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LA ZARANDA, FOTO DE: Víctor Iglesias

La batalla de los ausentes, de LA ZARANDA

Sobrevivir al olvido

Compañía: La Zaranda. Teatre El Musical (València). Fecha de representación: 1 de mayo de 2021. Fecha de la crítica: 2 de mayo de 2021.

Tan interesantes son las obras de La Zaranda, la mítica compañía jerezana con cuarenta y dos años de existencia, como los trabajos teóricos de Eusebio Calonge, el creador de sus textos y alma teórica. Entres las muchas y ciertas aseveraciones desplegadas en ellos, sobre todo en Orientaciones en el desierto, expone abiertamente que si la vida es arder en preguntas, el teatro debería ser el lugar de las respuestas, halladas no en la razón sino en la intimidad del alma humana. Pero esas respuestas deben volver a interrogarnos. Y ahí está el misterio del teatro: en su poder de resurrección de las preguntas eternas.

En ese sentido de la búsqueda de la eternidad camina el último montaje de la compañía, La batalla de los ausentes, estrenado en el Teatro Palacio Valdés de Avilés el 26 de marzo pasado, siendo su segunda visita de la gira el Teatre El Musical de València. Porque el ansia de permanecer en la memoria es un deseo humano. En el fondo, es un tema recurrente de las creaciones colectivas de la compañía aunque en ella pasa de la resistencia al ataque, según manifiesta su director, Paco de La Zaranda, porque el trío protagonista no desea escapar de nada sino sobrevivir a la muerte incluso atacando a un enemigo invisible. Esta coproducción suya con el Teatro Romea ahonda en la vida como combate de supervivencia, como aquellos ancianos escapando de la residencia en El grito en el cielo, los mendigos de Ahora todo es noche o los cómicos de El desguace de las musas, sus tres anteriores trabajos que hemos podido ver en el Teatro El Musical después de tantas décadas de ausencia en Valencia hasta 2015, aunque aquí el combate es contra el olvido social.

LA ZARANDA, FOTO DE: Víctor Iglesias

Los personajes son tres veteranos que esperan un homenaje por una batalla heroica librada en el pasado. Pero quedan esperando, como Godot, a que acuda alguien. Son derrotados que provocan la risa cariñosa y tierna en lugar de expandir la tristeza que sienten en su interior. Luchan por su dignidad, por un reconocimiento de su sacrificio en una guerra muy lejana. Siempre hay una esperanza pero como no se cumple, han de construir una realidad para sentir orgullo de sus actos. Incluso toman el poder y crean un gobierno con presidente y ministros, lo que deriva la obra también a satirizarlo y burlarse de sus modos y formas.

La Zaranda convierte en poesía la derrota en la existencia. Su lenguaje amplía el círculo de la palabra y lo transfiere a la incógnita. Lo quijotesco está presente como un continuo, la lucha por lo imposible, como en la reconstrucción de las trincheras con la que los tres veteranos reivindican la heroicidad de su batalla, unos en primera línea y otro en la retaguardia de los mandos militares. Acompañados por maniquíes inertes, incluso se reparten los ministerios de su gobierno inventado. Con ministro de finanzas para llenarse los bolsillos antes de dejar el poder, o de gobernación para condenar a la horca o con el garrote vil figurado con una aspiradora, esa muerte tan española. Y hasta con ministro de cultura, cuya ausencia y su manifestación de la burocracia existente en su ámbito provocaron el momento más delirante y los  aplausos del público, buena parte de él compuesto de profesionales valencianos del teatro.

Pero también es importante el silencio en el teatro. Y en La Zaranda más, sobre todo cuando remata cada secuencia y la transición se llena con el “Vals triste” de la Suite de Shostakovitch , una melodía significativa. ¿Qué es la vida sino un vals triste?  Por ello, juegan los personajes, no los actores y cuando se producen giros de la acción cambia el escenario, aunque sea con un uso distinto de los mismos elementos en escena. Por ese motivo, el azar juega en la construcción del universo mortal de los personajes, hasta ese final que, como siempre, nos deja pensando, sobre todo después del breve epílogo como despedida.

LA ZARANDA, FOTO DE: Víctor Iglesias

Los excelente actores con su estilo habitual Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez construyen un imaginario a partir de objetos a los que se les da un uso inventado no referencial. La aspiradora o el atril son fusiles y la plataforma con esa bombilla encendida de esperanza puede servir de horca. Solo los cascos militares tienen un uso concreto. El valor de los objetos corrientes es el que la imaginación les quiera conceder para construir universos, como en tantas obras de La Zaranda. Al mismo tiempo es un uso simbólico que se extiende al compromiso ético y social.

Si se añade el lenguaje del equívoco, la confusión, la repetición verbal hasta adquirir sentidos diversos, el juego de palabras y el gesto pausado de los movimientos próximos al clown, tan de La Zaranda, el resultado es excelente y todo un despliegue de estilo propio con contenido. La presunta mentira que se crean los veteranos es una verdad para ellos, como esos cubos de varas metálicas con distintos usos. La iluminación de Eusebio Calonge pone el toque ambiental metafísico, acoplado a la realidad escénica que parte del interior de la dramatización, no desde fuera. Incluso el asalto al poder tiene su peculiaridad por desplegar toda una denuncia ácrata. El poder corrompe, nos están diciendo, y lo ejemplifican con citas próximas a la realidad.

LA ZARANDA, FOTO DE: Víctor Iglesias

Al fin y al cabo, la resistencia a la desaparición de los tres veteranos es la propia resistencia de la compañía ante la adversidad. Sus vicisitudes han sido múltiples durante sus más de cuatro décadas de existencia y siempre sobrevive. Porque siempre existe la esperanza. La Zaranda sigue con su transfiguración de la realidad en la tradición del realismo español, porque como dice Calonge, “siempre está presente en lo irreal, que da tanta importancia a lo visible como a lo invisible”.

FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA:

Autor: Eusebio Calonge. Actores: Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez. Dirección y espacio escénico: Paco de La Zaranda. Iluminación: Eusebio Calonge. Vestuario: Encarnación Sancho, Morgasusplues Efectos Militares. Sonido: Torsten Weber. Producción artística: Eduardo Martínez.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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