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UNA VEZ UNA CASA FOTO DE Jordi Pla

Una vez, una casa DE Wichita Co

La casa del terror

Compañía: Wichita Co. Lugar de representación: Espai Rambleta. Fecha de la representación: 24 de septiembre de 2021. Fecha de la crítica: 26 de septiembre de 2021.

Rambleta coproduce con la compañía Wichita la última obra de este Víctor Sánchez Rodríguez, uno de los nombres más interesantes del panorama escénico valenciano. Después de la posdramatúrgica adaptación de Chéjov, ‘What is love? Baby don’t hurt me’, algo desconcertante a pesar de la brillantez de su texto dirigido por él con el objeto de ensanchar campos y experimentar para seguir creciendo, lo cual es siempre positivo, más la decepción que supuso  Todos se han ido, montaje realizado por la compañía Ferroviaria, cuyos diez monólogos no acabaron de entusiasmar, Sánchez Rodríguez ha vuelto a su mejor cara; aquella que deslumbró desde 2014 con Nosotros no nos mataremos con pistolas, A España no la va a conocer ni la madre que la parió y Cuzco. Es un gran dramaturgo y sus textos poseen una riqueza ejemplar, siempre sondeando en el pasado, el presente y el futuro, de nutridos personajes muy bien trazados, con un tono que deriva a la alegoría y siempre con un rico lenguaje, como requiere el buen teatro de texto. La voz de los lugares comunes cuentan que sus direcciones flojean pero en mi opinión son las más ajustadas al teatro de texto e ideas que crea. Porque el teatro también se lee por el oído.

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Una vez, una casa es el título de esta coproducción. Y el resultado es extraordinario. La construcción del texto es rigurosa y su desarrollo convincente, con esas píldoras, pequeños detalles sutiles, que  van ampliando el argumento rellenando la historia con mínimos gestos y palabras hacia una explosión final donde se descubre toda la realidad. Sánchez Rodríguez se apoya en el ambiente de terror y en el enigma. Es un terror psicológico ante lo desconocido y en todo momento se aprecia que algo horroroso flota en el ambiente. Camina hacia un discurso  donde conviven las relaciones individuales, en el recuerdo del pasado y en el presente, el misterio y el discurso político.

Todo comienza con una visita, un reencuentro de dos antiguas amigas que se conocieron en un taller de escritura literaria después de muchos años sin verse. La cita sucede en una casa solariega perdida en mitad de una meseta rodeada de árboles. Allí viven la escritora, su marido y su hija. Las sensaciones de vida más próximas están a kilómetros. ¿Por qué una escritora de éxito vive allí apartada? Ahí está el núcleo del conflicto: en el descubrimiento de qué esconde realmente la casa, custodiada por veinte perros rottweilers. Y no solo esconde un deseo de aislamiento para poder escribir sino algo más ya situado en los terrenos de lo político. Pero siempre fluye el ambiente de horror, como se aprecia en este diálogo:

VISITANTE:  Pero esto que rodea tu casa no es un bosque. Es un jardín.

VISITADA:  Es verdad.

VISITANTE: Y al entrar, vi las perreras. Tienes un montón de Rottweilers.

VISITADA: Y los soltamos de noche

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Algo extraño vemos en esa última réplica cuya explicación se irá completando más adelante (los perros Rottweilers son fundamentales porque reprimen el deseo de escapar  de la visitante). El diálogo entre las antiguas amigas va desgranando datos escondidos y la verdad se descubre al final. El alcohol va despertando la sinceridad, aunque también oculta. Conversaciones de sus relaciones del pasado, sobre literatura, con un estupendo ejercicio sobre la escritura impartida en los talleres y la pasión por la palabra. Recordé con los reveladores diálogos argumentales la novela Nocturno chileno de Roberto Bolaño. El protagonista, el padre Urrutia Lacroix, descubre qué se hacía en la quinta Lo Curro de Santiago de Chile de la escritora María Canales, trasunto de la escritora real Mariana Callejas, realmente casada con Michael Townley y antigua alumna del taller literario del autor Enrique Lafourcade. Mientras en el salón se congregaba la intelectualidad oficial permitida por el régimen de Pinochet, bebiendo whisky importado y hablando de literatura, en el sótano, un centro de detención de la DINA, se torturaba y mataba. También evoca la historia otros trabajos de escritores chilenos como la crónica de Pedro Lemebel “Las orquídeas negras de Mariana Callejas” de su libro De perlas y cicatrices,y la obra de teatro El Taller de Nona Fernández. Hay cierto sabor a La muerte y la doncella de Ariel Dorfman en el último tercio. Lo cierto es que Víctor Sánchez Rodríguez, buen conocedor de Chile, parte de esta historia real, y también de la literatura de Salinger, en concreto del cuento “El tío Wiggili en Connecticut” donde la situación de dos amigas se opone, una triunfadora y otra fracasada.  También hay un fondo chejoviano en la causalidad de los sucesos.

Sánchez Rodríguez ha extrapolado esta situación real a las dos amigas, sintetizando y estrechando el campo a la historia de ambas en el escenario. En el fondo, su amistad está tejida más de compañerismo. Algo pasó entre ellas y así nos lo revelan los gestos de las actrices. Un pasado más feliz que el presente, y no sólo por ser más jóvenes. Una escritora cuyo éxito es dudosamente atribuible solo a su vigor literario. Escritora del régimen político. Pero, ¿para qué ha llamado a su vieja más que conocida de un taller? Silencio. Averígüenlo cuando la obra se reponga en la sala Off el 1 de octubre.

Temporalmente nos situamos ante una situación distópica si miramos el referente real. Un tiempo futuro. ¿Qué ocurriría si un partido concurrente a unas elecciones se convirtiera en el partido? ¿Cuál debe ser la posición de la literatura ante esta situación? Porque puede ser diversa: con el periódico donde la visitante trabajaba, hoy cerrado. Primero pensamos que puede ser por la crisis de la prensa pero acabamos relacionando que eran otros motivos los que han llevado a la periodista a ser redactora de correos electrónicos después del cierre. Elecciones hay pero ¿son libres? Ideal para el poder: una democracia autoritaria partiendo de ideas como el machismo, la limitación de los derechos humanos o la eliminación del “otro”. Por este motivo, nada mejor que dos actrices para enfrentar dos realidades. Evidentemente, aquí el teatro cumple una de sus funciones: plantear perspectivas de futuro nada halagüeñas como advertencia. Una pena que quienes acudimos a ver teatro de calidad seamos quienes estamos concienciados, porque una obra como Una vez, una casa deberían verla los indecisos que caen en la red de los discursos demagógicos totalitarios que ya son propiedad de la ultraderecha.

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Y estas dos actrices que permanecen en escena durante ochenta minutos son Silvia Valero, la anfitriona, y Rebeca Valls, la invitada. Nada sencillo lo tenían porque son interpretaciones muy difíciles al estar repletas de matices, detalles y giros en el movimiento ideado por Cristina Fernández, y en el lenguaje. Es un movimiento hábil y variado que impide caer en lo discursivo  cuando los diálogos son más anchos. Ambas no deben parecer tan enfrentadas en principio y posteriormente sí.  Deben ser viejas amigas, y mucho a veces, pero en realidad no tanto. Enfrentamientos, recuerdos, pulsiones, pulsos y párrafos tajantes, con el whisky presente en todo momento. Valero y Valls ofrecen una exhibición. No vamos a descubrirlas a estas alturas porque son dos de las mejores actrices valencianas pero podemos decir que ambas necesitaban un duelo así para alcanzar una grandeza mayor..  Ya son muchas las obras donde las hemos visto pero ahora ya alcanzan el máximo nivel. Si quieren asistir a una clase de interpretación donde un magnífico libreto se convierte en sublime gracias a las actrices, vean Una vez, una casa. Todo es fruto también de una dirección muy cuidada del mismo Víctor Sánchez Rodríguez, dándole el ritmo y el tono adecuados, marcando las pausas sin que el espectador salga del argumento y ajustando la ambientación a las atmósferas susodichas.

Les acompaña la jovencísima Paula Puchalt. Su salida como niña de la película El Exorcista asusta y sus movimientos aterrorizan. Su última salida hasta el desenlace aún es más enérgica y acrobática. Una hija del matrimonio realmente ida. Un cuerpo volátil casi sobrenatural que crea aún más extrañeza y pavor en la visitante, a lo que se unen los gritos negados por la anfitriona, cuya sonrisa perenne y sus carcajadas alcanzan unos aires entre la burla y el autoengaño. Como se observa, son personajes que además simbolizan, que representan debates en sí mismos desde su individualidad.

Y qué decir de la excelente escenografía de Luis Crespo. No solo por las butacas, los perros de cerámica vigilantes o la miniatura iluminable de la casa: el jardín inglés vertical y puesto al revés  del fondo también aporta su dosis enigmática al ambiente. Como lo hace la iluminación de Mingo Albir, que aporta también lo suyo al misterio. El espacio sonoro de Martín Guillem sabe transmitir los momentos  más  inquietantes hasta situar en el aire el temor. Incluso con el silencio cuando Rebeca Valls escucha los gritos que el público no oye. Acompaña con una tenue melodía zozobrante de  fondo. Y excelente el vestuario de Teresa Juan. Vestido de fiesta para Silvia Valero y adecuado a una visitante  corriente el de Rebeca Valls, al que se suma el necesario de Paula Puchalt. La coherencia artística del conjunto es compacta.

Sin duda, Una vez, una casa es uno de los mejores trabajos de Víctor Sánchez Rodríguez. Es osado decir que es el mejor pero lo debo expresar. Incluso supera en intensidad a Cuzco, por citar una obra suya con una pareja de personajes en escena. El misterio, las relaciones entre las dos antiguas amigas, el sopor del  alcohol, el enigma del sótano, el toque político donde los españoles quedamos advertidos de qué fuerza ideológica excluyente podría llegar al poder con una democracia orgánica de partido único, la tortura, la violencia, la exclusión, la falta de empatía, y la reflexión sobre la literatura, están unidas en esta  obra con una carga emocional controlada para dirigirse directamente a la conciencia del espectador. Por no repetir que el duelo de Rebeca Valls y Silvia Valero es de los mejores que se pueden ver en un escenario.

FICHA ARTÍSTICA

Texto y dirección: Víctor Sánchez Rodríguez. Reparto: Silvia Valero, Rebeca Valls y Paula Puchalt. Escenografía: Luis Crespo. Iluminación: Mingo Albir. Vestuario: Teresa Juan. Espacio sonoro: Martí Guillem. Movimiento y ayudantía de dirección: Cristina Fernández. Producción: Teresa Juan.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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