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Red Escénica 11

Mirada editorial
el futuro será otro

HABLEMOS

Es lo que siempre hacemos. Estamos ahí hablando, escuchando, hablando, apoyando, sonriendo, dando lo mejor de nosotros y alguna vez, dando lo peor de nosotros, pero de manera constructiva (porque dar caña a veces también es constructivo); estamos ahí para todo porque creemos en lo que hacemos y tenemos claro, la mayoría de las veces, porqué lo hacemos. En algunos momentos, porque hay momentos en los que es muy fácil perder el rumbo, el norte o el sur, el timón o las motivaciones…. te sientas en un banco de cualquier calle para saber qué haces ahí o qué hacemos esforzándonos tanto o que debemos esforzarnos más y aclarar los objetivos; pero en ese banco no hay objetivos, ni nada que se le parezca, en ese preciso momento no existe nada porque todo se ha vuelto loco y no ves con nitidez ni sabes qué estás mirando ni por qué miras. Pero son momentos, sabes, momentos en los que el cansancio o quizás la frustración al saber, al ser consciente de que todo podría estar mejor, ha hecho mella. 

Como decía, hablemos. Y sí, para que no nos perdamos, hablemos de cultura, y en concreto de artes escénicas.  Llevamos años y años hablando con unos y con otros de cómo mejorar, hemos mantenido buen tono de voz, buen tono de cara, de gestos, de manos, de abrazos… hemos sido buenos. Nos hemos escuchado pero no hemos andado mucho más, solo parece que hayamos llegado únicamente a dejar pasar el tiempo, a considerarnos colegas, compañeros, a no agredirnos en público, a rebajar las tensiones… pero seguimos igual. Aunque, como diréis todos los que ocupáis un cargo público en estos momentos: tenéis más presupuesto en las ayudas. Y ahí parece que se tengan que acabar las conversaciones, que tengamos que agachar la cabeza, dar la mano de manera educada y salir de las reuniones, de los despachos, de las calles y volver a nuestros lugares de trabajo para esforzarnos más porque hay más subvenciones. 

Y volvernos locos justificando, sumando más meses a la locura de cuadrar números, porque como son más números hay que cuadrar más y más… y así que pasen 5 años. ¿Cuando imaginamos el futuro hace 5 años nos lo imaginábamos de esta manera? Es decir, ¿nos imaginábamos un futuro igual que aquel perezoso presente, aquel en el que las cosas, los pensamientos, los circuitos, las salidas obedecían a estructuras de los 90? Pero tenéis más dinero… más dinero. Pero si el problema no es sólo el presupuesto. Como he dicho muchas veces, un problema es la liquidez, pero el principal problema es el pensamiento, el movimiento y cambio de unas estructuras y paradigmas que no sé si funcionaron antaño pero que ahora no funcionan porque estamos en otro momento. Ahora seguimos siendo más pobres, más cansados, más quemados, más perdidos, con menos tiempo para crear, para discutir de cultura, de arte, de creatividad, para reflexionar sobre sociedades culturalmente mejores… el futuro de las artes escénicas no pasa por hacer lo mismo que hacíamos cuando parecía que no funcionaba aunque sea con más presupuesto. No. 

Igual toca una revolución. Que ya tocaba y que creíamos que estaba sucediendo. Una revolución del pensamiento cultural en las administraciones y que permee a todo el ecosistema cultural. Y que el futuro que viene sean los Felices años 20 culturales y no otra década dura, cansina, que te mantiene vivo pero sin aliento. 

Mientras, aquí en Red escénica, pese a todo, mantenemos la esperanza de una revolución que venga desde un pensamiento de mujer que nos plantee de otra manera, como más sólidos en épocas líquidas, como más prácticos y menos soporíferos, como más apaciguadores y menos beligerantes, como más directos y claros y menos de subtextos y maquiavélicos. Así lo ilustramos con Laura Carbonell, un futuro de mujer.

En este número hablamos con compañeros que viven crisis constantes y duras como ocurre en Chile, en Argentina, en México… deberíamos modificar el lema #chiledespertó con el que despertaron a bocajarro una mañana, con el lema #despierta para todos. Despertemos como pueblos, como sociedad que se encuentra desde hace décadas en una crisis social sin precedentes, como reacción a un final de milenio. Quizás el siglo XXI, sean 100 años de crisis, como principio de un período nuevo, de un nuevo milenio, pues si es así, aprendamos a vivirlo, a ser conscientes, como dice Samuel Sosa, en su artículo y con las herramientas aprendidas articulemos una nueva era.

Mucho tendrán que decir los adolescentes a todo este maremágnum, mucho se tendrá que mediar para llegar a buenos puertos y en el reconocimiento de lo internacional como propio debemos poner uno de los puntales para sostener lo cultural. Y finalmente, la cultura no se debe valorar desde ítems mercantilistas, de consumo, de liberalismo… sino que debemos percibirla y valorarla desde valores propiamente culturales, sociales, artesanales…

Disfruten y revolucionen bien!!

Felices años 20!!