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VR_I de Gilles Jobin

MIRADA DE MARISOL LÓPEZ

ARTES ESCÉNICAS Y TECNOLOGÍA: COLABORANDO PARA LLEGAR MÁS ALLÁ

Tecnología, innovación, digitalización, nuevas tecnologías… todos esos términos que con algunas dificultades se vinculan con las artes escénicas por eso de ser artes vivas, son también portadores de algún que otro germen de renovación, e incluso de potencial estético. Marisol López plantea una mirada generosa, abierta e inteligente para, desde la tecnología, explorar y alcanzar unas nuevas formas de relacionarnos con el hecho escénico.

Aunque nos gustaría, no podemos abstraernos del tiempo que hemos vivido y que aún vivimos. Cómo hace un tiempo que nos parece lejano, pero que es aquí mismo, el mundo físico se paró. Una experiencia que nunca habíamos imaginado, que parecía salida de una película de ciencia ficción. Ni siquiera cuando leíamos las noticias de China, cuando veíamos la gente en casa, la ciudad vacía, los niños estudiando online, pensamos que algún día nosotros seríamos protagonistas de estas mismas circunstancias.

Eternity Be Kind - MYRIAM BLEAU

Una de las consecuencias fue la llegada en tromba y con urgencia del hecho digital. Hemos vivido a través de una pantalla las reuniones de trabajo, las participaciones en ferias y congresos, la asistencia a conferencias, la presencia en clases, la docencia, los encuentros familiares y amigos, los cumpleaños y las fiestas. Incluso aquella gente que nunca había participado en una videoconferencia puede hacer una comparativa entre Zoom y Meet, entre Jitsi y Teams. Hemos visto las interioridades de las casas (la Billy blanca como la estantería mayoritaria), criaturas jugando, gatos pisando teclados y perros pidiendo salir. Hemos vivido la vida en una pantalla.

Las artes escénicas no han sido ajenas a esta situación. El cierre de salas y teatros ha detenido la actividad cultural en vivo, tanto la escénica como la musical, precisamente en un momento en que estábamos en casa en un estado de desorientación y miedo y cuando la cultura más podía ayudarnos. Hay quien dice que la cultura siempre salva, y durante los momentos más duros de la pandemia nos aferramos a la música, a la literatura, al cine… y también buscamos la actividad teatral. Surgieron algunas iniciativas interesantes de creación de microdramaturgias compartidas por redes, monólogos y diálogos y solos de danza por Instagram. Algunas salas y algunas compañías colgaron sus piezas en vídeo que nos transportaban a recuperar las emociones vividas en el teatro.

Y con todo esto llegó, cómo no, la polémica. ¿Es esto teatro? ¿Es otra cosa? ¿Existe el teatro fuera de las salas, en soledad, en casa, sin compartir el aliento que fluye desde el escenario, el latido del resto de espectadores?

A taste of nature - ALBA G. CORRAL & BJÖRT RÙNARS

Quizás el error de base ha sido aceptar un falso debate que confronta el online y el vivo. Debemos salir de este callejón sin salida y afirmar tranquilamente que el teatro ha nacido para los escenarios y el público en directo. Pero que otras soluciones y otros formatos pueden enriquecerlo o pueden ayudarle a llegar a lugares, situaciones, momentos y colectivos que no pueden gozar de esta experiencia primera y fundamental.

Es obvio que cualquier actividad colectiva y creada en directo está pensada para ser vivida en el momento irrepetible. Esto lo dice también aquella gente (entre la que no me cuento) a quien interesa el fútbol, ​​y que no cambian un partido en el campo por verlo en televisión de casa. Pero en ocasiones esto no es posible, porque el equipo juega fuera o porque no hay entradas. Lo dicen también los amantes de la música, que no cambian un concierto en vivo de su grupo preferido por una grabación. Pero no siempre tu grupo preferido actúa en tu ciudad, y también es mágico recuperar las grandes voces ya desaparecidas o escuchar un concierto en casa o yendo por la calle.

Ir al Teatro Real, al Teatre Lliure, al Liceu es irrepetible. Pero no siempre se puede ir, no siempre hay entradas, no todo el mundo puede desplazarse.

Esto hace años que lo entendieron la gente del National Theatre de Londres. Desde 2009 emiten algunas de sus obras en streaming en salas de todo el mundo. Y así hemos podido ver en nuestra ciudad a Helen Mirren haciendo de Fedra, a Ian McKellen como el Rey Lear, a Bill Nighy y Carey Mulligan en A cielo abierto, a Benedict Cumberbatch haciendo de Hamlet, a Sally Field en Todos eran mis hijos. Un lujo que no habríamos podido disfrutar sin tomar un avión y pasar una serie de fines de semana en la capital británica, y sólo si además hubiésemos podido encontrar (y pagar) las entradas.

Hace unos días una directora teatral me comentaba que en el teatro grabado los espectadores no somos dueños de nuestra mirada. El realizador nos la dirige y nos la mediatiza, como se hace en el cine. Y es cierto, no vemos sólo por nuestros ojos sino por el filtro de alguien que decide dónde debemos mirar. Sin embargo, esta experiencia (otra, diferente) nos permite disfrutar de una creación que quizás para nosotros sería imposible vivir.

Más allá del puro streaming, la tecnología y el mundo digital pueden ayudar y enriquecer las creaciones escénicas y no debemos tener miedo a utilizarlas sin que esto desvirtúe el lenguaje creativo. Al igual que en los primeros momentos otros lenguajes escénicos tuvieron que ganarse un lugar y un respeto, ahora deben hacerlo hologramas, escenografías interactivas, mapings, realidad virtual, robots… y mucho más. Algunas experiencias que ya forman parte de las carteleras de otros países: el Ariel virtual en La Tempestad de la Royal Shakespeare Company, la actriz robótica de Las Tres Hermanas de Oriza Hirata, el teatro inmersivo de Punch Drunk, otra versión interactiva y en VR de La Tempestad de Tender Claws… y, por qué no, teatro en Fortnite (como ya hay conciertos y festivales de cortometrajes) y en el metaverso.

La tecnología necesita el mundo creativo. Y las artes escénicas pueden conectar, acercarse, interactuar y emocionar a los espectadores de otras formas utilizando la tecnología. Ponerlos en bandas contrapuestas y hacerles luchar no sirve para nada. Que colaboren, que se retroalimenten, que aprendan y saquen lo mejor nos puede llevar a descubrir otras formas de hacer, narrar y transmitir la emoción teatral.

Perfil del autor
MARISOL LÓPEZ

Gestora cultural especializada en cultura digital. Desde julio estoy al cargo de la nueva Dirección General de Innovación y Cultura Digital en el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Anteriormente dirigí el Área de Cultura Digital en el Instituto Catalán de las Empresas Culturales y fui responsable del Área de Promoción Internacional, responsable de la internacionalización de las empresas culturales. Desde la nueva dirección general trabajamos con la innovación como eje transformador de la cultura y con la mirada puesta en crear vínculos entre cultura y tecnología, trabajar con las empresas digitales, ayudar a los sectores culturales para hacer el cambio digital y llevar todo este conocimiento a la ciudadanía.

Gestora cultural especializada en cultura digital. Desde julio estoy al cargo de la nueva Dirección General de Innovación y Cultura Digital en el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Anteriormente dirigí el Área de Cultura Digital en el Instituto Catalán de las Empresas Culturales y fui responsable del Área de Promoción Internacional, responsable de la internacionalización de las empresas culturales. Desde la nueva dirección general trabajamos con la innovación como eje transformador de la cultura y con la mirada puesta en crear vínculos entre cultura y tecnología, trabajar con las empresas digitales, ayudar a los sectores culturales para hacer el cambio digital y llevar todo este conocimiento a la ciudadanía.

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