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Red Escénica 12

Desnudarnos haciendo memoria

El difícil arte de hacer memoria, de hacer buena memoria, digo, porque hacer memoria la hace cualquiera a su manera. En verdad no sabría cuál es la buena y cuál es la mala, digo que no sabría decir qué es hacer buena memoria, pero me la imagino como un arte, como un análisis de lo que fue, de cómo fue, y de por qué fue como parece que fuera. Pero creo que es tan difícil echar de memoria y no dudar, porque recordemos que la memoria que tiene que ver con la escrita, con la historia redactada parece que tiene como más validez que la memoria de cabeza, suele ser hecha por los vencedores, de los que tienen tiempo y tesón o tienen algo que ganar por hacerla. Y la nuestra, la escénica a veces titubea…

La memoria buena a veces también puede ser aquella que nos es más propicia. Aquella más digna y que nos coloca en buen lugar o que de retorcida creemos que nos coloca en buen lugar o nos hace creer que aquello que dirigimos, hicimos, creamos, gestionamos era bueno. 

Tanto tenemos que mirar hacia atrás con un mecanógrafo para darnos cuenta de que muy bien no lo hemos hecho a nivel cultural, y menos a nivel escénico. Un mecanógrafo, digo, para que tome nota rápidamente de todo lo que dijimos, propusimos, hicimos para llegar a este momento, presente momento que no es más que la memoria desarrollada y aplicada. 

Hemos estado más de 80 días confinados, hirviéndonos la sangre por las decisiones que han tomado los políticos tanto el Ministro como desde la Generalitat Valenciana… les hemos echado la culpa, o les hemos criticado del estado de nuestra situación a unos y a otros, desde diferentes lugares los distintos críticos: desde lugares de privilegio, o lugares intermedios o lugares precarios o lugares de paso o lugares conquistados o lugares comunes…. A veces hemos coincidido muchos agentes culturales en la construcción de la crítica o de los planes para aplicar los recursos, como si la memoria que hemos tenido unos y otros fuera la misma y nos hubiera llevado a estar sentados en las mismas videocámaras de ordenadores como hermanados por la situación. 

Pero no. No venimos todos de la misma memoria. Y no, no tienen la culpa los que ahora dirigen si son de este mismo presente o sí hace poco llegaron. Ni a nivel político el Ministerio actual ni la Generalitat a nivel político en lo que atañe a la cultura. Ambos se encuentran trabas técnicas heredadas, perversas, extrañas, ajenas a la realidad de hoy… males endémicos de nuestro ecosistema escénico.

Los males endémicos que son los que trufan la memoria nos asolan a unos y a otros de maneras diferentes. Y esos males endémicos muchas veces tiene que ver con ese momento en el que alguien se le ocurrió decir: ¡somos industria, somos sector, somos PIB, somos ocio, somos mercado, somos economía, somos cuantitativos…! y muchos los vitoreamos y aplaudimos sin cesar convencidos de que éramos vigorosos y necesarios e importantes y que debíamos ser empresas y comportarnos como tales… y empezó la ruina, la creación de lobbys, de presiones para estar unos delante de otros, de recibir unos más que otros, de hacer más cantidad y poco a poco de olvidarnos de lo cualitativo. 

La memoria, la mía siempre me recuerda, pero también puede ser que esté desposeída y se crea diferente como elemento de protección por no ser tan guapo, la mía, digo, siempre ha intentado defender los valores cualitativos, el impacto cultural y social de la cultura, desde el advocacy más que desde el lobby, la necesidad de incorporar a la cultura en un estado de necesidad del ser humano para crearse unos estímulos constantes para luchar contra la desazón, contra el odio, contra la tiranía, contra la desidia… la de fuera y la propia. Pero nos hemos ido colocando en lugares insospechados a medida que iba pasando la última década y ahora ante los felices 20 nos encontramos perdidos, vendidos, traumatizados, con los espacios cerrados, torpes y lentos… lanzando piedras a los que gobiernan ahora como si ellos tuvieran la responsabilidad de regirse por los valores cuantitativos que hemos ido creando, potenciando, blindando a lo largo de la mayor parte de nuestra memoria. 

No somos tan buenos como creíamos. Ni tan necesarios. Y debimos serlo y debemos serlo, pero no como somos ahora. Ahora somos una parte más de esta sociedad en la que cogen valor la sanidad, la educación y cogerá valor lo social y la ecología… pero quisimos ser un sector importante como el turismo y tener el mismo tratamiento de PIB, de valores y podemos diluirnos, la mayor parte nos sería muy fácil diluirnos. 

Siempre suelo acabar con “esto es lo que podríamos hacer para salir de esto”, lo suelo hacer después de la crítica… pero no tengo soluciones que pueda publicar. Las tengo guardadas a gran recaudo, en lo profundo ya. O si la memoria nos lo permite las hemos hecho públicas muchas personas y están en la memoria de muchos que en algún momento se levantarán ayudados de otras memorias, completamente desnudos para intentar darle la vuelta. Mientras, nos dejamos llevar, formamos parte, luchamos para sobrevivir como si no hubiera mañana. 

Estos dos números de 2020, celebran los 20 años de una revista que nació en la Facultat de Filología Hispánica de la mano de Rosa Molero, Gabi Ochoa, Rafa Casañ y yo mismo. Y que consiguió sumar memoria a partir del apoyo inestimable de Josep Lluis Sirera, Nel Diago, Ramon Rosselló, Jose Monleón, Enrique Herreras, Juanvi Martínez Luciano y otros tantos que fueron apoyándonos con artículos y textos. 

Para estos dos números vuelven su antigua directora Rosa Molero con el número 12 de la nueva etapa y Rafa Casañ codirector de la revista a partir del número 11 de Acotaciones en la caja negra que dirigirá el número 13 de la nueva etapa. Ambos serán los codirectores de los dos números y espero que se queden mucho tiempo, unos 20 años más.

¡Adelante con la memoria, que nos lleve por buenos senderos!