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Carnival striptease De La Trinxera, foto de Marcos Bañó

Carnival striptease De La Trinxera

La exposición del cuerpo femenino

Fecha de la representación: 22 de mayo de 2022. Fecha de la crítica: 23 de mayo de 2022. Sala Ultramar.

La Trinxera es una joven compañía teatral valenciana que ha ofrecido trabajos interesantes merecedores de ser valorados. Desde la historia de una pareja que descubre su pasado en Midnight hasta el fenomenal ejercicio de construcción de la historia de la literatura de El viaje de las palabras y su particular adaptación experimental de El mercador de Venecia de Shakespeare tocada con golpes cómicos titulada Mercaderes de Venecia. Tiene un estilo definido por su dinamismo, un aprovechamiento máximo del atrezo y la escenografía, sus estructuras textuales fragmentarias con un cuidado de la palabra, toques de humor e ingenio, y la dinámica interpretación llena de movimiento de distinto pelaje y visualidad.

Ahora nos ha presentado su nuevo trabajo donde da un giro a su línea: Carnival striptease. Se inspira en un hecho real. En los años setenta, la fotógrafa Susan Meiselas convivió durante tres veranos con strippers que trabajaban en ferias por pueblos de la costa este estadounidense. El show consistía en exponer los cuerpos semidesnudos de las strippers en un escenario como reclamo. En la parte interior de la furgoneta donde estaba ese escenario se desnudaban para los hombres en privado. Las mujeres tenían prohibida la entrada. Una realidad que hoy parece grotesca y anacrónica, pero que en el fondo sigue vigente aunque con otras formas puesto que el cuerpo de la mujer sigue siendo utilizado socialmente como si fuese un objeto. Los cánones estéticos siguen imperando y es una deriva temática del trabajo, es algo perceptible en las escenas del casting al que se presentan las mujeres.  El objetivo continúa siendo el mismo: el dinero.

Rocío Chico interpreta a la fotógrafa Susan y Carmen Comes es Lena, la joven inconformista que trabaja de stripper. Pero son sus personajes principales porque también representan a otros. Son los personajes fundamentales junto a un tercero, el hombre que controla el negocio en la feria, Carles Sanchis, que ejerce de empresario protector y explotador. Pero el argumento no se queda ahí y los tres se transforman en intérpretes reales. Irrumpe de forma súbita un componente metateatral con otras dos historias cruzadas donde las actrices y el técnico se presentan con sus nombres: la gestación de la propia obra con ramificaciones hacia el estado del teatro modesto en la actualidad y el susodicho casting al que se presentan las dos actrices. Es entonces cuando Susan y la stripper conectan con otras situaciones relacionadas con el mundo de la interpretación y la creación teatral para demostrar que algunas actitudes actuales tienes el mismo fondo en su pervivencia. Por no hablar de la denuncia irónica de la precarización del teatro más joven.

La fotógrafa traba amistad con la stripper como Rocío y Carmen se presentan al mismo casting. Están preparando la obra, teatro documento, pero también nos hablan con ironía de la precariedad en el teatro actual, sobre todo el más joven, y de un deseo: el contrato por caché cuando la sala Ultramar decide programar su espectáculo. Reivindicación del espacio para las nuevas compañías. Este teatro dentro del teatro, de exposición de su realidad, en el fondo es un gran sacrificio porque también existe esa visión del cuerpo femenino a la hora de la elección en un casting, donde, por supuesto, se exige a la actriz elegida el desnudo, con el pretexto de que alguna vez será la primera porque tarde o temprano se lo van a exigir.

El tercer tema atañe al reproche social a la dictadura de los cánones estéticos. Productos de belleza, operaciones quirúrgicas y otras exigencias empujan a la obligación de tener un cuerpo perfecto según las normas de belleza vigentes. Quizá se le olvide al trabajado y riguroso texto de Rocío Chico un detalle: esos cánones cambian y nada más hay que ver el prototipo de mujer de aquellas películas con desnudo femenino de principios del siglo XX. Pero ha tenido muy en cuenta un detalle: la presión social existente. El canon de belleza, variable según los tiempos, responde a una convención pero en nuestros años está intensificada hasta convertirse en tiranía.

El buen texto de Rocío Chico se engrandece con el trabajo interpretativo de ella misma y de Carmen Comes, dos de de las mejores actrices jóvenes del panorama valenciano. Impresionantes ambas hasta dar una dimensión de que el fuerte de la compañía está en las actuaciones del elenco. Desde la exhibición de sus cuerpos hasta el diálogo corriente. Adornan su actuación con sendos monólogos muy bien resueltos sin caer en patetismos, o con toques de humor. Rocío ya no nos sorprende. Es una gran actriz. Pero esta vez ha ido de un registro extremo a otro pasando por varios intermedios con una pasmosa solvencia y naturalidad. Aparece como una joven hasta diría que tímida, la fotógrafa, con cierta inocencia, pero en determinado momento actúa bailando como stripper. Se aprecia su enorme y versátil trabajo con el baile erótico. También adopta otros papeles, como el de otra mujer de la feria maltratada físicamente pero sin atreverse a formular una denunciar y señalar al culpable, uno de los temas relacionados con el expuesto como es la violencia hacia la mujer. Carmen Comes tiene también esa capacidad para interpretar distintos papeles y dar en el suyo principal la imagen de mujer decidida y valiente, idealista, y dispuesta a mantener una dignidad ignorada por el público asistente a un espectáculo sexual de estas características. Transmite en sus bailes eróticos pero también es capaz de ofrecernos a una divertida stripper torpe con vestuario verde. Ambas compenetradas, como se aprecia en la escena del revelado de las fotografías.

Les acompaña Carles Sanchis, ejerciendo en el lateral como técnico de la obra. La verdad es que es un buen proxeneta, al que por fortuna no se presenta como un ser malvado y violento sino como una persona que se limita a vivir de esta explotación del cuerpo de las mujeres. Vestido con camperas y sombrero vaquero, cambia al registro natural de tercer miembro de la compañía que prepara el estreno de la historia de la fotógrafa. Su buena labor técnica en la mesa tiene una traducción visible en el escenario.

Muy atractivo el vestuario de José Terol, al que dan empaque las actrices con cambios muy rápidos, junto a las coreografías del genio de la danza contemporánea Toni Aparisi, propias de este mundillo. Poco a poco el vestuario sexy deja paso al corriente de camisa y vaqueros porque ya lo importante son los diálogos por encima de lo visual. Acompaña una excelente iluminación de Carles Sanchis, con proyecciones en la cortina del escenario de la feria (mejorable su visión, eso sí), en una escenografía de José Blasco rodeada de balas de paja, porque estas ferias se situaban en ese mundo rural.

Un buen trabajo muy interesante. Con aire juvenil pero muy destinado a los adultos porque es necesario comprender esta dictadura de los cánones de la belleza femenina y de la visión del cuerpo femenino como un objeto. Pero también la situación del teatro y pocas veces se nos enseña qué se siente ante lo que hay detrás de un casting actual. La Trinxera nos brinda con Carnival Striptease unas reflexiones dignas de ser tomadas en cuenta en un espectáculo muy bien construido y donde es imposible no hallar muchas situaciones con las que solidarizarse con la víctima sin caer en el exceso maniqueo ni la exageración de mal gusto.

FICHA ARTÍSTICA:

Intérpretes: Carmen Comes, Rocío Chico y Carles Sanchis. Dirección: Rocío Chico. Texto: Rocío Chico. Ayudante de dirección: Carles Sanchis. Coreografías: Toni Aparisi. Redes Sociales: Jose Terol. Diseño de iluminación: Carles Sanchis. Escenografía: José Blasco. Vestuario: Jose Terol. Diseño gráfico y fotografía: Carles Sanchis y Jose Terol.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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