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ÀNGELS GONZÁLEZ. UNA NUEVA MIRADA PARA LLEGAR A LA PIEL DEL PÚBLICO

Esta semana, del 14 al 18 de septiembre, la Mostra Internacional de Mim de Sueca (MIM) celebrará su trigésima segunda edición, ya sin restricciones por la pandemia, bajo el lema “La pell parla” y poniendo el foco en las sensaciones que el público tiene al ver una pieza artística. A principios de agosto, me reuní con Ángeles González, su nueva directora artística, para entrevistarla. Aun siendo las dos de Sueca, no nos conocíamos. Fue un placer charlar con la persona que está al frente del MIM, un festival que conozco desde niña. Un festival que va más allá y transforma nuestra pequeña ciudad en un gran escenario, llenando durante cinco días las calles de gente (casi 30.000 personas por edición) con ganas de compartir los espacios públicos y de sumergirse en un paréntesis anual dedicado a las Artes escénicas. En esta entrevista, he de advertir, he hecho una cosa que nunca había hecho: he marcado algunos momentos de la entrevista en los que Ángeles ríe, ríe fuertemente, feliz, porque, tal y como ella me contó, está disfrutando enormemente de este trabajo.

¿Cuál es tu recorrido profesional hasta llegar a la dirección del MIM?

Empecé a trabajar en el sector de las Artes escénicas en el año 1995, en Bambalina Teatre Practicable, ocupándome de tareas de oficina, pero también de distribución, que en aquel momento ni sabía muy bien lo que era. Tuve que ir aprendiendo con cada proyecto y también con la ayuda de algunos profesionales del sector que conocía. El mismo año que entré en Bambalina ya trabajé en las taquillas del MIM. En aquel momento, Abel Guarinós era el director y, cuando acabó el festival, le dije: yo creo que aquí en taquilla estoy desaprovechada, ¿no crees que podría hacer algo más? (se ríe fuertemente). Al año siguiente entré al equipo de producción y estuve compaginando el trabajo en Bambalina y la producción del MIM unos ocho años, hasta que fue imposible trabajar en las dos cosas. Así que continué en Bambalina con Josep y Jaume Policarpo, como una familia. Pero en 2017 decidí cambiar un poco de rumbo y me incorporé al equipo de A+ Soluciones Culturales, en producción, comunicación y distribución internacional. También asumí la dirección de la Mostra Internacional de Titelles de la Vall d’Albaida. Este recorrido como directora de la Mostra se inició en Bambalina y luego asumí la dirección yo sola. Aunque otra vez, como también estaba trabajando en A+, tuve que elegir entre una cosa u otra, dos proyectos tan intensos son difíciles de compaginar. Y bien, hace dos años, Joan Santacreu llamó a A+ para que lleváramos la producción del MIM. El primer año fue el de la pandemia y, con todo el trabajo hecho, al final el festival no se pudo realizar. Y ya en 2021 fue la edición en la que pudimos desarrollar la producción. Cuando Joan dejó la dirección, mi nombre salió y vi pasar el tren y dije: ¿por qué no? Y aquí estoy. (¡vuelve a reírse fuerte!)

“Con un cambio de dirección se genera una diversidad que considero que puede ser muy enriquecedora para un festival”

¿Qué crees que puede aportar una nueva dirección a un festival de tan largo recorrido y de tantos éxitos?

Un nuevo punto de vista, una nueva mirada y una nueva manera de entender las artes escénicas. Con un cambio de dirección se genera una diversidad que considero que puede ser muy enriquecedora para un festival. Conseguir esto, es el reto más grande que se me plantea. Es verdad que este primer año es de transición. Hay una marca MIM y esa marca MIM es muy potente. Y creo que se debe mantener, pero también potenciar la nueva mirada. Y ese equilibrio es delicado y creo que es lo más complicado de llevar a cabo.

En este sentido, ¿qué propone la mirada de Ángeles González?

Quiero intentar diseñar un festival en el que haya más implicación por parte de la ciudadanía, trabajar e integrar más proyectos con la comunidad local. Por ejemplo, este año tenemos una propuesta que se va a hacer con niñas y niños. Otras veces hemos tenido proyectos participativos con adultos, pero este año hemos decidido dirigirlo a las futuras generaciones. Este grupo de personitas de siete a once años va a trabajar con una compañía profesional. Y me gusta, porque vas dejando poso y va a ser una gran experiencia, tanto para la compañía como para ellos. Por otro lado, este año he empezado a abrirnos en red, a trabajar con otros festivales, con otras plataformas. He iniciado contactos, propuesta y proyectos que espero que se consoliden el año que viene: he participado en el proyecto de Territori creatiu de Fira Tàrrega, hacemos una pequeña colaboración con el MUT! de Castelló (traemos al MIM una compañía que luego estará en Castelló y así nos vamos reforzando unos a otros, aparte de economizar con recursos). Quiero incidir más en esta línea. También he participado en festivales como miembro de jurado y en actividades profesionales, como en el festival de Alès, con un proyecto de la Unión Europea. Voy sembrando semillitas para que en próximas ediciones se puedan consolidar.

El MIM, que lo he vivido desde pequeña, es más que un festival. Su idiosincrasia está muy marcada, quizá, por el propio espacio. La ciudad de Sueca.

Así es. Hay que tener en cuenta que este festival es más que un festival. Es un proyecto cultural, pero también un proyecto social. Lo que sucede en Sueca durante el MIM es un fenómeno, como lo diría… especial.

¡Mágico!

Exacto. Esa semana hay una magia que transforma toda la ciudad en un gran escenario de festejo y, podríamos decir, de comunión. El MIM es casi como un acto litúrgico. Un ritual. La gente se organiza para comprar las entradas y la semana en función de lo que va a ver. Se crean corrientes humanas. Personas desfilando de un espacio a otro. Es como un acto de comunión social, más que cultural. Y de ahí la enorme trascendencia de la implicación de las personas de Sueca en el festival. El MIM no sería lo que es sin que la ciudadanía, mayoritariamente de Sueca, respondiera de la manera que responde. Esto es un hecho incuestionable. También otra realidad es la implicación brutalmente generosa de todo el equipo que hay detrás del festival: los coordinadores de espacio, los voluntarios, el equipo de producción, el equipo del ayuntamiento, y todas estas personas son de Sueca.

“El MIM es casi como un acto litúrgico. Un ritual”

Hablando con Cesc Casadesús, comentó que no es lo mismo un festival que nace en una gran ciudad que el que nace en una ciudad pequeña. Que el espacio marca firmemente el proyecto.  ¿Qué retos, qué características diferenciales, se te presentan a la hora de montar un gran festival como lo es el MIM en una ciudad pequeña como Sueca?

Tiene sus ventajas y sus inconvenientes, como en todo. Ventajas: es todo más asequible. Trabajas en unos lugares muy concretos. La parte de la administración, de la institución, que en este caso es el Ajuntament de Sueca, con un festival de tan largo recorrido lo tiene todo asumido y muy integrado dentro de su dinámica. Y, como comentaba anteriormente, tenemos la gran suerte de contar con un público afianzado que es crítico, numeroso y exigente.

Es verdad, muy exigente.

Muy exigente, aunque no lo parezca, pero además es también muy agradecido. No solo va a ver un espectáculo, sino que valora, comenta, recomienda, no recomienda. Y todo esto a mí me lleva a pensar en un nivel de exigencia que hay que mantener. Las artes escénicas, al igual que todo el arte, es subjetivo, pero también hay criterios objetivos que creo que tienen que darse. No se puede bajar de un nivel de exigencia en todas las propuestas que participan en el festival. Independientemente de gustos. Que a ti como espectadora, a mí como directora, me guste o no nos guste, eso son otros parámetros. Pero sí que tiene que haber un rigor artístico y de profesionalidad. Volviendo a lo que me preguntabas de cuáles son las desventajas, te diría que se cuenta con un número de infraestructuras estables muy limitado, de hecho, aquí en Sueca solamente tenemos un espacio escénico como tal, que es el Centre Bernat i Baldoví. Esto implica que preparar entre nueve o diez espacios escénicos, si se quieren preparar con exigencia para poder ofrecer a cada propuesta el lugar adecuado y al público la mejor recepción posible, conlleva muchísimo trabajo: infraestructura técnica, personal técnico, coordinadores… es un hándicap. En este sentido, una de las cosas que tengo en mente para próximas ediciones es el site-specific; propuestas que se adaptan según al espacio al que van. Se vinculan al espacio y en cada ciudad serán diferentes, y me parecen muy atractivas las posibilidades que se generan.

¿Qué novedades ofrece esta edición, teniendo en cuenta que, además, es la primera después de la pandemia?

Volvemos, por fin, a la dinámica de hace 3 años, a nivel de aforos, de condiciones y de accesos sin restricciones. Tengo un poco de miedito (risas). Sobre todo, en las gratuitas. Porque el año pasado lo que se demostró es que la gente tenía muchas ganas de MIM, de salir, de recuperar. Todas las funciones estuvieron llenas. Y claro, en los espectáculos con entrada el aforo es el que es. Pero en los gratuitos… estoy como atenta. Hemos cambiado el espacio principal de calle, el de la plaza del Ayuntamiento, a la plaça de Sant Pere, enfrente de la iglesia. Por varias razones, pero, la primera, porque yo tengo sangre proletaria y el hecho de montar esa grada en la plaza del ayuntamiento suponía que la mitad de la hostelería no pudiera ejercer su trabajo. Y eso a mí me condiciona.

“He intentado buscar ese equilibrio con las necesidades de las personas que tienen menos recursos. Porque no todos se pueden pagar entradas para ver nuestra programación”

¿Es una decisión que has tomado tú?

Sí. Porque el MIM también es un motor económico. Y si es un motor económico para Sueca, tiene que serlo para todos. No podemos ponerle trabas a según qué comercios o restaurantes con nuestras infraestructuras. Así que nos vamos a la plaza de al lado, a Sant Pere, con grada. Ahí ya no impedimos la actividad comercial de nadie y nos permitirá también tener un poco más de amplitud para aumentar el público. Aunque este cambio tiene otros pequeños inconvenientes, porque hay que coordinar los horarios de las funciones con los horarios de misa y negociar el toque de las campanas. El párroco de la iglesia de Sant Pere nos cede, muy amablemente, un espacio para camerinos. Pero de siete a nueve de la tarde, los fines de semana, hay misa.

También se han incorporado nuevos espacios.

El año pasado se trabajó en un nuevo espacio grande, el Molí del Pasiego, con el espacio central que está al aire libre. Es un conjunto patrimonial magnífico que se está acondicionando lentamente, en diferentes fases. Yo lo que quiero es seguir poniendo en valor el patrimonio de Sueca e intentar aprovecharlo un poco más. Así que este año se añade otra de las naves del Molí. Allí hemos programado los espectáculos de pequeño formato y que necesitan más oscuridad. Espectáculos más íntimos. Y un tercero, que es el Espai la Nau 2… del que no puedo decir nada. He querido equilibrar la envergadura de los espectáculos gratuitos a los de pago. A Sant Pere, por ejemplo, van dos espectáculos de formato más grande de lo habitual. También, las actuaciones que hay el domingo en el Molí, son gratuitas. Para que las personas que no se pueden permitir pagar, tengan más oportunidades de ver espectáculos de más envergadura. Y que puedan ver ese espectáculo dentro de este espacio y conocerlo. He intentado buscar ese equilibrio con las necesidades de las personas que tienen menos recursos. Porque no todos se pueden pagar entradas para ver nuestra programación. Si es un proyecto cultural, un proyecto social, y un proyecto público, tiene que llegar (o intentar llegar) a toda la ciudadanía, dentro de nuestras posibilidades, evidentemente.

20 compañías, 47 representaciones. ¿Qué destacas de la programación?

Por lo que se refiere al contenido, he querido que se reflejen temas con un contenido social muy próximo, como el cuidado de los padres mayores o dependientes, la guerra, la pena de muerte… No desde el drama, sino desde la proximidad. También he tenido presente dos cosas: el festival como plataforma y acompañamiento a proyectos de nueva creación, principalmente de profesionales valencianos, y como escenario para la diversidad territorial. En el caso de los estrenos valencianos, este año contamos con dos. Les ofrecemos toda la infraestructura que tenemos para que puedan venir días antes, para implantar y que lleguen más relajados al estreno; toda la cobertura informativa y de marketing del festival y atraemos a los programadores a ver sus propuestas. Esa es nuestra manera, dentro de nuestras posibilidades, de acompañar y apoyar a la creación. Tenemos otras dos compañías valencianas, porque en el festival queremos que esté presente lo local. Pero, por otra parte, hemos querido representar esa diversidad territorial del estado que considero que también enriquece y conecta. En nuestra programación he intentado que haya una mirada un poco más extensa a nivel territorial: tenemos propuestas de Andalucía, Galicia, Aragón, Baleares y Castilla León.Y, a nivel internacional, contamos con compañías de Alemania, Francia y Bélgica. Pero el alemán es un israelí que vive en Alemania, y su espectáculo habla de la guerra…

“Es así de primitivo, de instintivo, y no me refiero a que solamente me hable bien. Porque un buen pellizco que haga despertar, también me motiva”

¿Cuáles serían tus referentes en la gestión cultural?

En la gestión, mi referente está muy claro: Josep Policarpo. Yo he crecido, he aprendido, y he mirado esta profesión desde su manera de concebirla. Mi forma de entender la producción y la gestión cultural, pero también la vida laboral, es como la entiende Josep. De respeto, de pasión, de entrega también, no nos equivoquemos, y de coherencia. Y yo creo que todo eso lo tiene Josep. Yo tengo quizás otra energía y otro carácter, pero la manera de funcionar, en el fondo, es la de él. Estoy disfrutando mucho porque toda mi vida he trabajado bajo mucho estrés y aquí solamente tengo una carpeta en mi ordenador (con 3000 subcarpetas), pero solamente estoy con este proyecto. Y estoy muy contenta porque he podido pararme a pensar.

Para terminar, el lema: La pell parla (la piel habla). ¿Es una declaración de principios?

Sí, es que a mí me habla o no me habla (¡carcajada!). Diseñar un festival no es hacer una programación, ni solamente seleccionar unas propuestas. Entran muchísimos factores, pero ahora me voy a centrar en el de las propuestas artísticas. Partiendo siempre de un nivel de rigor y de profesionalidad, y, obviamente, que encaje la propuesta con la línea identificativa del festival que es el teatro de gestos y el movimiento. El lema surgió de una situación concreta, aunque podría decir que es una manera de hacer intrínseca en mi carácter. Una tarde estaba viendo los vídeos de los espectáculos, porque en esta edición he tenido que echar mano de mucho video (ahora ya no, ya he vuelto a viajar), pero esta primera es, video y video. Teletrabajando y con mis sobrinos en casa, ellos me decían: este video no te está gustando, ¿verdad, tía? Y ellos me preguntaron: pero tía, por qué te gusta uno y no otro. Y les contesté: porque la piel me habla o no me habla. Es así de primitivo, de instintivo, y no me refiero a que solamente me hable bien. Porque un buen pellizco que haga despertar, también me motiva. Y a partir de esa conversación con los niños, me di cuenta que, al final, el diseño que había construido, cada propuesta de la programación, a mí me hablaba de alguna manera. A veces solamente era el estar con una sonrisa y tener la sensación de estar bien, otras piezas me provocaron enganche o una sensación de querer más, pero todo muy sensorial. Más filtrado por los sentidos que a veces por el intelecto. Y ya con todas las propuestas juntas, la piel hablaba. Además, me gusta el juego lingüístico: el hecho de que el festival se define, mayoritariamente, por la ausencia de la palabra, y sea la piel quien nos hable. Esto es lo que espero que le pase al público. Estará mi punto de vista y espero que agrade mi manera de entender las artes escénicas y llegue al espectador. En un festival no todas las propuestas pueden gustar a todo el público, pero considero que la diversidad enriquece. Y en este sentido creo que todas las propuestas tienen la capacidad de llegarnos, por un motivo u otro.

Perfil del autor
Esther Pedrós

Esther Pedrós Martorell es periodista, gestora cultural y escritora. Con una formación ecléctica en Humanidades y Ciencias de la información, diplomada en Comunicación Audiovisual y licenciada en Filología Hispánica por la Universitat de València, con un máster en Periodismo Avanzado por la Universitat Ramón Llull de Barcelona, ha trabajado para diversas instituciones como la Oficina gubernamental y cultural de Quebec en Barcelona, la Fundació Ictus o el 1er Observatori de Mitjans i Salut Mental de Catalunya; así como en diferentes medios de comunicación y agencias corporativas como ABC, Revista Rambla, Comunicas o Mapa Comunicación.

En 2017 y 2018 publica una serie de libros de entrevistas sobre los distritos de la ciudad condal y las ciudades del área metropolitana de Barcelona, en los que da voz a las personas, entidades y asociaciones más emblemáticas de cada barrio. Especializada en periodismo de proximidad y en comunicación cultural, combina esta profesión con la codirección del festival de cine Choreoscope, el festival internacional de cine de danza de Barcelona. En la actualidad, tras volver a su ciudad natal, Valencia, es la responsable de comunicación y prensa de Projecte inestable.

Esther Pedrós Martorell es periodista, gestora cultural y escritora. Con una formación ecléctica en Humanidades y Ciencias de la información, diplomada en Comunicación Audiovisual y licenciada en Filología Hispánica por la Universitat de València, con un máster en Periodismo Avanzado por la Universitat Ramón Llull de Barcelona, ha trabajado para diversas instituciones como la Oficina gubernamental y cultural de Quebec en Barcelona, la Fundació Ictus o el 1er Observatori de Mitjans i Salut Mental de Catalunya; así como en diferentes medios de comunicación y agencias corporativas como ABC, Revista Rambla, Comunicas o Mapa Comunicación. En 2017 y 2018 publica una serie de libros de entrevistas sobre los distritos de la ciudad condal y las ciudades del área metropolitana de Barcelona, en los que da voz a las personas, entidades y asociaciones más emblemáticas de cada barrio. Especializada en periodismo de proximidad y en comunicación cultural, combina esta profesión con la codirección del festival de cine Choreoscope, el festival internacional de cine de danza de Barcelona. En la actualidad, tras volver a su ciudad natal, Valencia, es la responsable de comunicación y prensa de Projecte inestable.

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