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LAS COSAS QUE SÉ... FOTO: JAVIER NAVAL

LAS COSAS QUE SÉ QUE SON VERDAD de Octubre Producciones

La tradición del drama familiar

LAS COSAS QUE SÉ QUE SON VERDAD

Compañía: Octubre Producciones. Lugar del estreno: Espai Rambleta. Fecha del estreno en Teatros del Canal de Madrid: 30 de noviembre de 2019. Fecha del estreno en Valencia: 27 de febrero de 2021. Fecha de la crítica: 5 de marzo de 2021.

El director Julián Fuentes Reta y el traductor y adaptador Jorge Muriel han unido sus destinos al autor australiano Andrew Bovell (1962). ‘Las cosas que se que son verdad’ (2016) es su segundo montaje de una de sus obras después de la extraordinaria ‘Cuando deje de llover’, estrenada en 2014 y premio Max al mejor espectáculo teatral que pudimos ver en el teatro El Musical en octubre de 2015. Aunque en realidad ambos se unieron para trabajar juntos en 2009 con El proyecto Laramie de Moisés Kaufman, autor venezolano establecido en Estados Unidos.

A Bovell le gustan las historias familiares y en ese campo se desenvuelve como pocos en el teatro contemporáneo. Crea unos textos excelentes, como también lo es el de su tercer estreno en España, ‘Speaking in tongues’, aquí titulado ‘Babel’ (‘Lantana’ en su versión cinematográfica), con Aitana Sánchez Gijón como protagonista en versión de Pedro Costa y dirección de Tamzin Townsend. Enlaza con los dramas de esta corriente de la mejor tradición anglosajona, sobre todo la estadounidense de O’Neill, Tennessee Williams y Arthur Miller. Si ‘Cuando deje de llover’ trataba a cuatro generaciones de una saga familiar entre Europa y Australia desde 1959 a 2039 con una estructura fragmentada donde se rompían el espacio y del tiempo, ‘Las cosas que sé que son verdad’ reúne a cuatro hijos y sus padres durante un año desde que el padre recibe una llamada telefónica funesta hasta la revelación del suceso ocurrido en el desenlace más un epílogo sentimental. En el centro el ‘flash-back’ que desarrolla la descomposición de la unidad familiar por diferentes causas individuales. La misma educación única a todos pero cada uno es completamente distinto y tiene una perspectiva de la vida opuesta.

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En la adaptación es preciso destacar la impecable dirección de Fuentes Reta a la hora de vertebrar los conflictos y la presencia de los personajes. Es difícil una dirección tan sostenida y mover un drama hacia la precisión de los toques humorísticos medidos y dar intensidades de los discursos porque discurren entre lo oculto, la apariencia y la sinceridad. Es muy hábil en el desarrollo de los diálogos del libreto y en la anticipación informativa. Incluso en el primer encuentro de todos los miembros de la familia hablando simultáneamente, acotación que no figura en el libreto pero que permite situarnos con la tensión precisa en el ambiente y apreciar el individualismo y la falta de comunicación real con problemas de fondo bajo una apariencia de unidad. Fuentes Reta mantiene el pulso de estas escenas colectivas hasta llevarnos a las individuales sin caer en el melodrama o en el fácil tragicismo empático, deambulando entre la frialdad del tratamiento y el calor de los acontecimientos de un texto nada sencillo aunque su apariencia remita a la simple historia familiar que ya conocemos en abundancia y no aporta nada nuevo. Esta sí aporta: un conflicto actual como es el de la vida egoísta, además de algún tema secundario de moda en el teatro contemporáneo como la transexualidad.

Pero no podemos destacar solo bondades de un libreto y una dirección geniales. Hubo algo importante que ensombreció la representación. Alguien debía haber preparado el espacio escénico para un escenario difícil como el de la sala principal de Rambleta. Hay una excelente escenografía del propio Fuentes Reta y Coro Bronsón, con el jardín de la casa y el árbol de la vida colgado boca abajo, además del uso del proscenio por la hija pequeña, Rosie. Pero se ubicó demasiado al fondo, con lo cual, a pesar de mi buen asiento en el centro de la décima fila, las voces no se escuchaban con claridad, salvo las de Jorge Muriel y Borja Maestre, sobre todo cuando los actores no declamaban cara al público. De esta forma, se perdían algunos  toques entre la gravedad y la ironía de Verónica Forqué o los fraseados conductores de Julio Vélez cuando no proyectaban la voz hacia el patio de butacas. Tuve que recurrir al libro para conocer estos detalles que se diluyeron por el aire sin llegar a los oídos. No me ocurrió a mí solamente, sino a todos los que estaban alrededor de mí. De esta forma, el resultado es que la interpretación que le dio el premio Max este año a Verónica Forqué me pareció inferior a las últimas suyas que vimos en Valencia en ‘Buena gente’ y ‘La respiración’. Pero tampoco lo puedo aseverar con absoluta certeza. No sabemos si es que quien fuera le dio poca importancia al ágora o si es un simple error involuntario. Percibir la intensidad del drama de forma intuitiva se hubiese salvado con unos micrófonos estratégicamente situados para facilitar la inmersión completa, porque hay demasiados movimientos de personajes en distintas posiciones y muchos gestos y palabras cruzadas. Hubiese permitido captar matices que figuran en el texto publicado por Punto de Vista y que pasan inadvertidos, como algunas frases de la madre rozando el cinismo o el choque cuando le confiesa al marido que ha tenido otro amor con un enfermo del hospital (esto no lo oí). El teatro necesita al público y este debe poder oír y especialmente escuchar. Hay que respetarlo más.

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Centrándonos en la propuesta, la familia está aparentemente unida pero los conflictos ocultos de fondo llevan a cada uno por un camino distinto que el autor va revelando y descubriendo dato a dato con cautela. La solvencia de Verónica Forqué, Fran, como madre controladora de todo y que oculta hasta sus ahorros personales y otros asuntos íntimos, es encantadora. A pesar de que algunos asistentes reían cuando era un toque grave dramático o con sus palabrotas e ironías (¡ay las mitificaciones y encasillamientos de los actores!). Julio Vélez, Bob, es un buen padre sin autoridad que ha dado su vida a trabajar de mecánico para sacar adelante a la familia australiana de Adelaida y ahora se dedica a cuidar las rosas del jardín pero va descubriendo las verdades del resto y suelen chocar con su mentalidad y su esfuerzo. También hay que valorar a los cuatro hijos por su buen hacer y mucho oficio. Pilar Gómez está extraordinariamente lúcida como Pip, siempre distanciada de la madre y decide marcharse a Vancouver abandonando su buen empleo y a su marido y sus hijos para irse con otro hombre también casado y con hijos, como el hijo mayor Mark, Jorge Muriel, que sorprende a su padre al manifestar su deseo de cambiar de sexo y ser mujer, y el menor Ben, Borja Maestre, el triunfador en apariencia que pide socorro cuando sale la verdad a la luz: ha defraudado a la empresa. Queda la pequeña, la joven Candela Salguero, Rosie. Es la adorada por todos y la primera en explayarse con un largo monólogo. Vuelve a casa después del fracaso por su experiencia nefasta con un italiano en un largo viaje, aunque marca las diferencias con su madre. Sus parlamentos en el proscenio son encantadores y simpáticos, aunque me hubiera gustado no tener que hacer tanto esfuerzo en escucharla a veces cuando se encontraba en el jardín. El conjunto expresa muy bien el individualismo: cada uno camina por su mundo y sus intereses porque no se quieren quedar a cenar juntos por el retorno de su hermana.

No finalicemos sin valorar como magistral el espacio sonoro y la música de Ana Villa y Juanjo Valmorisco (muy importante el baile con ‘Lost in my religion’ de R.E.M., ausente en el libreto original, cuya letra confesional se adapta a la situación, aunque antes la empleara Sergio Blanco con una función semejante en ‘El bramido de Düsseldorf’), y el vestuario actual y muy hábilmente distribuido en los intérpretes de Carmen 17, además de la iluminación llena de matices ambientales y subrayados de parlamentos, sobre todo en los monólogos, de Irene Cantero.

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Este montaje de ‘Las cosas que sé que son verdad’ es exquisito. El resultado no llega a la excelencia de ‘Cuando deje de llover’ porque es imposible. Pero es un testimonio del individualismo burgués de las vidas de la clase media actual; la pugna entre el egoísmo y la lucha por ser, entre el ego y el yo, dos conceptos que se pueden entender de forma distinta. La madre se levanta ante cualquier golpe de la vida mientras el padre sufre la decepción porque las virtudes con las que han educado a los hijos no han dado el resultado apetecido. Pero la vida sigue y cada uno deberá emprender su camino tarde o temprano. Y en ese mensaje abierto también existe interés por facilitar una reflexión: ¿serán capaces todos de salir adelante con tanto comportamiento caprichoso? Toda la vida trabajando para esto.

PD: Debería ser obligatoria la lectura del libro editado después de haber visto la representación. Es todo un modelo para examinar cómo establecer diferencias entre el texto original fijado por la escritura y su puesta en escena. Un ejemplo de creatividad en la adaptación y en la dirección escénica sin perder los diálogos originales y dándole fuerza al sentido.

FICHA TÉCNICA

Texto: Andrew Bovell. Dirección: Julián Fuentes Reta. Reparto: Verónica Forqué, Julio Vélez, Pilar Gómez, Jorge Muriel, Borja Maestre y  Candela Salguero. Traducción y adaptación: Jorge Muriel. Escenografía: Coro Bonso y Julián Fuentes Reta. Vestuario. Berta Brasset. Iluminación: Irene Cantero. Sonido: Iñaki Rubio. Música: Ana Villa y Juanjo Valmorisco.

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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