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Bienvenidos un año más a la fiesta del gesto

estivales como el alternativo de artes escénicas Fringe de Edimburgo o el de cine independiente de Gijón comparten con el MIM de Sueca el apego que han construido edición tras edición en las ciudades que los acogen. La población ha abrazado las citas culturales. Los habitantes las sienten propias y celebran su reiteración colmando las propuestas de acceso libre y formando animadas colas en taquilla. Ese prolongado saber hacer en el trabajo de públicos locales les ha procurado la incorporación de los foráneos. Pero no se puede vivir de glorias pasadas. Cada año han de reafirmar la  confianza de unos fieles que han ido depurando su gusto.

Con un presupuesto infinitamente más modesto del de los otros dos ejemplos mencionados, la muestra internacional de teatro gestual de la capital de la Ribera Baja celebró entre el 19 y el 23 de septiembre su 29 edición. Y renovó los votos de su audiencia.

La última entrega del MIM reunió en cinco jornadas 25 espectáculos procedentes de Argentina, Chile, España, Francia, Reino Unido, Noruega y Portugal, de pequeño y mediano formato, en salas y en calle. Absolutamente dispares.

Cuerpos en equilibrio y desequilibrio

El lema bajo el que se unificaron en 2018 fue el de emocionar a través del cuerpo. Así lo hicieron propuestas al aire libre como las de la compañía vasca Ertza, Meeting Point, y la formación inglesa Gandini Juggling, Smashed. Ambas tan gratamente acogidas como diferentes en su concepto y ejecución.

La del coreógrafo guipuzcoano Asier Zabaleta venía avalada por los premios Max al mejor espectáculo de calle 2018 y Umore Azoka 2017. La pieza intimista atrapa por la compenetración de sus bailarines: los brasileños Thiago Luiz Almeida y Caio Henrique de Souza. El primero es especialista en break, el segundo, en hip hop. Y sus lenguajes dialogan trabados en danza contemporánea.

Entre los momentos de seguro anclados en las retinas de los niños asistentes, el paseo de Caio Henrique con el peso del cuerpo de su compañero sobre la cabeza, el movimiento descoyuntando y sinuoso de Thiago Luiz aferrado a un barquito de papel rojo, y el agua de unos cubos salpicada felizmente sobre los espectadores en primera fila.

En sólo 15 minutos de función conjugan la sensibilidad con el sobresalto, y la fuerza y la habilidad física con la lírica al ritmo emocionado de un solo minimalista de piano de Bosques de mi mente.

La música que acompaña, en cambio, la obra de la compañía de circo londinense parecía seleccionada por los Hermanos Pizarro de Radio 3. Sean Gandhini ha reconocido la influencia de Pina Bausch en su espectáculo. Y ahí están las melodías populares, en las que caben Bach, el pianista Jack Little, la cantante country Tammy Wynette o el presentador británico George Elrick; el elegante atuendo de sus nueve malabaristas, la sincronización de sus movimientos y su posición, enfrentados al público, sentados en una hilera de sillas idénticas. Frente a ellos, ocho decenas de manzanas rojas distribuidas en filas en el suelo y unos servicios de té, cuidadosamente apilados.

Durante una hora, las destrezas se van sucediendo con guiños al abuso de poder masculino, slapstick, teatro físico y clown, hasta que ese deseo temido y compartido de ver estrellarse los objetos contra el suelo se hace realidad en una caótica algarabía de manzanas estampadas en el pavimento y tazas hechas añicos.

Masculinidad cuestionada

El de Smashed no fue el único montaje que criticó la desigualdad de género. De hecho, Sol Picó ha dedicado toda una obra al cuestionamiento del heteropatriarcado: Dancing With Frogs. La alcoiana secunda a un elenco de bailarines y músicos en una crítica corrosiva a la masculinidad contemporánea. La pieza conforma un díptico con We Women, programada esta pasada primavera en Dansa València.

La coreógrafa, Premio Nacional de Danza 2016, baila con las ranas para descubrir que los roles de género siguen perpetuándose. Entre las escenas más efectistas, la de un pene botafumeiro expandiendo su esencia entre los presentes, y entre las más devastadoras, la de una violación en grupo que, no por metafórica resultó menos dura.

Y como estandarte de esa ranciedad del machote ibérico, El Fary con su perorata sobre el hombre blandengue. El público ríe ante lo que parecen opiniones trasnochadas para reparar en que hoy día, los varones siguen coartados a la hora de mostrar su sensibilidad, respetar la individualidad de sus hijos o establecer contacto físico con otros hombres.

En Alba, de la icónica compañía francesa Théâtre du Mouvement, se plasma la opresión a la mujer en una coreografía asfixiante por oscura y violenta. Esta adaptación libre en forma de baile de La casa de Bernarda Alba, de Lorca, se representa en la oscuridad del duelo, en un crescendo de tensión entre sus protagonistas.

El referente europeo del mimo contemporáneo Yves Marc, se reserva el papel de la matriarca del clan, del que se ha eliminado a la tercera hija del original literario, Amelia.

Con los lenguajes del movimiento y el gesto, el elenco expresa las frustraciones, las ilusiones, los deseos y los celos de este grupo de féminas encerradas.

El encierro del dúo de bailarines de Otradanza es, por el contrario, voluntario.Para Rito, una propuesta entre la instalación artística y la performance, Asun Noales y Sebastián Rowinsky reptan, serpentean, se asen, arrastran, sacuden y elevan en un circulo conformado por un centenar de cabezas de jaguar de arcilla blanca esmaltada creadas por la artista plástica Susana Guerrero.

Sus cuerpos cubiertos de arcilla se van descamando a medida que su baile evoluciona de un beso sostenido a una suerte de separación traumática y reencuentro. Esa sería la lectura epidérmica, ligada a una relación simbiótica de pareja, pero en sus ecos litúrgicos, el polvo suspendido y un tema tan conmovedor como Just (after Song Of Songs) de David Lang, los espectadores evocan hondas emociones como el dolor, el cariño, el miedo, la ternura y el vacío hasta asomar a los ojos las lágrimas.

 

 

Periodista cultural freelance en medios como Susy Q, Yo Dona, Esquire, Rockdelux y CulturPlaza, y especialista en la Comunicación Integral de Organizaciones Culturales, con experiencia al frente de la comunicación del Teatre Escalante, de la prensa de la primera edición de Tercera Setmana, de los dos últimos años del extinto Festival VEO y del presente Cinema Jove.

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