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FAKE LIFE, FOTO DE: JOSÉ JORDÁN

DANSA VALÈNCIA: FAKE LIFE, DE MOU DANSA

El virus de la era digital

16 de abril de 2021. Festival Dansa València, del 10 al 18 de abril de 2021.

El mundo de las apariencias, que otras veces se ha criticado, ha sido material de debate en la historia de la filosofía desde el engaño de las sombras en el mito de la caverna de Platón. Esas figuras indeterminadas que danzaban al son del sol, tiñendo de ficción la rugosidad inherente a la erosión de las partículas sedimentarias de la roca, estaban condenadas a vivir una fábula. Hoy, las cadenas que ahogan a la humanidad en la era digital, están compuestas por otros materiales, pero el disfraz que oculta su rostro, más agresivo por el alcance mediático de la información, no está muy alejado de lo que Guy Debord criticaba en su sociedad espectacular. Tampoco de los planos fenoménicos que Hegel identifica entre lo “suprasensible” o lo que está “más-allá” del Verdadero Interior. Los paradigmas cambian, pero no la esencia tras ellos, pues la herramienta solo es arma cuando es afilada y apunta hacia la sensibilidad del otro. Joan Pinillos prepara con el estreno absoluto de Fake Life los dardos que han de lanzarse a su diana, tratando: la discriminación de género, la pobreza empática, la fragilidad identitaria, el miedo a no gustar, la invasión de la tecnología, la abducción de las redes sociales, el tiempo como yugo que mata o la creencia de que lo futuro traerá prosperidad.

FAKE LIFE, FOTO DE: JOSÉ JORDÁN

Su ideología danzada, cercana a los actuales problemas sociales, supone un espacio crítico que sabe equilibrar la gravedad de las reflexiones con humor satírico, desde el sarcasmo, o la metáfora. Los puntos de encuentro con otras piezas que se han podido ver en el Festival Dansa València, responden a la viveza de su temática, pues Mou Dansa como compañía, no llega a extraviar su autonomía e identidad en su obrar social.

De este modo, a través de un lenguaje que definen como ecléctico, se encuentran influencias de la danza-teatro por el tratamiento de la dramaturgia y por la incorporación de elementos multimedia. El texto, además de ser narrado por una mujer que parece tener el don de la omnisciencia, de pronto, es cantado o articulado en la voz de los bailarines, también actores. Su labor coreográfica los transforma en los más idóneos actantes que interpretan cada escena: el vagabundo necesitado de auxilio, la niña que ha pervertido su infancia al exponerse a la violencia, el hombre y la mujer que se plantean lanzarse a un vacío acuoso por la presión social, los boxeadores que transgreden el reglamento o la diva venida a menos.

FAKE LIFE, FOTO DE: JOSÉ JORDÁN

Una danza de acción que emociona, que propone un tipo de mover resolutivo con el ritmo de la representación, que investiga con la apertura corpórea del espacio, el propio y el prestado; que es diestra en enlazar movimientos contrapuestos, así como en hacerse hipnótica en la proyección de las líneas corporales, con independencia de su angulosidad o fragmentarismo. Además, las dinámicas lumínicas, firmadas por Ximo Rojo y Pablo Giner, utilizadas como transiciones entre las escenas, entregan todo un catálogo de planos, interviniendo no solo en la profundidad, también en la cadencia requerida. Algo similar ocurre con la música que nos acompaña en esta involución humana afectada por la enfermedad. Hay espacio tanto para un aria de ópera, como para el tañer de una guitarra, para el sonido de las notificaciones de las innumerables aplicaciones del móvil o para canciones tan icónicas como “Punto de partida” cantada por Rocío Jurado o “Si me das a elegir” escrita por Enrique Salazar.

FAKE LIFE, FOTO DE: JOSÉ JORDÁN

Una danza que maneja el desarraigo del yo, en la lucha contra el anonimato, y extendida a los otros “textos” que configuran el espectáculo. No hay más que ver cómo la luz del teléfono móvil gigante que rueda por el escenario, parece atrapar con hilos invisibles a todos aquellos que se sienten atraídos por una imagen, en la que hay más falsedad que verismo. Lo que parece cierto, es que el GPS de la moral se ha perdido, por eso propuestas como esta, contribuyen a intentar orientar de nuevo el radar que se dirija, en definitiva, hacia una convivencia en equidad.  

El ballet simula así una realidad que ha sido falseada en el tejido mediático, proyectando unas vivencias decoradas con las joyas de la mentira. Identidades enmascaradas por los filtros efectistas que limpian los surcos de la verdad, tapando con capas superpuestas lo que está ya tan escondido, que su recuperación comportaría el riesgo de una pérdida profunda en las espirales del subconsciente. En esta desorientación sucede la regresión que hace rebobinar la cinta, devolviendo unas imágenes coreográficas frenéticas, sin transiciones y en decadencia, porque la vivencia ha degenerado de tal manera, que es irrecuperable el estado anterior.

FAKE LIFE, FOTO DE: JOSÉ JORDÁN

El viaje al pasado, a la era paleolítica parece ser la única salida ante el mutismo universal, así lo muestran esos cuerpos desnudos de atributos. El futuro no debería estar en el ayer, sino en el mañana, en querer resaltar lo positivo que también es parte de esa misma realidad relatada. En cambiar aquello que conduce a ese estado de disputa con los principios morales, en no encerrarse en la culpa, en no rendirse ante la derrota y en no hacer del perdón la llave de toda cerradura. En el gesto bailado se leen todas estas emociones, se sienten y se escuchan los conceptos. Los cuerpos llegan a entrelazar sus extremidades, deformándose dada la deshumanización de su arquitectura, pero, al final, la soledad, la misma de la persona que está tras la dañina luz de una pantalla, es la que define su caída. Ya ha sido tarde para ellos, ¿lo será para nosotros?

FICHA TÉCNICA

Dirección: Joan Pinillos. Intérpretes: Isabel Abril, Victor Fajardo, Sergio Navarro, Wilma Puente, María Sorribes. Covers: Irene Maestre y Dahiana Betancourt. Dramaturgia: Nacho Lopez Murria. Espacio sonoro y composición musical: Isabel Latorre. Diseño de iluminación: Ximo Rojo y Pablo Giner. Diseño de vestuario: Txomin Plazaola. Diseño gráfico: Albert Ramos.

Perfil del autor
Cintia Borges
CRÍTICA

Graduada en Pedagogía de las Artes Visuales y la Danza (URJC), combina su actividad laboral como docente de ballet clásico, con la carrera investigadora. Es mágister en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura (UAM), universidad en la que actualmente cursa sus estudios de doctorado. Ha participado en diversos congresos nacionales e internacionales como ponente, abordando la interdisciplinariedad desde el eje de la danza; además colabora como redactora de críticas de música y de danza en la revista online Bachtrack, así como en otras publicaciones académicas a través de reseñas y artículos.

Graduada en Pedagogía de las Artes Visuales y la Danza (URJC), combina su actividad laboral como docente de ballet clásico, con la carrera investigadora. Es mágister en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura (UAM), universidad en la que actualmente cursa sus estudios de doctorado. Ha participado en diversos congresos nacionales e internacionales como ponente, abordando la interdisciplinariedad desde el eje de la danza; además colabora como redactora de críticas de música y de danza en la revista online Bachtrack, así como en otras publicaciones académicas a través de reseñas y artículos.

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