TOP
SOLEDAD, FOTO DE JOSÉ JORDÁN

DANSA VALÈNCIA: SOLEDAD, DE TITOYAYA

Demasiada dispersión

Compañía: Titoyaya Dansa. Fecha del estreno: 17 de abril de 2021. Fecha de la Crítica: 18 de abril de 2021. Sala: Teatro Rialto (Valencia)

La compañía valenciana de danza Titoyaya, con el coreógrafo Gustavo Ramírez Sansano y la intérprete Verónica García Moscardó al frente, ha ofrecido su nueva producción en la edición actual del festival Dansa València: Soledad. Titoyaya siempre aportó aire fresco a nuestro mundo coreográfico desde sus primeros espectáculos, como Retrato de Óscar Wilde y Manera. Su versión para danza narrativa de la novela La metamorfosis de Franz Kafka fue prodigiosa por su construcción para llegar a su mensaje esencial: el “otro” cambia pero lo fundamental es cómo afecta su cambio al resto de personas, un motivo bastante recurrente en sus espectáculos y también en Soledad.

Después vinieron Lluita y Bandejats, más un curioso y bien planteado como trabajo participativo de Artes de Calle, con difusión cortada por la situación en que estamos, Social animal. Y sobre todo, CARMEN.maquia, una joya, una maravilla, un primor que ocupa uno de los lugares prevalecientes en la historia de nuestra danza por su búsqueda de nuevos horizontes del mito de Merimée musicado en ópera por Bizet, que obtuvo el Premio de las Artes Escénicas Valencianas merecidamente en 2019. Una compañía admirable que llama a presenciar sus trabajos, y aún más cuando, como Soledad, ha sido seleccionado dentro del programa Art for change 2020 de la Fundación La Caixa. Titoyaya tiene un gran coreógrafo, Gustavo Ramírez Sansano, y una gran directora, Verónica García Moscardó, y cuenta con tres de los mejores intérpretes de danza actuales: Diana Huertas, Eduardo Zúñiga e Itxasai Mediavilla.

Pero otra cuestión es que todas sus propuestas sean redondas. Soledad no es lo mejor de Titoyaya. Ni siquiera llega a su nivel medio. Y no lo digo por ser danza inclusiva, porque estamos habituados a ver a personas comunes integradas en proyectos artísticos interesantes. Es una cuestión del espectáculo en sí, cuyo ritmo es desigual y su profundidad bastante decreciente en su curso.

Mi primer reparo es contextual. Estamos en un festival de danza, que debe incluir cualquier modelo artístico y mostrar todas las tendencias del momento. Pero si es danza. Porque Soledad es una dramaturgia, no un espectáculo de danza propiamente dicho por lo que no cuadra en un festival como Dansa València. Unos cuantos solos y duetos magníficos de Diana Huertas, Eduardo Zúñiga, Verónica García e Itsasai Mediavilla, no son suficientes para considerarlo danza. La salsa y demás variantes de estilos y ritmos puede introducirse en cualquier espectáculo de teatro, sobre todo si los bailarines no son profesionales y se muestran como son, sin alardes técnicos. El texto ocupa mucho espacio en detrimento del movimiento y deja la danza profesional en un lugar marginal. Falta cierto equilibrio para que el oído no trabaje mucho más que lo visual. Posiblemente se deba ver este espectáculo fuera del festival, de forma individualizada, como ocurrirá la semana próxima, donde se representará en el mismo teatro Rialto del 22 al 25 de abril.

El segundo problema es de dispersión de contenido. Reconocemos que es una obra intergeneracional, multicultural y multidisciplinar, como dice el programa. Incluso es atractivo su argumento y la disposición escenográfica muy original a cargo de Luis Crespo, con mamparas que separan a los intérpretes, cada uno en un compartimento estanco con alfombra y mobiliario del mismo color distintos de los demás (amarillo, rojo, blanco), y con una distribución diría que generacional, mostrando sus diferencias, y que tiene mucho mérito el trabajo con personas ajenas a los escenarios, que cumplen su función con un esfuerzo encomiable. Pero las secuencias son como una bandeja de pasteles distintos, incluso la partitura musical parece ir dando saltos de un estilo a otro, a pesar de tener el hilo conductor del programa de radio de un locutor argentino desde Groenlandia, un lugar lejano y solitario, al que llaman o envían mensajes algunos intérpretes; un lugar tan lejano y solitario como la propia vivienda de una anciana. Un locutor interpretado por Jorge Alberto Sosa Sosa, a quien vimos el espectáculo inclusivo de La Subterránea estrenado en Rambleta, Como las cosas amables.

Tampoco se ha centrado exclusivamente el discurso en el abandono de los mayores, como se va sugiriendo desde el principio hasta ir desapareciendo. Una pena porque podría haber tenido más densidad para ser mucho más interesante y más con lo ocurrido durante la pandemia. Se ha optado por expandir este sentimiento de apartamiento de la colectividad en personas heterogéneas, como un joven menor de origen magrebí que ha pasado sus días en un centro de internamiento y cuyo mensaje hace caer lo que podría haber sido un homenaje a nuestros mayores abandonados a su suerte por una sociedad donde si no produces, no existes. Ni tampoco nos muestra la historia del africano que abre el espectáculo. Por ello, el mensaje abarca distintos modos de soledad, lo cual va en detrimento de su firmeza y su unificación temática y argumental. No todos los caminos conducen a Roma y, de esta forma, la dispersión hace difícil aceptar la invitación de entrar en un espectáculo con tanta variedad formal, que a veces deambula con sensación de desorden sin hallar su objetivo. Todos bailando salsa o música actual es una solución pero no la solución.

Dicho esto, hay que alabar el riesgo que Titoyaya ha puesto en la empresa. Hay mucho trabajo dentro del espectáculo. A pesar de que la dirección no da los resultados apetecidos para la calidad del texto y la dramaturgia de Xavi Puchades. Lo inclusivo tiene mucho peligro en la elección de los intérpretes y en algún caso provocan que cojee el espectáculo. El drama de nuestros mayores visto con simpatía y aceptación debería estar más singularizado por sus diferencias con el resto. Incluso la estética deambula de forma aleatoria y resulta complejo ver tantas acciones a la vez, con lo que nos quedamos con una fija dominante, ante lo cual es posible que se escapen matices de otros compartimentos. Por eso nos fijamos sobre todo en la anciana por encima del resto.

Quizá merezca la pena establecer un debate sobre este trabajo. Titoyaya es capaz de hacer grandes montajes y posiblemente sea un problema mío ser muy exigente con sus atractivas propuestas. Me quedo con la idea, el texto y el planteamiento. Pero no con el caudal.

FICHA TÉCNICA

Dirección: Gustavo Ramírez Sansano y Verónica García Moscardó. Coreografía: Viviana Escalé y Gustavo Ramírez Sansano. Textos y dramaturgia: Xavi Puchades. Espacio escénico: Luis Crespo. Música: diversos artistas. Intérpretes: Pepa Ruiz Morales, Jorge Alberto Sosa, Mamen Benlloch, Ousmane Camara, Yacouba Gassama, Mouslem Mezzane, Diana Huertas Cegarra, Verónica García Moscardó, Eduardo Zúñiga Jiménez, Itxasai Mediavilla Jiménez. Iluminación: Emilio Lavarías. Regidoría: Yolanda García. Maquinaria: Santiago Montón. Producción: Titoyaya Dansa.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Post a Comment