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El Lindo don Diego, foto de PILAR DIAGO

El lindo don Diego De Compañía Argentina de Teatro Clásico

Cuatrocientas damas que a mi casamiento aspiran

Fecha de la representación: 19 de julio de 2022. Fecha de la crítica: 22 de julio de 2022. Festival de Teatro Clásico de Peñíscola (Castillo: Salón Gótico)

La Compañía Argentina de Teatro Clásico ha visitado el Festival de Teatro Clásico de Peñíscola con su adaptación de El lindo don Diego de Agustín Moreto (1618-1669), uno de los dramaturgos españoles del Siglo de Oro injustamente casi relegado a un segundo plano, constreñido por esa manía de encuadrar a sus autores en la escuela de Lope o en la escuela de Calderón. Habría que quitar la sombra de los dos genios sobre el resto de autores de este siglo, como se ha hecho con Tirso de Molina, posiblemente el único que ha adquirido singularidad apartada de clasificaciones con el tiempo. Simplificar puede provocar confusiones como esta que afecta a Moreto, supuestamente de la “escuela calderoniana” cuando esta obra posee muchos toques de Lope e incluso el antecedente de El narciso en su opinión de Guillén de Castro, al que se sitúa siempre en la escuela del Fénix de los Ingenios.

“Sordo estoy de los suspiros”, exclama Diego al narrar la reacción de las damas a su paso. Un personaje ridículo y engreído centro de esta comedia de figurón, subgénero derivado de la obra de capa y espada con el ingrediente añadido de la farsa en caso de esta adaptación de Santiago Doria. Remite al petulante petimetre heredero del miles gloriosus de Plauto, el soldado fanfarrón. Todo son autoalabanzas mientras el espectador ríe con su afectación, sus postureos y con la resolución del pescador pescado.

La trama de esta comedia de figurón, también de enredo y capa y espada, escrita en verso, presenta a don Tello (Gabriel Virtuoso), ansioso por casar a sus hijas, doña Leonor (Ana Yovino) y doña Inés (Mónica D’Agostino), con sus primos, don Diego (Francisco Pesqueira) y don Mendo (Gastón Ares). Un tercer hombre, don Juan (Andrés D’Adamo), está enamorado de Inés y teje una estrategia junto al fiel criado Mosquito (Pablo Di Felice), para que Diego rechace a su prometida y se sienta atraído por una falsa condesa viuda (Irene Almus), quien en realidad es una criada chismosa de la casa. El desenlace ya se lo imaginan.

Santiago Doria, director y adaptador, logra un espectáculo redondo. Lo presenciado en el salón gótico del castillo de Peñíscola fue una puesta en escena simple, desnuda, solo con un piano de fondo que sirvió de marco figurado al inicio y al desenlace musicales cantados por todos los actores. Al fin y al cabo, ideó la adaptación para representar en corral de comedias, con un escenario prefijado. La interpretación es el elemento sustancial de un montaje de texto pulido y desarrollado con una horizontalidad bien construida. Fidelidad al autor sin caer en lo arqueológico. Toda una reconstrucción de lúcidos acabados.

Doria no lleva al extremo ni al figurón ni a los criados, dándoles sencillez sin exageraciones hasta dejarlos en el límite justo que separa lo verosímil de la ridiculización excesiva de personajes cuyas actitudes lo son de por sí. Evita con ello mancillar la trama. Don Mendo tiene la misma presencia que Mosquito, escapando de ese defecto de hacer parecer prescindibles a los secundarios para ganarse al público con un criado bufonesco o un hidalgo ridículo. Matiza lo grotesco y marca bien los equívocos haciéndolos visibles por encima de las figuras para centrarse en los conflictos y en los giros argumentales. Incluso da vigencia a la crítica a esa conducta tan actual favorecida por las redes sociales, el yoísmo, donde el ego extremo impide escuchar y tener contacto con la realidad. Hay muchos don Diego en nuestro mundo actual. Ha dado ritmo y vigor a un montaje precisamente con la naturalidad de los discursos subrayando el sentido paródico y la claridad de las acciones, teniendo en cuenta que solo se puede adivinar la época por el vestuario excelente de Maydée Arigós, con cada personaje identificado por su color y sus tonalidades bien definidas. Incluso destaca la habilidad del recurso de sentar a los actores manteniendo la expresión de sus rostros cuando hacen mutis, la presencia del sombrero de don Diego en el piano hasta su aparición por la puerta del salón o la puesta de espaldas cuando se ha de simular la duplicidad de acciones en una escena.

No podemos más que ensalzar al elenco. Sencillamente fabulosos todos. Luis Longhi, Andrés D’Adamo, Mónica D’Agostino, Ana Yovino, Pablo Di Felice, Irene Almus, Francisco Pesqueira y Gastón Ares, dan el aire necesario al verso y al movimiento. Sobrios y expresando los sentimientos en su justa medida, cada uno marca bien el territorio de su carácter. Quizá les faltaba anchura en el espacio de representación pero lo resolvieron de maravilla incluso en los incipientes retos de espada. Ahí entra la dirección de Doria, dando equilibrio a las interpretaciones para que un personaje no destaque por encima del resto. La estupidez de don Diego no es el conflicto: es la resolución del compromiso matrimonial. Y cuando los actores son conscientes de moverse en el equilibrio se entregan con toda su energía.

El resultado está lleno de comicidad con estas estrategias de la dirección. Se agradece tanta frescura y clarividencia para sostener un clásico del Siglo de Oro sin caer en el sopor. No sorprende que mientras estoy escribiendo estas palabras, la compañía esté estrenando su nuevo trabajo en el corral de comedias del festival de Almagro, La celosa de sí misma de Tirso de Molina, donde se han convertido en casi habituales. Siempre serán bien recibidos allá donde vayan y los esperaremos en Valencia alguna vez cuando realmente queramos  buenas miradas distintas sobre el teatro clásico, al que hemos olvidado misteriosamente.

Esperamos volver a deleitarnos con la Compañía Argentina de Teatro Clásico. Se agradece la presencia en los escenarios de tanta calidad y oficio como el demostrado en El lindo don Diego.

Como posdata al margen de la valoración artística del trabajo, cabría señalar un enorme fallo en la representación: las dificultades de audición del salón gótico del castillo. El verso clásico exige el esfuerzo del espectador. Pero el eco y la dispersión oral impedían degustarlo debidamente. El enorme y encomiable trabajo profesional de los actores permitía seguir la trama y adivinar los sentimientos pero la acústica lo deslucía. Ello provocó la falta de implicación de un sector del público, que aun así premió en pie el oficio de la compañía. Quizá sea necesario recordar esta falta de generosidad de la empresa técnica con los profesionales y con el público en futuros concursos públicos. Atenerse a la literalidad de los contratos y pliegos de condiciones, cuando no supone un perjuicio económico, es una falta de respeto incomprensible por un quítame de allá esas pajas. La sensibilidad es necesaria en cualquier empresa técnica dedicada a la cultura.

Y otra apostilla. Es de agradecer la presentación de las obras del festival narrada con la solvencia de su director artístico Javier Sahuquillo. Situar al público siempre es positivo, no resta protagonismo a nadie ni a las compañías y enriquece la calidad. Es muy positivo el que se introduzca al espectador en la obra a ver en lugar de comenzar en frío durante todo un festival, que al fin y al cabo es una fiesta del teatro.

FICHA ARTÍSTICA

Reparto: Luis Longhi, Andrés D’Adamo, Mónica D’Agostino, Ana Yovino, Pablo Di Felice, Irene Almus, Francisco Pesqueira, Gastón Ares. Versión y dirección: Santiago Doria. Asistente de dirección: Jazmín Ríos. Fotos y diseño gráfico: Fernando Lendoiro. Prensa: Haydeé Marocchi. Jefe técnico: Horacio Novelle. Luces: Sebastián Ochoa y Horacio Novelle. Vestuario: Maydée Arigós. Música: Gerardo Gardelín. Producción ejecutiva: Fabi Maneiro.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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