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Un segle d’abismes foto de Bikus

FESTIVAL RUSSAFA ESCÈNICA: Un segle d’abismes DE BRAMANT TEATRE

No olvidar. No perder.

Producción del festival Russafa Escènica / Compañía Bramant Teatre

Lugar de representación: Centre del Carme de Cultura Contemporània. Fecha de la representación: 26 de septiembre de 2021. Fecha de la crítica: 27 de septiembre de 2021.

Recuerdo cuando por primera vez vimos el Jardín del festival Russafa Escènica. Se representaban seis micropiezas de distinta procedencia en el Centre del Carme de Cultura Contemporània de València. Era una propuesta itinerante con pequeñas obras de varios autores para grupos reducidos de espectadores que cambiaban de espacio a la finalización de cada una de ellas. Era 2018 y la fórmula se repitió al año siguiente.

Sin embargo, pocos podían pensar que la pandemia y el confinamiento de 2020 beneficiaran a este Jardín de tan gran manera. El año pasado se representó la primera pieza creada en y sobre el confinamiento de marzo a mayo y la Covid-19. Se trata de nuevo de seis micropiezas unidas no solo por el tema sino por la autoría. Maribel Bayona y Jerónimo Cornelles crearon un texto magnífico,  1 Km2, lleno de emoción, interpretados por doce actrices y actores soberbios, la mayoría de la compañía Bramant Teatre. El sistema era semejante: un número reducido de espectadores, con las medidas sanitarias estrictas, recorrían las seis escenas en distintos espacios del Centre del Carme.

Un segle d’abismes foto de Bikus

Esta evolución del Jardín ha continuado este año con Un segle d’abismes. Pero con un cambio importante: no existe el bucle. Es imprescindible el recorrido lineal para seguir la historia creada y dirigida por Amparo Vayá. Los grupos de espectadores esta vez están ordenados cada diez minutos uno tras otro. Del diálogo de 1 Km2pasamos al monólogo de ocho minutos de duración donde se nos ofrece la historia de una misma familia, de seis generaciones de mujeres. Cronológicamente, discurre un siglo desde una noche de 1921 hasta septiembre de 2021.

Una particularidad es la perfecta caracterización del vestuario de María Poquet, suficiente para identificar época y personaje. Así ocurre  con la primera mujer, Matilde, vestida de negro, rosario y Biblia en mano. Ejerce el oficio de plañidera, ahora desconocido pero que ha existido hasta no hace tantas décadas, y destapa un universo sombrío tradicional y ultracatólico de una España negra. Ha de ejercer como buena actriz con los mismos tópicos y frases repetidas de alabanza al difunto. Aunque detrás hay una realidad divergente. Laura Useletti está soberbia, con su movimiento de arriba abajo y sus plegarias sigilosas. Incluso logra que el público participe rezando el Ave María con un simple gesto, o provoque la sonrisa cuando narra que ha aceptado como pago  la Biblia que lleva en la mano pero no sabe bien la razón porque no sabe leer. Ese mundo antiguo desfila en un momento por nuestros ojos: al final del espectáculo nuestra mente retornará a esta escena para darnos cuenta de la potencia de los cambios de mentalidad y de costumbres habidos en un siglo.

Un segle d’abismes foto de Bikus

El segundo episodio está protagonizado por Alba: una maestra de simbólico nombre con la esperanza de una nueva época de conquistas femeninas. Hija de Matilde, nace en la familia analfabeta, pero con su esfuerzo se titula como maestra y acaba dirigiendo un colegio, razón por la que se el episodio se articula con el público como el propio claustro, como una clase y ante un auditorio. Es 1932 y María Minaya, ataviada con un vestido alegre, revela el avance que supuso la República para las mujeres, tanto en incorporación al mundo laboral como en el logro del derecho al voto. Empieza un curso y una mujer ocupa una plaza destinada tradicionalmente a los hombres. Es una conquista esperanzadora y  así se  advierte en el tono, sin que adivine lo que llegará cinco años después.

El tercer monólogo  no sitúa en 1948. La joven María Guerra interpreta a la hija de Alba. Los tiempos han cambiado. Los vencedores han impuesto su ley de hierro moral machista de la dictadura franquista. La mujer queda relegada a profesiones tradicionalmente consideradas femeninas. Aurora, que así se llama, ha de ejercer la actividad de corte y confección, y se dirige al grupo preparando los patrones de vestidos para bebé. La Sección Femenina  establece los cánones de la mujer, un retroceso enorme para que su labor quede destinada al sacrificio por la familia y el marido. En su recuerdo, aquellos muertos de la guerra civil y la represión, de los luchadores por la libertad y los derechos cívicos. María Guerra transmite su sufrimiento interior, que al final sale a la luz, a pesar de mostrarse grácil y simpática ante el auditorio, vestida con delantal, próxima a la forma física del ama de casa tradicional. Tiempos difíciles de pérdida de derechos y enclaustramiento en el hogar o en la actividad considerada exclusivamente femenina como es la confección.

Un segle d’abismes foto de Bikus

En cuarto lugar, avanzamos hacia el fin del milenio. En el año 2000, Elena pide desesperadamente al público un cigarrillo. Teresa Crespo ofrece un discurso muy variado lleno de matices donde ya se aprecian cambios. Estamos ante una mujer educada en el tardofranquismo pero con signos de apertura, aunque no todos los deseables. Ya ha habido avances, aunque su cigarrillo empiece a estar mal visto socialmente. Pero no ha dejarse de estar en un segundo plano. La Transición también lo fue para la mujer: Elena representa esa evolución de lo vivido por su madre y el futuro. Es más libre pero no plenamente. Es la generación del conocido como “baby boom” y se sitúa entre la educación recibida y las aperturas y conquistas.

Le sigue uno de los momentos más emocionantes  del trabajo: el monólogo de Silvia, hija de Elena. Ruth Lezcano está situada en 2017 frente a una de las puertas del claustro que  representa la correspondiente a la casa familiar recuperada décadas después  del expolio franquista. Expone al auditorio las trabas sufridas, porque aún quedan propiedades usurpadas por los vencedores de la guerra civil y no todas lo fueron de pazos aristocráticos. De forma muy dramática, desde el pasado rememorado, avanza con esperanza a un futuro  de reconstrucción. Ya es una mujer actual, luchadora, consciente  de la batalla aún pendiente. Pero poco a poco se van pudiendo recuperar derechos y hasta propiedades legítimas. Es un momento lleno de emoción, un monólogo reconfortante y positivo, con una sencillez expositiva muy bien transmitida frente a una puerta que simboliza esa esperanza en el futuro.

El trabajo se rubrica en el presente, en septiembre de 2021. Laura Pellicer interpreta a la última de la generación, que también se llama Alba, con lo que simboliza las nuevas esperanzas del presente semejantes a las de 1932. Ha logrado algo impensable en otros tiempos: ser monologuista. Y así se presenta al público para  acabar rindiendo homenaje a todas las mujeres de las generaciones anteriores de la familia. Dicharachera, atrevida y abierta, debuta sabiendo que las mujeres lo tienen más difícil que los hombres, pero ha heredado muchísimos logros en los últimos años. Ya no tienen  apenas cotos vedados pero habrá que seguir peleando para perpetuar y mejorar lo conseguido porque aún hay rincones masculinizados. Como monologuista se sale de lo cómico en un momento determinado sin perder la locuacidad. Excelente momento que da un tono positivo a la rúbrica del trabajo.

Un segle d’abismes foto de Bikus

El escenario del Centre del Carme, sus puertas, sus refectorios y el pozo del claustro, vuelven a ser un marco ideal. El trabajo de la actrices es excelente, plenamente imbuidas en su personaje, sin fisuras, sin aspavientos ni sobreactuaciones, controlando el discurso, mirando al público y haciéndolo participar incluso, y resolviendo en pequeños espacios. Las seis están muy bien elegidas, casi por orden de edad. Al montaje de Amparo Vayá, dirigido con buena mano y mucha solvencia, le ha acompañado una figura muy necesaria en el teatro actual, la mirada externa, aquí de Jerónimo Cornelles. El montaje tiene recorrido y es la mejor manera  de recordar y advertir de que queda mucho por lograr en el terreno de la igualdad de la mujer. Pero ha habido unos antecedentes y tampoco hay que despreciar lo conseguido ni olvidar a aquellas mujeres que desde espacios constreñidos sobrevivían y salían adelante. La lucha continúa pero hubo un pasado, y ese pasado debe estar en la memoria.

Eso nos dice este singular montaje, excelente en su creación y ejecución. Conviene volverlo a ver. Puro teatro de urgencia social, debería ser obligatorio para las generaciones más jóvenes. Deberían saber que las plañideras existieron, que el corte y confección era lo máximo a lo que se podía aspirar profesionalmente (quizá la profesión más “femenina” durante el Franquismo). Y no lo deberían olvidar solo quienes lo ignoran sino quienes hacen gala de ser ahora prototipos del feminismo. Porque hubo muchas mujeres antes en circunstancias más complejas y contra viento y marea y poniendo en riesgo su vida o su prestigio social. Por eso, este montaje es necesario,  yo diría que imprescindible. Un paracetamol contra las fracturas históricas fácilmente olvidadizas en cualquiera de los sentidos políticos. Y más aún cuando ahora hay quien legitima y blanquea la vuelta a un pasado oscuro, más negro que oscuro, y donde la mujer debía ser esclava familiar y social. Pero, además, Un segle d’abismes es un  producto  artístico necesario e imprescindible. ¿Se puede dar más?

FICHA ARTÍSTICA

Creación y dirección: Amparo Vayá. Intérpretes: (1921) Laura Useleti / (1932) María Minaya / (1948) María Guerra / (2000) Teresa Crespo / (2017) Ruth Lezcano / (2021) Laura Pellicer.

Ayudante de dirección Santiago Ribelles. Vestuario María Poquet. Mirada externa Jeronimo Cornelles.  Imagen cartel. Jose Ruiz Segura. Grafismo Sergi Vega. Distribución: a+ Soluciones Culturales. Producción Teresa Crespo y María Minaya.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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