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Una novelita lumpen foto de Danilo Moroni

Una novelita lumpen De La Intemerata

Cabiria y el submundo

Fecha de la representación: 1 de mayo de 2022. Fecha de la crítica: 2 de mayo de 2022. Teatre El Musical

Soy bolañista. He dado conferencias y escrito artículos sobre el último narrador hispanoamericano cuya vida es tan literaria como sus obras: un escritor de raza y culto de los que hoy apenas encontramos en ese mundo industrializado donde publicar y vender han desplazado a la palabra.

Ello podría condicionar, tanto en un sentido positivo como negativo, mi visión de la adaptación de Una novelita lumpen realizada por Rakel Camacho estrenada pocos días antes del estado de alarma por la pandemia de la Covid-19, a principios de marzo de 2020. Pero la labor de un crítico empieza dejando las preferencias en la guardarropía del teatro, ahora que no existe ese habitáculo, y limitándose a dar testimonio de lo presenciado. Ello no es obstáculo para obviar las referencias al original cuando sean necesarias, pero sin entrar en pasiones por una de las grandes escrituras en el último tránsito de siglos.

Una novelita lumpen vio la luz unos meses antes del fallecimiento del chileno Bolaño en 2003. A finales de 2002 se publicó en Mondadori por iniciativa de Claudio López y Gabriel Martínez para integrar un proyecto de obras donde escritores distintos de habla hispana viajarían a siete de las ciudades del mundo más relevantes. A él le correspondió Roma. Sin embargo, la ciudad eterna fue lo de menos en esta historia característica de las narraciones del autor como fue su ubicación en los ambientes marginales u ocultos, diluyendo la línea que separa el bien y el mal, con un ambiente donde la tormenta sin ruido envuelve a unos personajes perdedores, antihéroes que van introduciéndose en los intestinos de un submundo sórdido. Seres que buscan una felicidad que no hallarán.

Esta sordidez es lo primero que sorprende en la adaptación dramatúrgica de Rakel Camacho. El espectador entra en el teatro y  se encuentra los elementos escénicos, conocidos si ha leído la novela: mobiliario de un gimnasio, lavacabezas de peluquería y televisiones de principios de siglo, de la época de la novela. Todos desaliñados sin orden ni belleza ofreciendo una distancia del naturalismo. Una estética sucia desde el arranque, con esa salida de la protagonista Bianca y  su hermano, aún estudiantes, que ha perdido a sus padres en un accidente de coche y que han de comenzar a ganarse la vida para salir adelante. Ahí comienza el periplo, cuando él comienza a trabajar en un gimnasio y ella en una peluquería. En su casa se instala un amigo monitor del gimnasio, el Boloñés, que les propone robar la caja fuerte supuestamente llena de dinero de un viejo actor protagonista de las películas péplum de Maciste, ahora ciego. Y a partir de ahí se desencadena todo el periplo de Bianca y su relación con el antaño forzudo. Un viaje a los infiernos por la supervivencia.

Camacho ha sido muy hábil en las variaciones con respecto a la novela. Dejar en ochenta minutos esta narración no es sencillo. Ha eliminado lo que literariamente funciona pero entorpecería la fluidez de la representación, como el que el Boloñés y el hermano entren a casa de Maciste en la irrupción de este personaje. Ha eliminado el flashback del comienzo, donde Blanca expresa “ahora soy una madre y también una mujer casada, pero no hace mucho fui una delincuente”. De esta manera, el desarrollo se vuelve lineal para favorecer el suspense. También elimina el personaje del Libio que acompaña al Boloñés, amigo inductor del posible robo: ¿para qué este segundo personaje si con uno la trama está mejor centrada? La historia del exnovio de Bianca está sintetizada al máximo, igual que simplificadas otras subtramas aparecidas como el sueño del paseo por el desierto, aquí sin el loro que la acompaña. Algunos detalles se han dramatizado mejor, como la entrevista de la revista aquí convertida en audiovisual con partes pixeladas. Pero toda la historia sustancial está presente, incluso los detalles como los de la prensa italiana o el cuestionario a Bianca, y sobre todo su aliento poético descarnado.

Y, por supuesto, la atracción de Bolaño por el cine menor, el de serie Z. Por la cultura popular. No solo por la referencia al péplum de Maciste, películas italianas que se explotaban en los cines de barrio fundamentalmente pero que tuvieron un enorme éxito, sino también por el cine pornográfico que ven los hermanos en las televisiones. O el paso del tiempo, que no perdona, como le ha ocurrido al actor ciego.

Pero lo más interesante de la obra es el periplo por los infiernos de Bianca. Si el sexo había estado presente en la primera parte, la anterior al intento de atraco, en la segunda es el protagonista. Bianca pasa de peluquera a prostituta. Pero sin cargar en ella ningún reproche moral: una visión natural de lo que ocurre en la extrañeza de la casa de Maciste. Incluso el sexo es más gozo que nec-otio. En ese descenso al submundo, la intensidad erótica aumenta. La relación sexual es entonces un acto de libertad, con un juego entre dominante y dominado entre ambos sin distinguir quién es quién. Es la que existe en el guion: sin ese linimento y su olor sobre los cuerpos la historia se resentiría, perdería la sordidez necesaria y la belleza del resplandor de la piel en la fusión corporal. ¿Y qué diferencia existe entre la prostitución y el placer?

Hay que destacar el enorme trabajo interpretativo de Rebeca Matellán como Bianca. Nada fácil y cómodo. Su entrega en el escenario es total y el resultado de su actuación extenuante es potente y crece a medida que discurren los minutos. Y también canta deliciosamente. Conecta de maravilla con Jorge Kent, Maciste, un gigante ciego de ojos blancos y rapado al cero, que fue campeón de culturismo y solo protagonista como gladiador forzudo, cuya frase recordando que en alguna película hizo de malo rompe con su propia imagen y el maniqueísmo de la ficción. Excelente Diego Garrido, el hermano Enrico, con naturalidad expresiva y una versión de “Il Mondo” de Jimmy Fontana encantadora. Más apagado por las características de su personaje pero muy convincente Trigo Gómez como el Boloñés.

Destaca el aprovechamiento del espacio en la escenografía de Mireia Vila Soriano, lleno de obstáculos para mayor dificultad en la interpretación, con sus subdivisiones y conjunciones listas para el desarrollo. Aunque sin la iluminación de Mariano Polo, con una oscuridad penetrante, y el juego de imágenes proyectadas quedaría debilitado: las ruinas de las columnas romanas están acordes con Maciste y la degradación del personaje. Y algo me pregunto: ¿por qué los premios a vestuario se suelen dar a obras de época, con esas indumentarias antiguas artificiosas y sofisticadas y no a las mejor adecuadas a un argumento aunque no sean vistosas? Porque el de Vanessa Actif para esta creación es de los más acordes a los personajes y al ambiente que se pueden ver. Todo está medido para dar realce a la oscuridad del relato y las funciones actanciales de la dramaturgia.

En el demérito, el espacio sonoro es demasiado potente, hasta el punto de que en los diez primeros minutos se superpone a los diálogos, con lo cual a veces no los escuchamos. Un segundo aspecto mejorable es que al boloñés se le podía haber sacado más partido con alguna referencia a su pasado. Pero salvando estas circunstancias, Rakel Camacho ha realizado un trabajo ejemplar, respetuoso con Bolaño, y ha aprovechado una obra con un argumento menor en la bibliografía del autor chileno para elevarla al máximo y darle un contenido de reflexión sobre un submundo a partir de su condición de thriller.

Desde luego que La Intemerata y Rakel Camacho han conseguido sus objetivos, que son los de su línea artística: con un teatro posdramático y transdisciplinar, explorar en dramaturgias de la imagen la idea de ceremonia escénica. Porque Una novelita lumpen es una celebración donde Camacho ha hecho fácil lo difícil. Nos ha transportado a un viaje alucinante por el lumpen y la decadencia. Y a las raíces de la degradación. ¿Matarías para una vida mejor?

FICHA TÉCNICA

Reparto: Rebeca Matellán, Diego Garrido, Jorge Kent, Trigo Gómez. Dramaturgia, creación, dirección y adaptación de la novela homónima de Roberto Bolaño: Rakel Camacho. Ayudante de dirección: Manuel Agredano. Coreografía: Julia Monje. Escenografía: Mireia Vila Soriano. Vestuario: Vanessa Actif. Espacio sonoro: Sammy Metcalfe. Vídeo: Javier Jarillo. Iluminación: Mariano Polo.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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