón dejando aislados a casi treinta mil indígenas habitantes del territorio. La colonización continúa, aunque sea disfrazada con equipo de fútbol incluido.

Una pieza que combina ágilmente el humor y el drama con un buen trabajo interpretativo de Alexander Lemus y un vestuario muy curioso. Quizá da para mucho más que para una breve sucesión de escenas. Es muy ampliable para profundizar en temas como la actitud de los militares o de la clase política. ¿Qué es ser guatemalteco? Es una pregunta respondida por varias voces en off que caen en lugares comunes sentimentales o sin respuesta. La realidad es otra: fue un país creado artificialmente, como tantos en América, cuya identidad se debate en un mestizaje imposible. Quizá se podría haber explicitado mejor el carácter divino del maíz para el pueblo maya y haber citado su simbolismo cuando desparrama el maíz.

El Sporting Club de Russafa, antes de la pandemia espacio para la representación de alguno de los Bosques, ofreció esta vez un Vivero: Aoshima o todo lo que nunca fuimos. Con esta pieza corta debutaba en la autoría Jaime Vicedo, actor habitual en producciones de Arden y  en la sala Russafa e incluso en junto a Fran de la Torre en el espectáculo cómico Marichulos.

Y ha construido un trabajo precioso. De los que sales del teatro diciendo “qué bonita” y con una actitud positiva por ser muy sentimental sin caer en la cursilería o en un romanticismo ñoño. Simplemente representando la historia de una pareja de enamorados hasta que llegan sus desavenencias, se separan, y al final se reencuentran. Pero nada será igual. Ambos viviendo en su burbuja, aislados en sus fantasías nacidas del amor, con la metáfora de Aoshima, una isla japonesa donde hay treinta y ocho gatos por habitante. Es la utopía anhelada para vivir el idilio; esa que nunca se hará realidad.

Lograda la interpretación de Grazia Hernández y sensacional, como siempre nos tiene acostumbras, Manuel Maestro. Con una síntesis exacta de los tres momentos de la relación de la pareja, y unas acciones propias de enamorados juveniles de verdad. Pero libres. Esa libertad de Elisa y Fede, sus nombres, que dificultará la convivencia pero que se subsana con respeto a las decisiones individuales. Fede: a mí tampoco me gustan las listas de Spotify porque me gusta tanto la música clásica como el rock y el algoritmo no los mezcla. La libertad tiene estas cosas: no necesitar un algoritmo para sentir y vivir.

Una propina de las actividades paralelas

No pude asistir a la primera de las dos lecturas dramatizadas programadas en el festival. Se trataba de Las zarzas de Sergio Serrano, quien deslumbrara con su obra El artefacto al final de la pasada temporada, y que ya participó en ediciones anteriores de Russafa Escènica con Foley Artist y Mapa. Una pena porque a mis oídos llegaron los comentarios de la excelente lectura de los actores Pep Ricart y Jorge Valle, con ese excelente encadenamiento de frases de distintos personajes cuyas voces reproducen los dos actores tan característico de Serrano. Pero lo he leído y es un texto formidable, premio Ricardo López Aranda, que ustedes pueden adquirir al haber sido editado por Artez Blai.

Sí pude asistir a la lectura dramatizada de La xiqueta que volia arribar a la pau de Adrián Novella, texto ganador del cuarto Premio de Teatro Infantil Escalante, en 2019, que también podrán ustedes encontrar editado por Bromera. El trabajo tenía una razón especial, y en cierta medida sentimental, puesto que era la inauguración como espacio teatral de la nave de Demetrio Ribes en el Parque Central, y por fin Escalante tiene un lugar estable de representación, aunque esté pendiente de construcción la principal que estará en la zona de la avenida de les Corts Valencianes. Una subsede, pero un final de la itinerancia nómada del que ha sido un emblema de educación en el teatro para varias generaciones.

Aun así, mucho queda por hacer en esa subsede. No sé cómo resultarán las representaciones entre la oscuridad de Las Cotton, por ejemplo, pero sin la oscuridad son imposibles. Los cristales y la vidriera superior dejan el paso a la luz, con lo cual una iluminación queda sin el sentido necesario. Más otras cuestiones que entorpecen los aspectos técnicos y de visionado. Esperemos que se subsanen.

La xiqueta que volia arribar a la pau nos retrotrae a otro título de Adrián Novella, El xiquet que volia una falda escocesa. Se trata de una alegoría desde la mirada de un niño cuyo mensaje es la necesidad de la paz, muy necesario en esta era donde vivimos conflictos bélicos permanentes. Una niña metida de lleno en una zona de guerra, que confunde el sonido de las bomba con fuegos de artificio, y con la única compañía de un soldado de juguete con una pierna vendada, Tom. El padre le anima a huir de la zona hasta que llegue a un lugar llamado Paz. A partir de ahí se desarrollan las peripecias, con el encuentro con el viejo Edmon, un soldado, un chico judía y una chica musulmana que se disputan un trozo de tierra ocupada, el hombre que vendió el mundo, otros chicos y una dama de rojo que puede ayudarle a escapar del dolor. Un conjunto de personajes para un libreto muy pedagógico y divertido, a pesar de tener un cielo cubierto de nubes oscuras, con una buena interpretación de Lia Herbor como niña y la solvencia de quienes ya tienen un recorrido teatral solvente como Adrián Novella y Ariana Higón, multiplicándose en distintos personajes, más la sorpresa de Gabriel Benavent, que siempre será el chico de la falda escocesa.

Con una escenografía muy trabajada con materiales sencillos que nos remite más a una representación que a una lectura.

FICHAS ARTÍSTICAS

Tomada

De Foria Producciones. Autoría y dirección: Carlos Ruiz. Reparto: Estela Muñoz, Fernando Soler. Iluminación: Mingo Albir.

Versión

De Compañía Toni Agustí. Dirección y autoría: Toni Agustí. Intérpretes: Toni Agustí y Lara Salvador. Escenografía: Inés Muñoz y Mar Vicens.

Pots?

De compañía Indecents. Texto y dirección: Isabel Martí. Reparto: Francesc Anyó, Pilar Martínez, Marina Mulet, Vicent Pastor, Raquel Piera, Nacho Sánchez. Imagen: Indecents.

Lux Radius

De TransferMove y Academia CdM. Dirección, autoría y coreografía: Toni Aparisi. Intérpretes: Iris Pintos, Eva Bertomeu, Rafa Arribas y Toni Aparisi. Músicos: Robert Cases, Belén Nieto. Escenografía: Il rospo danzante.

Noche cañón

De Sociedad Doctor Alonso. Dramaturgia: Sofia Asencio. Creación e interpretación: Sofia Asencio Aznar. Dirección escénica: Tomas Aragay. Espacio escénico y atrezzo: Jorge Nieto. Dirección de arte y Libreto: Beatriz Lobo. Iluminación: Societat Doctor Alonso. Vestuario: Jorge Dutor. Textos: Sofia Asencio. (Texto de mediocre: Sofia Asencio, Lluc Baños e Hipólito Patón). Producción: Imma Bové.

Aperitiu

Compañía Els Informalls. Dirección, interpretación y creación: Luis García y Pere Joseph. Música: Pol Jubani y Mattia Sinigaglia. Vestuario: Valentina Azzati.

Bragas a 2 euros, teatro a 10

Compañía Entre4paredes. Dirección Jose Torres e Irene González. Intérpretes: Jose Torres e Irene González. Autoría: Irene González. Escenografía y Vestuario: Concha García.

La merienda

Compañía La Oníric. Autoría y dirección: Neus Miquel. Artista plástico: Omar Sánchez Tormo. Intérprete: Chuso Puig. Espacio escènico y producción: La Oníric. Teaser: Zzrod. Música original: Alfonso del Corral.

Tecún Umán

Compañía L’Estepària. Dirección: Alexander Lemus, Anna Nácher y Mar Babuglia. Interpretación y autoría: Alexander Lemus. Coreografía: Mar Babuglia.

Aoshima o todo lo que nunca fuimos

Compañía Teaser Films. Autoría: Jaime Vicedo. Dirección: Tonet Ferrer. Intérpretes: Grazia Hernández y Manuel Maestro.

La xiqueta que volia arribar a la pau

Compañía Bullanga. Autor: Adrián Novella. Dirección: Vicent Pastor. Reparto: Lia Herbor, Ariana Higón, Adrián Novella, Gabriel Benavent.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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