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2084 de VESC y Cía. SalaNegra, foto Vicente A. Jiménez

2084 De VESC y Cía. SalaNegra

¿Acaso sueñan las ovejas con los androides humanos?

Fecha de la representación 26 de mayo de 2022. Fecha de la crítica: 27 de mayo de 2022. Teatro Círculo

La distopía futurista parece que se está convirtiendo en uno de los subgéneros dramatúrgicos en expansión. Seguramente por lo padecido durante el confinamiento de la pandemia de la Covid-19. Pero también derivado de la situación de incertidumbre y de la vigencia de aquel lema del punk británico, “Don’t no future”, que está viviendo angustiosamente una juventud aplastada por los acontecimientos y las crisis acaecidas desde 2008. Ahora sobre todo los nacidos entre 1995 y 2005, que de niño vivieron la angustia económica de esa crisis de la burbuja inmobiliaria y los bancos, y ahora les ha alcanzado la pandemia y una guerra con una deriva inquietante cuando estaban a punto de terminar sus estudios e incorporarse al precarizado mundo laboral. Ya ni siquiera es factible un trabajo estable en el extranjero, una salida que tuvo la generación anterior hace aproximadamente poco más de una década. ¿Generación Z porque es la última?

2084 de VESC y Cía. SalaNegra, foto Vicente A. Jiménez

De nuevo el teatro responde a una realidad social. Llevamos viendo durante estos años que prolifera una vertiente dramática derivada de estas crisis que hace tantas décadas del siglo XX entró en la literatura con Orwell y 1984, Aldous Huxley con Un mundo feliz y La isla o Ray Bradbury con Farenheit 451. Pero también del cine actual con películas donde jóvenes se ven envueltos en peripecias persecutorias como El corredor en el laberinto, El juego de Ender o Los juegos del hambre. Y, por supuesto, con impronta Blade runner y su secuela, sobre todo su argumento original de la novela ¿Sueñan los androides con las ovejas eléctricas?  de Philip K. Dick. Entre otras muchas series televisivas donde hay una lucha por la supervivencia en espacios apocalíptcos.

2084 de Iván Arbildua pertenece a este subgénero. El autor ha inventado otro mundo apocalíptico donde falta el oxígeno natural y los recursos suficientes para la supervivencia humana son insuficientes por lo que se hace necesaria una sociedad esclavizada para el trabajo de obtenerlos y almacenarlos. Realmente es una dictadura capitalista explotadora cuyo método es la opresión y el control de las personas, limitadas a una vida laboral dura y a la narcotización del tiempo libre, a la repetición de mantras dogmáticos que han anulado el pensamiento y al refugio de una cápsula frente al inhóspito mundo exterior. De hecho, si no portan una mochila de oxígeno no pueden respirar y en la adquisición de ese recurso de supervivencia estriba la fortaleza manipuladora del poder. O te portas bien o eres un elemento a eliminar.

No sabemos si el título de la obra es un guiño a la obra de Orwell. Es curioso que sea el mismo año del siglo siguiente. Por ahí ha apuntado Arbildua. Es una deducción que se extrae cuando observamos que la única liberación de la esclavitud posible se ha producido al llegar ese año: por medio del arte y la amistad. Esta vez no es la consumación de la represión sino la salida de un mundo atroz gracias a lo humano por lo que hay un final aterrador pero positivo y no exento de esperanza. Realmente la obra posee muchas inspiraciones en películas y libros pero también mucha originalidad en la invención del argumento. Arbildua ha sabido crear la atmósfera necesaria y dar el toque de inquietud necesario a toda la diégesis, incluso imprimiendo un ritmo pausado roto por los momentos frenéticos puntuales que encadenan incidentes provocadores de giros de la acción. Unas cesuras que paralizan la escena para mostrar las escasas muestras de individualidad incomprensibles para los personajes. Hubo un pasado que apenas recuerdan más que en algún retazo.

La entrada en la sala es una penetración en ese universo que produce una sensación de extrañeza. El suelo cubierto de arena, como un desierto de Marte, y partes de máquinas y electrodomésticos rotos dispersas a lo largo del proscenio. Mucho humo y luminotecnia en el espacio escénico diseñado por Isabel Miralles Ruiz, Miranda Fernández y Carmen Godoy Lirola. Delante del espectador tres actrices y un actor enfundados en trajes de neopreno y calzado luminoso, color verde (el capataz color rojo), caminan al unísono sin rumbo. El arranque posterior es una llamada de un encargado para que comiencen el trabajo mecánico de obtener recursos. Los va llamando uno a uno para proveerlos de máscara y bombona de oxígeno. Así podrán trabajar con energía suficiente. Al finalizar su jornada de trabajo son sometidos a un test para demostrar que tienen asimiladas las consignas dogmáticas del sistema político. Uno, el hombre, no pasa el examen y  sufre las consecuencias.

2084 de VESC y Cía. SalaNegra, foto Vicente A. Jiménez

A continuación, cada una de las tres restantes pasará a una cápsula donde residen  aisladas. El individualismo es extremo, y a él se dirige la denuncia social. Se ha impuesto de la teoría a la práctica. En esa cápsula encontrarán los recuerdos y establecerán alguna comunicación entre ellas. Es el destino individual de las personas, la distancia. Les han usurpado la identidad, la diferencia y la voluntad. Incluso morir por asfixia, dada la falta de oxígeno, es narcotizante porque puede ser menos doloroso con una suerte de anestesia lumínica.

Ir, Es y Ja son las tres mujeres. Se llaman así por la correspondencia con las dos letras iniciales de los nombres de las actrices: Irene Dehesa, Estefanía Arenas y Jasmine Ribes. Da, el personaje masculino, es David Torres. Todos contralados por un encargado del sistema, Xavier Giménez. Están muy solventes, sobre todo en el acoplamiento de sus movimientos, agotadores por  momentos. Sincronizados a la perfección. Saben conjugar sus pasos y gestos repetitivos, tanto en el andar como en las simulaciones del trabajo con las manos. Muy destacables todos, y resuenan mucho Estefanía Arenas con su resolución y Jasmine Ribes con sus partes dancescas. La corrección de sus actuaciones se aprecia en que transmiten las emociones y la frialdad tediosa: en su propia uniformidad y su falta de acciones individualizadas al inicio, hasta que saltan en la memoria.

Excelente el espacio sonoro. Incluso la melodía que señala los cambios tiene resonancias de algunos compases  de la de Blade Runner de Vangelis. Inquietante como el espacio escénico, logra inmiscuirnos y acabamos adivinando qué significa un sonido determinado cuando lo escuchamos. La composición musical de Aurora Garcia i Agud tiene sentido en todo momento.  Pero, sin duda, el conjunto de la iluminación es lo más envolvente, con efectos como la línea de conexión de cada cápsula salida desde las butacas del público. Como la videoescena y el diseño gráfico de Nuro Visuales y Álvaro Octavio Moliner que se proyecta individualmente en cada cápsula donde las actrices se supone que tienen su libertad, que solo recuperan cuando se activa su memoria. Y serán estos recuerdos los que influirán en el desenlace, con el efecto liberador del recuerdo y del arte, señalado por esas “Palabras para Julia”, el poema de José Agustín Goytisolo, cantadas, permiten la supervivencia y hasta la resurrección. Lástima que el sonido fuera deficiente durante los primeros veinte minutos. ¿Por las máscaras de los actores o por la variación de las pruebas con la sala vacía distintas a cuando los espectadores la llenan?

2084 de VESC y Cía. SalaNegra, foto Vicente A. Jiménez

Un trabajo muy logrado. El riesgo enorme del texto y la puesta en escena, con un enorme uso de la tecnología y la iluminación con destino temático, puede producir errores. Uno sucedió el día del estreno en Círculo y produjo cierta indefinición, como si no se supiera si acabar bien o mal. Salvando estos problemas del directo, hay una conexión en el libreto en el camino marcado por la esperanza en la salida de las supervivientes. El aire del montaje está cerrado originalmente desde que Ir y Ja salen al exterior de la cápsula y allí reclaman la necesidad del arte y la memoria para la supervivencia y como medio de combate de la alienación y la explotación. Arbildua ha optado por una salida intermedia y un final esperanzador con una resolución optimista, algo que no suele suceder en las distopías. Acaba en 2083. Al año siguiente, el del título, llegó la liberación. Y gracias al recuerdo de una canción. Había oxígeno pero la manipulación no dejaba comprobarlo.

Objetivo cumplido el de este montaje a tener en cuenta. Turbador, inquietante y una llamada de atención hacia un camino real: la destrucción de la vida en la Tierra y la tiranía del individualismo que deriva en aniquilación de los sentimientos y la humanidad. En ocasiones, produce pavor porque la atmosfera sumerge en un mundo al que no desearíamos llegar. Aunque a este paso…

Por cierto, ¿cómo sería de espectacular esta propuesta con un buen presupuesto económico? Traduciría la creatividad de Arbildua.

FICHA ARTÍSTICA

Intérpretes: Irene Dehesa, Estefanía Arenas, Jasmine Ribes, David Torres, Xavier Giménez. Espacio escénico: Isabel Miralles Ruiz, Miranda Fernández y Carmen Godoy Lirola. Videoescena y diseño gráfico: Nuro Visuales y Álvaro Octavio Moliner. Música original: Aurora Garcia i Agud. Asistentes de dirección: Ana Olcina y David Torres. Puesta en escena y autoría: Iván Arbildua. Producción ejecutiva: Alba Alegre.

Perfil del autor
Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Comments (1)

  • Gal Jerman

    Top ,.. top top … post! Keep the good work on !

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