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THE TREE-Carolyn Carlson ©Frédéric Iovino

FESTIVAL MADRID EN DANZA: THE TREE de Carolyn Carlson

Al auxilio de las cenizas humanas

27 de mayo de 2021. Teatros del Canal (Madrid). Festival Madrid en Danza, 7 de abril al 30 de mayo de 2021.

El árbol de Carolyn Carlson, sin hojas que coronen su copa, erecto en la frágil robustez del tronco, se enraíza en una tierra que ha olvidado que hacer germinar la semilla, es parte de un ciclo que contempla la destrucción como camino de creación. Ese mismo árbol, canal supraterrenal para la cosmogonía, eje vital del crecimiento como lo es Yaxché en la cultura maya, da título a la pieza que cierra un ciclo sobre los poderes naturales, iniciado previamente con Eau, Pneuma y Now. Un árbol que se resiste a la calcinación del fuego, siendo este el cuarto elemento que completa esta tetralogía coreográfica, estrenada poco antes de la clausura del 36º Festival de Madrid en Danza.

THE TREE-Carolyn Carlson ©Frédéric Iovino

The Tree (Fragments of poetics on fire) recupera el pensamiento poético de la fenomenología de Gaston Bachelard, en una recreación de un lirismo danzado que apela a la construcción de los cimientos perdidos desde la inestabilidad de la imaginación. El texto Fragmentos de una poética del fuego, se utiliza como resorte por el que indagar en una espiritualidad primitiva, algo efímera, que ansía la elevación y la purificación divina como revelación esperanzadora. Su fuego, se diluye entre unas imágenes plástico-coreográficas que se suceden entre la parálisis y la fluidez, la escucha y el temblor enclaustrado, la dilación apática y la premura irracional. El ardor no quema los cuerpos de los bailarines, si acaso la incandescencia puede llegar a través de los efectos sonoros ambientales, de las melodías de cuerda o del canto humano dispuesto por Aleksi Aubry-Carlson, René Aubry, Maarja Nuut y K. Friedrich Abel.

Su humareda transgrede límites, impide la natural respiración, pero también oculta lo visible igual que hace el velo traslúcido que parece situarse en el lugar de la cuarta pared. Las llamas que podrían quemar la vibración emocional que despierta cuerpos, están difusas en ese tejido invisible, ante una ejecución hermética que no aspira al exhibicionismo de grandes destrezas técnicas. El semblante impertérrito de los bailarines se entiende si se quiere dotar a la obra de una solemnidad que haga despertar en cada individuo su propio relato, pero, con esta ausencia de expresividad, se corre el riesgo de entregar un vacío incapaz de ser llenado.

THE TREE-Carolyn Carlson ©Frédéric Iovino

La estructura dramática escogida por la artista huye de la concreción, en un interés por recrear el estado cíclico de la naturaleza. Las escenas parecen repetirse, pero en ellas se encuentra un respirar diferente, afín a aquel árbol que tras florecer deja caer sus pétalos para teñirse de verde. Estas, se demarcan por objetos que se incorporan a la acción coreográfica: el ventilador, las sillas, los troncos, la escalera, los bancos, la lechuza, el cuerno primitivo que es altavoz pero también telescopio; así como por el tránsito de bailarines que atraviesan el escenario sin mayor labor que la de hacerse presentes. Sus acciones, apelan a una lectura del fenómeno de la imagen poética, una que es movimiento, pero también pausa, que quiere fijarse en el lienzo plástico en el que se convierte el escenario. Sus secuencias coreográficas, fragmentan los tiempos que aportan ritmo al desarrollo conceptual de una pieza que muestra entidades humanas sin ahondar en su identidad. La emoción se ausenta de sus rostros en una entrega hierática del gesto, instalados en el tipo de automatismo que afecta a la integridad de su anatomía, incapaz ya de continuar mecanizando la impasibilidad de la destrucción natural. Gaston Bachelard decía: “La imagen poética nos sitúa en el origen del ser hablante”, porque su sonoridad atraviesa las capas sensibles que se ocultan en el vivir cotidiano. Unas imágenes que apelan en la obra de Carolyn Carlson a la activación de un imaginario sin grandes límites, enfocado en recuperar la consciencia hacia los enlaces cósmicos que sustentan a los seres vivos.

El ser humano ha creído tomar los hilos de esa gran marioneta que es la naturaleza, en todas sus manifestaciones, con el convencimiento de poder transformar lo inherente a la Tierra. Ha ocupado lugares transformando el ecosistema y creyendo que al sostener entre los dedos la batuta que dirige el cambio estacional, se puede librar de no acabar consumido por la lava de un volcán en ebullición. Un poder ficticio porque no hay cerco que limite el vigor de la naturaleza, a pesar de que se haga leña con el tronco caído. Aunque se encierre a las aguas en un recipiente de vidrio y se porte entre las manos una rama de olivo; incluso habiendo encerrado al fuego en un espacio de reducidas dimensiones, menguando su tamaño, o se haga burla al vigor del viento, al pretender sustituir con electricidad su movimiento.

THE TREE-Carolyn Carlson ©Frédéric Iovino

La ambientación abstracta de Gao Xingjian completa este concepto, a través de tintas chinas difuminadas, en las que se prioriza el paisaje agreste, la ladera que se deja caminar o la luna que acoge en su seno a la lechuza. Un animal que tiene cierto protagonismo en tanto tótem, ave nocturna a la que se le atribuye la sabiduría o la prosperidad, pero también la impureza, las tinieblas o la muerte. En este simbolismo, grandes sedas blancas arrastradas por el reptar de un cuerpo que es humano, pero que parece haber perdido su capacidad bípeda, contrastan con danzas rituales que claman por la fertilidad de la tierra. En general, hacia un psiquismo introspectivo que anula la razón por un despertar onírico, de gran carga simbólica. Es cierto que el fuego consume con mayor avidez cuanto más frondoso es el paisaje que se enfrenta a su calor, pero, en ocasiones, es necesario incorporar ciertos resortes que interpelen en los lugares adecuados, para que el desconocimiento de los referentes no sea una barrera en la recepción creativa.

Coreografía: Carolyn Carlson. Música: Aleksi Aubry-Carlson, René Aubry, Maarja Nuut, K. Friedrich Abel. Diseño de iluminación: Rémi Nicolas asistido por Guilaume Bonneau. Proyección escenográfica: Gao Xingjian. Accesorios: Gilles Nicolas & Jank Dage. Vestuario: Elise Dulac & Taller de Théâtre National de Chaillot.

Perfil del autor
Cintia Borges
CRÍTICA

Graduada en Pedagogía de las Artes Visuales y la Danza (URJC), combina su actividad laboral como docente de ballet clásico, con la carrera investigadora. Es mágister en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura (UAM), universidad en la que actualmente cursa sus estudios de doctorado. Ha participado en diversos congresos nacionales e internacionales como ponente, abordando la interdisciplinariedad desde el eje de la danza; además colabora como redactora de críticas de música y de danza en la revista online Bachtrack, así como en otras publicaciones académicas a través de reseñas y artículos.

Graduada en Pedagogía de las Artes Visuales y la Danza (URJC), combina su actividad laboral como docente de ballet clásico, con la carrera investigadora. Es mágister en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura (UAM), universidad en la que actualmente cursa sus estudios de doctorado. Ha participado en diversos congresos nacionales e internacionales como ponente, abordando la interdisciplinariedad desde el eje de la danza; además colabora como redactora de críticas de música y de danza en la revista online Bachtrack, así como en otras publicaciones académicas a través de reseñas y artículos.

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