TOP
Asylum / Madrid en Danza TEATROS DEL CANAL foto de Pablo Lorente

Asylum DE KIBBUTZ CONTEMPORARY DANCE COMPANY

Nadie pone a su hijo en un barco salvo que el agua sea más segura que la tierra. Nadie sale de casa a menos que el hogar sea la boca de un tiburón. Nadie sale de casa a menos que te persiga el hogar. Versos de «Hogar» de Warsan Shire, joven británica de origen somalí

El viaje a ninguna parte

Los Nadie, que valen menos que la bala que los mata, decía Eduardo Galeano…

Fecha de la representación: 4 de mayo de 2022. Fecha de la crítica: 5 de mayo de 2022. Teatros del Canal

La palabra asilo protege, guarece y ampara a personas por diferentes motivos y situaciones. Así, el asilo humanitario es la práctica de aceptar en tu territorio a inmigrantes obligados a abandonar su país de origen. ¡Cuántas veces vienen buscando un lugar sin el ruido de la guerra de fondo! Ruido este que ha estallado el corazón de su oído, sacándolo de su sitio…

En la obra Asylum, el coreógrafo Rami Be’er (Kibbutz Contemporary Dance Company) examina todo esto poniendo sobre el escenario conceptos como el rechazo, la identidad, los refugiados, la discriminación y la dominación, y por encima de todo, la patria, el hogar de cada uno. Todos ellos conceptos existenciales en el ser humano.

Asylum bien podría haber sido un parte del telediario del día de hoy, 5 de mayo de 2022. La guerra de Ucrania, por poner un crudo ejemplo, con todos sus muertos y tantos damnificados en eterno éxodo. Y es que el ser humano necesita identificarse en un espacio, en un lugar. Esa es su eterna búsqueda. Plantar sus pies. Arraigarse a un lugar. Pero esto es mucho más que una guerra televisada. Los refugiados, transmutados en el alma de los bailarines, llegan a una tierra prometida de insoportable belleza, a una tierra donde los perros educan a los hombres y los hombres ladran a los perros. Huyen como incansables procesionarias dejando a familias enteras para preservar sus vidas y en definitiva, a su familia, pero nunca lo hacen pensando que ese otro lado muchas veces les rechaza, que allí no hay ni hombres ni perros, y vuelven a huir de nuevo en busca de otro nuevo mundo, de otro paraíso perdido, Funambulistas que saltan de un mundo a otro hasta dar con ese rincón que les acoja sin pelotones humanos que les apunten con un arma. En Asylum estamos ante la convulsión del rechazo, lo vemos en sus cuerpos, convulsionando la búsqueda, y donde un número ingente de bailarines-refugiados son “rechazados” y van y vienen sin saber en qué punto del planeta dejar caer el fardo de su cuerpo. Huyen de ahora en adelante, huyen hacia atrás como cangrejos desorientados en un desierto rojo de arena. Ninguno sabe por qué hilo de su vida descolgarse ni sobre qué precipicio columpiarse para poner de lleno el pie en el nuevo mundo.

La realidad que vivimos en estos tiempos está muy bien reflejada en Asylum, aunque la realidad occidental sean guerras televisadas, huidas televisadas, muertes televisadas. La realidad televisada es que en la realidad no televisada estamos deshumanizados. Los muertos de la tele les llamamos… Uno, dos, tres, veinte, quinientos treinta y dos, doce mil trescientos treinta muertos, implacables cifras dichas por un presentador y a través de nuestro televisor, son solo números, mientras nosotros, al otro lado de la pantalla, comiendo carne a las dos de la tarde en nuestras mesas de comedor sin ponerle rostro al número. El coreógrafo nos enseña y nos educa la mirada para ver que la información que consumimos no es ficción, sino que es una realidad repleta de hechos cruentos y de números con rostro.

En Asylum, al son de una canción popular isralí los bailarines te meten la mano en el pecho y te revuelven los órganos mostrándote en su coreografías números y rostros. Ellos no son números son personas, personas tras las cuales hay otras personas. Ellos van y vienen sin pantalla de por medio. Avanzan, retroceden, cuerpos sin rumbo que dan vueltas y más vueltas en círculos hacia llegar al centro del vacío, hasta encontrar su lugar.Como el perro fiel acostado en tu lecho que da vueltas como en un ritual hasta dar con el hueco. En la esquina, un megáfono grita en bucle un número con rostro: 712213. Ese número parece expresarel dolor de alguien y su búsqueda, ¿Quizá un preso en una celda? ¿Quizá una víctima exterminada en algún campo de concentración? ¿Quizá un ser humano cosificado? Alguien busca entre los muertos el número 712213 para ver su rostro. He ahí el movimiento que hay en el anhelo de hogar de quien ha perdido su patria. La fuerza de ver a 17 bailarines aglutinados en perfecta conjunción de movimiento es realmente apabullante y lo que le da realismo a lo descrito. 17 bailarines con sus 17 corazones al costado y sus dramas personales se dan la mano en el escenario. Puede incluso que para el coreógrafo, el número 17 no haya sido azaroso, no olvidemos que ese número es compasión, es conciencia. Así, en un limpísimo escenario previsto arquitectónicamente con líricas calles a ambos lados y la luz vertical cayendo desde el cielo, los cuerpos del revés de los bailarines eran escupidos una y otra vez en un bucle infinito. Como el mar escupe sus muertos a la orilla.

Kibbutz Contemporary Dance Company y ese elenco de bailarines al límite de lo físico, con ese gran potencial físico-creativo, una técnica extremadamente sólida (a veces rayando la mímica, llegando a lo grotesco y esperpéntico del asunto), y un gran dinamismo, nos dieron la magnitud exacta de lo que vemos en la telediario. Ellos representan a la perfección el eterno problema de los refugiados bailando los grandes problemas del mundo.

Destaca en la pieza la originalidad de la música, la limpieza y la pulcritud de la escenografía, la iluminación cayendo una y otra vez sobre la piel de los bailarines rechazados, cuerpos a veces escondidos en trincheras, otras haciéndose el muerto o no jugando a hacerse el muerto porque están ya muertos. Igualmente destaca cada una de las coreografías propuestas, todas de estructura simétrica, las cuales bien podrían permanecer enraizadas la una a la otra a través de este duro hilo conductor, pero también concebirse por separado. Un alto nivel de exigencia física y estética llena todo el espacio. Un espacio repleto de jóvenes alistados al ejército, de esquinas con bayonetas y blancos perfectos para el fusil del otro, de batallones de hombres contra hombres, de más formaciones de ejército que apuntan con fusiles a otros cuerpos, de megáfonos que gritan números, todos víctimas de la deshumanización del mundo. Todos, cuerpos que caían del cielo como cae muerto el sol abandonado. La imagen aquí constituye una llamada irresistible y suficientemente potente para obligarnos a reflexionar todo lo que conlleva la palabra asilo.

La palabra refugiado proviene del latín refugium, lugar protegido al que acude una persona cuando huye para salvarse. En el juego El escondite, decir Casa te salvaba y la casa podía ser un árbol, un rincón, un banco, una esquina. Si llegabas a tocarla te salvabas a ti y también podías salvar al resto gritando el nombre de tus compañeros. ¡Por mí y por todos mis compañeros! ¡Por 712213 y por todos mis compañeros! gritaban los bailarines en Asylum.

Se puede huir del propio caos a través de la simetría, a través del color de la carne. Huir hacia un inquietante viaje a ninguna parte. Estamos ante la “danza del mundo” donde la diversidad y la inclusión también forman parte de la obra. Un planteamiento que te invita a la reflexión y a contar los números con cada uno de los rostros que hay detrás de su grafía..

DATOS TÉCNICOS

Bailarines: May Assor, Léa Bessoudo, Anastasia Cheshun, Megan Doheny, SuJeong Kim, Ilya Nikurov, Dvir Levi, Nicholas Garlo, Nika Lilek, Michal Vach, Luigi Civitarese, Eden Beckerman, Francisco Camarneiro, Orin Zvulun, Francesco Cuoccio, Tamar Bieller Coreografía, escenografía e iluminación: Rami Be’er Edición de sonido: Rami Be’er, Alex Claude Vestuario: Rami Be’er, Lilach Hatzbani Dirección de ensayos y asistencia a la dirección artística: Nitza Gombo Asistencia a la edición de sonidos: Eyal Dadon

Perfil del autor
NURIA RUIZ
Nuria Ruiz de Viñaspre

Poeta con más de 15 libros publicados. En 2004 ganó el XX Premio de Poesía Ciudad de Tudela (Navarra), en 2014 fue galardonada con el Premio Racimo de Literatura y en 2015 se alzó con el
XII Premio de Poesía César Simón con su libro La zanja.
Su obra está incluida en el Diccionario de Autores de la Cátedra de Miguel Delibes. ha participado en festivales nacionales e internacionales, entre los que cabe mencionar el Encuentro de Mujeres de Cereté (Colombia, 2016 y 2018), el Festival de la Palabra (Venecia, 2017) o The Americas Poetry Festival New York (Nueva York, 2017).
Algunos de sus libros publicados: El pez místico (Olifante ediciones), Tablas de carnicero (Luces de Gálibo), Orbita cementerio (Luces de
Gálibo), Tabula Rasa (La Garúa), Pensatorium (La Garúa), La zanja
(Editorial Denes), El temblor y la ráfaga (Varasek ediciones), Células en tránsito (Ediciones La Palma), Todo se hará público (Ediciones Trea), Capturaciones (Olifante ediciones) y Parte meteorológico (Agosto Clandestino).
Parte de sus obras, traducidas a varios idiomas se pueden encontrar en algunas antologías de poesía crítica.
Otras colaboraciones en libros conjuntos: La Cité des Dames (Capella des Ministres. Textos para CD Libro-Carles Magraner, edición bilingüe inglés. Licano S.L., 2013), Temblor de lenguaje: Fleur Jaeggy (Shangrila Ediciones, 2014), Marguerite Duras: Movimientos del deseo (Shangrila Ediciones, 2014), La supervivencia. Herramientas mínimas (Shangrila Ediciones, 2015), Lágrimas 2 (Shangrila Ediciones, 2016).
Autora de los textos
para la coreografía No hay flores inútiles (estrenada en Pamplona en noviembre de 2019, en el Museo de Navarra).

Escribe crítica de libros, espectáculos de teatro y danza en diferentes revistas culturales. Colaboradora habitual como columnista de danza en Festival Ellas Crean.

Poeta con más de 15 libros publicados. En 2004 ganó el XX Premio de Poesía Ciudad de Tudela (Navarra), en 2014 fue galardonada con el Premio Racimo de Literatura y en 2015 se alzó con el XII Premio de Poesía César Simón con su libro La zanja. Su obra está incluida en el Diccionario de Autores de la Cátedra de Miguel Delibes. ha participado en festivales nacionales e internacionales, entre los que cabe mencionar el Encuentro de Mujeres de Cereté (Colombia, 2016 y 2018), el Festival de la Palabra (Venecia, 2017) o The Americas Poetry Festival New York (Nueva York, 2017). Algunos de sus libros publicados: El pez místico (Olifante ediciones), Tablas de carnicero (Luces de Gálibo), Orbita cementerio (Luces de Gálibo), Tabula Rasa (La Garúa), Pensatorium (La Garúa), La zanja (Editorial Denes), El temblor y la ráfaga (Varasek ediciones), Células en tránsito (Ediciones La Palma), Todo se hará público (Ediciones Trea), Capturaciones (Olifante ediciones) y Parte meteorológico (Agosto Clandestino). Parte de sus obras, traducidas a varios idiomas se pueden encontrar en algunas antologías de poesía crítica. Otras colaboraciones en libros conjuntos: La Cité des Dames (Capella des Ministres. Textos para CD Libro-Carles Magraner, edición bilingüe inglés. Licano S.L., 2013), Temblor de lenguaje: Fleur Jaeggy (Shangrila Ediciones, 2014), Marguerite Duras: Movimientos del deseo (Shangrila Ediciones, 2014), La supervivencia. Herramientas mínimas (Shangrila Ediciones, 2015), Lágrimas 2 (Shangrila Ediciones, 2016). Autora de los textos para la coreografía No hay flores inútiles (estrenada en Pamplona en noviembre de 2019, en el Museo de Navarra). Escribe crítica de libros, espectáculos de teatro y danza en diferentes revistas culturales. Colaboradora habitual como columnista de danza en Festival Ellas Crean.

Post a Comment