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No hueco DE NORBERTO LLOPIS

No–hueco

Trabaja ja ja ja

Compañía: Norberto Llopis Segarra. Sala Inestable. Fecha de estreno: 30 de abril de 2021. Fecha de la crítica: 1 de mayo de 2021.

Nada mejor que celebrar el Día del Trabajo, el histórico 1 de mayo, escribiendo sobre una obra donde el trabajo está tan presente visualmente en lo escenificado. Se encuentra en las continuas acciones donde tres intérpretes van llenando progresivamente la superficie vacía del espacio para desarrollar escenas desde la lógica de la superficie del lado hueco. Cubrir un “no hueco” existente en las concepciones y mentalidades que en el fondo es la negatividad del vacío de una sociedad sin sustancia.

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Esto es más o menos lo apreciado en la performance activa No–hueco, ideada y dirigida por Norberto Llopis Segarra, valenciano que ha desarrollado su experiencia en Barcelona, Bruselas y los Países Bajos, interpretada y creada por él junto a Santiago Ribelles e Inka Romaní Escrivá, producida gracias a las residencias de “Cultura Resident” del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana en colaboración con el centro cultural Las Cigarreras de Alicante y las residencias de creación de La Caldera de la capital de Catalunya. En un principio, la pieza se titulaba Lo blanco, color predominante en el espacio escénico. Pero esa idea poética tuvo durante el proceso de creación una evolución hacia el vacío, en realidad hacia lo no lleno, de lo sucedido con lo que no sucede.

Se trata de un desarrollo con predominio de la visualidad. Los tres actores hacen y trabajan la parte vacía. Norberto Llopis Segarra cita que es como construir un asesinato sin asesino ni cadáver; una metáfora acertada puesto que no se construye nada concreto pero no se para de construir. Consuma un juego de opuestos entre la realidad y la abstracción para que no paren de sucederse las acciones sin que realmente ocurra nada. No se trata de llenar o transformar las escenas, sino de crear con desplazamientos fijos de los intérpretes y con los objetos, hacer visible lo invisible. ¿Y qué se crea? Nada. Opuestos, antítesis y oxímoron perceptibles desde los ojos del espectador, llenan un mundo vacío con mucha ironía contradiciendo el pensamiento de que las transformaciones deban poseer un significado, algo que no sucede en la pieza. O sí. Porque en este terreno de la ambigüedad también se encuentra lo artístico.

Por ello, la oralidad no existe, salvo algunos sonidos disformes. Se buscan los referentes pero no existen. Significantes visuales con referentes sin significado, rompiéndose el famoso triángulo semiótico de Ogden y Richards. Solo hay trabajo y más trabajo con las planchas de madera, blancas y de color pino, cintas de embalaje, varillas, cristal, sillas a las que se les busca una posición inclinada no natural, y golpes con martillo. No hay palabra porque la palabra es parte del hueco y no cabe en el no hueco más que con la sustancia muerta, escrita en un papel. Los actores entran en escena uno tras otro con algún elemento, lo depositan y exhiben mensajes en papeles al público llenos de juegos de palabras ingeniosos con la polisemia y las derivaciones que ofrece el lenguaje, rematados por el estrambote “ja, ja, ja”. Todo es risible. La  hegemonía de la palabra ha sido desplazada por la versatilidad de la acción.

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Acciones tras acciones con los intérpretes pasando por delante del público, que acaba pensando en ver qué nos traen ahora. Pero no entran nada más que el acto ejecutado incluso de forma repetitiva. Una vez lleno ese esplendoroso escenario blanco, algo sorprendente acostumbrados a ver montajes muy oscuros en la sala Inestable, poco a poco los actores van cumplimentando movimientos independientes y libres en escena, sobre todo cuando ya no queda nada ante la vista. Entonces el actor sustituye al objeto y da rienda suelta a la expresión corporal. Ahora es el ser el que ha sustituido al objeto en el “no-hueco”.

Un montaje con el que disfrutan los amantes de las nuevas tendencias y la performance, con una construcción ingeniosa como metáfora del mundo actual, donde la palabra no tiene más valor que el de ser un juego, y la acción conduce a la nada desorientada. Los constructos del cuerpo y  el objeto tienen sus significados abstractos desde la acción puntual. Movimiento y físico sin oralidad para llegar a nuevos caminos, con un trabajo interpretativo extenuante.

FICHA TÉCNICA

Concepto y dirección: Norberto Llopis Segarra. Interpretación y colaboración creativa: Santiago Ribelles, Inka Romaní Escrivá, Norberto Llopis Segarra. Imágenes de póster: Juan Peiró Foto y video: Nelson Lizana  

No–hueco

Perfil del autor
Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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