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© Íntims Produccions

Dels intestins una soga i del cul un sac de gemecs de Íntims Produccions y David Climent

¡…? (Santo volvamos)

Fecha de la representación: 31 de marzo de 2022. Fecha de la crítica: 2 de abril de 2022. Sala Beckett

La propuesta que Íntims Produccions y David Climent han presentado este pasado marzo en la Sala Beckett es difícil de pensar. Principalmente, porque proponen una exploración de la alteridad, de lo otro, de manera tan íntima que categorías tan básicas como acción o personaje son inútiles en este paisaje (post y pre)apocalíptico. Este hecho marcará, sin duda, el tono de esta reflexión. La inquietud de Dels intestins una soga i del cul un sac de gemecs por explorar radicalmente aquello extraño es una de las mejores bazas de esta obra, y que un templo del teatro de texto como lo es la Sala Beckett haya ofrecido residencia a estos creadores y este proyecto es motivo de alegría.

En esta pieza, objetos –humanos y no-humanos– interactúan, se rechazan e intentan coexistir en el espacio inquietante que es el escenario. La gran protagonista y el único personaje de esta obra es la gran roca, presente ya en el cartel y el centro físico y estético de toda la obra. El trabajo impecable en iluminación y sonido (de la mano de Marc Salicrú y Clara Aguilar, respectivamente) nos muestra un mineral hipnótico, cegador e incluso hostil en el efecto estroboscópico, que no puedo evitar conectar con la idea de “hiperobjeto” del pensador Timothy Morton. De esta manera, se activa una lectura que neutraliza cualquier proyección humana e introduce la Naturaleza como el objeto sublime y aterrador que es. La roca como hiperobjeto protagonista es una de las propuestas por un teatro ecologista más tozudas que haya visto y una apuesta radical por no humanizar lo ajeno, sino por introducirlo tal y como es –permitiéndole generar sus signos e interrelaciones, y todo lo contrario, pues al final del día no es más que una roca. El resto de cuerpos presentes (Isaac Baró, Marc Cartanyà, Sandra Pujol y Oriol Tosquella) son figurantes que ayudan a mostrar al espectador las tensiones tanto presentes como ausentes, explorar los límites de la propuesta e hilvanar las diferentes escenas – porque, aunque de tono experimental y formativo, esta pieza se enmarca claramente en la institución teatral y sus convenciones.

La centralidad de aquello aberrante y distinto marca no solo los objetos en escena sino también el tiempo de la pieza. Esta creación pasa de anécdota a anécdota y vuelve otra vez a empezar, en un espacio en que tiempo y espacio han pasado a ser viscosos e insignificantes. En el fin del mundo, también asistimos al fin del tiempo y de cualquier tipo de noción de causalidad. Los cuerpos en escena interaccionan con los estímulos –físicos, lumínicos, sonoros– como si cualquier noción de pasado y código hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Mudos y huidizos, reaccionan más que actúan: todo está tan desgastado que ha vuelto a ser nuevo. Se descubren las vocales en escenas, se contagian el regocijo unos a otros ante el fluir del agua; en ciertos momentos asistimos a la alegría del redescubrir el mundo, aunque este sea tan yermo que no queda más que polvo en él. Respecto al espectador, se reintroduce como cuerpo que espeja las acciones que se desarrollan en escena – “mirar el mirar una roca” – y hay múltiples instancias en que se señala, para destrozar justo después, la distancia entre el tablado y la platea. Tanto metafórica como literalmente, el telón barroco que nos recibe al llegar a la sala cae una vez tras otra pesadamente y sacude incómodamente a los asistentes. Esta incerteza es exteriorizada al principio como risa tensa más que alegre, aunque una de las señales de que el juego acaba funcionando llegado el final de la pieza son unas carcajadas cada vez más ligeras.

Hay pequeños destellos de lenguaje y optimismo en esta obra, aunque siempre es mediado por una cierta ironía – “el sol sortirà aviat com si passés alguna cosa…”. Un breve momento de luz cálida y euforia sin intermediarios son parte de la respuesta de Íntims Produccions y David Climent ante qué hacer en el fin del mundo. Aunque sin lugar a dudas, gran parte de su (im)personal respuesta es un espacio deshumanizado que ya no es ni lugar ni tiene tiempo. En este vacío, solo se puede matar el tiempo. Es una visión profundamente teatral, realista y terrenal del fin de los tiempos, que precisamente se aleja de otros intentos literarios –y muchas veces verbosos– previos. La teatralidad es pensada como inherentemente humana, y, por tanto, pasa a ser un elemento extraño para los cuerpos presentes. Elementos de atrezo, escenario, fondo, aire: completamente incomprensibles y desacralizados. Esto también va en la línea de como han defendido los creadores esta pieza; es el resultado de la experimentación y la leen como una obra de formación en vez de un producto que se enmarque en el horizonte de expectativas de la audiencia barcelonesa.

© Sala Beckett

La escatología es expuesta en todo su esplendor en esta pieza. El futuro más allá de cualquier noción de futuro se da de la mano de golpes, pedos y la certeza absoluta de que todo se está yendo a la mierda. Es necesario crear apuestas que nos desilusionen de un futuro habitable, ya sea fruto de la tecnología, la razón o el que, hipotéticamente, un día nos levantemos y decidamos por arte de magia, ponernos todes a una y arreglar este desastre. En esta pieza se transita por encima de la fina línea que separa el optimismo del pesimismo, y se juega a imaginar como sería un futuro futuro. En él, ya no seremos más que cuerpos que, cuando se cansen, se escondan tras la primera cortina que encuentren. Intuir que estamos en medio de un desastre es señal inequívoca de que este ya está aconteciendo. Y, quizás, como me pasó a mí en esta representación, en cualquier momento se enciendan las luces de la sala y esto nos pille desprevenides y aturdides y sepamos que se debe aplaudir, aunque lo único que queramos hacer es meter la cabeza en el lavabo más cercano.

Ficha artística:

Creación: Íntims Produccions, David Climent, Clara Aguilar, Marc Salicrú, Joan Ros, Rita Molina y Albert Baldomà / Dramaturgia y dirección: David Climent y Marc Cartanyà / Reparto: Isaac Baró, Marc Cartanyà, Sandra Pujol y Oriol Tosquella / Espacio escénico e iluminación: Marc Salicrú / Espacio sonoro: Clara Aguilar / Vestuario: Joan Ros / Voz: Rita Molina / Producción ejecutiva: Albert Baldomà / Comunicación: Codea Studio / Fotografías: fotografías Íntims Produccions/ Agradecimientos: Florian Schartner/ Una producción de Íntims Produccions con el apoyo de la Sala Beckett, el Teatre de l’Escorxador de Lleida, el Teatre Foment de Juneda y el Teatre de la Unió d’Alpicat.

Perfil del autor
Marta Duran
 Graduada en Estudios Literarios (Universidad de Barcelona) y ha cursado un máster en Estudios Teatrales (Universidad de Glasgow). Colaboradora del colectivo Nova Veu y el fanzine Fila Zero. Ha participado en el ENTRE del Festival Sâlmon 2021, ideando y comisariando en colaboración con el equipo del Antic Teatre unas jornadas sobre el estado de la teoría y el pensamiento crítico entorno de las artes en vivo locales. Ha sido parte del equipo de producción del festival Kosmopolis 2019, del Premio Internacional a la Innovación Cultural 2019 y del blog del CCCB Lab. Está investigando sobre nuevas dramaturgias y teatro político en Cataluña desde 2008 hasta la actualidad.

 Graduada en Estudios Literarios (Universidad de Barcelona) y ha cursado un máster en Estudios Teatrales (Universidad de Glasgow). Colaboradora del colectivo Nova Veu y el fanzine Fila Zero. Ha participado en el ENTRE del Festival Sâlmon 2021, ideando y comisariando en colaboración con el equipo del Antic Teatre unas jornadas sobre el estado de la teoría y el pensamiento crítico entorno de las artes en vivo locales. Ha sido parte del equipo de producción del festival Kosmopolis 2019, del Premio Internacional a la Innovación Cultural 2019 y del blog del CCCB Lab. Está investigando sobre nuevas dramaturgias y teatro político en Cataluña desde 2008 hasta la actualidad.

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