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Ubat, foto de Pau Gaya

MIRADA DE ISABEL ARANCE

La presencia escénica de la danza parece ser la única capaz de autodefinir su fenómeno cuando es su carácter efímero, dado a una supuesta abstracción simbólica de su propia esencia, el que se extiende entre los formulados teóricos. La praxis de lo coreográfico busca hacer su propia epistemología: el cuerpo es su hábitat, el movimiento es su lenguaje, y ¿en qué lugar queda entonces la creación? ¿Cómo pensar el acto danzado? En el artículo de Isabel Arance se habla desde un lugar filosófico, recuperando el pensamiento de Nietzsche y Heidegger, para incorporar a la danza una perspectiva metafísica y ontológica que contribuya a generar miradas plurales en torno a las distintas formas de pensar la danza.

Danzar y pensar, un territorio compartido

¿Es la danza un pensar desde el cuerpo, o es el pensamiento su esencia más profunda para que esta acontezca? Si entendemos la danza desde su más profunda naturaleza, como acontecer vital del ser, tal como diría Heidegger, la danza se convierte en un espléndido acontecimiento ontológico ante el cual rendirse irreversiblemente. Rendirse digo, porque está, porque es, porque desde su perspectiva ontológica quizás no debiésemos pensarla, ¿no es así? Pero la danza ha de acontecer, ha de manifestarse, ha de corporeizarse para que exista. El imaginario, por tanto, se convierte en el estímulo, en la herramienta capaz de impulsar su propio acontecer.

La danza es un pacto metafísico, al tiempo que asentado en la más profunda fisicidad. La danza requiere de una dialéctica continua y constante entre el cuerpo a través del cual se manifiesta, y todo aquello que la corporalidad conlleva, desde esta perspectiva, ¿cómo desligar la danza del pensamiento?  ¿Es el pensamiento su fiel compañero, o es un ente a parte, el cual relegar a un segundo plano? Digamos, que tal como Nietzsche defendería, un pensar desde el cuerpo, no implica obviar la fuerza de lo invisible, sino asumir la creencia en la metafísica propia del mismísimo cuerpo, y no en una metafísica ajena al mismo[1]. El pensamiento alberga lo inmaterial que tratará de acontecer mediante lo físico, derivando así en esa irrefutable unión mente-cuerpo a la cual hemos de avocarnos. Pero ¿Hacia dónde nos conduce tal afirmación? Comprender dicha unión implica el despliegue de un perspectivismo ineludible al que enfrentarse, especialmente desde el momento en que el bailarín decide encarar la danza desde una óptica profesional y no desde un estado originario perteneciente a la propia condición humana. Es desde este enfoque, desde el cual pretendemos disertar. Danza pensada y abordada como lenguaje de creación y no como expresión intrínseca a la humanidad.

Analizar la creación artística es un hecho complejo que ha de ajustarse particularmente al tipo de disciplina o hecho artístico que nos ocupe. En el caso de la creación dancística, y, o coreográfica, la estrecha relación que esta mantiene con la corporalidad del artista hará que, tal como venimos mencionando, su análisis y su hermenéutica, se aborden desde la más profunda invisibilidad, hasta la más explícita consecución de las formas.

Diría Nietzsche que la danza es el único arte donde el artista se convierte por sí solo en obra de arte, la danza, por tanto, lleva implícito en su ADN, su inminente dualidad; dualidadgenética que responde a esa cualidad inherente a la misma y que queda traducida en procesos de creación extremadamente opuestos. Aquellos que se despliegan desde la fisicalidad más absoluta para configurarse como creaciones de sentido impregnadas de emoción, y aquellos que, desde la necesidad de contar o narrar, pretenden confluir en significación. Forma y significación, dualidad genética, pensar desde el cuerpo o pensamiento como impulso. De nuevo enfrentamos su ambigüedad, o su multiplicidad, según prefiramos. La realidad es que para que la danza acontezca es necesario el cuerpo en su totalidad, por tanto, ¿es el pensamiento parte de esa totalidad? En nuestra humilde opinión, lo es.

Viajemos al pasado, revisemos entre aquellas grandes figuras, referentes de la danza moderna, cómo enfrentaron la danza desde la interioridad más absoluta hacia la manifestación más contundente, buscando su transformación y con ella todo un mundo en torno a su conocimiento, para acabar derivando en la multiplicidad de lenguajes y formas a las que hoy se avoca.

Isadora Duncan, Loie Fuller, Ruth St Denis, Marta Graham, Doris Humphrey entre otras y otros muchos. Grandes pioneras e impulsoras de aquella revolución dancística que hizo nacer La Danza Moderna y que trajo su evolución, su desarrollo y su sin fin de nuevos lenguajes y formas a un mundo donde el arte en su totalidad se transformaba y ampliaba para configurarse como un nuevo ente al que venerar y desde el cual manifestarse.

La creación dancística se expandía, tanto como artistas necesitasen expresarse. Cada giro artístico se protagonizaba, y se protagoniza, por una nueva necesidad de expresarse, por un rechazo a lo establecido, por un no encajar a martillazos una forma determinada a un nuevo contenido, por una lucha por encontrar ese nuevo lenguaje proveniente del interior capaz de comunicar y que, sin duda, es creado por el artista. Avances, cambios, transformaciones ligadas siempre a las nuevas tendencias de pensamiento. Evolución artística vinculada a las grandes transformaciones sociales, culturales y filosóficas. ¿Por tanto, es la danza un pensar en sí mismo, es necesario pensarla para que esta se manifieste?

En nuestra opinión y desde una visión artística, concebimos su acontecer como el propio impulso interno materializado, capaz de transformarse en un potente acto de comunicación estética que habrá de pasar sin duda por el pensamiento, para situarse en manifestaciones donde la sensibilidad, la calma y la inteligencia se configuren como el vehículo de dicho acto comunicativo.

Así que, tal como les correspondió a los grandes referentes de la danza moderna en su momento, así como a sus herederos postmodernos, romper con las nociones artísticas heredadas del romanticismo para protagonizar la entera vanguardia artística del siglo XX, se convertiría en un hecho consumado que continuando hasta nuestros días, abriría el diálogo entre la estructura originaria y la toma de conciencia, accediendo así a la metáfora consciente, a una pérdida del lenguaje metafísico, o a una puesta en escena de la diferencia originaria, pensamiento base Nietzscheano que, desde múltiples pensadores posteriores, continuará distinguiendo la reflexión artística actual, alumbrando un diálogo inminente entre el pensar y el poetizar.

Por tanto, desde esta perspectiva, una mirada fenomenológica, tal como a la creación dancística corresponde, poseerá una intencionalidad capaz de ser concretada en su manifestación, que con el apoyo del pensamiento Heideggeriano traduciremos en esa necesaria mirada del artista en la que el punto de partida, la claridad del horizonte y la dirección en la que los fenómenos quedan involucrados, permitan la iluminación de los mismos. Para Heidegger, la posibilidad de ejecución depende del conocimiento para llevar a cabo la forma, y de la necesidad que de tal ejecución se tenga, lo cual en el artista transcurrirá como una obviedad, ya que indiscutiblemente el arte concluye en la representación.[2]  

La relación de la danza con el pensar es sin duda un mundo al que acceder a partir del estímulo de la reflexión y el espíritu crítico. Un mundo al que acceder desde la toma de conciencia de la puesta en valor de su propia ontología y su condición artística. Ciertamente, al ser un arte tan efímero, que tan pronto como acontece se esfuma, para aparecer y desaparecer en una constante puesta en marcha de la propia corporeidad, invita a un pensar que se difumina, a una relación con el pensamiento que se expande o se disuelve, según no se sabe qué, pero que ocurre.  Y ahí está el artista bailarín, aquel que habiendo ya pactado no puede más que rendirse a su devenir, a ese vaivén de sensaciones irreconocibles, de reflexiones profundas, de activación del imaginario y consideración del intelecto, para a partir de ese momento, fundirse en su propio acto de creación.


[1] Arance, I. (2017) El pensamiento filosófico en el Arte Coreográfico Contemporáneo. Cumbres.

[2] Ibidem.

Perfil del autor
Isabel Arance

Doctora en Artes Escénicas por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid en la especialidad de danza. Titulada en danza clásica y contemporánea por el Real Conservatorio de Madrid, licenciándose en Coreografía e Interpretación por la Instituto Alicia Alonso (Universidad Rey Juan Carlos).

Es autora del libro” El Pensamiento Filosófico en el Arte Coreográfico Contemporáneo”, así como de diversas publicaciones para diferentes congresos nacionales e internacionales, destacando entre ellos, “La Razón Poética de María Zambrano como herramienta de estímulo coreográfico”, o, “El uso del pensamiento como herramienta de estímulo creativo en el arte coreográfico actual”. Siempre desde la consideración esencial del apoyo a la diversidad artística en la danza y el aporte de documentación científica en torno a la misma.

Después de una larga trayectoria como bailarina profesional de diferentes espectáculos teatrales y televisivos, comienza su trayectoria como investigadora y docente compaginándola con la docencia y el diseño coreográfico de espectáculos musicales y teatrales.

Su principal interés investigador se centra en el análisis, estudio y puesta en valor de procesos creativos aplicados a la danza, así como de la teoría estética aplicada a la creatividad artística y coreográfica.

Doctora en Artes Escénicas por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid en la especialidad de danza. Titulada en danza clásica y contemporánea por el Real Conservatorio de Madrid, licenciándose en Coreografía e Interpretación por la Instituto Alicia Alonso (Universidad Rey Juan Carlos). Es autora del libro” El Pensamiento Filosófico en el Arte Coreográfico Contemporáneo”, así como de diversas publicaciones para diferentes congresos nacionales e internacionales, destacando entre ellos, “La Razón Poética de María Zambrano como herramienta de estímulo coreográfico”, o, “El uso del pensamiento como herramienta de estímulo creativo en el arte coreográfico actual”. Siempre desde la consideración esencial del apoyo a la diversidad artística en la danza y el aporte de documentación científica en torno a la misma. Después de una larga trayectoria como bailarina profesional de diferentes espectáculos teatrales y televisivos, comienza su trayectoria como investigadora y docente compaginándola con la docencia y el diseño coreográfico de espectáculos musicales y teatrales. Su principal interés investigador se centra en el análisis, estudio y puesta en valor de procesos creativos aplicados a la danza, así como de la teoría estética aplicada a la creatividad artística y coreográfica.

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