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Sudar Folklore de la Imperfecta, foto de Pablo Lorente

Sudar Folklore de LAIMPERFECTA

Sudar salva

El sudor es un árbol desbordante y salado, un voraz oleaje . Miguel Hernández

Si no nos repitiéramos esta cita de Miguel Hernández una y otra vez como un mantra, seguiríamos pensando que en nuestra sociedad tendemos a relacionar el sudor humano con el hedor, el estrés, la vergüenza, el asco, con la bajeza humana que hay en ese mirar de reojo en un metro repleto de gente, con el trabajo físico, con es-forzar el cuerpo en lugar de la mente, en definitiva, el imperfecto que nos lleva de la mano hacia la fobia o el rechazo social. Pero en Sudar Folklore, el colectivo madrileño La Imperfecta (Clara Pampín y Alberto Alonso) nos educa la mirada, ya que aquí se exhibe otra concepción del sudor. Es un sudor limpio, bebible, deslizante. Un sudor lento, elegante sobre un escenario minimalista, frío en su inicio (recordemos que la función principal del sudor es enfriar el cuerpo, regular su temperatura) y eternamente cálido en su transcurrir de gotas.

En esta interesantísima propuesta de Clara y Alberto, un sudor invisible resbala en cinco cuerpos en trance que se están conociendo a través del elemento agua y que terminan en una gran fiesta compartiéndonos ya un sudor bien visible que salpica. Estamos ante la fiesta del sudor. Cuerpos desbocados como bolos en una rave de música electrónica fantásticamente creada y dirigida por José Pablo Polo. Pura danza contemporánea que a veces nos llevaba a las danzas tradicionales del País Vasco, Guipúzcoa (el baile del Aurreuscu), o de Cantabria, donde, como aquí, el ascenso y el descenso de unos cuerpos llevados al límite hacía que emergiera de ellos lentamente el sudor. Entre talón y rodilla, un sudar a la vista. Un sudar bonito. Donde el bote del cuerpo se alejaba de la tierra para volver una y otra vez a ella. Otras veces recordaba a aquel juego de los bolos que consistía en derribar el mayor número de ellos lanzando una bola de madera, solo que, en esta pieza, esa pieza de madera era la música en directo, que fusionaba cartográfica y coreográficamente los cuerpos dispersados para después fusionarlos. Del mismo modo que las gotas alejadas acaban por juntarse en el reguero por efecto de una tensión de fuerzas, así ellas en ese “irse de bolos a sudar” yéndose y viniéndose. La pulsión de la tierra. Y en la pulsión repetición. La repetición de un latido. La repetición de movimientos en esta coreografía no es baladí, es una declaración de principios, pues es el pulso (definición intrínseca de repetición) lo que hace que el cuerpo trascienda. Cansarse hasta el agotamiento con la única finalidad de que fluya y emane el pensamiento, al igual que emana el sudor del cuerpo. Todo emergiendo a la superficie, como emerge la idea de que vivimos respirando una y otra vez, mientras en un escenario viven botando una y otra vez. Ese es su latido. La vital repetición.

Si la afinación de instrumentos en música es el proceso de ajustar el tono de un sonido hasta que coincida con una nota musical de referencia, Alberto Alonso y Clara Pampín han hecho exactamente eso en esta coreografía. Sabemos que en términos musicales la afinación es una tarea de equipo, como en Sudar Folklore, donde estos creadores colocan cinco cuerpos en un escenario a sudar juntas. Se intuyen bailando para detectar a través del sudor lento la desafinación. Solo cuando están perfectamente alineadas y alienadas en el espacio entendemos que están afinadas y en ese instante explota con toda su resonancia la rave cósmica. Allí los cuerpos son pura vibración. Despiertan la frecuencia vibratoria de la tierra. El sudor es la liberación de un líquido que sabe a mar y que ocurre ahí, en el cuerpo. Clara, Alberto y lo que el sudor hace con los cuerpos. Así definiría esta potente coreografía donde lo humano y lo emocional son uno. Donde cinco coloridos cuerpos como cinco fichas de un parchís humano convulsionan una y otra vez hasta que esos mismos bloques de carne y hueso, con toda su complejidad y sus ruidos, se van afinando al otro, igual que se afina ese instrumento musical, por agua. Carne que se acaba de conocer, carne que se tantea, se mide, se investiga en la otra carne para acabar conociéndose íntimamente, porque ¡hay tanta intimidad en el acto de compartir el sudor con un otro! En esta pieza, por tanto, lo corporal, lo corpóreo tiene una importancia vital. Dos cuerpos están formados por agua, levantados por agua, con gramos de amoníaco, urea, sales y azúcar… Y donde cada movimiento, por muy individual que pareciera tenía su inmediato sentido grupal. Muy destacable el esfuerzo de las bailarinas llevado al máximo con una extraña diversión en sus rostros. Sonríen liberadas. Se ríen de ellas mismas liberadas. Gritan liberadas. Ese y no otro es el efecto de la felicidad que hay detrás de toda liberación. Toda una experiencia mística, un ritual donde la catarsis está servida sobre una mesa de cuerpos que relumbran como estrellas. Son estrellas que titilan tras el exorcicio. Universo único donde cada cuerpo reproduce al cuerpo que tiene enfrente. Sudan frente a frente como si fueran espejos. Bailan frente a frente. Piernas sin brazos saltan levitando y evitando pisar la tierra descifrada. Pero ellos son indescifrables, como lo es el sudor y lo es el folklore.

Dicen que en el principio fue el verbo. SUDAR, concebido como ese sudor visible. Pero también fue la raíz de la palabra. FOLKLORE, concebida como ese cuerpo expresivo que comparte cultura con un grupo. Y de ese compartir llegamos a la conclusión de que justo eso responde a lo que todos conocemos como una rave. La gran fiesta de la carne movida por la música. La carne eléctrica dejándose golpear por la música electrónica. Toda esa carne convulsionada con cara de haber perdido la razón y ser solo húmeda emoción. 

Conocemos la definición de la palabra folklore y la relacionamos con la palabra tradición. Ubicamos ambas palabras en el espacio y en el tiempo, pero ¿existe la tradición contemporánea? ¿no pareciera esto un oxímoron? He aquí un ejemplo de esa fantástica contradicción. El más puro folklore contemporáneo. El intergeneracional, el transfronterizo. Sudar Folklore es de nadie y es de todos. Hablo del territorio. De un territorio nuevo, sin más yerbajos que los que nos otorga la naturaleza y donde uno puede bailar y nadar desnudo.

Ayer, en la Sala Negra de Teatros del Canal, todas sudamos con ellos porque Sudar Folklore es sudar la prenda y una vez quitada sudar la piel y una vez quitada sudar el hueso y una vez quitado sudar la idea nueva que uno tiene de la danza. En definitiva, más que un espectáculo, una filosofía de vida que consiguió que los cerca de 200 cuerpos que había escondidos en la oscuridad junto a estas cinco piezas de carne y alma, se liberaran y saltaran por los aires riéndose de sí mismos. Estábamos ante cinco árboles desbordantes y salados, un voraz oleaje, la salvación del sudor.

Ficha artística

Intérpretes: David Acero, Lucía Marote, Danielle Mesquita, Daniel Cabezuelo, Aurora Costanza. Coreografía: Laimperfecta / Alberto Alonso en colaboración con las intérpretes. Asistencia coreográfica: Laimperfecta / Clara Pampyn. Asesoría folklore: Daniel Hernández. Espacio sonoro: José Pablo Polo. Diseño de iluminación: Andrés Dwyer. Vestuario: laimperfecta y Fede Pouso. Producción: Laimperfecta y Mar López. Técnico iluminación y sonido: Andrés Dwyer

Perfil del autor
NURIA RUIZ
Nuria Ruiz de Viñaspre

Poeta con cerca de 16 libros publicados, Nuria Ruiz de Viñaspre se acaba de alzar como la ganadora del XXIV Premio Nacional de Poesía Nicolás del Hierro 2022, con su obra Las abuelas ciegas. En 2015 ganó el XII Premio de Poesía César Simón con su libro La zanja. En 2014 fue galardonada con el Premio Racimo de Literatura y en 2004 ganó el XX Premio de Poesía Ciudad de Tudela (Navarra).

Su obra está incluida en el Diccionario de Autores de la Cátedra de Miguel Delibes y ha participado en festivales nacionales e internacionales, entre los que cabe mencionar el Encuentro de Mujeres de Cereté (Colombia, 2016 y 2018), el Festival de la Palabra (Venecia, 2017) o The Americas Poetry Festival New York (Nueva York, 2017).

Algunos de sus libros publicados son: El pez místico (Olifante ediciones), Tablas de carnicero (Luces de Gálibo), Orbita cementerio (Luces de Gálibo), Tabula Rasa (La Garúa), Pensatorium (La Garúa), La zanja (Editorial Denes), El temblor y la ráfaga (Varasek ediciones), Células en tránsito (Ediciones La Palma), Todo se hará público (Ediciones Trea), Capturaciones (Olifante ediciones), Parte meteorológico (Agosto Clandestino) y su último libro Las abuelas ciegas que saldrá publicado en unos meses. Parte de sus obras, traducidas a varios idiomas se pueden encontrar en algunas antologías de poesía crítica.

Otras colaboraciones en libros conjuntos: La Cité des Dames (Capella des Ministres. Textos para CD Libro-Carles Magraner, edición bilingüe inglés. Licano S.L., 2013), Temblor de lenguaje: Fleur Jaeggy (Shangrila Ediciones, 2014), Marguerite Duras: Movimientos del deseo (Shangrila Ediciones, 2014), La supervivencia. Herramientas mínimas (Shangrila Ediciones, 2015), Lágrimas 2 (Shangrila Ediciones, 2016).
Es autora de los textos para la coreografía No hay flores inútiles (estrenada en Pamplona en noviembre de 2019, en el Museo de Navarra).

Escribe crítica de libros, espectáculos de teatro y danza en diferentes revistas culturales. Colaboradora habitual como columnista de danza en Festival Ellas Crean.

Poeta con cerca de 16 libros publicados, Nuria Ruiz de Viñaspre se acaba de alzar como la ganadora del XXIV Premio Nacional de Poesía Nicolás del Hierro 2022, con su obra Las abuelas ciegas. En 2015 ganó el XII Premio de Poesía César Simón con su libro La zanja. En 2014 fue galardonada con el Premio Racimo de Literatura y en 2004 ganó el XX Premio de Poesía Ciudad de Tudela (Navarra). Su obra está incluida en el Diccionario de Autores de la Cátedra de Miguel Delibes y ha participado en festivales nacionales e internacionales, entre los que cabe mencionar el Encuentro de Mujeres de Cereté (Colombia, 2016 y 2018), el Festival de la Palabra (Venecia, 2017) o The Americas Poetry Festival New York (Nueva York, 2017). Algunos de sus libros publicados son: El pez místico (Olifante ediciones), Tablas de carnicero (Luces de Gálibo), Orbita cementerio (Luces de Gálibo), Tabula Rasa (La Garúa), Pensatorium (La Garúa), La zanja (Editorial Denes), El temblor y la ráfaga (Varasek ediciones), Células en tránsito (Ediciones La Palma), Todo se hará público (Ediciones Trea), Capturaciones (Olifante ediciones), Parte meteorológico (Agosto Clandestino) y su último libro Las abuelas ciegas que saldrá publicado en unos meses. Parte de sus obras, traducidas a varios idiomas se pueden encontrar en algunas antologías de poesía crítica. Otras colaboraciones en libros conjuntos: La Cité des Dames (Capella des Ministres. Textos para CD Libro-Carles Magraner, edición bilingüe inglés. Licano S.L., 2013), Temblor de lenguaje: Fleur Jaeggy (Shangrila Ediciones, 2014), Marguerite Duras: Movimientos del deseo (Shangrila Ediciones, 2014), La supervivencia. Herramientas mínimas (Shangrila Ediciones, 2015), Lágrimas 2 (Shangrila Ediciones, 2016). Es autora de los textos para la coreografía No hay flores inútiles (estrenada en Pamplona en noviembre de 2019, en el Museo de Navarra). Escribe crítica de libros, espectáculos de teatro y danza en diferentes revistas culturales. Colaboradora habitual como columnista de danza en Festival Ellas Crean.

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