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El último Tarzán, foto de Jordi Pla

EL ÚLTIMO TARZÁN DE CIA HONGARESA TEATRE y ADI Produccions

Ankawa Chita

De Hongaresa Teatre y ADI Produccions 

Fecha de la representación: 17 de diciembre de 2021. Fecha de la crítica: 18 de diciembre de 2021. Salas: Rambleta – Inestable.

Se ha estrenado la nueva creación de los saguntinos (del Puerto) Paco Zarzoso y La Hongaresa, junto a ADI Produccions, después de haber obtenido el Premio de las Artes Escénicas Valencianas este año por Saguntiliada, ese maravilloso un recorrido histórico personal por el teatro romano de la localidad tan coral con una amplio número de personajes. Siempre un estreno suyo es una llamada a la asistencia: Zarzoso sigue siendo un autor fundamental del teatro contemporáneo (y no solo del valenciano).

Se trata de El último Tarzán, producida dentro de los Graneros de Creación, ese magnífico programa llevado adelante entre las salas Rambleta e Inestable. Parte de una idea original del actor Enric Juezas vertida en comedia contemporánea por Zarzoso. Un personaje estrafalario a causa de haber leído desde niño tantas novelas y cómics de Tarzán con tanto gusto que acaba con las lianas invadiéndole el cerebro. Por ello, decide embarcarse en un buque maderero a Guinea Ecuatorial e instalarse en un rincón de la selva para desarrollar su pasión tarzanesca. Allí vive con su mujer, su hija y su hijo, y ha creado un negocio turístico llamado “El Rincón de Tarzán”, donde ofrecerá a los visitantes espectáculos típicos de la mitología de sus películas: fotografías con la mona Chita, luchas de Tarzán con los cocodrilos cruzando el río con la hija cabalgando en un hipopótamo, arenas movedizas, y el paso por desfiladeros para llegar a la gran atracción, el cementerio de elefantes. Pero entre estos visitantes hay una ejecutiva rubia preguntona que en realidad no una turista más puesto que representa a una multinacional eléctrica cuyo objetivo es abrir un parque eólico en la zona, por lo que “los Tarzán” acaban abandonando África y huyendo a Valencia, donde chocarán con la mentalidad y las nuevas formas de supervivencia.

Este argumento, aparentemente absurdo y “sub-realista”, contiene las líneas que mejor han caracterizado el teatro de Zarzoso. En primer lugar, un texto construido con un gran dominio del lenguaje y dentro de una estrategia humorística, invadiendo el terreno de lo estrafalario y el absurdo con la contención debida para no caer en el disparate astracanesco. Sorprende con frases hechas instaladas en el imaginario colectivo popular insertas en los diálogos, entre momentos poéticos, construcciones lingüísticas ingeniosas, confusiones fonéticas de Tarzán (“datófono” en lugar de “datafono”, por ejemplo), ideas introducidas como correlato sin romper la acción, y hasta momentos en verso y en pareados. También destaca el trabajo perfecto de documentación y respeto a la historia con el asesoramiento de José Manuel Rambla. Cada texto de Zarzoso es aún más rico y la recurrencia de sus formas no deja de sorprender. Solo un mínimo error corregible: el hijo de pareja de raza blanca y negra será un mulato, no un mestizo.

El texto no sobresale por encima de las acciones ni la buena alimentación de los personajes. José Luis, que así se llama realmente este Tarzán, es un Quijote contemporáneo. Su obsesión con el mito de ficción ha marcado su vida y la de su familia. Es ahí donde surgen los problemas, en los reproches de los hijos y las convicciones de Juana, su esposa. La no aceptación de la vida que llevan provoca los conflictos, sobre todo con los hijos, resaltando las diferencias generacionales. Pero finalmente, José Luis acaba sacrificándose para salvar a la hija de un hechizo de difícil solución. A los cuatro miembros de la familia, se incorpora un personaje de raza negra, salido de entre el público, fundamental en el desarrollo por poner en relieve la mentalidad colonialista, la historia incluso, y desempeñar un papel fundamental en el desenlace con el personaje del compañero de top manta del hijo. Como también lo es la rubia ejecutiva lasciva, primero espectadora provocadora del giro de la obra hacia la segunda parte valenciana, y la muchacha superheroína, Wonder Woman, que acude para dar trabajo a nuestro Tarzán incorporándola a los superhéroes, porque “los sueños, sueños son” (“¿Qué es la vida una ficción, un frenesí?”). Unos personajes que caminan por un fino alambre argumental y son muy característicos de dos preceptos de Zarzoso: la ebriedad y el nomadismo húngaro. Esa ebriedad aquí representada irónicamente por el anís de la marca El Mono y por algo tan español como el “sol y sombra”, esa mezcla de anís y coñac que beben los personajes, sobre todo Juana, dulce y amargo unidos en un néctar explosivo. Y ese nomadismo de los personajes inadaptados a la sociedad y las costumbres generalizadas que les lleva a moverse de África a Europa: todos somos nómadas y en el fondo exiliados hoy en día.

Zarzoso no se ha limitado a contar una historia. Pone en relieve el papel del ser humano y su relación con la naturaleza, resaltando nuestra animalidad, en un claro mensaje ecologista y contra el nuevo capitalismo “verde”, donde las empresas buscan buscar una alternativa de apariencia de lucha contra el cambio climático para lograr una buena imagen que permita seguir aumentando las cuentas de beneficios. Este discurso social que pone sobre la mesa la falta de escrúpulos de las nuevas formas del capitalismo, lobos con piel de cordero, también tiene reminiscencias y raíces políticas derivadas del pasado. Hace repaso a la historia de España con su colonia de Guinea Ecuatorial, sinécdoque ínfima de la devastadora colonización colonial europea y norteamericana que aún se mantiene con el coltán, la explotación del petróleo y la destrucción de la selva. Se recuerda el genocidio del teniente Ayala a la población osumu ecuatoguineana, y la fosa común para enterrar a los fang ahorcados en Micomeseng por negarse a trabajar gratis en 1926. No es simplemente una cita inserta para resaltar el mensaje ideológico sino un motivo desencadenante del desenlace de la hija abducida. Como tampoco la corrupción de las dictaduras africanas, como la de Obiang en Guinea Ecuatorial, donde con riquezas se compra la voluntad de estos tiranos alimentados por los negocios occidentales.

También pone en entredicho el mito del “buen salvaje”, lugar común del pensamiento europeo, nacido en la España de la invasión de América y desarrollado en la Europa de la Edad Moderna, subyaciendo la idea rousseaniana en el texto de Zarzoso de que todo lo que no pertenece a la naturaleza puede llevar al desorden físico o moral pero con forma cervantina o de retablo de las maravillas de Quiñones porque todo es una ilusión del “pobre hombre”. El caso es que la desigualdad económica entre Europa y África es cada vez mayor. Y, por supuesto, tenemos presente la inmigración desde África, curiosamente aquí de raza blanca, la familia Tarzán, donde han desempeñar trabajos considerados ínfimos por la sociedad como mantero, animador o cuidadora de enfermos o ancianos. Y no falta la chispa crítica hacia las eléctricas, aunque esto lo callo para no contar nada del desenlace.

Los mensajes duros entran mejor en el público con buen humor. Y así hace nuestro autor sin perder profundidad ni caer en la frivolidad. Ha construido una comedia con un gran humor nada vulgar, con personajes de salidas sorprendentes, y mucho ingenio y creatividad. Para ello necesita un excelente Tarzán y Enric Juezas vuelve a demostrar que es uno de nuestros grandes actores menos reconocidos de lo que merece. Sabe dibujar muy bien a ese ser idealista que se debate entre el humor y el patetismo. Muy bien Lola López como esa Jane española que se debate entre la fidelidad a José Luis y su insistencia por convencerle. Magnífica Lara Salvador, que construye un personaje inolvidable y polifacético como hija. Canta en directo temas en los espectáculos para los turistas, con un emotivo el “Yo te diré” de la película Los últimos de Filipinas, incluido con un sentido muy sugerente. Se muestra abierta y graciosa. Pero cambia a africana, abducida por Um Tutu, ataviada perfectamente, sorprendiendo al mostrarse como un zombi y hablando a la perfección en fang (perdonen si me equivoco de lengua africana pero me pareció oír que era esta), en las conversaciones con Junior Severo, traducidas por Juana. Severo tiene que bailar con distintos papeles, que en el fondo son uno, y  los resuelve perfectamente. Más apagado Marcos Sproston porque lo exige su personaje, siempre en contra del padre y con deseos de escapar de ese mundo del “Rincón de Tarzán” aunque la vida que hallará tampoco es muy satisfactoria. Y con una estupenda Wanda Bellanza, aunque alguna vez debería elevar más la voz, como rubia ejecutiva llena de sensualidad y Susana, la muchacha que intentará ayudar a la familia. Un magnífico reparto global que se desenvuelve con soltura en los muchos movimientos, entradas y salidas, marcadas por el libreto.

No se puede olvidar el magnífico apartado técnico. Aporta su dosis de teatro  puro. Ahí queda la música de Jesús Salvador “Chapi”, casi siempre de marimba y percusión, cantada por Lara Salvador o simplemente creadora de espacios sonoros ambientales o argumentales como en el caso del sonido de tambores. La curiosa escenografía de Enric y Héctor Juezas nos sitúa en los espacios precisos y es muy práctica, como la iluminación de Carlos Hinojosas. El comienzo de audiovisuales de José Luis y Tarzán es absorbente y permite al espectador entrar en la producción de manera instantánea. Josán Carbonell ha creado un vestuario lleno de diversidad, maravilloso con los taparrabos de pantera, aunque destacan los de Lara Salvador tanto el de hija de “Tarzán” como el vestido de gala africano de la hija. No falta ni el más mínimo detalle, ni muñequeras ni collares.

No se nos puede olvidar ese “Tarzania patria querida” cantado por los intérpretes como rúbrica de una comedia excelente, divertida, dura por el patetismo de su protagonista en algunos momentos, y con una arquitectura de alguien con tanto teatro como Paco Zarzoso. Ni esa familia Tarzán maravillosa, bañada del casticismo de la España profunda del “sol y sombra” con anís del Mono y coñac Terry, el genuinamente carajillero. La Hongaresa ha conseguido un trabajo admirable y con múltiples significaciones sin desperdicio que se mantienen dentro de la unidad argumental y del fluir ameno de la diégesis. Y no olviden: divertido.

Los Graneros de Creación de Rambleta e Inestable son imprescindibles para el teatro valenciano. Son garantías de trabajo bien pergeñado y representado.

Vaya esta reseña en memoria tuya, Miguel Lázaro, amigo hongarés. Siempre te recordaré.

FICHA ARTÍSTICA

Autoría y dirección: Paco Zarzoso. Idea original: Enric Juezas. Intérpretes: Enric Juezas, Lola López, Lara Salvador, Wanda Bellanza, Marcos Sproston y Junior Severo. Composición musical: Jesús Salvador “Chapi”. Escenografía y espacio escénico: Enric Juezas / Héctor Juezas. Vestuario: Josán Carbonell. Diseño iluminación: Carlos Hinojosas. Asesoría histórica y documentación: José Manuel Rambla. Producción ejecutiva: Wanda Bellanza. Ayudante de producción: Blanca Martínez. Producción: Companyia Hongaresa y ADI Produccions.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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