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INSULA DRAMATARIA foto de Vicente A. Jiménez

IV Laboratorio de Dramaturgia Insula Dramataria – Josep Lluís Sirera.

Un ciclo consolidado

Producción: Institut Valencià de Cultura. Teatro Rialto. Fecha de las representaciones: 7, 11, 14 y 18 de julio de 2021. Fecha de la crítica: 19 de julio.

Culminó la cuarta edición del laboratorio de Dramaturgia “Insula Dramataria – Josep Lluís Sirera” con un éxito sobresaliente. Desde la primera edición en la sala de la SGAE en 2018 hemos sido testigos  de excelentes trabajos de distintos autores. Por sus anteriores ediciones han pasado Antonia Bueno, Maribel Bayona, Laura Sanchis, María Cárdenas, Mafalda Bellido, Begoña Tena, Jorge Picó y Alfonso Amador, Javier Sahuquillo, Toni Agustí, Sònia Alejo, Isabel Caballero, Jéssica Martínez, Paula Llorens, Víctor Sánchez Rodríguez, Lucía Sáez y Xavier Puchades. Dentro de unos años miraremos esta nómina de participantes y pensaremos en que en él están muchos nombres de la historia del teatro valenciano actual.

Este año ha sido el turno de los proyectos de Xavo Giménez, Gemma Miralles, Guadalupe Sáez y Paco Romeu. Son autores con estilos y conceptos distintos, la comedia de la vida absurda, la comedia de problema social, el drama de personajes y el teatro de la extrañeza, respectivamente. También son distintos los modelos de dirección. Los actores  son conscientes de la importancia adquirida por este ciclo donde la leve escenografía, la pantalla de proyección y la iluminación también tienen un peso específico dentro de cada propuesta. Todos bajo la mirada atenta y experta de Paco Zarzoso, cuya sabiduría teatral se aprecia sobre todo en el cuidado del detalle. Un acierto también la tutoría externa incluida, con Denise Despeyroux este año y el pasado con Josep Maria Miró. El resultado es apasionante y ya somos cada día más los que consideramos que es una cita imprescindible para los amantes del buen teatro de texto, y un postre de la temporada magnífico antes de las vacaciones.

INSULA DRAMATARIA foto de Vicente A. Jiménez

Primera sesión. La familia Villa se reúne en una vivienda planta baja del centro de València, en L’Eixample – Pla del Remei. Cuatro hermanos: Flor, Narciso, Lis y Jacinto. Es un local heredado de la madre. Sus vidas se enfrentan, entre  la avaricia de Narciso, deseoso  de vender la vivienda para obtener un buen pellizco de dinero, el mal genio de Lis, siempre inconformista, las carencias de Narciso lleno de pensamientos lunáticos y con la cabeza destrozada, y el temple de Flor, la mayor. Todo en un tono muy típico del autor, Xavo Giménez, siempre punzante y satírico en las fronteras de la realidad para reírse / reírnos de ella pero también para ver la cara oculta de los deseos, sobre los que sobrevuela la frustración o la imposibilidad de que las consecuencias sean lo favorables que se querían.

Se llama Las danesas. Giménez ha escrito un texto magnífico. Con frases geniales en su construcción. Destacan las metáforas expresadas por las situaciones y personajes a lo largo de los diálogos frenéticos. Como libreto, es placentero escuchar esas referencias metafóricas sobre las piedras, que en el fondo tienen el mismo poder que un ser humano. También ha sabido emplear las palabras hasta sobrepasar la sensatez. Todos son seres individualistas, salvo Flor, que cuida de Jacinto, ser problemático consumido por… Mejor averígüenlo cuando se edite la obra.

Destaca el maravilloso juego de Flor como personaje y lectora de las acotaciones. Xavo Giménez ha llevado un poco más lejos una lectura dramatizada, buscando la diferencia (no sabemos si originalidad porque no conocemos lo suficiente lo hecho en otros lugares). Incluso los datos  escondidos están entre las acotaciones y el texto, como el nombre de Flor. Le ha dado toques propios de la lectura para obtener una gran frescura. Un trabajo con una creación y dirección muy elaboradas pero sin corsés.

Extraordinarios los actores: los hermanos, Amparo Fernández (Flor), Verònica Andrés (Lis), Álvaro Báguena (Narciso), Toni Misó (Jacinto). Soberbios, grandes sus interpretaciones, encandilan, nos introducen en la acción… Y junto a ellos la joven Laura Pellicer, quien ha de bailar con lo más difícil: representar a tres personajes distintos, Ana, sin comunicación con su padre Narciso, la enfermera y la vendedora Carmen. Extraordinaria con sus cambios de tono y muy compenetrada con Verònica Andrés, con quien trabajó en Familia normal de Núria Vizcarro, en la escena  de la limusina. Misó en su línea y con su estilo pausado y penetrante, Báguena con su imponente vocalización y movimiento, Verónica tan resuelta hasta en los momentos atropellados. Xavo Giménez ha sabido sacarles partido y ellos han respondido hasta darle una brillantez inusual al texto. Aunque a pesar de todo, no ganara Dinamarca la semifinal de la Eurocopa de fútbol que disputaba el día de su estreno. Eso sí: no le falta su referencia al Valencia Club de Fútbol.

Pau de Gemma Miralles es una comedia sobre la identidad sexual  y la transexualidad. Cuatro  adultos plantean el dilema entre voluntad y biología, con su despliegue de reflexiones pero numerosos momentos divertidos. Es una comedia de construcción más convencional, lo cual no significa que no sea menor porque es un género muy difícil. Pero Miralles ha sabido crear un texto que no cae en lo vulgar, aunque no esconda detalles para la complacencia del público.

¿Se acuerdan de Separeu-vos junts de la misma autora con la compañía La Dependent de Alcoi en la que se integra, actúa y crea textos? Pues por el mismo camino discurre este texto, aunque está mucho más depurado. En aquella era  la incidencia en una niña de la separación de sus padres y sus nuevas parejas, y aquí una distribución de personajes y tramas semejante alrededor del cambio de sexo. Sin embargo, el conflicto está tratado con mayor profundidad y  el desarrollo es más coherente con el sentido dramático interno.

Un ciclo consolidado Producción: Institut Valencià de Cultura. Teatro Rialto. Fecha de las representaciones: 7, 11, 14 y 18 de julio de 2021. Fecha de la crítica: 19 de julio. Culminó la cuarta edición del laboratorio de Dramaturgia “Insula Dramataria - Josep Lluís Sirera” con un éxito sobresaliente. Desde la primera edición en la sala de la SGAE en 2018 hemos sido testigos de excelentes trabajos de distintos autores. Por sus anteriores ediciones han pasado Antonia Bueno, Maribel Bayona, Laura Sanchis, María Cárdenas, Mafalda Bellido, Begoña Tena, Jorge Picó y Alfonso Amador, Javier Sahuquillo, Toni Agustí, Sònia Alejo, Isabel Caballero, Jéssica Martínez, Paula Llorens, Víctor Sánchez Rodríguez, Lucía Sáez y Xavier Puchades. Dentro de unos años miraremos esta nómina de participantes y pensaremos en que en él están muchos nombres de la historia del teatro valenciano actual. Este año ha sido el turno de los proyectos de Xavo Giménez, Gemma Miralles, Guadalupe Sáez y Paco Romeu. Son autores con estilos y conceptos distintos, la comedia de la vida absurda, la comedia de problema social, el drama de personajes y el teatro de la extrañeza, respectivamente. También son distintos los modelos de dirección. Los actores son conscientes de la importancia adquirida por este ciclo donde la leve escenografía, la pantalla de proyección y la iluminación también tienen un peso específico dentro de cada propuesta. Todos bajo la mirada atenta y experta de Paco Zarzoso, cuya sabiduría teatral se aprecia sobre todo en el cuidado del detalle. Un acierto también la tutoría externa incluida, con Denise Despeyroux este año y el pasado con Josep Maria Miró. El resultado es apasionante y ya somos cada día más los que consideramos que es una cita imprescindible para los amantes del buen teatro de texto, y un postre de la temporada magnífico antes de las vacaciones. Primera sesión. La familia Villa se reúne en una vivienda planta baja del centro de València, en L’Eixample – Pla del Remei. Cuatro hermanos: Flor, Narciso, Lis y Jacinto. Es un local heredado de la madre. Sus vidas se enfrentan, entre la avaricia de Narciso, deseoso de vender la vivienda para obtener un buen pellizco de dinero, el mal genio de Lis, siempre inconformista, las carencias de Narciso lleno de pensamientos lunáticos y con la cabeza destrozada, y el temple de Flor, la mayor. Todo en un tono muy típico del autor, Xavo Giménez, siempre punzante y satírico en las fronteras de la realidad para reírse / reírnos de ella pero también para ver la cara oculta de los deseos, sobre los que sobrevuela la frustración o la imposibilidad de que las consecuencias sean lo favorables que se querían. Se llama Las danesas. Giménez ha escrito un texto magnífico. Con frases geniales en su construcción. Destacan las metáforas expresadas por las situaciones y personajes a lo largo de los diálogos frenéticos. Como libreto, es placentero escuchar esas referencias metafóricas sobre las piedras, que en el fondo tienen el mismo poder que un ser humano. También ha sabido emplear las palabras hasta sobrepasar la sensatez. Todos son seres individualistas, salvo Flor, que cuida de Jacinto, ser problemático consumido por… Mejor averígüenlo cuando se edite la obra. Destaca el maravilloso juego de Flor como personaje y lectora de las acotaciones. Xavo Giménez ha llevado un poco más lejos una lectura dramatizada, buscando la diferencia (no sabemos si originalidad porque no conocemos lo suficiente lo hecho en otros lugares). Incluso los datos escondidos están entre las acotaciones y el texto, como el nombre de Flor. Le ha dado toques propios de la lectura para obtener una gran frescura. Un trabajo con una creación y dirección muy elaboradas pero sin corsés. Extraordinarios los actores: los hermanos, Amparo Fernández (Flor), Verònica Andrés (Lis), Álvaro Báguena (Narciso), Toni Misó (Jacinto). Soberbios, grandes sus interpretaciones, encandilan, nos introducen en la acción… Y junto a ellos la joven Laura Pellicer, quien ha de bailar con lo más difícil: representar a tres personajes distintos, Ana, sin comunicación con su padre Narciso, la enfermera y la vendedora Carmen. Extraordinaria con sus cambios de tono y muy compenetrada con Verònica Andrés, con quien trabajó en Familia normal de Núria Vizcarro, en la escena de la limusina. Misó en su línea y con su estilo pausado y penetrante, Báguena con su imponente vocalización y movimiento, Verónica tan resuelta hasta en los momentos atropellados. Xavo Giménez ha sabido sacarles partido y ellos han respondido hasta darle una brillantez inusual al texto. Aunque a pesar de todo, no ganara Dinamarca la semifinal de la Eurocopa de fútbol que disputaba el día de su estreno. Eso sí: no le falta su referencia al Valencia Club de Fútbol. Pau de Gemma Miralles es una comedia sobre la identidad sexual y la transexualidad. Cuatro adultos plantean el dilema entre voluntad y biología, con su despliegue de reflexiones pero numerosos momentos divertidos. Es una comedia de construcción más convencional, lo cual no significa que no sea menor porque es un género muy difícil. Pero Miralles ha sabido crear un texto que no cae en lo vulgar, aunque no esconda detalles para la complacencia del público. ¿Se acuerdan de Separeu-vos junts de la misma autora con la compañía La Dependent de Alcoi en la que se integra, actúa y crea textos? Pues por el mismo camino discurre este texto, aunque está mucho más depurado. En aquella era la incidencia en una niña de la separación de sus padres y sus nuevas parejas, y aquí una distribución de personajes y tramas semejante alrededor del cambio de sexo. Sin embargo, el conflicto está tratado con mayor profundidad y el desarrollo es más coherente con el sentido dramático interno. Gemma Miralles trata con valentía un tema difícil y controvertido con mucho tacto, respeto y abogando por la libertad. Es una línea donde ofrece su mejor teatro; un modelo digerible para el gran público porque toca temas de actualidad con toques humorísticos pero sin desvirtuar el conflicto de su problemática, como los asuntos matrimoniales con la intervención de terceros, las nuevas parejas, que dan mucho juego a cada secuencia. Muy adecuadas las interpretaciones. Jordi Ballester, deportista, y la propia Miralles, abogada, pareja separada, dan una buena dimensión a sus personajes, con sus diferencias enormes, aunque a lo mejor no eran tantas, o sí. No es menor el trabajo de Yolanda Muñoz, conviviente con aquel, y Vicent Pastor. Ella una auténtica hippie con técnicas y tratamientos hindúes, vida espiritual y sustancias naturales, y él un traductor alemán especializado en Derecho. Pastor está extraordinario, capaz de mantener ese acento alemán durante la lectura y con una vis cómica deliciosa. La escena de seducción de ambos es uno de los momentos grandes de la obra gracias a vis cómica sencilla en el caso de Muñoz y ansiosa en el de Pastor. Pero no debemos olvidar a Pilar Martínez. Ella es la lectora de las acotaciones, participa con sus sonrisas, sus miradas hacia otros personajes y su actitud de espectadora implicada como testigo de los acontecimientos. Aunque también, y dentro de esta personalización como subgénero de la lectura dramatizada que está incrementándose año tras año en este taller, adopta un papel importante en el desenlace al ponerse en la escena el personaje de Pau. ‘Pau’ es un buen texto. Desde el título que es el nombre del protagonista que se ve en el centro de las disputas de los adultos y que se ve fustigado por el ambiente social, escolar y familiar. Pau, como pueden saber, equivale a Pablo y a Paz en valenciano; una preciosa ambigüedad de nuestra lengua simbólica en el texto. ¿Qué será y en qué se transformará? Ahí está la clave: el rango expositivo de muchos diálogos permite entrar en el problema al espectador. Sin olvidar la excelente iluminación de Kique Ferrer, sobre todo la que acompaña la estatua hermafrodita que preside la representación. Una comedia que, sin frivolizar la trascendencia del problema, lo convierte en próximo incluso a quien es ajeno a él. Muy en la línea de las comedias de la autora. En la segunda semana, el miércoles 14 de julio, subió a las tablas Com l’amor dels llops pels corders de la alicantina Guadalupe Sáez, con dirección de Jaume Pérez Roldán. Se trata de un texto con una trama muy tenue, sin una intriga de acción y centrada en las relaciones de tres personajes, el hombre, la madre y la abuela. Todo sucede en el piso catorce de una torre de apartamentos del Parque Natural de El Saler con vistas a la playa y a un bosque de pinos. La soledad del invierno flota en un espacio sonoro sigiloso de pájaros. Una mujer mira por la ventana: hacía tiempo que no volvía a la casa construida en medio de una ruta migratoria de aves, lo cual provoca que un morito común, un picatort, especie no autóctona pero vista últimamente en la Albufera de Valencia, se estrelle contra el cristal del apartamento, cuando los tres se han reunido. También hay un personaje ausente, Júlia, la hija, que provocará el nerviosismo en determinadas secuencias ejemplo de un gran manejo textual de la tensión; es una pieza clave en el desarrollo. La escenografía preparada es muy destacable. Torres de ladrillos simbólicas de los edificios de El Saler que aprovecharán los actores para sentarse, y pequeñas luces que provocan una sensación de ámbar diáfano en las tablas. Allí el conflicto se establece entre los tres: existe un pasado y un presente consecuencia de él mientras la madre intenta vender un paradigma turístico a unos inversores como espacio protegido por la UNESCO. El texto ofrece largos monólogos, figuraciones de conversaciones telefónicas de la madre, y va caminando hacia diálogos intensos en la segunda mitad. La frialdad cunde en el ambiente de unos seres a veces extraños que no siempre han conseguido sus deseos. Una madre sumida en el fracaso, y un hombre y una mujer con un pasado oculto y secreto. Ecología, maternidad y descreimiento se encuentran en el substrato de una creación que convendrá leer con detenimiento. Pilar Almeria como abuela, Enric Juezas como hombre y Cristina Fernández Pintado como madre, transmiten en todo momentos las sensaciones pretendidas por el texto, con momentos muy brillantes de tres actores con una solvencia envidiable. Hay que advertir que es necesario dejarse llevar por la corriente de las palabras de los personajes para entrar en una historia aparentemente simple pero con una construcción en alternancia de escenas bien creada a pesar de su dificultad. Sus pequeñas historias van interesando a medida que discurre la representación. Parece que nunca pasa nada aunque la realidad es que sí hay una intriga interna a la que es necesario subir. La cuarta obra que cerró el ciclo de este año fue Marjal de Paco Romeu, autor de magníficos textos aún no llevados a la escena como Piel de cebolla, Play y Uns altres temps. Marjal completa una trilogía con estas dos últimas obras, de difíciles puestas en escena para las que hace falta una gran dirección. Y ahí está la clave del éxito de su lectura dramatizada: en la excelente dirección de Xavi Puchades. Conjuntado con el texto, ha sabido exponer al espectador los momentos de extrañeza de una obra donde todo puede ser verdad o mentira. Pocos directores valencianos hay mejores que él para desarrollar un texto con tanta fuerza dramática desde la “realidad irreal”. Porque en todo momento maneja la ambigüedad de los acontecimientos de un texto que plantea la incógnita entre lo posible y lo imposible, el autoengaño y la realidad, la verdad y la mentira, la trampa de lo tangible y lo fantástico. El ambiente de suspense es extraordinario y muy bien desarrollado en los diálogos y en los enfrentamientos entre los personajes. La frase que rubrica el trabajo pronunciada por el personaje de Bala interpretado por Mireia Pérez es significativa: “Ahora les voy a contar la verdad”. Ahí finaliza. Romeu se inspira en una pequeña noticia real: una mujer y un hombre con orden de alejamiento se citan para pasar una noche juntos. Una pequeña referencia desató su inspiración creativa para el despliegue de la historia del encuentro de una mujer con su pareja a la que ha denunciado. Él tiene una orden de alejamiento y siente que le pueden detener. Bala y Turbo, que así se llaman –qué curiosos sus apodos relacionados con la velocidad–, se encuentran en un espacio alejado de núcleos urbanos: un marjal donde ensayan, ya que ambos formaban un grupo musical de rock junto a una batería. La acción se ubica el 27 de octubre de 2013, el día de fallecimiento de Lou Reed practicando tai-chi en su hogar de East Hampton, cuyo recuerdo no es casual porque sus letras son desasosegantes como la obra. Los acordes de bajo de su tema “Sweet Jane” no son aleatorios: son un golpe para Bala. Este simple trazo argumental da versiones posibles y contrarias de los sucesos en escenas solapadas, con cambio de papeles incluso para jugar con lo verosímil. La aparición de una amiga, Diana, provocará el giro del argumento: es más que una amiga, ¿solo eso? Una voz confidente pero tampoco reveladora de la verdad: ayudará al aumento del suspense, al relleno de datos y a la fragmentación mayor de la historia. Pero sí hay una cuestión evidente: la dureza del fin del amor. Después lo que ocurrió ya es cuestión de lo que prefiera cada espectador. Porque estamos ante una obra hiperreal, contranaturalista, sin resolución y alejada de estereotipos. Cualquier persona, sea hombre o mujer, elige entre varias opciones en un caso semejante, y eso es con lo que juega Romeu, que consigue desde el enigma la credibilidad dramática sin revelar lo veraz: incluso recurre a la solución del tiempo en progresión para volver atrás a la búsqueda del reinicio de la historia. Una puesta en escena extraordinaria pone el campo preciso a la historia. La iluminación de Ramón Jiménez es prodigiosa, alcanzando tonos entre la oscuridad asombrosos para la ambientación nocturna. Y la música en vivo, con esa canción de amor ausente que compone Bala en esa madrugada. No creo que haya hasta la fecha ninguna lectura dramatizada con guitarra, bajo y batería interpretadas en vivo (al menos en el entorno cercano). Pero lo cierto es que entusiasma este recurso sobre el que se sostiene estéticamente Marjal y que permite que los libretos en los atriles se confundan con partituras. Porque las interpretaciones realmente parecen de representación más que de lectura. Carmen Díaz (Diana), siempre potente a la batería en todas sus colaboraciones, aquí consigue demostrar lo bien que toca cuando se adecua a la canción de Mireia Pérez y sustituye el golpeo sucio de su entrada por la sensibilidad acariciante de la baqueta. Su actuación es magnífica e interpreta sin libreto. De Mireia Pérez qué podemos decir: que siempre nos convence y que con la guitarra está en mundo supremo. Transmite la sensación de ocultar tanto la verdad como la mentira, con leves cambios de registro apenas perceptibles. Nunca consigue levantar una sospecha sobre la veracidad de algún detalle: mantiene el difícil equilibrio entre verdad y mentira. Desde una naturalidad necesaria pero sin restarle potencia a su inolvidable personaje de Bala. Muy bien Antonio Lafuente, que lo tiene difícil porque en principio es el personaje antipático, el malo de la película, pero poco a poco observamos que no todo es lo que parece, o sí lo es. No es fácil dar credibilidad a Turbo manteniendo la incertidumbre. Violento es pero no se sabe hasta dónde. Paco Romeu debería ser más representado. Es un autor que sabe escribir teatro como pocos en estas tierras. Sus libretos exigen grandes direcciones como la de Xavi Puchades en ‘Marjal’. Esperemos que esta lectura sirva para reconocerlo. O para estrenarla sin libretos (casi no hacían falta en el estreno) y con el mismo equipo. Porque es uno de los mejores trabajos que se podrían ver. Ha sido la única obra de esta edición del laboratorio sin personaje lector de las acotaciones porque son intrínsecas al argumento. Una edición tan estupenda como las anteriores. Con ese trabajo colectivo que da empaque y visiones diferentes a las obras. Insula Dramataria es necesario y una gran iniciativa el superarse año tras año. Pone en valor al texto y a la autoría, sin dejar de lado que el teatro existe por un trabajo global de individualidades por una causa común. Sin un buen texto, o guion en otras disciplinas, no hay teatro: habrá espectáculos pero nunca una construcción representada en carne y hueso de una ficción consistente, generalmente narrativa, aunque se base en la improvisación. De este laboratorio siempre han salido buenas obras y esperamos con ansiedad su publicación, un gran acierto. Larga vida a “Insula Dramataria Josep Lluís Sirera”, a quien seguimos recordando y reconociendo como el maestro. Su espíritu está presente en este ciclo. Él creía en el teatro como ceremonia de comunión de creadores y espectadores y así debería ser siempre. Porque el engranaje dramático parte de un autor y para llegar a un receptor hacen falta profesionales con capacidad de comunicación, no solo transcriptores de un texto sino colaboradores en su engrandecimiento. Sin autor y público tampoco hay teatro. FICHAS TÉCNICAS Y ARTÍSTICAS Coordinador del laboratorio: Paco Zarzoso. Tutoría externa: Denise Despeyroux. Diseño gráfico e ilustraciones: Jaume Marco y Ana Soler. Las danesas Texto y dirección: Xavo Giménez. Reparto: Verònica Andrés, Álvaro Báguena, Amparo Fernández, Toni Misó, Laura Pellicer. Diseño de iluminación: Miguel Llop. Pau Texto: Gemma Miralles. Dirección: Pepa Miralles. Reparto: Jordi Ballester, Pilar Martínez, Gemma Miralles, Iolanda Muñoz, Vicent Pastor. Diseño de iluminación: Kique Ferrer. Com l’amor dels llops pels corders Texto: Guadalupe Sáez. Dirección: Jaume Pérez Roldán. Intérpretes: Pilar Almería, Cristina Fernández Pintado y Enric Juezas. Diseño de Iluminación: Ximo Díaz. Marjal Texto: Paco Romeu. Dirección: Xavi Puchades. Intérpretes: Mireia Pérez, Antonio Lafuente, Carmen Díaz. Diseño de iluminación: Ramón Jiménez.

Gemma Miralles trata con valentía un tema difícil y controvertido con mucho tacto, respeto y abogando por la libertad. Es una línea donde ofrece su mejor teatro; un modelo digerible para el gran público porque toca temas de actualidad con toques humorísticos pero sin desvirtuar el conflicto de su problemática, como los asuntos matrimoniales con la intervención de terceros, las nuevas parejas, que dan mucho juego a cada secuencia.

Muy adecuadas las interpretaciones. Jordi Ballester, deportista, y la propia Miralles, abogada, pareja separada, dan una buena dimensión a sus personajes, con sus diferencias enormes, aunque a lo mejor no eran tantas, o sí. No es menor el trabajo de Yolanda Muñoz, conviviente con aquel, y Vicent Pastor. Ella una auténtica hippie con técnicas y tratamientos hindúes, vida espiritual y sustancias naturales, y él un traductor alemán especializado en Derecho. Pastor está extraordinario, capaz de mantener ese acento alemán durante la lectura y con una vis cómica deliciosa. La escena de seducción de ambos es uno de los momentos grandes de la obra gracias a vis cómica sencilla en el caso de Muñoz y ansiosa en el de Pastor.

Pero no debemos olvidar a Pilar Martínez. Ella es la lectora de las acotaciones, participa con sus sonrisas, sus miradas hacia otros personajes y su actitud de espectadora implicada como testigo de los acontecimientos. Aunque también, y dentro de esta personalización como subgénero de la lectura dramatizada que está incrementándose año tras año en este taller, adopta un papel importante en el desenlace al ponerse en la escena el personaje de Pau.

‘Pau’ es un buen texto. Desde el título que es el nombre del protagonista que se ve en el centro de las disputas de los adultos y que se ve fustigado por el ambiente social, escolar y familiar. Pau, como pueden saber, equivale a Pablo y a Paz en valenciano; una preciosa ambigüedad de nuestra lengua simbólica en el texto. ¿Qué será y en qué se transformará? Ahí está la clave: el rango expositivo de muchos diálogos permite entrar en el problema al espectador. Sin olvidar la excelente iluminación de Kique Ferrer, sobre todo la que acompaña la estatua hermafrodita que preside la representación. Una comedia que, sin frivolizar la trascendencia  del problema, lo convierte en próximo incluso a quien es ajeno a él. Muy en la línea de las comedias de la autora.

INSULA DRAMATARIA foto de Vicente A. Jiménez

En la segunda semana, el miércoles 14 de julio, subió a las tablas Com l’amor dels llops pels corders de la alicantina Guadalupe Sáez, con dirección de Jaume Pérez Roldán. Se trata de un texto con una trama muy tenue, sin una intriga de acción y centrada en las relaciones de tres personajes, el hombre, la madre y la abuela.

Todo sucede en el piso catorce de una torre de apartamentos del Parque Natural de El Saler con vistas a la playa y a un bosque de pinos. La soledad del invierno flota en un espacio sonoro sigiloso de pájaros. Una mujer mira por la ventana: hacía tiempo que no volvía a la casa construida en medio de una ruta migratoria de aves, lo cual provoca que un morito común, un picatort, especie no autóctona pero vista últimamente en la Albufera de Valencia, se estrelle contra el cristal del apartamento, cuando los tres se han reunido. También hay un personaje ausente, Júlia, la hija, que provocará el nerviosismo en determinadas secuencias ejemplo de un gran manejo textual de la tensión; es una pieza clave en el desarrollo.

La escenografía preparada es muy destacable. Torres de ladrillos simbólicas de los edificios de El Saler que aprovecharán los actores para sentarse, y pequeñas luces que provocan una sensación de ámbar diáfano en las tablas. Allí el conflicto se establece entre los tres: existe un pasado y un presente consecuencia de él mientras la madre intenta vender un paradigma turístico a unos inversores como espacio protegido por la UNESCO. El texto ofrece largos monólogos, figuraciones de conversaciones telefónicas de la madre, y va caminando hacia diálogos intensos en la segunda mitad. La frialdad cunde en el ambiente de unos seres a veces extraños que no siempre han conseguido sus deseos. Una madre sumida en el fracaso, y un hombre y una mujer con un pasado oculto y secreto.

Ecología, maternidad y descreimiento se encuentran en el substrato de una creación que convendrá leer con detenimiento. Pilar Almeria como abuela, Enric Juezas como hombre y Cristina Fernández Pintado como madre, transmiten en todo momentos las sensaciones pretendidas por el texto, con momentos muy brillantes de tres actores con una solvencia envidiable. Hay que advertir que es necesario dejarse llevar por la corriente de las palabras de los personajes para entrar en una historia aparentemente simple pero con una construcción en alternancia de escenas bien creada a pesar de su dificultad. Sus pequeñas historias van interesando a medida que discurre la representación. Parece que nunca pasa nada aunque la realidad es que sí hay una intriga interna a la que es necesario subir.

La cuarta obra que cerró el ciclo de este año fue Marjal de Paco Romeu, autor de magníficos textos aún no llevados a la escena como Piel de cebolla, Play y Uns altres temps. Marjal completa una trilogía con estas dos últimas obras, de difíciles puestas en escena para las que hace falta una gran dirección.

Y ahí está la clave del éxito de su lectura dramatizada: en la excelente dirección de Xavi Puchades. Conjuntado con el texto, ha sabido exponer al espectador los momentos de extrañeza de una obra donde todo puede ser verdad o mentira. Pocos directores valencianos hay mejores que él para desarrollar un texto con tanta fuerza dramática desde la “realidad irreal”. Porque en todo momento maneja la ambigüedad de los acontecimientos de un texto que plantea la incógnita entre lo posible y lo imposible, el autoengaño y la realidad, la verdad y la mentira, la trampa de lo tangible y lo fantástico. El ambiente de suspense es extraordinario y muy bien desarrollado en los diálogos y en los enfrentamientos entre los personajes. La frase que rubrica el trabajo pronunciada por el personaje de Bala interpretado por Mireia Pérez es significativa: “Ahora les voy a contar la verdad”. Ahí finaliza.

Romeu se inspira en una pequeña noticia real: una mujer y un hombre con orden de alejamiento se citan para pasar una noche juntos. Una pequeña referencia desató su inspiración creativa para el despliegue de la historia del encuentro de una mujer con su pareja a la que ha denunciado. Él tiene una orden de alejamiento y siente que le pueden detener. Bala y Turbo, que así se llaman –qué curiosos sus apodos relacionados con la velocidad–, se encuentran en un espacio alejado de núcleos urbanos: un marjal donde ensayan, ya que ambos formaban un grupo musical de rock junto a una batería. La acción se ubica el 27 de octubre de 2013, el día de fallecimiento de Lou Reed practicando tai-chi en su hogar de East Hampton, cuyo recuerdo no es casual porque sus letras son desasosegantes como la obra. Los acordes de bajo de su tema “Sweet Jane” no son aleatorios: son un golpe para Bala.

Este simple trazo argumental da versiones posibles y contrarias de los sucesos en escenas solapadas, con cambio de papeles incluso para jugar con lo verosímil. La aparición de una amiga, Diana, provocará el giro del argumento: es más que una amiga, ¿solo eso?  Una voz confidente pero tampoco reveladora  de la verdad: ayudará al aumento del suspense, al relleno de datos y a la fragmentación mayor de la historia.

INSULA DRAMATARIA foto de Vicente A. Jiménez

Pero sí hay una cuestión evidente: la dureza del fin del amor. Después  lo que ocurrió ya es cuestión de lo que prefiera cada espectador. Porque estamos ante una obra hiperreal, contranaturalista, sin resolución y alejada de estereotipos. Cualquier persona, sea hombre o mujer, elige entre varias opciones en un caso semejante, y eso es con lo que juega Romeu, que consigue desde el enigma la credibilidad dramática sin revelar lo veraz: incluso recurre a la solución del tiempo en progresión para volver atrás a la búsqueda del reinicio de la historia.

Una puesta en escena extraordinaria pone el campo preciso a la historia. La iluminación de Ramón Jiménez es prodigiosa, alcanzando tonos entre la oscuridad asombrosos para la ambientación nocturna. Y la música en vivo, con esa canción de amor ausente que compone Bala en esa madrugada. No creo que haya hasta la fecha ninguna lectura dramatizada con guitarra, bajo y batería interpretadas en vivo (al menos en el entorno cercano). Pero lo cierto es que entusiasma este recurso sobre el que se sostiene estéticamente Marjal y que permite que los libretos en los atriles se confundan con partituras. Porque las interpretaciones realmente parecen de representación más que de lectura.

Carmen Díaz (Diana), siempre potente a la batería en todas sus colaboraciones, aquí consigue demostrar lo bien que toca cuando se adecua a la canción de Mireia Pérez y  sustituye el golpeo sucio de su entrada por la sensibilidad acariciante de la baqueta. Su actuación es magnífica e interpreta sin libreto. De Mireia Pérez qué podemos decir: que siempre nos  convence y que con la guitarra está en mundo supremo. Transmite la sensación de ocultar tanto la verdad como la mentira, con leves cambios de registro apenas perceptibles. Nunca consigue levantar una sospecha sobre la veracidad de algún detalle: mantiene el difícil equilibrio entre verdad y mentira. Desde una naturalidad necesaria pero sin restarle potencia a su inolvidable personaje de Bala. Muy bien Antonio Lafuente, que lo tiene difícil porque en principio es el personaje antipático, el malo de la película, pero poco a poco observamos que no todo es lo que parece, o sí lo es. No es fácil dar credibilidad a Turbo manteniendo la incertidumbre. Violento es pero no se sabe hasta dónde.

Paco Romeu debería ser más representado. Es un autor que sabe escribir teatro como pocos en estas tierras. Sus libretos exigen grandes direcciones como la de Xavi Puchades en ‘Marjal’. Esperemos que esta lectura sirva para reconocerlo. O para estrenarla sin libretos (casi no hacían falta en el estreno) y con el mismo equipo. Porque es uno de los mejores trabajos que se podrían ver. Ha sido la única obra de esta edición del laboratorio sin personaje lector de las acotaciones porque son intrínsecas al argumento.

Una edición tan estupenda como las anteriores. Con ese trabajo colectivo que da empaque y visiones diferentes a las obras. Insula Dramataria es necesario y una gran iniciativa el superarse año tras año. Pone en valor al texto y a la autoría, sin dejar de lado que el teatro existe por un trabajo global de individualidades por una causa común. Sin un buen texto, o guion en otras disciplinas, no hay teatro: habrá espectáculos pero nunca una construcción representada en carne y hueso de una ficción consistente, generalmente narrativa, aunque se base en la improvisación. De este laboratorio siempre han salido buenas obras y esperamos con ansiedad su publicación, un gran acierto. Larga vida a “Insula Dramataria Josep Lluís Sirera”, a quien seguimos recordando y reconociendo como el maestro. Su espíritu está presente en este ciclo. Él creía en el teatro como ceremonia de comunión de creadores y espectadores y así debería ser siempre. Porque el engranaje dramático parte de un autor y para llegar a un receptor hacen falta profesionales con capacidad de comunicación, no solo  transcriptores de un texto sino colaboradores en su engrandecimiento. Sin autor y público tampoco hay teatro.

INSULA DRAMATARIA foto de Jose A. Jiménez

FICHAS TÉCNICAS Y ARTÍSTICAS

Coordinador del laboratorio: Paco Zarzoso. Tutoría externa: Denise Despeyroux. Diseño gráfico e ilustraciones: Jaume Marco y Ana Soler.

Las danesas

Texto y dirección: Xavo Giménez. Reparto: Verònica Andrés, Álvaro Báguena, Amparo Fernández, Toni Misó, Laura Pellicer. Diseño de iluminación: Miguel Llop.

Pau

Texto: Gemma Miralles. Dirección: Pepa Miralles. Reparto: Jordi Ballester, Pilar Martínez, Gemma Miralles, Iolanda Muñoz, Vicent Pastor. Diseño de iluminación: Kique Ferrer.

Com l’amor dels llops pels corders

Texto: Guadalupe Sáez. Dirección: Jaume Pérez Roldán. Intérpretes: Pilar Almería, Cristina Fernández Pintado y Enric Juezas. Diseño de Iluminación: Ximo Díaz.

Marjal

Texto: Paco Romeu. Dirección: Xavi Puchades. Intérpretes: Mireia Pérez, Antonio Lafuente, Carmen Díaz. Diseño de iluminación: Ramón Jiménez.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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