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H, autor foto: Nelson Lizana

H, DE Taller Placer & rosanayaris

Consumidor para ser consumido

Compañía: Taller Placer & rosanayaris. Fecha de estreno: 9 de abril de 2021. Fecha de la crítica: 12 de abril de 2021. Sala: La Mutant (Valencia)

En Valencia hay pocos artistas con el ingenio de Taller Placer, la pareja formada por Vicente Arlandis y Paula Miralles. En su nuevo trabajo, H, estrenado en La Mutant, están acompañados por los creadores plásticos rosanayaris, Rosana Sánchez y Aris Spentsas, con quienes trabajaron también en Cuerpo gozoso se eleva ligero. Son uno de los grandes exponentes de las llamadas Artes Vivas y, desde luego, de la performance; una performance controlada por la idea.

Arlandis y Miralles nos han regalado verdaderas joyas para los amantes de esta modalidad de las Artes Escénicas que rompen con el orden lógico de la realidad y en cuya composición juega el azar. Siempre serán inolvidables obras suyas como El lugar donde se hacen las cosas, o las individuales de Paula Miralles LP y Mi voz es un jarrón. También es destacable su labor en la organización de las jornadas La cosa rara, donde podemos ver compañías y trabajos que escapan de cualquier modo estético convencional.

H es una propuesta con un ingenio descomunal fuera de lo común. Hace falta tener mucha creatividad y a la vez mucha cordura disimulada para que el trabajo no sea una desgarbada gamberrada sino un todo compacto y medido donde el público disfrute sin que le parezca una sandez de sucesión de ocurrencias. Desde su arranque sorprendente con el ejercicio del palo hinchable y las sillas en el patio externo a la sala, para después entrar el público en ella por el escenario, donde ha de zigzaguear entre los palos y cintas como si fuese a entrar en un la zona de embarque de un aeropuerto; una manera de invitar a embarcar en una divertida nave que nos llevará a terrenos de la imaginación insospechados.

El ejercicio performativo se fundamenta en acciones, casi todas individuales, en un continuo donde el factor sorpresa es su cimiento principal. Hay un núcleo: una actuación de Eugenio, que no para de contar chistes hasta la última escena del montaje. La repetición en estado puro. Y en el resto del escenario, los intérpretes ejecutarán acciones cuyos resultados dependen del azar, con los artistas ejerciendo de su domador. La salida de Toni Climent, talmente el tristemente fallecido humorista catalán, será el centro lineal de la pieza, aunque él se encuentra en un lateral mirando al lado contrario del escenario, no al público, con su vestuario negro y el vaso largo lleno. Pronto comenzarán las apariciones esporádicas y las acciones, desde la primera del tocadiscos que reproduce la música coral de Bach hasta que se enciende una mecha cuyo destino es la caída de un bulto elevando en la parte superior. El tocadiscos no sale muy bien parado y el temor se ha apoderado del espectador cuando ve la larga mecha consumiéndose poco a poco. Pero lo importante ha sucedido: el truco no ha impedido que “Eugenio” deje de contar chistes y siga divirtiéndonos, aunque conozcamos muchos de ellos los más veteranos.

A partir de ahí, sucesivas apariciones y actos. Paula Miralles enfardada quitándose camisetas durante diez minutos. Vicente Arlandis subiendo a una mesa en repetidas ocasiones, mientras Aris Spentsas golpea una pata y lo sostiene, y más tarde a la inversa intercambiándose, Rosana Sánchez con una aspiradora recogiendo los restos del suelo, el paso de los intérpretes por un retroproyector, tres runners circulando por delante del escenario de vez en cuando, y la aparición de los músicos de Víctimas Civiles interpretando la misma canción cada vez que salen después de recordar que “esto es una performance pero habían venido a ver una obra de teatro”. Un conjunto de acciones sin sentido lógico aparente que nunc a interrumpen la “actuación” de Eugenio, aunque la ensordezca.

En el fondo, todo es imitación como forma de darle una vuelta de tuerca a la fantasía. Se trata de partir de un mundo para crear otros nuevos. La canción de Víctimas Civiles es interpretada por primera vez por el cantante y un guitarrista, pero en la siguiente se le añade un bajo y posteriormente un teclista, que a su vez acaba tocando una trompeta. Incluso las imágenes del retroproyector es dar vueltas a lo mismo: las manos de Paula Miralles y el libro con mensajes parecidos pero muy instructivos a la hora de plantearnos si el mundo es más absurdo que lo presenciado. Porque preguntarse si se puede confiar en el gestor no está lejos de la realidad. La irracionalidad leída (“¿puedo montar una tienda de venta de humo?”) obliga a pensar en la confluencia del absurdo pensado y vivido.

Así, la repetición de actos se convierte en signo de nuestras existencias según lo visto en el escenario. Las camisetas susodichas, la canción, los objetos en la cabeza, primero Arlandis y posteriormente el resto de intérpretes, los cuadros a pintar por los cuatro, todo nos remite a la cotidianidad violentada, puesto que vivimos reiterando conductas formales. La vida es como una actuación de Eugenio, cuyos chistes siguen vivos cuarenta años después. La provocación genera inquietud, como en el racimo de focos del técnico Isaac Torres a la búsqueda de una estética distinta a lo visto en un escenario habitualmente. De ahí que podamos sentir H como un juego donde la provocación al espectador llega a derivar en una grata molestia por la dificultad de presenciar acciones de cada actor en paralelo, de ahí que a la dificultad de ejecución se añada la dificultad de visionado. La grata incomodidad no tiene ninguna intención ni mensaje de “épater le bourgeois” sino que procede de la propia contemplación.

Cuando la performance está bien planificada y trabajada, sin dejar nada en la oscuridad de la improvisación ­–o al menos no debe parecerlo– y, en el fondo, juega el azar por encima de ella, el trabajo es interesante si el ingenio domina. Es lo que ocurre en H. Su hora y media de duración se hace breve e incluso la locura de la canción de Víctimas Civiles acaba gustando con la repetición. Porque es esa repetición de hechos y actos lo que domina nuestra mente y nuestra sociedad.

Taller Placer y rosanayaris han creado un enorme trabajo donde disfruta el público joven y el adulto dispuesto a serlo sin dejar de tener la suficiente madurez para reírse de una existencia llena de más situaciones irracionales de las que aparenta. Una locura no exenta de crítica social a este mundo de consumo para ser consumido. Enhorabuena: este trabajo debe verse.


FICHA TÉCNICA:

Creació, dirección y dramaturgia: Vicente Arlandis, Paula Miralles, Rosana Sánchez i Aris Spentsas. Participantes: Toni Climent y Víctimas Civiles. Técnico: Isaac Torres.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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