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Hablar de futuro en artes escénicas

Hablar de futuro en artes escénicas, o en cualquier ámbito relacionado con la cultura, es hacer referencia a la propia evolución social. Digamos que se trataría, de una especie de teoría de los opuestos, donde sería imposible (o al menos, muy complicado) entender la una, sin la otra.

Con esto, añadamos que cuando las personas tratamos de hablar sobre algo que desconocemos, ya sabemos qué ocurre. Por eso es tan importante (también) entender el origen, el cómo, el cuándo y, sobre todo, el “con qué”. Porque nadie dudará que somos seres sociales y que, como decía Bauman, nos encontramos sumergidas en una vida profundamente líquida. Adaptémonos sin rompernos, involucrémonos sin miedo y fluyamos con el resto. Dialoguemos sobre las artes escénicas si se desea, pero evitemos caer en falsas expectativas. Para eso, personas del mundo, hay que conocer la realidad social en la que nos encontramos. De eso se trata. De conocer, entender y progresar en conjunto.

Pero ¿Es posible hablar de futuro y artes escénicas, a través de una imagen?

Desde la óptica conceptual, hay símbolos que pueden ofrecer el modo más sincero de hacer referencia al futuro. En este caso, he utilizado para hablar de futuro a mujeres que fueron grandes pioneras en aquello en lo que se involucraron (y les dejaron, o no). Mujeres que, aun siendo pasado, ayudaron a imaginar un futuro posible.

Hedy Lamarr, Valentina Tereshk o la propia, Conchita Piquer, entre otras. Mujeres que, considero que nadie debería dudar de que fueron tratadas como personajes que quisieron ser socialmente tratados al más puro estilo de Goffman y su curiosa microsociología. Roles que rompieron, y tantos que ni siquiera fueron reconocidos. Bastaría recordar a la dorsal 261, coronada como la reina apartada a empujones por sus propios compañeros mientras realizaban el Maratón de Boston de 1967. La primera vez en la que se permitía la participación de mujeres. Espectáculo mediático en 1967: no hace tanto. Pero ahora que somos lava, ¿sabes qué anteriormente hubo una mujer desconocida, que corrió sin dorsal debido a la prohibición de entonces? Roberta Gibb, también ilustrada ahora.

Y si hiciera referencia al papel que la mujer ha tenido para grandes creadores, creativos y pseudo, quizás conseguiría cumplir una de las tres metas mundanas. Escribir un hijo, plantar un libro y tener un árbol.

Ellas fueron enormes musas de inspiración porque no servían para otra cosa que no fuera el mundo de la más absoluta nada. Continente sin contenido. Así las creían. A esto me refiero con Ma Jolie, la dulce amante de Picasso: Eva Gouel. Que le sirvió de inspiración en su período más descompositivo. Y así podría ilustrar a más de nueve mujeres para hablar del futuro ya que en el pasado – y a veces, también presente -, la situación se asemeja más a una pantomima que a la vida real, a un mal teatro de la propia vida. Un teatro que, si quiere hablar de futuro, debe hacer referencia a la realidad con la que se enfrenta, no esconderse y ser valiente. De eso se trata. De conocer, entender y progresar en conjunto.

La portada es la fachada de un teatro donde todas sus puertas y ventanas desbordan una gran cantidad de flores, para así iniciar la revolución (en este caso feminista) de las artes escénicas. Una agitación necesaria, como tantas otras. En este caso, el feminismo es empleado como mera excusa del cambio, que he utilizado por estar relacionado con mi planteamiento personal y que sin embargo, bien podría ser: un niño a una niña, los bosques o el mar.

Los motivos de la vegetación y las flores están relacionados con símbolos de naturaleza, vida, y feminidad. Tratadas desde la ironía y la belleza incondicional. La maternidad, el gusto por lo sensible, y todas estas cosas que nos hacen creer, y que nos han hecho parecernos a lo más parecido a personajes de teatro, con gustos, acciones y pensamientos ajenos, escritos y dominados por una sociedad patriarcal.

Por eso quisiera que no se vieran estas imágenes como no lo son. Son solo el pretexto para evitar la culpabilidad que nos supone comportarnos descaradamente, entrometernos en lo ajeno, dar(nos) a luz y reencontrarnos con la vida. Solo la vida.

(València) Relativista hasta la médula e incansable creativa. Se define como un espíritu inquieto que le obliga a cambiar continuamente, reinventarse y actuar. Graduada en Historia del Arte y con Máster en Gestión Cultural.   En 2015 le rompieron, (como a cualquiera) el corazón y comenzó a re-producirse creativamente hablando. En 2017 surgió Yo también soy bonica* como resultado de algo que todavía está en proceso. Escribe poesía dada-simbolista, dibuja no muy bien pero le gusta, se relaja bordando y entendiendo que se trata de la primera vez que lo hace, collagea con ganas y hace sus pinitos con el paint.   Siempre ha sentido un especial interés por lo diminuto y el error. El error es lo que le ayuda a participar en el acto creativo de un modo consciente, razón por la que guarda los deshechos, considerándolos la parte esencial del resultado. Está implicada en el papel reciclado, materiales encontrados o viejos libros y libretas.   Por encima de todo, está interesada en la creatividad artística y la participación ciudadana como herramienta en la creación de una comunidad más inclusiva que permita favorecer el empoderamiento y el sentimiento de pertenencia.   Es autodidacta pero leyó y reinterpretó a Joseph Beuys diciendo; “todAs somos artistas” “la plástica social nos salva(rá)”

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