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dansa València

UN DANSA VALÈNCIA BAÑADO POR LA CUARTA OLA DEL FEMINISMO

El movimiento feminista se clasifica en olas, porque cada avance histórico en la igualdad de género va seguido de un retroceso para volver al embate y avanzar. La última edición de Dansa València, con nueva directora al frente, Mar Jiménez Nadal, ha coincidido con la cuarta de sus etapas y la programación se ha permeabilizado de la marejada internacional de reivindicaciones políticas y sociales. Así, del 10 al 15 de abril, el festival asumió la responsabilidad y el compromiso de dar el protagonismo a las mujeres, ya fuera desde la autoría, desde la temática o desde la dirección. 

Ahí estuvieron A-NORMAL o la oveja errante, de La Siamesa, que se sirve del símil del comportamiento borreguil para realizar una llamada a la autoafirmación en la diferencia; o Pélvico, de OtraDanza, en la que al mensaje anatómico distintivo del título, Asun Noales añade un buen puñado de mensajes, como la disposición del público en círculo, para plasmar la observación a la que se somete a la mujer, y el uso de unos correctores ortopédicos de espalda a modo de corsés. 

Un poco de muchas

La bien intencionada premisa prometió en varias de sus propuestas más sobre el papel que luego en la práctica, con algunas vindicaciones de fogueo. Fue el caso de Mariantònia Oliver, que presentaba su proyecto Las muchas como una celebración de la madurez. Para localizar cada representación de su propuesta, la coreógrafa y bailarina afincada en Mallorca organiza un taller con vecinas del barrio que han sobrepasado los 65 años para invitarlas a bailar con orgullo desde su etapa vital. La intención es celebrar la sazón de mujeres anónimas sobre el escenario, objeto de un doble prejuicio, el sufrido por su género y el añadido de su edad. 

En 1978, Pina Bausch desarrolló un montaje similar, Kontakthof, en el que ancianos alemanes bailaban una coreografía de pasos breves y pequeños gestos. La riqueza de este tipo de representaciones de danza comunitaria está en la diversidad y en la diferencia del elenco, en la idiosincrasia dispar de sus físicos y de sus movimientos, pero, paradójicamente, en Las muchas, su presencia fue poca. 

La representación se ciñó más a una exhibición de su autora. Oliver se mueve con la sensualidad y la belleza que da la sabiduría de un cuerpo versado. La cadencia de sus movimientos recuerda a la de otras bellezas mediterráneas que cuentan años y experiencias vitales, como una sensual y racial Anna Magnani o una serena Fanny Ardant, pero se echó de menos un mayor lapso dedicado a las sénior del lugar, que asumieron un papel accesorio cuando se auguraba principal.

Bailes de mujer

En la pieza We Women, de Sol Picó, la presencia de sus cuatro protagonistas, la francesa Julieta Dossavi, la japonesa Minako Seki, la india Shantala Shivalingappa y la bailarina y coreógrafa alcoyana, sí estuvo equilibrada. El montaje aspira a ahondar gestualmente en la marginación de la mujer en todas las esquinas del mundo. Y es que una de las cuentas pendientes del feminismo es reconocer la heterogeneidad de nuestras pares. 

El espectáculo se erige en un cisma cultural donde se alternan el kuchipudi indio, el butoh japonés, las danzas africanas y el personalísimo baile de Picó. Los lenguajes del movimiento hacen las veces de escaparate de la heterogeneidad.

El ánimo combativo de la coreógrafa alcoyana no es flor de un día, sino fértil jardín de toda una trayectoria. Botones de muestra son su tributo a las mujeres de Fassbinder en Petra, la mujer araña y el putón de la abeja Maya, la reconstrucción del imaginario femenino acometida en La dona manca o Barbie Superestar, o el relato coréutico de la represión a las mujeres durante la Guerra Civil en Només són dones.

Sin embargo y a pesar de la audacia de la propuesta y de la vibrante y conmovedora actuación de cada una de las bailarinas, We Women no parece bien hilada en su conjunto. Para los que han seguido la carrera de Picó, el baile en puntas calzada en zapatillas rojas adquiere la condición de comodín por su uso reiterado desde el año 2000 en Bésame el cactus. El resultado es por momentos tedioso, el despliegue de danzas del mundo, escaso, y su amalgama no está bien empastada, pues ofrece una sensación de compartimentos estanco. El propósito es encomiable, pero la ejecución es epidérmica. El público del Teatro Principal, no obstante, le brindó una larga y entusiasta ovación en pie.

Vamos a aprender como se desaprende a ser hombre

We Women tiene su reverso masculino en Dancing with frogs, una pieza de Sol Picó que fue programada en 2006 en su versión work in progress en el Teatre El Musical. En esta línea hubo un espectáculo análogo en Dansa València: La maldición de los hombres Malboro, de Isabel Vázquez.

La pieza de la sevillana explora las implicaciones de ser hombre en nuestros días, con sus momentos de escarnio, temor y autoafirmación en pos de nuevos modelos de masculinidad. Se desplegaron y desmontaron tópicos, se expusieron los retos que le plantea al hombre una sociedad más igualitaria. Y es que, como se recogía en el programa de la propuesta, “la mujer que más necesita ser liberada es la que reside en el interior de cada hombre”.

El planteamiento de Vázquez recurre a la chanza, con la emulación del haka de la selección neozelandesa de rugby, el baile al ritmo del éxito disco de Village People Macho Man y la reproducción del discurso rancio sobre los roles sexuales que El Fary recogió en su teoría sobre el hombre blandengue.

Los textos, en ocasiones, caen en el lugar común, pero no así los cuerpos, expresivos y vibrantes.

El futuro puede ser paritario

Y de hombres y mujeres en proceso de reprogramación al segmento de la población que es un folio en blanco. Una de las novedades de esta renovada Dansa València fue la recuperación de la sección Danseta, destinada al público infantil. 

Entre los espectáculos programados, la emocionante Amelia, que no te corten las alas, el homenaje en clave de flamenco y danza española que la compañía valenciana Marea Danza ha dedicado a la pionera de la aviación Amelia Earhart.

“Su figura nos ayuda a difundir valores positivos respecto a la igualdad de género, porque a pesar de crecer en una sociedad donde la mujer no tenía un papel profesional destacado, se decantó por un mundo de hombres donde no sólo participó, sino en el que también destacó”, subraya una de las cinco bailarinas de la formación, María José Mora.

La pieza se sirve del vuelo como una analogía de la libertad y plasma momentos oscuros en la vida de este referente de la mujer emancipada de los años treinta, como las penurias de la I Guerra Mundial, que por momentos ponen la piel de gallina al despertar ecos de nuestra Guerra Civil, o el uso de su imagen con fines comerciales, a modo de mujer objeto.

Gracias a la joven compañía y a La Teta Calva, que firma la dramaturgia de la pieza, la heroína del siglo pasado se erige en un ejemplo para la nueva generación. La segunda ola feminista se licua y empuja la cuarta con la que hoy se pretende arrollar definitivamente la desigualdad. 

 

Amelia de la Cía Marea Danza

Periodista cultural freelance en medios como Susy Q, Yo Dona, Esquire, Rockdelux y CulturPlaza, y especialista en la Comunicación Integral de Organizaciones Culturales, con experiencia al frente de la comunicación del Teatre Escalante, de la prensa de la primera edición de Tercera Setmana, de los dos últimos años del extinto Festival VEO y del presente Cinema Jove.

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