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Maria Callas en Medea, de Luigi Cherubini. Covent Garden, Londres, 1959. John Franks/Getty Images

¡Al foso con la prima donna!

Las mujeres en el gobierno de la música lírica

 

Fue precisamente la música pop la que popularizó en España la expresión “malos tiempos para la lírica”1. Tan célebre frase fue tomada por el grupo Golpes Bajos del título de un poema de Bertolt Brecht que -tanto antes como ahora- retrata con enorme clarividencia el pesimismo y la melancolía que aqueja al sector de la cultura:

Ya sé que solo agrada
quien es feliz. Su voz
se escucha con gusto. Es hermoso su rostro (...) 
En mí combaten
el entusiasmo por el manzano en flor
y el horror por los discursos del pintor de brocha gorda.
Pero solo esto último
me impulsa a escribir.

En sintonía con este sentir, Remedios Zafra -escritora y profesora de la Universidad de Sevilla- ha dedicado su último libro al entusiasmo exigido a las clases creativas contemporáneas, unos “sujetos envueltos en precariedad y travestidos de un entusiasmo fingido, usado para aumentar su productividad a cambio de pago simbólicos o de esperanza de vida pospuesta.”2 

Sin embargo, es difícil encontrar fuerza y razones para entusiasmarse cuando “una gran parte del mundo de la cultura está afectada de melancolía”, como bien subraya David Márquez, politólogo y analista cultural:

No se trata de pequeños síntomas melancólicos, sino de una verdadera epidemia crónica. Una enfermedad del espíritu que, en el caso de la cultura, se manifiesta por medio de dos rasgos generales: el ensimismamiento y la visión utópica”3

Por eso resulta tan complicado revertir la situación, no sólo por la dificultad intrínseca de implementar la necesaria transformación social, sino porque se ha de hacer a contracorriente del sentir general, de la inercia de los ánimos hundidos, de la pesada densidad de la desesperanza. Y si además se parte de una situación de desventaja, las fuerzas han de ser muchas.

Esto es exactamente lo que tienen que hacer las mujeres que se dedican a la cultura en nuestro país. Las mujeres de la cultura en España lo tienen más difícil porque, no sólo han de entusiasmarse -y al mismo tiempo entusiasmar- sino porque además han de hacerlo teniendo que superar previamente las numerosas barreras que les han sido impuestas.

La denuncia sobre la falta de mujeres en los diversos ámbitos de la sociedad española está siendo mucha, porque mucha es su ausencia, y el sector de la cultura no es una excepción. Ello, a pesar de la indiscutible mayoría de mujeres que lo componen, a pesar de su pretendida actitud crítica y a pesar de su supuesta sensibilidad social. 

La cultura es un ámbito en el que las mujeres son discriminadas -mucho más incluso que en otros- puesto que su masa laboral se haya profundamente feminizada. Así pues, las garras del patriarcado se hincan de forma particularmente violenta en este sector.

Valga como ejemplo el flamenco. En España, cuna de este arte, las mujeres flamencas del siglo XXI todavía tienen que restarle tiempo a lo propio de su profesión para ocuparse en reivindicar obviedades tales como que una mujer puede tocar la guitarra tan bien como un hombre. Esto sucede en el mismo país que a la vez se indigna y hace mediáticos aspavientos ante situaciones como, por ejemplo, que a las mujeres no les sea permitido conducir en algún país del Golfo Pérsico.

Pese a que son muchos -y todavía insuficientes- los esfuerzos por reivindicar el protagonismo de las mujeres intérpretes y en puestos ejecutivos de la cultura, sigue sin tratarse lo suficiente el nimio acceso de las mujeres a los puestos de gobierno de las instituciones culturales.

Solo en el ámbito específico de las artes escénicas el número de ejemplos sería tan arrollador que, para dar una somera muestra de ello, se puede tomar como ejemplo el más acotado campo de la lírica.

Prima donna di ornamento

A pesar de que la iconografía arquetípica de la música lírica se encuentra muy ligada a la de la cantante mujer -la diva, la prima donna- lo cierto es que, en lo que compete a los órganos de gobierno, las mujeres están infrarrepresentadas. 

Esta situación sucede incumpliendo lo dispuesto en el Artículo 26 de la Ley orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres (La igualdad en el ámbito de la creación y producción artística e intelectual). En este artículo existe un apartado dedicado a los órganos consultivos, científicos y de decisión en el organigrama artístico y cultural, que insta a “que se respete y se garantice la representación equilibrada en los distintos órganos consultivos, científicos y de decisión existentes en el organigrama artístico y cultural”

Sin embargo, un somero contraste con la realidad de los órganos de gobierno de las principales organizaciones de la lírica en España deja claro que la realidad es otra. Veamos algunos ejemplos.

Patronato del Teatro Real, Madrid
35 miembros (27 hombres / 8 mujeres)
De las ocho mujeres que forman parte del Patronato, siete lo hacen debido a sus cargos políticos.

Patronato de la Fundación Gran Teatre del Liceu, Barcelona
27 miembros (23 hombres / 4 mujeres)
De las cuatro mujeres que forman parte del Patronato, tres lo hacen debido a sus cargos políticos.

Junta directiva de ABAO Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera, Bilbao
10 miembros (8 hombres / 2 mujeres)

Patronato de la Fundación Palau de les Arts Reina Sofía, Valencia
9 miembros (7 hombres / 2 mujeres)
Las dos mujeres que forman parte del Patronato lo hacen debido a sus cargos políticos.

Esta cata superficial hecha en los cuatro principales centros de la música lírica en España pone de manifiesto que, no solo incumplen gravemente con lo estipulado en una Ley Orgánica, sino que además contravienen con su falta de diversidad los estándares más básicos de buen gobierno en las instituciones. Por si fuera poco, las pocas mujeres presentes en sus órganos de gobierno lo hacen en calidad de representantes de la política y no del propio sector de la lírica, un hecho extensible al resto de organizaciones de la cultura.

Así pues, no son otros. No son los políticos, ni la economía, ni el IVA, ni los empresarios; quienes en el caso de la cultura discriminan a las mujeres. Son sus propios profesionales los responsables principales de esta situación. Ya va siendo hora de que se dejen de excusas y que se ocupen, de manera efectiva, en devolver a las mujeres el espacio de poder que les está siendo usurpado.

 

 

1.“Malos tiempos para la lírica”. Golpes Bajos. Nuevos Me   1983.
2. Zafra, Remedios. El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital. Anagrama, 2017. p. 14.
3. Márquez Martín de la Leona, David. “Querida cultura: deja de llorar y actúa”. El Español, 25 mayo, 2017 [https://www.elespanol.com/cultura/20170525/218848114_12.html]

 

 

Gestora cultural especializada en comunicación y gestión de organizaciones culturales sin ánimo de lucro. Es Directora del Foro de Cultura y buenas prácticas en España [www.culturaybuenaspracticas.org] y trabaja en el Museo Reina Sofía. Además, es profesora en diversos cursos profesionales de postgrado y escribe sobre gestión y políticas culturales. Anteriormente, ha trabajado en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, ha sido profesora universitaria de arte contemporáneo y estética y ha ejercido como Directora Técnica del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC) A ello se añade una extensa actividad como gestora y asesora de contenidos en diversas publicaciones e iniciativas culturales. Pilar es Master of Arts in Museum Studies por Seton Hall University con la especialidad de Nonprofits Arts Administration gracias a una “Beca Fulbright para la Ampliación de Estudios Artísticos y Gestión Cultural en los Estados Unidos de América”, concedida por el Ministerio de Cultura de España.

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