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Cesc Casadesús. Una gestión basada en la creación de redes y cuidados

En pleno despegue del Festival Grec Barcelona 2022, la gran cita de las artes vivas de la capital catalana, que inauguró el 29 de junio con una de las compañías de danza más prestigiosas de Europa, la Nederlands Dans Theatre, nos encontramos con su director, Cesc Casadesús. Como siempre que he tenido el placer de entrevistarle, siento una especie de nervio provocado por el respeto y la admiración que me despierta hablar con uno de los artífices del discurso público de las artes vivas en Barcelona. Me cuenta las líneas de trabajo en las que él y su equipo se han basado para ofrecer un programa de 86 obras, en más de 55 espacios de la ciudad y con una serie de objetivos claros que van desde atraer al público de nuevo a las salas y devolverle la ilusión y el interés, hasta dar apoyo y cuidados a todo el entramado artístico de Barcelona. En sus palabras, Cesc desprende un amor infinito hacia la cultura y hacia su ciudad. El Grec es el festival de Barcelona, una Barcelona que, en palabras de Casadesús, es infinitamente creativa y capaz de reinventarse siempre que lo necesite.

En 2017 empezaste a dirigir el Grec, 2022 sería tu sexto año al frente. ¿Qué valoración puedes hacer de estas seis ediciones? Han sido tiempos muy raros, una época muy complicada. Primero porque el primer año aterricé en el Grec en febrero y en pocos meses tenía que sacar el festival y fue muy duro, me encontré muchas cosas aquí en la mesa sin confirmar. En este sentido, no considero que la edición del 2017 sea mi festival. Después, en 2018 y 2019 pudimos trabajar bien, pero los dos años siguientes estuvimos en pandemia, así que en realidad tengo la sensación de que he hecho solamente dos festivales y medio en todo este tiempo.

Cuando cogiste el cargo, marcaste unos objetivos que, a día de hoy, guardan coherencia y continuidad con el festival que estás llevando a cabo. Hablo, por ejemplo, del propósito de romper las barreras con la ciudad, que el festival no fuera elitista y atraer a un público más numeroso y diverso hacia las artes escénicas. Sí, una de las líneas importantes para mí era y es la ampliación de los públicos, trabajar para que el Grec no sea un festival elitista. Que sea un festival popular (en el sentido de querido, no en el de contentar al público). Y sí; creía y sigo creyendo que la fuerza del festival Grec es trabajar con la ciudad de Barcelona. Porque un festival no puede existir si no está conectado con su entorno y esto también significa que los festivales se configuran por el entorno en el que nacen y crecen. Un festival que nace en una ciudad pequeña no es lo mismo que uno que nace en una grande. Un festival que nace en una ciudad metropolitana, no requiere las mismas necesidades que un festival que nace en un pueblo. Por lo tanto, un festival tiene que responder a su misión, a su origen y a su entorno. En este sentido, para mí, hacer el festival más interesante significa conectarme con estructuras de la ciudad, tanto estructuras existentes como estructuras o proyectos que podríamos crear juntos.

Siempre partiendo de que es un festival que tiene un centro muy concreto, que es el Teatre Grec. Perfectamente se podría hacer un festival solamente con la programación del Teatre Grec, pero eso no sería, a mi entender, un festival público. Más bien sería un festival de verano, como hay muchos. Aunque es un festival que está muy marcado, incluso en el nombre, por un anfiteatro al aire libre que se lleva gran parte del presupuesto (que te condiciona, que hace que ya tenga un gran componente de festival de verano, de gran público), a mí me interesa cómo esta realidad puede conectarse con una ciudad creativa como lo es Barcelona, con un tejido creativo potente, con unos artistas tanto emergentes como consolidados, un sector público, un sector privado, etc. Me interesa trabajar para llegar a establecer esas conexiones y que eso responda a un modelo de festival muy propio de Barcelona. Hemos ido tirando lazos que se van anclando en la ciudad, de forma que el Teatre Grec sea ese clímax, ese vértice, esa punta de montaña, pero sin olvidar todo lo demás. Esta es la filosofía. La de implicar a los espacios de los barrios, a las bibliotecas, los centros cívicos. Abrir una puerta para que se sientan invitados.

“Para mí, hacer el festival más interesante significa conectarme con estructuras de la ciudad, tanto estructuras existentes como estructuras o proyectos que podríamos crear juntos”.

Concretamente, en esta edición, ¿cómo trabajáis los nuevos públicos? No creo que haya públicos nuevos y públicos viejos, pero sí que creo que hay personas que tienen más o menos experiencias en lo que es su relación con las artes escénicas. Se trata de tejer esas complicidades. Por un lado, intentamos que el programa del Teatre Grec sea una programación de calidad, pero, también, plural. Por otro, abrir el festival a otros espacios de la ciudad. Sé que no hay nadie, excepto yo, que vaya a ir a todos o a casi todos los espectáculos, porque ya me cuesta a mí llegar. Pero entiendo que la gente va a ver dos o tres espectáculos, cuatro como mucho. Quizás haya profesionales del sector que vean unos pocos más, pero intento que dentro de las probabilidades de esta foto que tengo en la cabeza de lo que sería la ciudad de Barcelona, la gente pueda encontrar en la oferta varias posibilidades para participar del festival. Idealmente, mínimo dos, eso es lo que a mí me gustaría. Si consigo que vengan, en vez de a una, a dos, ya he duplicado el público. Intento que haya esos pequeños hilos conductores, enlaces, esas pequeñas puertas en las que la gente pueda participar del festival.

El Teatre Grec sigue una línea ecléctica: hay teatro, danza, circo, música, etc. Intento que la música no sea una programación musical que compita con otros festivales de la ciudad, es un programa más basado en producciones propias o en artistas que no han actuado en nuestro espacio, pero que no van a ser presentaciones de discos de moda que puedes encontrar en otros festivales, hay una intención en la música más especial, de singularidad. Por tanto, la programación del anfiteatro permite que puedas venir con tus hijos, con tus amigos, con tus padres o con tus abuelos. Esa línea ecléctica es una línea abierta a la participación.

Que se complementa con la programación en otros espacios de la ciudad. Exacto. Este año ofrecemos 86 espectáculos y más de una cincuentena de actividades en 55 espacios diferentes de la ciudad. La programación del Teatre Grec se completa, por un lado, con una programación en Montjuïc, más internacional, más de excelencia; una programación que no está en la temporada habitual de la ciudad, una programación extraordinaria, por decirlo así, que es lo que le corresponde a un festival. Y, por otro lado, con la programación hecha en coproducción y en complicidad con las salas, lo que llamamos Grec Ciutat, donde sí que hay una fórmula de coproducción con las salas y el sector privado de Barcelona. Yo siempre hablo de círculos concéntricos: el Teatre Grec, Montjuïc, la ciudad y lo que serían los extrarradios y las fábricas de creación o entornos más alejados de esta centralidad que da el anfiteatro. Esos círculos también son, a mí entender, círculos de acercamientos a las artes escénicas.

Respecto a lo que comentabas de la complicidad con la ciudad, en esta edición el Grec apoya la creatividad local a partir de 34 coproducciones, las becas Barcelona Crea, el proyecto Creació i Museus o el ciclo de lecturas ‘On el teatre batega’. Todo este trabajo minucioso, lo nombras con el verbo tejer, tejer redes. Intentamos trabajar con una cierta coherencia, cooperatividad y, sí, tejiendo pequeñas redes de complicidad. Está toda la línea de trabajo con las fábricas de creación, que tiene que ver más con dar soportes a los creadores y las becas Bracelona Crea, que son proyectos de creación. También apoyamos la iniciativa de los Teatros de Proximidad ‘On el teatre batega’, en el marco de la cual hemos programado un ciclo de lecturas dramatizadas por todas las salas de proximidad y algunos de los textos tendrán continuidad, ya que serán producidos el próximo año por el Grec. Esta línea va hacia el descubrimiento de textos, hacia el apoyo a la escritura teatral, y luego tenemos otra enfocada a autores, digamos, más consolidados. Autores que están en diferentes salas de la ciudad, como la Becket, el Lliure o la Villarroel; espacios que apoyan normalmente la escritura contemporánea. Por otro lado, también tenemos proyectos con los museos. Es otra línea de trabajo que a mí me interesa mucho: los proyectos artísticos en los espacios museísticos de exhibición. Son como pequeñas redes tejidas desde la complicidad con cada uno de estos espacios.

En este sentido, ¿el Grec es un festival que dura todo el año? Ya en mi proyecto artístico hablo del festival como una cima de una montaña, donde de repente ves todo lo que se ha ido tejiendo durante todo el año. Para mí significa eso: un festival anclado a la ciudad, que forma parte de un paisaje; un festival que está en un sistema teatral y se implica en ese sistema teatral de la mejor manera posible. Sin renunciar, tampoco, a ser un festival de verano, de entretenimiento. Me gusta hablar de un festival como lluvia, más que como fuegos artificiales.

¿Los espectáculos se podrían dividir en programación local, estatal e internacional? No hablo tanto en términos geográficos, sino que para mí hay puntos clave: uno es el de mostrar propuestas excepcionales, de fuera; otro el de apoyar al talento y los tejidos locales; pero también otro que es el de coproducir o trabajar en red con otras estructuras, en especial, del estado español. Soy bastante sensible a propuestas que a veces no se pueden ver en la ciudad y me gusta tejer alianzas con quien se presta, con quien quiere casarse conmigo, y, en particular, con las estructuras del estado. Con todas las que llaman a mi puerta, buscamos un proyecto. Hablo, por ejemplo, de la Compañía de Teatro Clásico, el Festival de Mérida, Conde Duque, Itálica, Sevilla, Sagunto, Rivadavia, Almagro, Teatro de Palma… como el Grec es un festival que tiene esa capacidad, con todos acabamos encontrando un proyecto. Por eso digo que es más un festival de red. Se podría hablar de red estatal, también, pero para mí es una cuestión más de sensibilidad. Me gusta, sobre todo, encontrar buenos proyectos artísticos, y no miro tanto la geografía. Porque los artistas buenos no tienen pasaporte. Lo que intento es hablar de buenos artistas, de buenos proyectos, de buenos cómplices, de una buena red, y no tanto de cuotas. No suelo trabajar por cuotas, pero sí que estoy abierto a propuestas de todo el estado español.

En la presentación del festival citaste un concepto, el de “sostenibilidad cultural”, ¿Cómo cuida el Grec sus proyectos, a sus artistas? No creo que los cuidemos lo suficientemente bien desde el festival como se bería, porque no tenemos la estructura para eso. Están las fábricas, los socios, que pueden acompañar mejor que nosotros. Pero sí que me gusta repetir. Cuando hablo con un artista le pregunto qué planes tiene, cuáles son sus proyectos en los próximos cinco años. Me gusta que en los proyectos que escogemos haya una trayectoria detrás, pero que también haya una perspectiva de futuro, me gusta que haya un plan, aunque los planes cambien. Hay artistas que se han ido repitiendo a lo largo del festival, es una de nuestras señas de identidad. Artistas que se asocian con el festival, que repiten, que saben que esta es su casa, que pueden llamarte y proponerte un proyecto y les vas a decir que sí o los vas a acompañar para que ese proyecto se haga, aunque no sea en tu casa. Hay veces que esos proyectos se estrenan en otros sitios, pero porque tú has acompañado para que esa puerta se abra. Me gusta que haya algunos artistas que estén asociados al festival, o que tengan esa sensación de que te pueden llamar y que los vas a escuchar.

“Me gusta que en los proyectos que escogemos haya una trayectoria detrás, pero que también haya una perspectiva de futuro, me gusta que haya un plan, aunque los planes cambien”.

Con 86 espectáculos y más de 50 actividades, ¿me podrías destacar un par de cosas que te haga especial ilusión que se vayan a llevar a cabo? La respuesta es complicada porque depende a qué público dirijamos esta respuesta. Este año, en líneas generales, es un festival bien articulado, tengo la sensación de que se han unido bien las propuestas, las coproducciones, las redes. Creo que es una edición que tiene claro su soporte a la creación local y que todos los proyectos que son becas Ciutat de Barcelona este año resaltan en la programación del festival. Por otro lado, hay nombres internacionales que son tractores o referentes que atraen al público, pero también hay descubrimientos: está un Thomas Ostermeier, pero también está una Marlene Monteiro Freitas. De este modo, está ese artista referente tractor, pero al lado una artista potente, con lenguaje propio e interesante para ser descubierta. Creo que hay lenguajes no fáciles a primera vista de artistas que van a sorprender, como Phia Ménard, por ejemplo, y creo que también hay propuestas muy de festival de verano amable como Salvador Sobral y Marco Mezquida, que me hace mucha ilusión que hayan aceptado dar ese concierto único. Estas complicidades de proyectos artísticos que solo pasan en el Grec, como Israel Galván y la escolaina de Montserrat, son proyectos que como festival es un privilegio tener estas experiencias, que podríamos llamar experimentos, pero que de alguna forma el artista se siente lo bastante confortable y cómodo como para atreverse a ponerse en zona de riesgo, y eso me parece muy interesante.

Si pensamos en Casadesús, en todo tu recorrido, pensamos en modelo de éxito. ¿Tú crees?

Sí, claro, y todo el mundo. ¿A qué se debe? ¿Cuáles son las claves de tu modelo de gestión? ¿Quizá esté relacionado con la idea del asociacionismo tan arraigada históricamente y, a mi entender, de forma intrínseca, a la cultura catalana? Primero es que yo creo firmemente en este tipo de gestión, en una gestión basada en el cooperativismo y en los cuidados. Puede ser cultural, quizás pones a dos catalanes en una habitación y se asocian. En la cultura catalana una de las expresiones más características son els castellers, construir cosas juntos. Puede que tenga que ver con eso, con culturas que, entre comillas, han sobrevivido en un entorno junto a culturas mucho más fuertes que ellas (la cultura francesa o española son culturas que hubieran podido haber arrasado la cultura catalana), y que su única forma de resistir ha sido tejer una malla, porque el trabajo en red es más fuerte y poderoso que el trabajo individual. En este sentido, sí que creo que tiene que ver con la resistencia cultural: trabajar desde una forma más cooperativa y menos dictatorial. También considero que los tiempos nos llevan hacia allí, unos tiempos donde hay escasez, mediocridad, y asociarse es más beneficioso para todos.

“Yo creo en ese modelo de gestión: un modelo basado en la escucha, la cooperación y los cuidados. Igual me equivoco, pero, de cualquier manera, es mi forma de entender la gestión. Y así he trabajado desde hace tiempo”

Por lo que respecta a los cuidados, podría decirse que es un modelo de gestión apreciado, culturalmente, como más femenino. Cuando hay mujeres al frente de proyectos, generalmente, hay más escucha, más cuidados, más respeto, hay un proyecto colectivo. Probablemente es una cuestión cultural, porque a las mujeres se les ha dejado esa faceta, y en el fondo no es ni masculino ni femenino, sino que son roles que se han asumido por cuestiones culturales. Me gustaría que fueran roles que no tuvieran un género asociado, sino una forma de entender el trabajo en colectivo. Y espero y deseo que cada vez más mujeres ocupen cargos directivos porque, no solo en nuestro sector, es una cuestión más que necesaria. Yo creo en este modelo de gestión: un modelo basado en la escucha, la cooperación y los cuidados. Igual me equivoco, pero, de cualquier manera, es mi forma de entender la gestión. Y así he trabajado desde hace tiempo.

Siempre es un placer hablar contigo, Cesc. Muchas gracias por tu tiempo ¿Te gustaría añadir alguna cosa? Hacia los profesionales de las artes escénicas, me gustaría transmitir un mensaje de optimismo. Es un momento, a pesar de todas las dificultades, precariedad, etc., de una creatividad muy interesante; me gustaría animar a este sector profesional a que no renuncie a sus ideas y a que se lance a sus proyectos personales. Porque venimos de una época muy aburrida para las artes escénicas y creo que hace falta ese compromiso personal con las ideas de cada uno, y que la gente se atreva a lanzarse con sus proyectos personales, yo creo que necesitamos ideas que nos iluminen para ver cómo nos enfrentamos a este mundo tan complicado y tan cambiante, y que los artistas son siempre seres captadores de esas energías que nos pueden dar luz para ese futuro.

Perfil del autor
Esther Pedrós

Esther Pedrós Martorell es periodista, gestora cultural y escritora. Con una formación ecléctica en Humanidades y Ciencias de la información, diplomada en Comunicación Audiovisual y licenciada en Filología Hispánica por la Universitat de València, con un máster en Periodismo Avanzado por la Universitat Ramón Llull de Barcelona, ha trabajado para diversas instituciones como la Oficina gubernamental y cultural de Quebec en Barcelona, la Fundació Ictus o el 1er Observatori de Mitjans i Salut Mental de Catalunya; así como en diferentes medios de comunicación y agencias corporativas como ABC, Revista Rambla, Comunicas o Mapa Comunicación.

En 2017 y 2018 publica una serie de libros de entrevistas sobre los distritos de la ciudad condal y las ciudades del área metropolitana de Barcelona, en los que da voz a las personas, entidades y asociaciones más emblemáticas de cada barrio. Especializada en periodismo de proximidad y en comunicación cultural, combina esta profesión con la codirección del festival de cine Choreoscope, el festival internacional de cine de danza de Barcelona. En la actualidad, tras volver a su ciudad natal, Valencia, es la responsable de comunicación y prensa de Projecte inestable.

Esther Pedrós Martorell es periodista, gestora cultural y escritora. Con una formación ecléctica en Humanidades y Ciencias de la información, diplomada en Comunicación Audiovisual y licenciada en Filología Hispánica por la Universitat de València, con un máster en Periodismo Avanzado por la Universitat Ramón Llull de Barcelona, ha trabajado para diversas instituciones como la Oficina gubernamental y cultural de Quebec en Barcelona, la Fundació Ictus o el 1er Observatori de Mitjans i Salut Mental de Catalunya; así como en diferentes medios de comunicación y agencias corporativas como ABC, Revista Rambla, Comunicas o Mapa Comunicación. En 2017 y 2018 publica una serie de libros de entrevistas sobre los distritos de la ciudad condal y las ciudades del área metropolitana de Barcelona, en los que da voz a las personas, entidades y asociaciones más emblemáticas de cada barrio. Especializada en periodismo de proximidad y en comunicación cultural, combina esta profesión con la codirección del festival de cine Choreoscope, el festival internacional de cine de danza de Barcelona. En la actualidad, tras volver a su ciudad natal, Valencia, es la responsable de comunicación y prensa de Projecte inestable.

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