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DOSIS DEL PARAISO, FOTO DE: KINERAMA

FESTIVAL MADRID EN DANZA: DOSIS DE PARAISO, DE Sharon Fridman

Dosis de Paraíso

Tu abrazo, mi paraíso de luz

28 de mayo de 2021.Teatros del Canal (Madrid). Festival Madrid en Danza, 7 de abril al 30 de mayo de 2021.

La energía nace del abrazo, uno que late en dinámicas alterables, reiteradas para aferrarse al querer que sustenta las relaciones de pareja. Es un abrazo cómplice, que busca en el calor de la hoguera el hogar en el que abandonarse a la protección, que en el desenfreno del amar traspasa la ternura transformando la pasión en violencia, pues la devoción en exceso confunde los límites del deseo. Los corazones se acompasan en la unión adherida a su rostro, a sus brazos y a su torso, en un desplazamiento que conserva el punto de agarre con el suelo. La envoltura de otro cuerpo sobre el propio se vuelve el leitmotiv al que se aferrarán los amantes protagonistas en el discurrir de Dosis de Paraíso. Así se presentan hombre y mujer, sin roles agenciados por un estereotipo social, acompasando sus corazones en un bombeo mayor que tiene una representación encarnada en el músico que controla el paisaje sonoro, en ocasiones oculto en sombras, pero centelleando con la tonalidad escarlata de su traje la fuerza ardiente de la seducción.

DOSIS DEL PARAISO, FOTO DE: KINERAMA

Sharon Fridman investiga sobre una conexión limpia de atribuciones, sirviéndose de las posibilidades creativas de una imagen de luz que es quien de alterar cómo se exteriorizan los movimientos de los bailarines, tanto en su forma como en lo que expresan tras los contornos. El resplandor de los focos tiene su propio tempo equilibrado en la intimidad de una escena que utiliza el recurso del humo para componer la irrealidad de una fantasía que no es tan ficticia, aunque pertenezca a lo “inexistente”. El espacio escénico, diseñado conjuntamente por Fridman y Ofer Smilansky, hace redonda la dramaturgia emocional en la que nace la coreografía.

El ritmo de los destellos lumínicos, percute formas al unísono con los acentos musicales, en una atmósfera compacta que hace cuerpo la apariencia efímera de lo no material. Los espacios transitables se multiplican ante la posibilidad de deconstruir la superficie danzante y de hacer virar de lugar el plano en el que se sitúa a las extremidades, porque la multiplicación de la dimensión interfiere en la percepción de lo real, de lo subjetivo o de lo imaginado. La luz conquista el cuerpo, despedazando la fluidez, vibrando en el ralentí de la escucha del otro o ensanchando la inhalación, en un no-lugar atemporal. Y esta ausencia de contexto no impide caminar por los tiempos vitales de las relaciones humanas, gracias a la energía emocional que está entre las repeticiones coreográficas. Sin duda, la labor interpretativa de Melania Olcina y Arthur Bernard Bazin logra hacer de lo ya narrado la poética inédita que resguarda en el inconsciente algo conocido, sentido en el goce o en el padecer, siempre puro en la exhalación respirada. Esta pluralidad de lugares hace a los presentes testigos de las distintas etapas a los que se enfrenta una relación de amor. Hay espacio para la soledad, pero en el distanciamiento subyace la adherencia al otro, no como dependencia nociva, sino como instante que paladea la experiencia del yo desde el nosotros. La caída se estabiliza en otro cuerpo que busca ser sostén sin perder la autonomía, no en vano el coreógrafo califica su técnica INA, como “el sentido de mi equilibrio”. A partir del contacto con otra piel que es también aire humeante, se entrelazan y se desenredan lo que él mismo define como “nudos corporales”, alojados en el subconsciente, pero hechos materia en la expresión danzada.

DOSIS DEL PARAISO, FOTO DE: KINERAMA

Por otra parte, las telas modifican su propia figura, son más que trajes trazados por la confección artística de Mizo, son piezas significantes capaces de completar el discurso que no deja de presentarse al espectador. La seda amarilla del vestido, sol radiante que capta luz, deja ver también formas de hombre, es el manto en el que ampararse, en el que hallar refugio, en el que sentirse “una” y sobre todo, en el que mimetizarse con la esencia de ser mujer. En el juego lascivo de la intimidad, los ropajes son también arma que se arrojan frente a frente, en una disputa entre iguales. El mismo tejido es la expulsión de la placenta en un parto que no permite ejercer la maternidad, no por pérdida, sino porque es la emoción culmen del nacimiento a la manera de la catarsis griega, la que quieren compartir.

La píldora que alimenta el jardín de las delicias ha sido ese abrazo, que termina anclándose con todas las extremidades en un espacio acotado por tubos fluorescentes de luz blanca. Los mismos que ella coloca creando vértices alrededor de su fisonomía, antes de aunarse a su cuerpo, como si fueran estoques que atraviesan su corazón. Los mismos que Ofer Smilanksy reubica enmarcando a la pareja en ese cuadrado que tiene en la plenitud nívea de la luminiscencia, la calma en paz de quien se permite conocer-se. Los portés encadenados en una unidad dual, sin género dominante, sin hombre que tenga que sostener cuerpo de mujer, son muestra del poder satisfactorio de haberse dejado iluminar por el rayo del amor. El abrazo ha sido golpe, risa, sexo, caricia; se ha deformado con la tensión de dinámica variable motivada por la repetición. Su evocación no puede dejar de recordar la secuencia que Pina Bausch repite en Café Müller, sin tener Dosis de Paraíso brazos ajenos que impongan el abrazo antes de la caída. El cederse a la gravedad de Sharon Fridman no nubla su equilibrio, al contrario, genera apertura, anclaje, fuga, en una propuesta emocional vibrante que permite el sosiego en la turbulencia de las sombras.   

DOSIS DEL PARAISO, FOTO DE: KINERAMA

Dirección y coreografía: Sharon Fridman. Bailarines: Melania Olcina y Arthur Bernard Bazin. Músico en escena: Ofer Smilanksy. Asistente de dramaturgia: Antonio Ramínez-Stabivo. Música original: Idan Shimoni y Ofer Smilansky. Diseño de espacio escénico: Sharon Fridman y Ofer Smilansky. Diseño de vestuario: Mizo, by Inbal Ben Zaken. Diseño de sonido: Iñaki Ruiz Maeso. Diseño gráfico: Juan Bueno Bueno.

Perfil del autor
Cintia Borges
CRÍTICA

Graduada en Pedagogía de las Artes Visuales y la Danza (URJC), combina su actividad laboral como docente de ballet clásico, con la carrera investigadora. Es mágister en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura (UAM), universidad en la que actualmente cursa sus estudios de doctorado. Ha participado en diversos congresos nacionales e internacionales como ponente, abordando la interdisciplinariedad desde el eje de la danza; además colabora como redactora de críticas de música y de danza en la revista online Bachtrack, así como en otras publicaciones académicas a través de reseñas y artículos.

Graduada en Pedagogía de las Artes Visuales y la Danza (URJC), combina su actividad laboral como docente de ballet clásico, con la carrera investigadora. Es mágister en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura (UAM), universidad en la que actualmente cursa sus estudios de doctorado. Ha participado en diversos congresos nacionales e internacionales como ponente, abordando la interdisciplinariedad desde el eje de la danza; además colabora como redactora de críticas de música y de danza en la revista online Bachtrack, así como en otras publicaciones académicas a través de reseñas y artículos.

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