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FESTIVAL TEATRO CLÁSICO DE PEÑÍSCOLA foto de: Secuencia 3

FESTIVAL TEATRO CLÁSICO DE PEÑÍSCOLA

Enredos por dinero en el Festival de Teatro Clásico de Peñíscola

Mercado de amores

Compañía: Secuencia 3. Fecha de la representación: 22 de julio de 2021.

El avaro

Compañía: Morboria. Fecha de la representación: 24 de julio de 2021.

Lugar: Patio de Armas del castillo de Peñíscola. Fecha de la crítica: 27 de julio de 2021.

Veinticuatro ediciones celebradas son suficiente bagaje como para considerar un festival de teatro como consagrado. Así ocurre con el de Teatro Clásico de Peñíscola, ya todo un clásico entre los eventos culturales estivales celebrados en la Comunidad Valenciana, valga la redundancia.

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A pesar del panorama sanitario y la obligación de limitar el aforo a trescientas veinte localidades, la vigésimo cuarta edición de este año ha gozado de un éxito envidiable. Por el cautivador marco incomparable del patio de armas del castillo del Papa Luna han pasado grandes trabajos desde la inauguración con 7 Reinas de la compañía valenciana Arden, con Chema Cardeña en la dirección, pasando por los Andanzas y entremeses de Juan Rana de los geniales Ron Lalá, hasta una última semana con un par de remates de oro y un homenaje póstumo a Vicente Pastor Luna, anterior director del festival, con un emotivo repaso a su biografía y a su importancia dentro de la vida teatral castellonense, previo a la representación del último día. Una excelente programación del festival dirigido por Carles Benlliure, que esperamos pueda estar al frente de la emblemática vigésimo quinta edición que nos espera en 2022.

Nunca entenderé por qué una obra que pasa por un festival veraniego de la Comunidad Valenciana no puede repetir en otro. Es lo que pensé a la finalización de Mercado de amores, una coproducción en la que participa la empresa valenciana SAGA Producciones. Es una buena razón para haberla programado en otro festival que parece querer dejar de ser de teatro clásico, si realmente existe la voluntad de los gestores  de proteger y ayudar a la profesión y no solo subvencionarla. Porque una obra pensada para el público es un obsequio para el público: la multiplicidad artística y de estilos caracterizadora de este siglo XXI mantiene su correspondencia con una multiplicidad de públicos amantes de distintos modelos.

A la finalización de Mercado de amores, los espectadores estaban entusiasmados con la función y creo que a ellos nos debemos puesto que necesitamos a esta tercera pierna del teatro, el receptor que paga dos veces: con sus impuestos y al comprar la entrada. Se trata de una representación que da, que sirve un buen plato, y una de las mejores comedias que hemos visto  en los últimos años en los festivales de verano valencianos. O al menos, una de las más frescas y divertidas, sobre todo para nutrir de risas entre tantas repeticiones de tragedias clásicas que corren por esos escenarios.

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Mercado de amores no pierde en ningún momento el enlace con Plauto y la comedia griega de este autor de la antigua Roma. Estrenada en el teatro romano de Mérida una semana antes, se trata de una recreación de Eduardo Galán a partir de de tres comedias suyas, El mercaderAsinaria Cásina. Llamémosla recreación porque Galán no ha adaptado las comedias ni ha ofrecido una versión: a partir de ellas ha creado una obra completamente nueva respetando los motivos y personajes fundamentales de la comedia plautina. La adaptación supondría partir del texto original. Sin embargo, este texto ha ido más lejos: ha pretendido mostrar lo fundamental en Plauto con una forma creativa distinta manteniendo sus tramas corrientes, sus personajes que son sus modelos, una estructura de enredos y equívocos, y la anagnórisis final habitual.

En el conjunto se nota su mano experta. Es la de quien domina el teatro y la comedia como pocos en España (recordemos su Nerón de hace unos años), con un sacrificio absoluto a lo que es difícil de conseguir en este ejercicio de creación a partir de tres originales: la coherencia de las tramas sin perder una línea recta argumental trazada, a pesar de la cantidad de motivos secundarios necesarios para lograr otro de los grandes méritos del trabajo: el anacronismo deliberado para buscar el efecto humorístico contemporáneo. De ahí que Galán haya conseguido con maestría dar solidez a numerosos motivos que en unas manos menos hábiles podrían quedar dispersos hasta la confusión. Y todo ello con un estilo definido muy suyo, al que pone adornos nada gratuitos en forma de referencias metateatrales y literarias. Hay mucho dominio del género sin perder de vista a Plauto, ni su crítica a estamentos sociales romanos que bien podrían ser actuales y su ridiculización satírica, para llegar a una comedia rebosante de vigencia y  toques  de actualidad. No está mal partir del clásico para mostrar que las ansias humanas son las mismas que hace veintitrés siglos aun cuando tengan un aire nuevo mirando al presente.

La trama conjunta merece todos los honores porque parece una obra del propio Plauto –reitero– sin ese olor vetusto que a veces se nos ofrece con algunas adaptaciones arqueológicas en su partida y  desaliñadas en su adaptación. De hecho, logra que el público entre en ella desde el primer momento, con esa introducción musical con baile y percusión de los actores desde el fondo hacia el escenario. Luego vienen los  engaños, artificios amorosos, encuentros y desencuentros, confusiones, momentos juguetones y un personaje clave masculino disfrazado de mujer sobre el que recae el conflicto. Ello da lugar a numerosos equívocos y enredos muy bien resueltos en todo momento y “aclarados” en un raudo desenlace que resuelve con precisión la anagnórisis.

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El argumento principal muestra la lucha de las mujeres para lograr su independencia y cumplir sus deseos. Dos virtuosas (o no, según con qué moral se mire). Las dificultades se multiplican pero con su habilidad e inteligencia logran vencer al poder masculino. Y nunca mejor dicho el poder masculino porque ellos imponen sus normas de conducta aunque hagan el ridículo. Aunque en el inicio irrumpe Erotía disfrazando de mujer a su atractivo esclavo, Carino, a la siguiente escena surge una trama muy contemporánea: el fraude de las licencias urbanísticas. El senador Leónidas, padre de Tais, pretende convertirla en vestal virgen cuando ella es amante secreta de Pánfilo, padre de Erotía y rico mercader romano propietario hasta de buenos viñedos en Nápoles. Ambos pactan la concesión urbanística corrupta. Diez mil talentos para cada uno de los quince senadores son suficientes para consumar el negocio de su vida. Pero no para lograr su gran deseo  amoroso: conquistar a Carina, en realidad Carino.

No faltan los  chascarrillos y toques de actualidad. Tratándose  de Peñíscola, la alusión al corredor mediterráneo  fue la más aplaudida. Pablo Carbonell recuerda canciones o al mismísimo Mariano Rajoy en sus chistes breves. O se refiere a otros motivos populares, hasta llegar a ese final de Con faldas y a lo loco del genio Billy Wilder y su frase “nadie es perfecto”.  Y es que Carbonell se muestra como es pero con mucho respeto a ese papel protagonista exigente. Muy lúcido en su humor, en su ironía sagaz, en su porte gamberro, y en sus miradas al entregado público. Sabe centrarse en sacar partido en toda su actuación a los dos deseos de Pánfilo, el dinero y el sexo.

Le acompaña un elenco que está extraordinario. Algún día valoraremos lo suficiente a Francisco Vidal, excelente veterano en el papel de Leónidas, realmente un hipócrita que fuerza a su hija Tais a un destino que no desea. Ella es Esther Toledano, muy resuelta en un papel más nutrido en la segunda parte, aunque encandila con su posición central en los bailes y toques de percusión desde el inicio. Fenomenal está Víctor Ullate Rocha como Carino, con esos movimientos absurdos forzados tan divertidos una vez se ha disfrazado de mujer, y unos cambios de voz eficaces. Erotía es Ania Hernández. La joven actriz castellonense da un recital interpretativo y demuestra que sigue en crecimiento. Posee una energía mayúscula y transmite desde la vis cómica hasta la sensualidad necesaria.

El papel que más agradó al público fue el del criado de Pánfilo, Olimpio, interpretado por el valenciano José Saiz. Si a todos los actores se les notó a gusto, a él aún más. Siempre hemos percibido que posee una gran capacidad para la comedia, pero en Mercado de amores se sale. Reitero las palabras del crítico amigo José Luis González Subías: “el criado borracho y gracioso, convertido en figura del donaire”. Pocos graciosos hemos vistos tan graciosos en las comedias clásicas recientes. Además, tiene la virtud de mostrarse más inteligente y perspicaz que su amo sin perder el aire de ser inferior socialmente al que no se le toman demasiado en consideración sus palabras reveladoras.

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Una excelente dirección de Marta Torres dispone una puesta en escena  compacta, ágil y hábil. Incluso el uso del patio de espectadores es sugestivo y audaz. Aun cuando hay unos par de minutos donde el ritmo decae, antes de la gran negociación entre Leónidas y Pánfilo, no es fácil mantener tanta diversión de principio a fin. Hay que tener buena mano para manejar a los actores como ella lo hace. Una lástima que el escenario de patio del castillo no permitiera el despliegue enorme de la escenografía de Arturo Martín Burgos presente en Mérida, y se tuviese que limitar a unas cuantas piezas y los cajones movidos entre cada secuencia. Un decorado muy contemporáneo sin olvidar que estábamos en la Roma clásica. El vestuario de Carmen Beloso pone la excelente guinda a la caracterización de los actores y adecuación a los personajes. Sin olvidar el magnífico espacio sonoro envolvente de Tuti Fernández, con música de aire de época, y la magia de la iluminación de José Manuel Guerra.

Sin duda, Mercado de amores es un acierto. Una producción lograda que cumple con su función de divertir, sin olvidar entre qué seres humanos convivimos. Nada mejor que reír para conocernos a nosotros mismos. Nos hace más inteligentes. Y ello lo sabe Eduardo Galán en esta construcción que hubiese firmado el mismo Plauto.

El cierre del festival lo puso la compañía Morboria con el clásico El avaro de Molière. Difíciles empresas las de adaptar y montar clásicos universales con un estilo propio realizadas por esta compañía madrileña fundada por Eva del Palacio y Fernando Aguado y nacida en el teatro independiente hace treinta y cinco años, cumplidos durante el confinamiento del año pasado. Por ellos han pasado Rojas Zorrilla, Tirso de Molina, Shakespeare, Molière, Zorrilla, o Moreto, sin dejar de crear en los terrenos de las artes de calle o la performance, donde comenzaron en 1985, o los textos propios de Eva del Palacio.

El avaro Harpagón es uno de los grandes personajes del teatro. Su frase “El dinero es la razón de todas las cosas” tiene una vigencia absoluta en nuestros tiempos donde “quien sí tiene dinero es de sí señor”. Aunque se sea odiado.  El viejo Harpagón es tan avaro que guarda en un cofre su dinero porque no se fía de los bancos. Pero la usura suele acarrear mezquindad y tiranía, como la que ejerce sobre sus hijos Elisa y Cleanto, enamorados secretos, sus criados y lacayos, los intendentes y los comisarios. Ejerce su autoridad caprichosa hasta para comprar con dinero el amor de la virginal Mariana. Un clima insoportable para todos, lleno de falsedades y disimulos, hasta que el ingenio y la astucia de Flecha y de Frosina hacen que triunfe la bondad, la sinceridad y el amor.

Esta adaptación se estrenó en junio pasado en el festival de Cáceres con éxito. No es fácil consumar una nueva propuesta de una obra tan conocida, con versiones inolvidables como la de Lavelli en 2010. Pero Morboria tiene su lenguaje y su estética barroca con una caracterización y un vestuario potente. Si en otras obras el látex, como en El señor de los anillos, o lo horripilante, habían impactado y dado realce a sus trabajos, aquí es el vestuario de época, el maquillaje y las narices postizas las que dan empaque a los personajes. Ese avaro aguileño, bien ataviado pero sin excesos para darle una dimensión prototípica, damas con vestidos dieciochescos adornados y vistosos, caballeros y un hijo de apariencia nobiliaria petimetre, se ven enriquecidos por los numerosos juegos como el doble papel de cochero y cocinero, señalado por la pieza de la cabeza.

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De la misma forma, el decorado de paneles da mucho de sí. Pero Morboria no los utiliza como marco espacial o temporal sino que los convierte en acompañante durante los movimientos de los actores en muchas ocasiones. Los paneles sitúan en un recorrido callejero exterior al personaje siguiéndolo de forma conjunta, dándole relieve e intensificando sus palabras, perfectamente pronunciadas con una declamación excelente que no pierde el tono clásico pero mantiene la naturalidad con regularidad. De hecho, el exceso declamatorio se aprecia como afectación del personaje o en los disimulos y no desentona en ningún momento.

El punto más débil de la obra se encuentra en el arranque. La adaptación de Eva del Palacio es inteligente, propia de quien conoce a fondo el teatro y la manera de implicar al público. Sin embargo, el inicio es dificultoso y no acaba de cautivar. Quizá por cierta frialdad del diálogo inicial poco convincente de la pareja de hermanos y la primera salida fría de Harpagón con el cofre en las manos. Pero poco a poco la obra va creciendo y a partir de la aparición de Frosina, la propia Eva del Palacio, adquiere un cuerpo fabuloso. Los aspectos citados en el párrafo anterior van deleitando e introduciéndonos en el juego propuesto. Todos sabemos qué va a ocurrir y que el final feliz está cantado, pero lo que no esperamos es que la coralidad adquiera una consistencia completa, sobre todo en la magnífica escena de movimiento coreográfico donde el cofre pasa de mano en mano. Un gran final.

Las interpretaciones también van creciendo a medida que avanza la acción. Fernando Aguado tiene tanta experiencia que no hace falta examinarlo con lupa. No le encontraremos ningún punto débil. Excepcionales los actores con dobles papeles, fundamentales para dar ritmo y frescura a las secuencias. Todos muy compenetrados, danzarines por momentos y sin caer en excentricidades. De esta forma, consiguen que veamos un espectáculo de compañía, no de actores contratados eventualmente: un conjunto con un teatro de repertorio y un estilo propio que tantas veces reivindicamos. El avaro mereció la pena, divirtió y dio una noche grata a pesar del viento existente que tanto hacía padecer al vestuario y a veces a los paneles de los decorados. Morboria es de fiar.

No queremos olvidarnos de los juglares de Picazo Producciones y  sus deleitosos “Versos y coplillas a las 10 y 10”. Un excelente aperitivo que puntualmente a esa hora de la noche introducía a los espectadores en la calle a la espera de la apertura de puertas. Muy divertidos, ingeniosos, con buenos versos de humor, y capaces de introducir con un motivo cada obra en el escenario. Enhorabuena por esta maravillosa idea que saca el teatro a la calle para transportar al público a una noche mágica dentro de un espacio monumental. Fenomenal también su posición en el recodo de la entrada al patio de armas para continuar su canto instrumentalizado mientras el público va entrando.

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Ahora nos queda esperar a las bodas de plata del festival. Esperemos que Carles Benlliure pueda continuar su labor para que ya mismo pueda ir cerrando la que deberá ser una edición de lujo. Sería necesario. Y esperemos que sin Covid. Ojalá. Playa y teatro son una excelente y relajante combinación. Nos vemos en las Bodas de Plata.

FICHAS TÉCNICAS Y ARTÍSTICAS

Mercado de amores

Recreación original a partir de  obras de Plauto a cargo de Eduardo Galán. Reparto: Pablo Carbonell, Victor Ullate Roche, Francisco Vidal, Ania Hernández, José Saiz, Esther Toledano. Dirección: Marta Torres. Ayudante de dirección: David Huertas. Escenografía: Arturo Martín Burgos. Vestuario: Carmen Beloso. Música original y Espacio Sonoro: Tuti Fernández. Iluminación: José Manuel Guerra. Coproducción: Festival de Mérida, Secuencia 3, Saga Producciones, Teatro de Malta, Summum Music y Hawork Studio.

El avaro

Autor: Molière. Traducción, versión y dirección: Eva del Palacio. Reparto: Fernando Aguado, Eva del Palacio, Virginia Sánchez, Ana Belén Serrano, Daniel Migueláñez, Eduardo Tovar, Vicente Aguado, Luna Aguado, Trajano del Palacio.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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