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"fotoperiodista" de Laura Carbonell Bullón

Jóvenes y artes escénicas, una encrucijada algo más que generacional

En el mundo de las artes escénicas hay una opinión generalizada -otra más- que se sustenta sobre concepciones y prejuicios más bien endebles: la juventud no se interesa por el teatro. Una generalización injusta e incierta que simplifica una problemática mucho más compleja que lo que constituye ese mero diagnóstico reduccionista. Quizás con el ánimo de combatir esa opinión, la pasada Escuela de Verano que, como todos los años, organiza la Red de Teatros, Auditorios, Festivales y Circuitos de titularidad pública en Almagro (Ciudad Real), se dedicó a la relación de los jóvenes con las artes escénicas. Tuve el privilegio de abrir la escuela con la presentación de un informe en el que trabajé los meses previos y que titulé, combatiendo ese apriorismo del sector “Más allá de lo obvio: jóvenes y artes escénicas en pleno siglo XXI”1

En este informe, tal y como expuse en la presentación que hice del mismo, se vertían algunos enfoques y datos que, si no tanto contradecían esa opinión generalizada, al menos introducían puntos de vista más fundamentados y contrastados. Este texto bebe de aquel informe y aborda la cuestión sobre por qué hemos de mirar a la juventud de otra manera, más aún cuando esa mirada se ejerce desde la gran familia de las artes escénicas.

El primer planteamiento que hay que hacer es que, cuando queremos referirnos a un grupo social, hay que analizarlo desde diferentes perspectivas: económicas, sociales, culturales… Porque generalmente lo que parece un comportamiento unívoco es, con frecuencia, contradictorio o paradójico, casi tanto como el resto del conjunto de la sociedad. En el fondo, los/as jóvenes ni son tan diferentes de los menos jóvenes, tal y como a veces parece que se pueda pensar, ni todas las diferencias que se suelen señalar son las más relevantes. Así, el hecho diferencial más significativo de la juventud hoy día tiene que ver con dos grandes “fracturas”:

  • La fractura socioeconómica, y aquí sí que existen muchas particularidades españolas con respecto a otros países de nuestro entorno. Deficiente y tardío acceso al mercado laboral, dualidad en la formación, precariedad laboral, tardío acceso a la vivienda y a las decisiones de tener hijos… etc.
  • La fractura tecnológica, en la que se normalizan con las tendencias de nuestro entorno. El uso cotidiano de internet y de otras nuevas tecnologías asociadas, incluso para usos culturales, es sin duda, mucho más significativo entre jóvenes que entre otros grupos de edad.

Dicho de una manera clara: hay muchos más paralelismos y similitudes entre la actitud de jóvenes y no tan jóvenes en su relación con las artes escénicas, que diferencias entre ellos. Y las diferencias que existen pueden tener una gran parte de su explicación en los factores ambientales del contexto, particularmente en la medida que actúen esas dos fracturas anteriores.

En cuanto a las artes escénicas, éstas no salen mal paradas entre la población joven. Más bien al contrario. A tenor de las encuestas y estudios existentes, reciben valoraciones positivas, más positivas que entre las cohortes de más edad. Se perciben buenas tasas de asistencia, quizá alentadas por las dinámicas escolares de asistencia a representaciones escénicas. Donde sí se perciben diferencias entre las tendencias de jóvenes y adultos es cuando descendemos a analizar géneros o disciplinas. Música actual, teatro y danza son las disciplinas que cuentan con más apoyo entre los jóvenes que entre los mayores. Zarzuela, música clásica y ópera, las que cuentan incluso con porcentajes inferiores. 

Incluso si observamos las razones por las que los/as jóvenes no asisten o dejan de asistir a artes escénicas, vuelve a llamar la atención las múltiples similitudes entre jóvenes y no tan jóvenes. Con una nota positiva, el porcentaje que declara “falta de interés” es notablemente menor (10% menos) entre jóvenes que entre mayores… lo cual no deja de ser una puerta abierta al futuro.

Por eso, esta realidad que dibujan los datos, las encuestas y los estudios, han de interpretarse de manera positiva, porque pese a la irrupción del paradigma digital, la proliferación de múltiples otras opciones de ocio, que los/as jóvenes todavía crean en las artes escénicas e incluso vengan a ver espectáculos, es positivo. El debate, en el caso de esta población motivada, sería sobre cómo asisten y/o a qué tipo de representaciones.

En lo que sí se aprecian diferencias entre jóvenes y no tan jóvenes es en el hecho de la creciente formación de los/as jóvenes en actividades artísticas relacionadas con las artes escénicas. Cada vez hay más gente formada en música, teatro, danza… ya sea con objetivos profesionales, como simplemente personales. Un incremento todavía más llamativo cuando atendemos a que las cohortes más jóvenes son cada vez más reducidas. Un hecho que nos llevaría a afirmar que nos hallamos quizá ante la generación mejor formada artísticamente de nuestra Historia. Entonces, ¿no debería esto ser un punto de apoyo para el refuerzo y crecimiento de las artes escénicas de nuestro país? Tener un porcentaje significativo de la población bien formado en sensibilidades escénicas o de artes vivas es decididamente un gran activo y potencial para el sector. Ahora falta saberlo activar y utilizar, pasar no sólo de incrementar la asistencia, sino de ampliar la participación de estos/as jóvenes en las artes escénicas.

Mucho más dramática es la situación del empleo joven en los ámbitos de actividad de las artes escénicas. En este ámbito, el retroceso del empleo joven (menos de 25 años) y el envejecimiento del conjunto de la masa laboral de estas disciplinas, presagia un difícil recambio generacional y una descapitalización social del sector. Nada nuevo en el horizonte… si se atiende al comportamiento del mercado laboral general.

Entonces, hecho este diagnóstico, ¿qué conclusiones sacamos? ¿Están entonces los jóvenes más motivados por las artes escénicas que las generaciones precedentes? La respuesta es afirmativa, pero con una gran cautela: tan solo una minoría de ellos. Analizar adecuadamente el binomio jóvenes/artes escénicas obliga a introducir el factor socioeconómico. Una gran parte de la juventud está perdida para las artes escénicas. Su extracción y asentamiento socioeconómico tras el paso por el sistema educativo y el mercado laboral les impedirá tener una mejor relación con lo escénico. Y otra parte, más minoritaria, cultivará más fecundamente esa relación como resultado de una situación más privilegiada en lo social y en lo económico.

De los primeros, de la mayoría, las artes escénicas poco pueden hacer. Es cuestión de política educativa, social, económica, laboral, etc… De los segundos, de la minoría, las artes escénicas aún tienen mucho que hacer y decir para naturalizar su relación con ellos. En ese sentido, en el citado informe proponía una serie de recomendaciones que convendría rescatar también aquí, porque plantean escenarios de cambio para tener en cuenta:

  • Más allá de ciertas visiones, los jóvenes no constituyen per se un colectivo de público particular. Sin embargo, sí que se necesitan tener en cuenta a la hora de elaborar los planes de programación pues tienen criterios propios que hay que escuchar como se escuchan los de otros colectivos o edades. La exclusión de sus criterios, gustos, estéticas y propuestas no está justificada hoy día y generan una exclusión difícil de sostener particularmente en programas o equipamientos escénicos públicos.
  • Convendría reflexionar e integrar sus estilos y géneros arriesgando algo más en las programaciones y buscando espacios artísticos y culturales escénicos donde jóvenes y mayores se sientan cómodos. Ir al teatro es algo que se sigue viviendo como un hecho social, no individual, por tanto, con cuantos más se comparta la experiencia escénica, mejor.
  • Es importante establecer la búsqueda de respuestas integradoras a escala local, ya que los contextos son variables y no siempre homologables. No es lo mismo trabajar la programación para integrar a jóvenes en la misma en un teatro de una gran ciudad, que un teatro de ámbito rural, por poner un ejemplo. Al contrario de lo que se puede pensar, no existe un pack de soluciones que se pueda comprar, sino propuestas de solución que cada gestor ha de inventar, implementar y evaluar.
  • Sería positivo incorporar jóvenes a los niveles de gobernanza de las instituciones escénicas, no tanto como cuota, sino como responsabilidad pública. El sistema de artes escénicas ha de pensar en su regeneración y sostenibilidad futuras, y eso pasa por una paulatina y gradual adaptación a nuevas demandas sociales y culturales.
  • En esa misma línea, sería positivo implementar mayores grados de implicación de todos aquellos/as jóvenes que realizan prácticas artísticas o se han formado en disciplinas artísticas relacionadas con las artes escénicas. Se trataría de pasar de la asistencia a la participación con el fin de activar mayores capas sociales.
  • Buscar e incentivar otro tipo de relación entre la escuela y las artes escénicas que no solo pase por la consolidación de la cultura clásica y patrimonial sino también la actual y contemporánea. Esto puede traducirse en programas de incentivación de profesores: facilitar y estimular su asistencia a espectáculos de otros estilos con el fin de formar una cultura escénica más amplia y diversa.
  • Explorar vías por las que recrear las artes escénicas escapando a las restricciones espaciales y técnicas que exigen los recintos escénicos. Para eso están los festivales: para marcar acentos, probar programaciones, etc… Se trata de acercar la experiencia de las artes escénicas al mayor número de población, entre ellos los jóvenes. Quizá dejando de ser menos escénicas, pero siendo cada vez más vivas.
  • Y plantear un rejuvenecimiento de las plantillas y los equipos de artes escénicas. Está en juego la regeneración, sostenibilidad y transformación (no traumática) del tejido escénico.

En definitiva, ahora son los jóvenes, y mañana será otro colectivo el que nos preocupará… pero en el análisis de problemáticas sociales afectando a las artes escénicas, siempre ha de residir un prurito particular por no quedarse en lo evidente, en la generalización. Es necesario ir más allá de lo obvio para desenmascarar algunas de las ideas preconcebidas sobre los/as jóvenes y, de paso, utilizar el pretexto de la juventud para mejorar el servicio que a la sociedad prestan las artes escénicas. A(en)tender a los/as jóvenes es un buen pretexto para mejorar esa gestión. El premio vale la pena: ampliar el horizonte futuro, también, más allá de lo obvio.

1_redescena.net/redaccion/2019

Es politólogo y creador cultural. Después de un periodo dedicado a la ciencia política, desde 2002 trabaja en el ámbito de la cultura desarrollando su actividad en diferentes ciudades: Barcelona, París, Bilbao, Bruselas... Mánager de Àngels Margarit (2003-2011), ha sido fundador y presidente de la Asociación de Companyies Professionals de Dansa de Catalunya (ACPDC) y también fundador y vicepresidente de la Federación Estatal de Compañías y Empresas de Danza (FECED). Ha sido miembro del Consejo de Administración de la International performing arts network IETM, con sede en Bruselas. Actualmente es Project Manager para 948 Merkatua del Gobierno de Navarra, y consultor independiente para entidades como Madrid Destino, Red de Teatros Alternativos, Ajuntament de Tàrrega, COFAE... Como analista colabora con el Real Instituto Elcano y la Fundación Alternativas además de publicar en medios como ElDiario.es, El Español, El País... al mismo tiempo que mantiene su propio blog. http://www.etilem.org

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