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Sagunliada. Foto: Vicente Jiménez

Saguntilíada de La Hongaresa

Zarzosiliada para la reconquista de Sagunto

Compañía: La Hongaresa. Sagunt a Escena (Teatro Romano de Sagunto) – Teatro Principal. Estreno: 4 de septiembre de 2020 (Teatro Romano) – 5 de febrero de 2021 (Teatro Principal). Fecha de la crítica: 7 de febrero de 2021.

Uno de los estrenos más esperados del festival Sagunt a Escena era ‘Saguntilíada’, dramaturgia de Paco Zarzoso y su célebre compañía Hongaresa. A priori, era algo sorprendente: la producción del autor saguntino no se caracteriza por representarse en grandes escenarios, sino en espacios íntimos. Pero 2020, el autor de Puerto de Sagunto ha saltado a grandes escenarios y ha estrenado ‘La casa de les aranyes’ en el Teatre Nacional de Catalunya, el Principal de Valencia y en el Teatro Romano de Sagunto ‘Saguntilíada’, volviendo con esta obra adaptada a sala convencional cinco meses despues. Quizá pueda parecer irónico que en plena pandemia en un año terrorífico como 2020, Zarzoso haya estrenado en grandes teatros sumando a ellos el pequeño escenario de Ultramar con el rescate  de ‘Umbral’ y la representación en versión alargada de ‘Las Mañas’, para celebrar los veinticinco años de existencia  de la compañía La Hongaresa, fundada junto a Lola López y Lluïsa Cunillé.

También ‘Saguntiliada’ sorprendía previamente por su amplio elenco para lo que suele ser habitual en los textos de Zarzoso, raramente superiores a cinco actores (‘Mirador’ tenía seis), y una ficha técnica tan nutrida, incluso con cinco músicos y una cantante en vivo, magníficamente capitaneados por Jesús Salvador Chapi. Pero al durante la representación la mayor parte de escenas no superaban los cinco actores, salvo el coro final de turistas ciegos, con lo que esa concentración del diálogo magistral y habitual en sus obras se mantenido e intensificado. Aunque en las escenas colectivas y corales hay toda una lección de movimientos y puesta en escena. Hay mucho conocimiento y oficio como para fracasar en el empeño más espectacular de la creación de Zarzoso hasta la fecha.

Un servidor adora sus textos y la mayor parte de sus puestas en escena y lo ha seguido con fervor desde aquella época de ‘Un hombre, otro hombre’  de 1995 y al año siguiente cuando ganó el premio Bradomín con ‘Umbral’. Pocos como él dominan la construcción textual dramática y el lenguaje y tienen clara la importancia del libreto como punto de partida de la dramaturgia. Por eso, ‘Saguntiliada’ es un punto de inflexión en su obra y mantenía la expectación al ser una producción ambiciosa, tanto en la versión del estreno como la del Principal.

El título que remite a una conquista de Troya transmitida a Sagunto. A la incendiada Troya, como si ‘Saguntiliada’ fuera la culminación de un asedio longevo al teatro, introduciendo en el reconstruido escenario romano un caballo de madera con soldados en su interior, los intérpretes y esta producción en general. Zarzoso y Hongaresa conquistaron el espacio del teatro romano de su ciudad para ofrecer todo un homenaje al arte de Talía y al mismo tiempo a Sagunto, no exento de reivindicaciones y de acusaciones justificadas por los mil quinientos años de abandono, donde aquellos parajes eran un lugar donde pastaban las cabras solamente y a veces llevaban a algunos niños de excursión a partir de los años sesenta para ver piedras destrozadas que seguramente cincuenta años después de su reforma de principios de los noventa hubiesen dejado de existir por la erosión.

Pero la obra es también un homenaje a la propia compañía La Hongaresa y al teatro saguntino. No ha olvidado seleccionar para la producción a personas que han trabajado con ella desde los comienzos, como es el caso de Miguel Lázaro (aunque lo vimos rescatado en ‘Ultramarins’ hace tres años) o Víctor Vila. En el elenco hay gente próxima a Zarzoso, actores de algunas de obras recientes como Àngel Fígols, discípulos devotos como la genial Mafalda Bellido, y sus más íntimos Lola López y Marcos Spronton. En suma, mucho sello personal en esta creación, hasta el punto de recordar detalles reales autobiográficos como el haberse colado en el Teatro Romano hace veinticinco años, o los límites presupuestarios de Hongaresa, que no puede pagar tanto, como se expresa en la representación. Y sin faltar la libre denuncia: Zarzoso nunca se calla y ello es más que loable en los tiempos de lo políticamente correcto para el sistema político y económico.

Pero estos son detalles de muy aficionados del teatro. La obra cuenta mucho más, de la misma forma que los actores se esfuerzan al máximo doblando personajes. Como homenaje al teatro, se inicia con una curiosa introducción de Miguel Lázaro recitada en griego clásico, después de haber permanecido en escena durante la media hora previa vestido con toga, clámide y  cáligas. Da paso a Medea con un soliloquio interpretado con majestuosidad por Lola López, muy brillante,  y la aparición de sus hijos, a los que dan vida Ferran Gadea y Marcos Sproston. En el teatro Romano, después de presenciar el conjunto de la producción y haber encontrado su hilo conductor semántico y su sintaxis, la escena quedaba un poco al margen, salvo en lo que representaba como homenaje a los orígenes del teatro y la tragedia, y del propio teatro romano de Sagunto. Esto no ocurrió en la adaptación del Principal, donde la escena rebosaba magnificencia y no quedaba como un signo del trabajo o del aprovechamiento total del espacio del teatro romano. El desconcierto dejó paso a la potencia y el inicio de la multiplicidad de discursos y retóricas visibles a lo largo de las escenas.

Mientras van sucediéndose las escenas, Chapi en la percusión, L’Horta Brass en los metales, y Contxi Valero en el canto, mantenían una acertadísima parte musical que además interacciona con el público, y no solo da un hilo de continuidad, sino que es un concierto variopinto con puntos graves y divertidos. El trabajo continúa con una maravillosamente divertida secuencia de un aquelarre, con el gran buco cornudo interpretado por Àngel Fígols, en la orquesta del teatro Romano, hasta que sube el escenario, que no en el Principal, donde ya se encuentran otros que han entrado balando, mientras el obispo Ferran Gadea intenta exorcizarlos y acabar con ellos. Son esas cabras que pastan por el teatro durante su abandono. O no: era un lugar “antisistema”, donde lo demoníaco campaba a sus anchas. Aquí ya aparece el tono jocoso, el ritmo endiablado –nunca mejor dicho–, la parodia, la ebriedad típica de la Hongaresa, la coralidad, los diálogos intrépidos y mucha acción. Y es la primera vez que se aprecia la excelente dirección de movimiento y las coreografías de Jéssica Martín, fundamentales por su carácter simbólico, como la aparición misteriosa individual suya más adelante.

Las secuencias están enlazadas dándoles continuidad y unidad por el solitario guardia de seguridad del  teatro solitario interpretado por Enric Juezas magníficamente. Es quien controla los ensayos y el uso del teatro. En realidad, es el guardián del teatro. Además, adopta distintos papeles, incluso actuando como guía turístico que falsea la historia real del teatro de Sagunto. Sus apariciones con máscara o sin máscara irrumpiendo en las escenas son inolvidables, divertidas, un elemento de cohesión y un contrapunto a cada secuencia.

Para quien viese el estreno en Sagunto, una incógnita era la resolución de la entrada por el aditus de una vieja motocicleta con sidecar ocupada por dos monjas, Lola López y Mafalda Bellido. Pero en el Principal también sorprende desde el bastidor del fondo. Si allí aportaba un motivo impactante más de aprovechamiento total del espacio del teatro, en la sala resaltaba aún más su anacronismo, remachado por la presencia de los patinetes. Ambas actrices recrean la historia de la Calderona, y la leyenda de la sierra vecina que lleva su nombre, retrotrayéndose al célebre protagonista de entremeses del Siglo de Oro, Juan Rana (Ferran Gadea), y el rey Felipe IV (Àngel Fígols). El recuerdo de Lope de Vega en los escenarios valencianos late en todo momento. La escena es divertidísima y toda una lección de conocimiento del teatro. Realmente, la Calderona llegó a estas montañas después de estar en el convento de Guadalajara, donde fue abadesa. El resto es mito: dicen que se unió a un grupo de bandoleros para sobrevivir y que su fama acabó dando nombre a la cordillera. Y ahí queda la leyenda contra el poder del propio Zarzoso, sin faltar la sátira a la monarquía. Mucho humor resultón por el anacronismo susodicho pero también mucha acidez.

Quizá el momento más punzante, atractivo y divertido es la parodia del montaje de la tragedia en verso ‘La destrucción de Sagunto’ de José María Pemán, montada con quinientos figurantes amateurs en 1954, y con música de Joaquín Rodrigo. Es llamativo el arranque de la secuencia con la proyección de la noticia del Nodo de aquella época,  y la reproducción en un lateral de la muerte de Diana (Mafalda Bellido), mientras una falangista (Lola López), un arzobispo (Miguel Lázaro) y un general (Ferran Gadea), van poniendo condiciones al propio Pemán (Àngel Fígols). Hoy lo vemos ridículo pero podría haber sido perfectamente real.

Pero el montaje tiene un clímax, como buen teatro clásico. La última secuencia es grandiosa. Es un remate con la aparición de todos los actores menos Juezas, situándose en la orquesta en el Romano y saliendo por el pasillo para quedarse debajo del escenario en el Principal, como ciegos con gafas oscuras y bastón, turistas a los que un guía, el propio vigilante, les explica falseada la historia del teatro romano de Sagunto con una serie de detalles inexistentes, ya que la realidad fue la de su abandono hasta la polémica reconstrucción de los noventa. La distancia con los espectadores permitió al coro girar hacia el público, algo menos en el Principal, para acabar claramente con un resumen de la realidad, aunque a algunos les pueda resultar dolorosa. No hemos sido los valencianos muy ejemplares en la conservación de nuestro patrimonio cultural a lo largo de los siglos.

Hay mucho teatro y mucho oficio en escena, no solo el de Zarzoso. Lola López, Mafalda Bellido, Àngel Fígols y Enric Juezas están soberbios, con un resto del elenco que cumple sobradamente a la perfección, sin desmerecer a ningún otro actor. Un vestuario logrado Josan Carbonell junto a la colaboración de Wanda Bellanza, alumna aventajada del Taller, incluso aprovechando lo existente ya en el IVC, pone una nota extraordinaria a las caracterizaciones de los intérpretes, apoyados con una iluminación muy ajustada y de realce a las acciones de Ximo Olcina.  Nos cuestionábamos una posible pérdida de belleza plástica en la secuencia rojiza de Diana, pero en sala está muy bien resuelta y mantiene su factor de sorpresa. Técnicamente, no se le puede poner una sola pega al trabajo ni en el teatro Romano ni en el Principal, cuyas diferencias son fundamentalmente espaciales aunque la espectacularidad y la referencialidad directa ganen en el aquel y la mayor penetración y atención textual del expectación lo hagan en este.

El resultado es excelente. Se sale del teatro con sensación de felicidad. La crítica con mala uva deambula por los discursos y se nos queda grabada. El público premió tanto en Sagunto como en Valencia con más aplausos de lo normal el esfuerzo de un trabajadísimo montaje que por su fortaleza, dinamismo, calidad textual, comicidad, gravedad cuando procede, denuncia, reconstrucciones perfectas, reivindicación del teatro como bien esencial para tantas personas, y una excelente dirección, sobre todo de actores, será muy recordado.

Sería ideal que, en cuanto la situación sanitaria se normalice, se volviese a representar en Sagunto. Sería una buena inauguración para la próxima edición del festival Sagunt a Escena, dada la cantidad de personas que no pudieron verlo por las limitaciones de aforo y los escasos tres días que se representó en el Principal. Espero que la nueva dirección tome nota de este homenaje a un símbolo de nuestros espacios teatrales, a la actividad de la ciudad y a las artes escénicas. ‘Saguntiliada’ no puede morir en seis representaciones.

Solo añoré un pequeño detalle, aunque no tiene importancia y es una perogrullada personal. Haber recordado el nombre de Arse, el de la originaria población ibera que luego se llamó Sagunto. Igual hasta en aquellos tiempos ya se hacía teatro. Hubiera sido redondear la parte de homenaje histórico. Pero me consta que Zarzoso pensó en ello y lo planificó pero la representación hubiese sido demasiado extensa y, lo que es peor, una ficción absoluta al no existir los testimonios, puesto que el resto de secuencias caminan por un tono relacionado con la historia o la leyenda. Al margen de estos caprichos, el producto estético excelente ofrecido por La Hongaresa es una lección de amor al teatro. Porque con el teatro tiene en sí su pandemia contagiosa, como expresa el vigilante, y se puede comprobar en la edición de Teatro Escogido (1996-2020) de Zarzoso recién editada por Arola.

Moriremos para morir. Pero con el mucho teatro de una dramaturgia como ‘Saguntiliada’.

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia y dirección: Paco Zarzoso. Dirección musical: Jesús Salvador “Chapi”. Reparto: Lola López, Mafalda Bellido, Enric Juezas, Àngel Fígols, Ferran Gadea, Miguel Lázaro, Blanca Martínez, Jessica Martín, Marcos Sproston, Jéssica Martínez, Alejandro Monzonís, Víctor Vila, Pedro Heredia. Intérpretes musicales: Jesús Salvador «Chapi» (percusión), Conxi Valero              (Cantante) y L’Horta Brass: José Luis Rodrigo (trompeta), Nino Villanueva (trompeta), Vicent Muñoz (trombón) y Andrés Maupoey (tuba). Composición y dirección musical: Jesús Salvador «Chapi». Coreografía y dirección de movimiento: Jéssica Martín. Iluminación: Ximo Olcina. Diseño de vestuario, peluquería y caracterización: Josán Carbonell. Espacio sonoro y audiovisual: Marcos Sproston. Espacio Escénico: Hongaresa.

José Vicente Peiró

Perfil del autor
José Vicente Peiró

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

Doctor investigador por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y actualmente crítico literario y de Artes Escénicas del suplemento cultural “Palabras” del diario valenciano Las Provincias. Es presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana desde 2005, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios, y miembro de la Academia de las Artes Escénicas Españolas. Ha sido jurado de los premios institucionales valencianos más importantes y premios nacionales como el de la Crítica o el de Literatura Dramática. En el ámbito de la Literatura Hispanoamericana, materia en la que ha publicado entre otras obras, Las músicas de Cortázar. Dentro de la Literatura Paraguaya, Artículos Literarios, La narrativa paraguaya actual (1980-1995), La venganza imposible, y en 2018, Sobre narrativa paraguaya: siglos XX y XXI, junto a la profesora Teresa Méndez-Faith, XI, además de diversas ediciones críticas como la dedicada a la novela Mancuello y la perdiz de Carlos Villagra Marsal para la Editorial Cátedra, además de participar en numerosos congresos con ponencias sobre el tema. Es miembro del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana desde 1992 y de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos. He ejercido la docencia en la Universidad de Valencia, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la Universidad Jaime I de Castellón. Su último libro es De un crítico de Las Provincias (o de provincias), dedicado al teatro valenciano entre 2014 y 2017.

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