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Mucha Muchacha, foto de Mario Zamora

Mucha Muchacha DE Compañía Mucha Muchacha

Poderío artístico

Fecha de la representación: 18 de diciembre de 2021. Fecha de la crítica: 19 de diciembre de 2021. Lugar: Teatre El Musical (València)

“Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tener corazón guerrero”. Esta frase de la poeta argentina Alejandra Pizarnik señala el tema desde el comienzo de Mucha Muchacha, espectáculo de danza contemporánea de la compañía andaluza del mismo nombre cuya aparición en el último día del festival Dansa València el pasado mes de abril impactó de tal forma que han participado en la programación de talleres del Espai La Granja de Burjassot. Y por ella adivinamos que es una creación sobre la mujer y el empoderamiento. Pero hay más, sobre todo desde un punto de vista artístico. Su mensaje, a diferencia de otras creaciones, nace y crece desde el interior de la creación y brota de su diégesis y no desde el exterior para incrustarse en el argumento de manera forzada.

En el año 2016, estas jóvenes comenzaron un proceso de documentación sobre mujeres artistas de la Generación del 27, las llamadas “Las Sinsombrero”: Maruja Mallo, Marga Gil, María Teresa León, Concha Méndez y Rosa Chacel. Ellas fueron parte de la modernización cultural en la España de los años veinte y treinta del siglo pasado pero fueron silenciadas después de la Guerra Civil. Esta investigación es el punto de partida de Mucha Muchacha, hasta convertirse en el primer trabajo de larga duración de la compañía.

Mucha Muchacha, foto de Mario Zamora

Si recordamos la citada representación de la pieza corta ofrecida en la sala 7 del Rialto en Dansa València, titulada Volumen 1, hay notables diferencias fruto de la evolución del trabajo. La segunda parte de este aperitivo comenzaba con una versión actual de “La niña de fuego”, canción de Manolo el Caracol, interpretada y recreada por Miguel Poveda, el asesinato de una virgen en La Consagración de la Primavera de Stravinski y un Bolero de Ravel con variaciones y conjunciones colectivas. Más un genial monólogo en francés y castellano, el brindis con champán, y el remate de salsa flamenco. Era una unión de lo tradicional y lo innovador de forma impactante sobre el rito y la feminidad para golpear al espectador, como  ocurre en la pieza larga. También reivindicaban los nombres de cuatro mujeres míticas del flamenco en las blusas del vestuario: Lola Flores, Lole, Rocío Molina y la guitarrista Antonia Jiménez. La pieza ha evolucionado durante su ampliación y aquellos apuntes han dado un trabajo magnífico y con la misma energía transmitida al patio de butacas.

Por estos derroteros circula el espectáculo de formato amplio, aunque adquiriendo una forma y  una composición dramatúrgica. La compañía Mucha Muchacha es potencia pura. Juvenil y femenina: la mujer es guerrera y lo ha sido siempre. Para demostrarlo está la haka maorí, danza guerrera, mezclada con el zapateado flamenco que arranca un vendaval hacia el patio de butacas. La fuerza y el impacto de esta parte son asombrosos. Invaden con sus gritos y movimientos más que la selección neozelandesa de rugby con su haka al inicio de sus partidos. A este raudo comienzo le sigue la parodia. La primera de una fiesta rave, una locura ejecutada con gracia y dinamismo (la compañía impartió en La Granja una sesión colectiva), más una crítica ridiculizadora de las canciones de reggaetón con letras machistas y cosificadoras de la mujer. La segunda de la danza tanto de piezas clásicas como El lago de los cisnes y de lo contemporáneo. De hecho, el círculo del Bolero de Ravel me recordó al coreografiado por Jesús Rubio Gamo en su pieza de 2019. Y no escapan los tópicos irónicos sobre las clases de danza.

Y aquí termina la danza y comienza el teatro. Baja el telón y tras unos minutos marcados por un cronómetro proyectado, las cinco intérpretes vuelven a escena pero esta vez de forma estática en un amplio colchón rodeado de visillos blancos transparentes. Juntas dialogan sobre la propia creación de la pieza representada como de su futuro, con un momento delirante cuando piensan en cómo harán este trabajo a medida que vayan cumpliendo años y hasta los ochenta.

Realmente no podían continuar más de cincuenta minutos con la energía inicial. Mucha Muchacha surge desde el movimiento generado por la fuerza hasta el agotamiento. No son los  cuerpos quienes transmiten sino la unión de las cinco mujeres poniendo todo su esfuerzo de forma colectiva. Es una metáfora de la idea fundamental del trabajo: la mujer unida es un caudal de potencia. A lo largo de la historia han sido guerreras, como los maoríes, y ahora es el momento de darlo a la comunidad. Es la hora quitarse la chaquetilla, un corsé que eliminado marca la ruptura de la pasividad.

La dramaturgia está construida por La Tristura y la propia compañía. Mucha Muchacha había trabajado en la parte coreográfica de Renacimiento, la obra de los primeros que vimos hace un año en la sala La Mutant. Y la mano de La Tristura se nota desde el principio: nada más comprobar que hay tres baterías de luces de fondo en los inicios del espectáculo para dar ese mismo tinte cromático tan propio de la citada compañía de Celso Giménez, que ha sido coautor de la dramaturgia, algo que se aprecia también en el aire juvenil del texto de la segunda parte del espectáculo con frases entre susurros pronunciadas con suavidad.

Las cinco intérpretes están soberbias tanto en la danza como en las partes textuales. Ana Botía, Marta Mármol, Belén Martí Lluch, Chiara Mordeglia y Marina de Remedios son dinamita en el espacio vacío de la caja negra. La construcción coreográfica les permite desplegar momentos de gran belleza, sorpresa y encanto. La dificultosa creación suya de la fusión entre haka y flamenco pasa con ellas a la historia de la danza contemporánea. Pero además tienen gracia en sus conversaciones y soliloquios. Sí: hay humor en esta creación, lo cual ayuda a creer en lo transmitido.

Mucha Muchacha, foto de Mario Zamora

El proyectado final con nombres de mujeres relevantes de la historia es más que un homenaje o recuerdo. Nuestra sorpresa es mayúscula cuando después de “Las Sinsombrero” aparecen nombres no tan reivindicados por el imaginario feminista. Antiguas y contemporáneas. Ver escrito el nombre de la futbolista Megan Rapinoe al lado de otras menos reivindicadas como Rosalía de Castro demuestra el carácter incluyente de este trabajo, valorando a toda mujer silenciada pero con una labor destacable en el pasado y en el presente. No solo está Angélica Lidell, por citar a la autora teatral más referenciada y que parece obligatorio citar cuando hablamos de feminismo, sino también a Emilia Pardo Bazán o Hedy Lamarr, actriz e inventora. Mucha Muchacha nos está diciendo que “cuantas más, mejor”. Como debe ser.

Un espectáculo grandioso. Quizá no sorprende tanto a quienes ya vimos su haka en Volumen 1, pero no dejas de recibir golpes con ella, o con su vestuario magníficamente simbólico, con sus nombres en las chaquetas o en la camisola rosa. Sencillamente, cuando esperas que pocas obras te sorprendan, ahí encuentras Mucha Muchacha para darte cuenta de que aún no está todo dicho. Y sin acusaciones, reivindicando, y formulando para el plano artístico una idea que no siempre se plasma imbricada en el argumento. Por no hablar de su parodia de la danza, de la metadanza, o de su cuestionamiento del cuerpo y de la creación con el paso de los años. Solo  un defecto: en la segunda parte costaba escuchar y entender algunos diálogos. Un poco de más volumen no nos hubiese hecho perdernos lo que era muy interesante. Ello provocó algún momento tedioso o de despiste para el espectador.

Excitante y tonificante.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección artística y creación: Mucha Muchacha i Celso Giménez. Coreografía: Mucha Muchacha. Intérpretes: Ana Botía, Marta Mármol, Belén Martí Lluch, Chiara Mordeglia, Marina de Remedio. Dramaturgia: La Tristura / Mucha Muchacha. Diseño de iluminación: Cristina Bolívar, Alván Prado. Diseño de sonido: Adolfo García. Vestuario: Funny Swing. Asesoría artística: Violeta Gil. Asesoría de movimiento: Carmen Muñoz. Dirección técnica: Cristina Bolívar. Fotografía: Mario Zamora. Vídeo: Iván Mozetich.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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