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El rastre d'aquella nit, foto José Marín @Mementonet Mementomedia

El Rastre d’Aquella Nit DE TEATRO DE LO INESTABLE

Compañía: Teatro de lo inestable. Espacio escénico: Espacio inestable (València). Fecha de la representación: 13  de junio de  2021. Fecha de la crítica: 20 de junio de 2021.

Cuando el conflicto nos corroe las entrañas, hay quien se lanza a una fuga ciega como única salida para ensordecer los bramidos que le invaden. Una evasión desquiciada, agotadora; una evasión que promete victoria, destinos felices en la línea de meta. Escapamos del horror externo, pero también de los horrores que albergamos; huimos de los otros o de nosotros mismos. Huimos de las discusiones y las rutinas, de unos que ya no somos nosotros, de una vida que ya no es la nuestra, de un amor y un espejo en los que ya no nos reconocemos. Y en ocasiones la huida no cristaliza en solución al conflicto, sino en una carrera incesante hacia las costas escarpadas de nuestros propios abismos interiores.

El rastre d'aquella nit, foto José Marín @Mementonet Mementomedia

En esa fuga encontramos a los protagonistas de El Rastre d’Aquella Nit, el nuevo, sugestivo y evocador montaje de Teatro de lo Inestable (y ya van 28) que se estrenó el pasado 11 de junio en la Sala Inestable. Con Jacobo Pallarés a los mandos de la dramaturgia y la dirección, la pieza continúa la senda marcada por L’Aniversari y Family(es). Una trilogía entrelazada por el juego audiovisual, el uso de la casa como referencia vital y el desarrollo de un texto que exuda lirismo.

Los sucesos traumáticos (y desconocidos) que sucedieron una noche toman los ropajes del McGuffin y marcan el punto de inflexión para la huida de una pareja, interpretada por Alejandra Mandli y Juan Andrés González. Recorren agitados el camino hacia el Norte, concebido aquí en la dicotomía que otorga a las coordenadas septentrionales todas las virtudes supuestamente civilizatorias, frente a un Sur salvaje, violento, pobre, irrespirable. Y no van a un Norte cualquiera, sino al Norte del Norte. O lo que es lo mismo, a las islas del archipiélago de Lofoten en Noruega. Un ecosistema de auroras boreales situado en la provincia de Nordland, cerca del círculo polar ártico. Su rumbo tiene un objetivo de sonoridades tan vehementes como Vestvågøy, Flakstadøya, Røst o Austvågøy. El borde de los mapas, allí hallaremos respuesta a los gritos y las brechas.

El rastre d'aquella nit, foto José Marín @Mementonet Mementomedia

Pero ese Norte geográfico, existencial y moral no acaba de llegar. Se erige así como un reverso tenebroso de la sentencia de Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. El Norte como promesa, pero también como chantaje emocional para mantenerse en movimiento hasta desfallecer.

En esa marcha hacia un horizonte idealizado, van narrando episodios de pasado y presente a través de un conjunto de delicadas maquetas a cargo de Los Reyes del Mambo. Islas volantes en miniatura plagadas de abetos, nieve, alces e individuos de tallas que forman un juego a turnos nostálgico, dulce y evocador; a turnos perturbador, tétrico e inquietante. Un relato que hilvanan cámara en mano, pues los bellos y cuidadísimos elementos audiovisuales no son en este escenario una pincelada anecdótica, sino que su lenguaje se integra en una dramaturgia fascinante con vocación poética y plástica.

El consorte masculino azuza, paternalista, a su pareja para que siga andando, para que alcance un quilómetro más un horizonte más. Minimiza sus respuestas, ataja sus palabras. Ella, mientras, trata de reencontrarse con sus propios recuerdos, con una memoria borrada, perdida. Una búsqueda que la deja sin aliento y en la que brotan ecos de un belicismo que lo arrasa todo a su paso. De su garganta surgen destellos de bombas que destrozan almas, que dinamitan el hoy y el mañana, que hacen añicos los porvenires ideados en paseos y cocinas. Ante el precipicio y el vértigo, los interrogantes y los fundidos a negro.

El rastre d'aquella nit, foto José Marín @Mementonet Mementomedia

Como explican los responsables de la producción, en El Rastre d’Aquella Nit los personajes “echan la vista atrás, adelante y sobre sí mismos para llevarnos de la mano a través de las posibilidades de la Historia. Nos ofrecen dos visiones diferentes sobre los estragos del progreso y la modernidad”.

Y es que, no son los pies de esta mujer los que eligen los caminos recorridos, ni sus manos las que trazan rutas en los mapas. De hecho, ella clama por un momento de descanso, de reflexión para evitar repetir errores, para no caer en los mismos fallos que nos conducen al dolor una y otra vez. Pero no, no hay clemencia para sus deseos, la marcha debe proseguir.

Durante su periplo, nuestra coprotagonista es conducida, impulsada, a veces arrastrada por su compañero, quizás su verdugo. Porque embarcada en una huida que ella ni guía ni lidera, su amante va desvelándose también como el causante de su desgracia. No en vano, históricamente las violencias y la brutalidad se han erigido en quintaesencia de los valores venerados como idealmente masculinos. Toneladas de odas a la guerra y el vigor del guerrero lo demuestran. En las bambalinas de esta propuesta potente, hipnótica y desgarradora, la soberbia patriarcal se traduce en traición y mentira, en el control de una sociedad amordazada que ansía la emancipación. ¿De qué sirve huir del infierno cuando va contigo a cada paso del camino, cuando es tu conviviente quien lo provoca, lo azuza, lo siembra?

El rastre d'aquella nit, foto José Marín @Mementonet Mementomedia

En ese sentido, este montaje mantiene el discurso de L’Aniversari, en la que se retrataba al hombre occidental “como el monstruo, como la carcoma que acaba con todo a su paso”, explica en Teatro de Lo Inestable. De hecho, el propio Pallarés destaca que la pieza refleja “su determinismo trágico, al amparo de las tragedias griegas, que nada puede cambiar, que el destino está escrito, que somos lo que somos, que el hombre es un lobo para el hombre”. En este caso, un hombre que sabotea los mapas de la memoria, truca las brújulas internas y aboca a recorrer de nuevo itinerarios (auto)destructivos.

FICHA TÉCNICA

CREACIÓ I DIRECCIÓ Jacobo Pallarés DRAMATÚRGIA I VERSIÓ Maribel Bayona, Juan Andrés González i Jacobo Pallarés AJUDANTIA DE DIRECCIÓ Maribel Bayona TEXT ORIGINAL “de quan érem bons” de Jacobo Pallarés INTÈRPRETS Juan Andrés González, Alejandra Mandli, Cristina Granados, Andreas Eilertsen DISSENY I REALITZACIÓ D’ESCENOGRAFIA I OBJECTES Los reyes del mambo DISSENY AUDIOVISUAL Beatriz Herráez ANIMACIÓ María Pulido i Camilo Cogua MÚSICA Juan Andrés González i Andreas Eilertsen EFECTES SONORS Manolo Matoses PRODUCCIÓ I COMUNICACIÓ César Buitrago, Mar Riera, Marta Rubio, Paula Rausell, Gloria Pitarch DISSENY IL·LUMINACIÓ Mireia Parreño TRADUCCIÓ Manolo Matoses i Juan Andrés González

Perfil del autor
Lucía Márquez

Lucía Márquez (València, 1988) es licenciada en Periodismo por la Universitat de València y máster en Comunicación y Problemas Socioculturales por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Actualmente, ejerce como colaboradora en distintos medios de comunicación como Valencia Plaza, Lletraferit o la revista Plaza. También ha publicado artículos en Ferida, Red Escénica (a cuyo consejo de redacción pertenece), CTXT, Café Babel, RNW, L’Informatiu o Journal Europa, entre otros. Durante 5 años, publicó una columna de opinión en el Diario Información en la que abordaba cuestiones de política social, cultura y juventud. En el plano audiovisual, ha participado en programas tanto de Levante TV como de la emisora 97.7. Por otro lado, es responsable de comunicación de la Fundació Full y la Associació d'Editors del País Valencià (AEPV). Además, ha formado parte del equipo de comunicación en eventos culturales como el Festival 10 Sentidos, la Fira del Llibre de València, el Low Festival o el Festival Photon. Especializada en el ámbito de la comunicación sociocultural, está realizando su tesis doctoral sobre la precariedad y los nuevos discursos sociales en torno al trabajo dentro del programa de Comunicación e Interculturalidad de la Universitat de València.

Lucía Márquez (València, 1988) es licenciada en Periodismo por la Universitat de València y máster en Comunicación y Problemas Socioculturales por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Actualmente, ejerce como colaboradora en distintos medios de comunicación como Valencia Plaza, Lletraferit o la revista Plaza. También ha publicado artículos en Ferida, Red Escénica (a cuyo consejo de redacción pertenece), CTXT, Café Babel, RNW, L’Informatiu o Journal Europa, entre otros. Durante 5 años, publicó una columna de opinión en el Diario Información en la que abordaba cuestiones de política social, cultura y juventud. En el plano audiovisual, ha participado en programas tanto de Levante TV como de la emisora 97.7. Por otro lado, es responsable de comunicación de la Fundació Full y la Associació d'Editors del País Valencià (AEPV). Además, ha formado parte del equipo de comunicación en eventos culturales como el Festival 10 Sentidos, la Fira del Llibre de València, el Low Festival o el Festival Photon. Especializada en el ámbito de la comunicación sociocultural, está realizando su tesis doctoral sobre la precariedad y los nuevos discursos sociales en torno al trabajo dentro del programa de Comunicación e Interculturalidad de la Universitat de València.

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