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LA CASA DE LOS ESPÍRITUS, FOTO DE PROVI MORILLAS

FESTIVAL SAGUNT A ESCENA: La casa de los espíritus Coproducción del Teatro Español, Grec 2020 Festival de Barcelona y Teatre Romea

Misión imposible (o no)

Coproducción del Teatro Español, Grec 2020 Festival de Barcelona y Teatre Romea. Fecha  de  la representación: 14 de agosto de 2021. Fecha de la crítica: 15 de agosto de 2021. Lugar: Teatro Romano de Sagunto (Festival Sagunt a Escena).

A priori, parecía una misión imposible llevar a las tablas una novela tan extensa y tan rica como La casa de los espíritus (1982) de la escritora chilena Isabel Allende. Su decepcionante adaptación estadounidense al cine a cargo del danés Bille August demostró que sintetizar una historia tan densa y rica en –apenas–  dos horas y veinte minutos era una empresa difícil. Por este motivo, llevarla al teatro podría generar expectación por partir de una conocida y admirada novela, pero también temor ante el posible resultado, o al menos desconfianza.

Pero resulta que Anna María Ricart ha adaptado el original de Allende sabiendo sintetizarlo al máximo sin perder un ápice de su historia fundamental ni sus anchos significados. Isabel Allende  había creado una saga de cuatro generaciones personificadas en sus cuatro mujeres Del Valle sobre las que gravita la figura de Esteban Trueba, todo un patrón y patriarca. Pero junto a la extensión y la conjugación escénica de los saltos temporales, más la ambientación en el mundo chileno, existía un dilema añadido: hacer andar la representación hacia el puro realismo, hacia el realismo mágico o hacia el realismo fantástico.

LA CASA DE LOS ESPÍRITUS, FOTO DE PROVI MORILLAS
La casa de los espíritus Sagunt a Escena 2021

A principios de los noventa del pasado siglo recuerdo la existencia de una polémica sobre al fin del realismo mágico que tanto caracterizó a la Literatura Hispanoamericana desde la aparición de El reino de este mundo de Alejo Carpentier en 1949 y su “lo real maravilloso”. Una postura defendía que Isabel Allende le había puesto punto y final en 1982 llevándolo hacia lo fantástico en el llamado “post-boom” con sus espíritus y Eva Luna, sin perder lo irracional irrumpiendo en la vida común. Otra contraria más purista e historicista defendía que el realismo mágico llegó a su máxima expresión y su final con el Cantar de Agapito Robles de Manuel Scorza en 1977, cuando en una pollera estaba bordada en miniatura la historia del Perú. Sea como sea, cinco años de diferencia no dan para mucha polémica una vez transcurridas varias décadas. Quizá el afán clasificatorio y regional nubla la vista porque hoy en día Murakami logra sus grandes éxitos gracias al realismo mágico. La única realidad es que La casa de los espíritus le marca un nuevo rumbo al subrayar las posibilidades de su apertura hacia la inclusión de la fantasía en la realidad sin perder de vista la magia de lo mágico como creencia, como demuestra la milagrosa curación de Esteban, por ejemplo.

Este último aspecto está presente en todo momento en la adaptación textual de Anna Maria Ricart. No ha soslayado ni lo mágico ni lo fantástico en una saga histórica que sería diáfana de ser lineal en lugar de laberíntica, para centrarse en retratar su universo con detalle. Para ello, no ha dudado en ofrecer una duración de la obra de tres horas y media incluyendo el descanso porque realmente era necesario. Es lo mínimo exigible para el retrato de las cuatro generaciones presentes, representadas por las mujeres Del Valle, Nívea, Clara, Blanca y Alba, nombres llenos de simbolismo acerca de su ética llena de pureza y coherencia. Ricart ha sabido mostrar lo descarnado, las costumbres conservadoras presentes en la historia de Chile con la preponderancia de las ideologías derechistas, el machismo dominante sin caer en lugares comunes y con mucho tacto hacia los personajes masculinos, como hizo Allende, eliminando maniqueísmos, aunque es obvio que en determinadas situaciones el espectador se pone del lado de lo justo. El patriarca Esteban no es malo a pesar de sus actos propios del déspota oligarca o un machista de costumbres que hoy suenan a viejas: es un ser de carne y hueso. Ricart enlaza la política con lo sobrenatural, lo premonitorio, sin perder de vista las relaciones personales y lo emocional contenido, buscando una razón humana por encima de todo. Incluso contemplamos la visión de la muerte como algo natural, aun siendo dolorosa, mostrada siempre por la escritora chilena. No faltan las hormigas y las comadrejas.

Pero un resultado óptimo no hubiese sido posible sido sin una dramaturgia potente. Ricart y la directora Carme Portaceli, ambas, han convertido la escena en magia cautivadora. Han sabido mostrar la estructura fragmentaria y laberíntica sin fisuras. La oblicuidad de la saga familiar siempre camina en línea recta a pesar de su planteamiento como un flash-back donde Alba, la cuarta mujer, cuenta toda la historia recopilada con la permanente presencia del abuelo Esteban apoyado en un bastón, a partir de un inicio donde ella está siendo torturada en prisión, la perrera, que no faltan los modismos chilenos como el “usted” en tercera persona en lugar del “tú” en segunda al dirigirse Esteban a los hijos.

Portaceli logra una de sus mejores direcciones con un manejo extraordinario de los actores, la presencia en escena del elemento fantástico junto al desarrollo realista también en la ambientación y en el movimiento de los personajes, la sucesión de diálogos de situaciones en paralelo o apuntes de personajes ajenos a las situaciones, la alternancia de su presencia y de la palabra, las acciones simultáneas y una ruta donde se subraya la incidencia de la política en la vida corriente de los personajes, de lo externo en el interior. Incluso deja diáfana la motivación personal del torturador carabinero Esteban. Dar realce con tanta riqueza y una visión nada restringida a los personajes de la novela es un gran mérito por su dificultad. Incluso el hemistiquio del descanso delimita a la perfección el desarrollo, puesto que la segunda parte se centra en la historia de Alba hasta confluir en el presente con su magnífico soliloquio que es un resumen de la declaración con la que rubrica su novela Isabel Allende, logrando así un magnífico cierre con la actriz en la orquesta del teatro. Y sin obviar los toques irónicos, en algún caso reforzados como el vestuario del sicario estadounidense a lo Capitán América.

Para lograr una coralidad máxima, Portaceli debía contar con grandes actores. Su despliegue físico y de movimiento es agotador, tanto para los tres que representan a un personaje solamente, Alba, Esteban y Clara, como para el resto, que doblan papeles hasta la extenuación. Francesc Garrido da un recital como el patriarca Esteban. En todo momento creíble, con su tono personal maleable dependiendo de las circunstancias, capaz de mostrarse duro e inflexible pero también humano y vulnerable, sobre todo con la situación la nieta. Sus apuntes son brillantes cuando  adquieren matices irónicos que Garrido pronuncia de forma inimitable con convicción. Carmen Conesa es Clara, una actriz que nos ha encantado en su larga trayectoria y que aquí muestra su habilidad incluso física puesto que ha de pelear con la larga cola de su vestido blanco. Brilla con la misma luz que Gabriela Flores, con una sorprendente actuación encandiladora como Férula, la hermana de Esteban, y Tránsito, la prostituta que acaba siendo la más beneficiada por los acontecimientos y pieza clave en el desenlace. Inma Cuevas está soberbia sobre todo como Blanca, la hija de Clara y Esteban; Guillermo Serrano destaca como el allendista Jaime, hermano de Blanca; Borja Luna, es un buen Pedro Tercero; David Fernández “Fabu” sobresale como Nicolás, hermano de Blanca y como Pedro, el fiel criado hasta que las circunstancias provocan su marcha. Y Pilar Matas muy entregada a sus papeles de Petra García y Nana, al cuidado de los pequeños. Con Jordi Collet acertando con los cambio de distintos registros con una habilidad fuera de lo común, donde destaca como Jean de Savigny y el torturador Esteban. Y Alba, la conductora interpretada por Miranda Gas: sencillamente deliciosa  y convincente. Un elenco grandioso con un excelente movimiento ideado por Ferran Carvajal, otro mago de la escena.

LA CASA DE LOS ESPÍRITUS, FOTO DE PROVI MORILLAS
La casa de los espíritus Sagunt a Escena 2021

Una escenografía adecuada con tres pantallas y sillas que dan mucho juego en momentos violentos como los terremotos o el golpe militar de Pinochet, a cargo de Paco Azorín, se pone al servicio de este juego interpretativo conjugando la poesía con lo utilitario. Sensacional el vestuario de Carlota Ferrer, con detalles muy cuidados en los vestidos de los indígenas chilenos, y marcado por el vestido blanco de larga cola de Clara, dando así una impresión más fantasmal a su figura. Una iluminación estratosférica de David Picazo demuestra ser uno de los mejores, reforzando el magnífico diseño de vídeo de Miquel Àngel Raió, sobre todo en las imágenes fractales, difuminadas y de geometrías diversas. Más un buen diseño de sonido de Pablo de la Huerga (excelente la sonorización de la representación) para una música, alguna cantada en directo, y espacio sonoro de Jordi Collet que en ningún momento resultan reiterativos y siempre refuerzan la emotividad  de las acciones.

En suma, un trabajo sobresaliente. Mantener tres horas y media a los espectadores concentrados y atentos es difícil, y más cuando es una historia que pasó de la novela a la pantalla y muchos espectadores la conocen. Los amantes de la novela no se sentirán defraudados, como pasó con la película, y quienes no conozcan la creación de Isabel Allende disfrutarán. Quienes hemos estudiado la cultura hispanoamericana a fondo tampoco nos sentimos defraudados porque observamos que la mentalidad y la historia real de aquellos lares está presente en todo momento. También resulta necesario divulgar a los más jóvenes el pasado reciente y entenderlo. Este canto a los seres humanos ha conseguido su objetivo: culminar de forma muy satisfactoria lo que parecía una misión imposible. Si hay algún momento de caída se debe más a la propia historia original que a una representación de cum laude.

Solamente podemos poner un reparo. El escenario al aire libre, sea el que sea, limita algo las posibilidades artísticas de la propuesta. Y si por motivos de restricciones a causa de la pandemia se ha de adelantar el inicio a un horario con luz natural, la descompensación entre los primeros treinta minutos y el resto es patente (afortunadamente, sus tres horas y media permiten blanquear esa claridad inicial). Además de que un chaparrón durante las primeras escenas impidió  la atención completa de los espectadores a las motivaciones iniciales de Esteban Trueba. Pero agradecemos muchísimo al festival Sagunt a Escena la valentía de programar con ambición y regalarnos un trabajo que recordaremos durante mucho tiempo. Su riesgo bien mereció la pena y así lo premió el público puesto en pie con un saludo reiterado a pesar de que se iba limitando el tiempo para volver a los domicilios antes del toque de queda. Enhorabuena  porque montajes como este sí engrandecen un festival que debe ser un referente estival nacional.

FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA

Adaptación de la novela homónima de Isabel Allende: Anna Maria Ricart. Dirección: Carme Portaceli. Dramaturgia: Anna Maria Ricart y Carme Portaceli. Reparto: Jordi Collet, Inma Cuevas, Gabriela Flores, Francesc Garrido, Pilar Matas, Carmen Conesa, David Fernández «Fabu», Miranda Gas, Borja Luna y Guillermo Serrano. Diseño de escenografía: Paco Azorín. Diseño de iluminación: David Picazo. Diseño de vestuario: Carlota Ferrer. Coreografía y movimiento: Ferrán Carvajal. Música original y espacio sonoro: Jordi Collet. Diseño de vídeo: Miquel Àngel Raió. Diseño de sonido: Pablo de la Huerga. Ayudante de escenografía: Fer Muratori. Ayudante de vestuario: Sonia Capilla. Ayudante de dirección: Montse Tixé.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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