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Juan Carlos Lérida ©Daniel Olsson.

Danza y medios de comunicación. De la ausencia a lo posible

Como periodista y espectadora, la escasa presencia que tiene esta disciplina en periódicos, radios y televisiones de información general, me ha llamado la atención casi desde mis inicios. Y recuerdo que cuando descubrí la carencia, apareció también la pregunta: ¿por qué? Algunas encontramos en nuestro oficio un camino para cuestionamientos y nos preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos, por qué no se hace más (en este caso), por qué interesa de manera limitada, por qué la presencia de nuestro trabajo es casi inexistente, ¿influye en este déficit el cómo lo hacemos?… Cuestiones que forman parte de la responsabilidad que cada una asume en el ejercicio profesional que practica. 

Cuando pienso en la danza como algo genérico, lo hago situándola en dos contextos semánticos: como arte y hecho creativo, y como proceso comunicativo en el que debe darse un trasvase de información. Y ni en un sentido ni en el otro, encuentro explicación convincente para aclarar la casi inexistencia de la danza en los medios. Se me ocurren varias posibilidades y ninguna original. Una de ellas tiene que ver con el sentido último de los medios de comunicación: recoger lo que pasa. Si periódicos, radios y televisiones son espejo de una realidad y en la realidad pasa poca danza, su presencia (o ausencia de ella) está justificada. Pero esta sencilla hipótesis no deja de tener aristas un tanto vidriosas. En todo acto comunicativo, la responsabilidad está repartida. Situándolo en el tema que nos ocupa, la danza, podríamos hablar de la responsabilidad de las creadoras y creadores, la de los programadores y programadoras y de la responsabilidad de los espectadores, la audiencia. Pero también de la que tenemos la comunidad de periodistas, en este caso cultural, y de manera más concreta aun, especializada en danza (sí, existimos). Es cierto que la danza no goza de una programación regular en nuestro país, a excepción de algunos teatros. Pero afirmar que no se hace danza, y menos aún, que no se muestra danza, como justificación para no darle cobertura, resulta engañoso. Además, los periodistas, tanto de medios de tirada nacional como especializados (entre quienes me incluyo) debemos poner la mirada un poco más allá de los grandes nombres con recursos para campañas de comunicación elaboradas que nos llegan sin ningún esfuerzo. En nuestro deber está ir un paso por delante, trabajar por encontrar el interés (si consideramos que existe) en lo “pequeño”, pero no por ello menos importante. Sí, hay creación y exhibición de danza (el sudor que cuesta daría para otro artículo), es interesante, existen buenos creadores y creadoras, y como periodistas tenemos el deber de darle su sitio. “Lo que no se nombra no existe”, dijo Eulalia Lledó. Tenemos el deber de ejercer un criterio. No es cierta esta idea alrededor de la ausencia de programación de danza, algunas profesionales nos encontramos incluso con la dificultad de no poder cubrir o simplemente ver (que también forma parte de nuestro trabajo, entrenar la mirada una y otra vez) todo lo que asoma. 

Esta responsabilidad no cristaliza solamente en los periodistas, sino en los medios para los que trabajan. Sé de estupendos compañeros de profesión que por más que lo intentan, no consiguen el hueco que ellos mismos ven necesario. 

Cuando el paso se da y se consigue que la danza encuentre su lugar en los medios, no siempre se hace de la manera más pertinente y constructiva. Recuerdo una información sobre una edición del Festival Grec de Barcelona, recogida en un periódico de tirada nacional, en la que el periodista incidía en la extrañeza de que hubiera tanta danza en la programación de ese año, con cierto disgusto. O aquella vez en los Premios Max de las Artes Escénicas, en la que un espectáculo de danza arrasó llevándose la mayor cantidad de galardones, pero en un programa de televisión especializado en artes escénicas, la entrevista central la ocupó el segundo montaje más premiado, que era teatro. También encontramos cierto termómetro de lo que pasa con la danza en los medios con los adjetivos y verbos que suelen acompañarla, a menudo en titulares, y de los que no escapamos ninguna periodista: “la danza se cuela en…”, “la danza desembarca en…”. “Colarse” y “desembarcar”, dos acciones que ocurren cuando a alguien (en este caso algo) no se le espera”, como escribí una vez. 

Honestamente, creo que el pudor y el miedo a no entender, que se extiende aun entre la audiencia potencial de danza contemporánea, es aplicable, de una manera muy general, a los propios medios de comunicación. Acercarse a esta disciplina requiere de inquietud, análisis, rigor y conocimiento. ¿Pero no hace falta todo eso también para informar de una exposición en el Pompidou o del Ibex 35? Toda especialización requiere de formación adecuada. También de una ética, que pasa por desarrollar el ejercicio periodístico desde el periodismo y no desde la publicidad. Enmarcados en la situación de precariedad que salpica a la danza, desde varios frentes, se encuentran algunos medios especializados que para subsistir, olvidan en ocasiones la independencia de lo periodístico a cambio de un márketing encubierto que genere ganancias. No es lo mismo buscar financiación para unos contenidos elaborados de antemano, sin que afecte al tratamiento de dicha información, que elaborar contenidos porque ha llegado una financiación (grande o pequeña) que los dirija en enfoque e interpretación. Hace años, a esto último se le llamaba publirreportaje, y era obligatorio señalarlo para que los lectores no se llevaran a engaño. Desafortunadamente, hoy lo económico marca en muchas ocasiones lo que debería hacerlo un criterio periodístico basado en la independencia y la libertad y se publica como contenido de calidad lo que en realidad es transacción e interés de cualquier tipo menos periodístico. 

Cuesta visibilizar la danza. Normalizarla, hacerla presente. Aquí y allí, así y asao. Y trabajar alrededor de la danza desde una comunicación profesional pasa por un montón de lugares que conviene tengamos todas en cuenta. Pero hay algo cierto que ya apuntó Umberto Eco, “no son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias y saber juntar cuatro distintas significa proponerle al lector una quinta”. Ésa, bien podría hablar de danza. 

(Córdoba) Periodista especializada en información, crítica y difusión de danza desde hace 20 años. En la actualidad, es autora del medio de comunicación online especializado UNBLOGDEDANZA (unblogdedanza.com). También forma parte del Consejo Editorial de la revista ARTESCÉNICAS, publicación de la Academia de las Artes Escénicas de España, de la que es miembro desde 2015. Participa habitualmente como jurado en destacados certámenes, programas y galardones. Algunos de los más recientes, Premio Nacional de Danza (2018 y 2015), Premios Max 2018 (jurado de la Comunidad de Madrid); Ayudas a la creación en danza del Ayuntamiento de Madrid (2017) y Platea, INAEM (2016, 2017 y 2018). Ha coordinado la publicación Por la Danza, cofundó Susy-Q y formó parte del proyecto del Ministerio de Cultura danza.es, desde sus inicios y durante siete años. En materia de libros de danza, firma la coordinación y labores periodísticas y de documentación de 40 años en imágenes (2018), Ballet Nacional de España; el prólogo de Esto acaba de empezar. 20 años de Losdedae Danza (2017) y la co-dirección de publicación y textos de MES DE DANZA 20 AÑOS. Una historia de la danza contemporánea en Andalucía (2014). Imparte talleres sobre crítica especializada en danza. www.unblogdedanza.com

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