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Blanca Arrieta

Danza contemporánea. Dramaturgias locales

País Vasco. Un poco de historia.

30 años. Éste es aproximadamente el tiempo que tiene la danza contemporánea en el País Vasco.

Si la historiografía de la danza en España se ha tomado tiempo para comenzar, la de las periferias es casi inexistente. Por eso, al hacer un repaso  del arco temporal desde que algo se inició en aquí este campo escénico, cuando todavía la palabra dramaturgia no se utilizaba apenas, ni siquiera en el ámbito del teatro, es interesante conocer a los protagonistas y sus motivaciones  antes de poder hablar de líneas generales de país, de identidades artísticas y de nuevas dramaturgias, entendiendo estas como formas específicas de abordar la composición, y de gestionar la escritura y la acción,  la estructura y los dispositivos, para la creación de una pieza.

En un país donde -salvando el gran interés por la danza tradicional- no había ninguna presencia de las otras líneas de danza, ni siquiera de danza clásica, y sin Conservatorios específicos en las capitales, salvo la excepción de los de Música con sus secciones de danza en Donostia y en Pamplona, los antecedentes son escasos.

José Lainez y Concha Martinez son los precursores que, a su regreso de Holanda, en 1970, crean en Donosti la compañía Anexa. Como pioneros, su visión artística se basaba en una relación experimental del cuerpo con el espacio y el sonido, y en una búsqueda de nuevos lenguajes. Después de su larga estancia posterior en Barcelona como docentes y como compañía, pasan a dirigir la sección de danza de la Escuela Navarra de Música  y allí crean en el año 1980 la compañía Yauskari, con ambiciones rompedoras,  provocadoras y vanguardistas, en  un acercamiento a las dinámicas que se daban en Europa.

Y este era más o menos el marco y la perspectiva de las dramaturgias de todo que lo se generó en esta década en Euskal-herria.

En esa década La Fundición abre sus puertas el 1986 como un espacio de creación para la danza contemporánea y como punto de encuentro para bailarines y coreógrafos en Bilbao. El objetivo es la conexión con las corrientes europeas y la generación de un foco de luz para un panorama donde se percibe en el aire la necesidad de conectar con las tendencias coreográficas que la información que va llegando a través de los Festivales y de la escasa programación anual con la que se cuenta, permite vislumbrar.

Este espacio de acción y observación ha ido acompañando la evolución del panorama coreográfico a lo largo de estos 32 años.

La Fundición genera la primera compañía de danza de Bizkaia, Forros, (con influencias de la danza de catalana y de la danza belga, después de la estancia de Luque Tagua y Laura Etxebarria en estas dos ciudades) que con su primera pieza larga, ZOE,  inmersa en el universo musical de Meredith Monk, entra en un mundo onírico con una estética próxima a Carolyn Carlson y con un lenguaje corporal que viene, como todos los bailarines de ésta década, de las corrientes Limón, Graham, Cunnigham, siempre en busca de un vocabulario propio. Sus piezas posteriores, ya en formatos más pequeños, y bajo el nombre de Puertas Abiertas, se mantienen en la misma línea de lenguaje corporal, pero entrando en otros mundos sonoros, trasladando a la escena la preocupación formal por el movimiento cotidiano y su integración en un discurso que refleja de forma abstracta aspectos intimistas y realidades sociales o de grupo.

En Vitoria-Gasteiz, Traspasos, en 1987, arranca una trayectoria breve en la misma línea de búsqueda de un vocabulario corporal que pueda llevar a la escena cuestiones cotidianas en una dimensión más narrativa.

Y en Donostia, Arantza Balenciaga, con Asier Zabaleta entre otros bailarines,  trazan una línea donde la fisicalidad se abre paso por encima de otros conceptos, acercándose mucho a la danza de calle, al hip hop.

Mencionamos la palabra compañía pero ciertamente no como algo estructurado y como una realidad profesional y laboral consolidada, pues no era el caso. Y desde luego no como algo equivalente a las compañías “estables” que se estaban pudiendo mantener en las otras Comunidades Autónomas. Es la forma en que denominábamos en los 80 a estos equipos artísticos que luchaban por salir adelante y que, de hecho, no continuaron durante mucho tiempo pero que dieron lugar, desde su actividad artística y de investigación y su trabajo pedagógico, a una siguiente generación.

En Vitoria-Gasteiz, Moaré, en 1992, con Idoia Zabaleta a la cabeza, desde sus influencia europeas y desde la perspectiva de la improvisación, abre una línea de trabajo sobre el lenguaje que, más tarde y con un colectivo de mujeres va evolucionando y se va adscribiendo a la Nueva Danza. Y que actualmente trabaja “en la idea de colaboración con diferentes profesionales de diversos campos artísticos y no artísticos en la investigación del significado del cuerpo y  el movimiento en la sociedad”. A lo largo del tiempo y con la apertura de Azala-Espacio de creación,  y la participación en el Master de Cuenca, este equipo genera toda una corriente conceptual.

Y por otro lado, de la mano de Traspasos, toma la continuidad Damián Muñoz en 1995 y ya con Virginia Garcia crean La Intrusa en 1996, con trabajos de fisicalidad muy potente que sacaban adelante una narrativa barroca llena de imágenes donde los objetos, los personajes, la música en directo, un diseño de luz muy elaborado y el video  son la firma de su trayectoria posterior.

Mientras, en Bilbao hay una actividad muy intensa a finales de esta década.

El grupo Con Buen Pie, en 1997, con una danza  de lenguaje narrativo que, con un apoyo muy decidido en la musicalidad, juega con la baza de hacer del humor el recurso de conexión con el público.

Matxalen Bilbao, desde 1998, después de haber bailado con 3 de las compañías iniciadoras  de la primera comunidad artística,  y desde otro punto de vista más fenomenológico, se inclina hacia la investigación del movimiento, el cuerpo, su singularidad, su configuración, la relación con los demás, desarrollando una atención especial hacia lo intersticial, “el entre” con relación a la organización corporal y espacio-temporal.

Blanca Arrieta, que mientras continúa bailando con diversas compañías en el extranjero, a partir de 1999, mantiene una investigación sobre “todas las posibilidades comunicativas del cuerpo para la construcción de un lenguaje, y profundiza en las complejas relaciones internas y externas del cuerpo y el espacio, en los vínculos entre geometría, forma y materia con el movimiento y la emoción”.

Organik/Natalia Monge, con una narrativa muy teatral de historias, personajes y situaciones de la condición humana. Habitualmente en un registro de humor (que seguía la línea de Con Buen Pie). En sus piezas actuales dirige su atención a temáticas muy asociadas a la cultura vasca.

Sra Polaroiska, también en 1999,  irrumpe en la escena con sus trabajos de video-danza y videocreación,  autónomos en su presentación. Pero que más tarde pasan a formar parte, o a ser el pretexto, o a generar piezas escénicas de danza en  dramaturgias que les acercan al cine y a creación de realidades ficcionales  que envuelven y/o incorporan al espectador y juegan con él en piezas-experiencia y piezas de participación.

 

Horman Poster

En Donostia,Ion Munduate  muy próximo a la performance (desde 1998 codirige junto a Blanca Calvo el proyecto Mugatxoan, taller-programación que se interesa por las prácticas emergentes y proyectos situados entre la performance y las artes visuales), en los últimos tiempos  está interesado con escribir-dibujar partituras de los movimientos, acciones y situaciones que práctica.

Asier Zabaleta, a principios de los 90 comienza a bailar también con compañías de otras Comunidades Autónomas y en 1999 comienza su etapa suiza en la que bailaba con la compañía Alias. A su regreso en 2004 crea Ertza, con obras que “invitan al público, de una forma lúdica y estética a tomar una posición activa frente a lo que está viendo, y a reflexionar en torno a temas de cotidiana actualidad y sus contradicciones”, con una lectura directa del mensaje. Apoyándose también en el video para crear juegos visuales y/o añadir materiales descriptivos en alguna dramaturgia cercana a la conferencia.

En paralelo, Igor Calonge, a la vez que baila con diversas compañías y  coreógrafos en el Estado, en 2001 comienza con sus propios trabajos, con biografías extremas y radicales que, tras su encuentro con el brasileño Teatro del Açucar y en su evolución hacia Cielo Raso toman un carácter más alineado con una narrativa poética e intimista, siempre con el cuerpo como elemento protagonista para crear espacios emocionales y de relación, minimalistas y con algún objeto o material específico que acompaña o genera el desarrollo de la pieza.

Sin olvidar durante todos estos años el lugar que, desde sus orígenes en la danza tradicional, en Gipuzkoa, han ido tomando Aukeran-Edu Munduamendiaraz, muy enraizado en la danza vasca en sus desarrollos coreográficos y escénicos. Pero especialmente Kukai, con Ion Maya a la cabeza, tomando una evolución muy clara hacia la danza contemporánea a través de los numerosos trabajos de colaboración con coreógrafos invitados, de líneas muy diversas,  en los que cada uno pone su sello  en esta estrategia de creaciones a partir de una fusión de lenguajes.

Con el caso especial de Dantzas: una compañía creada para “la formación asociada al empleo” y a un primer contrato laboral para los bailarines; que invita también a coreógraf@s locales, nacionales e internacionales para poner en marcha sus creaciones.

Volviendo a Bilbao, en los 2000 toman presencia: Olatz de Andrés, que se adentra en otros tipos de dramaturgia que nos acerca al cine a través de la luz y del video, del montaje y del texto. Y que más adelante explora composiciones colectivas y piezas de participación. Y también Natxo Montero, que sorprende cuando en su primera pieza larga propone el cuerpo como protagonista y foco de interés absoluto: sus sonidos, su peso, su luz, su cansancio, su contacto… No música, no iluminación. Y en su segundo trabajo de interior juega con un cambio total en el planteamiento, con un enfoque teatral en una dramaturgia de documental-ficción.

Y ya en la última década, de múltiples influencias artísticas, de la eclosión efectiva, y al alcance de la mano, de las tecnologías, de las redes sociales, del 2.0 y del 3.0, de una información desbordante y de la consciencia de la posmodernidad y de una sociedad líquida, etc, se ha multiplicado el número de creadores y equipos creativos.

Y por lo mismo, también se han diversificado mucho las tendencias dramatúrgicas ya que cada artista/equipo busca su propio lenguaje, su “qué y cómo” según sus referentes. Y además el origen de los equipos es más transversal.

Pero podríamos decir que nos encontramos con dos bloques, que muy a menudo tienen también elementos en común.

El de creador@s con piezas donde la dramaturgia es la de una escritura coreográfica en la que el cuerpo que danza es el protagonista y a la vez el objetivo de la investigación del movimiento y sus procesos. Acompañados en muchos casos con incorporación de tecnología audiovisual (para muy diferentes usos: videocreación, videodanza, reportaje, paisaje, color, luz, duplicación), a veces con la presencia de textos, ya sean orales o proyectados, y por supuesto la iluminación.

Y el de aquellas piezas más conceptuales; más performativas y/o inscritas en los discursos de la nueva danza; donde el cuerpo es el instrumento para la danza expandida; para la danza experiencia; para la danza de colaboración; para prácticas más colectivas, formatos de conferencia, instalación … Y que a la vez pueden utilizar los dispositivos mencionados arriba. Pero en general están menos adscritas a los recursos y espacios escénicos ya que sus lugares de proceso y presentación son otros y muy diversos.

En el primero bloque estarían: Krego Martin, en dramaturgias del cuerpo y el movimiento; Doos Colectivo para quien los cuerpos describen o sugieren situaciones sociológicas; Ana Capilla, muy en relación con la música en directo;  Ziomara Hormaetxe, implicada en el movimiento asociado a las tecnologías audiovisuales; Lasala, con piezas de danza de lenguaje muy reconocible y en formatos mayores que la media; Osa-Mujika, con un desarrollo de elementos visuales y de estética muy señalada;  Amaia Elizaran, y su trabajo de improvisación; Nerea Martinez, y su último trabajo de conexión con la danza tradicional; Aritz Lopez, y su aproximación inicial al hip hop como lenguaje, con una deriva posterior más teatral hacia situaciones de grupo; Myriam Lopez Cazabón, con propuestas intimistas; Iker Arrúe muy próximo a partituras musicales; Germán y Jorge Allúe, que tras su tiempo en la compañía de Wim Vandekeybus desarrollan sus propios trabajos…

Y en el segundo: Marta Navaridas, que junto con Alex Deutinger juegan con lo percibido visualmente recontextualizando el escenario;   Carla Fernandez, y sus talleres-laboratorio de arte sonoro y plástico para trabajar la percepción y mostrar procesos; Macarena Recuerda Shepherd que con sus talleres y laboratorios del juego trabaja para construir nuevas realidades y proyectos colaborativos; Horman Poster que construye dramaturgias en dialogo con el presente, la historia y la propia biografía ,  y desarrolla experiencias de mediación;  Colectivo Qualquer, que aborda sus investigaciones desde un pensamiento coreográfico que excava en la creación de lenguajes en el cruce entre la danza, la escritura, el cine y la filosofía…

La cantidad de nombres nuevos va en aumento en las tres provincias, pero por poner una línea hemos mencionado aquellos artistas o equipos cuyos trabajos son ya más de tres o cuatro y han tenido ya una visibilidad contrastada en el País Vasco y en el exterior.

Continuamos en el momento apasionante de ver cómo sigue ahora el desarrollo de esta tercera generación.

 

Primera promoción del Master de Gestión Cultural de la Universidad Complutense. Su práctica profesional se vuelca sobre La Fundición, espacio abierto en 1986 junto con Luque Tagua y con otros socios y artistas, para el acompañamiento a la creación y la exhibición de artes escénicas en la línea de Nuevas Tendencias. Ha participado en foros nacionales que se iniciaron para el impulso y el desarrollo de la creación contemporánea (Foro Estatal para la Danza, RED Estatal Alternativa, Magalia), y por otro lado, con estructuras nacionales e internacionales para la visibilidad de los creadores (Rencontres Choregraphiques, IETM, Dance Bassin Mediterranne, IRIS, Roberto Cimetta, Proyectos Europeos…). Formó parte del primer Consejo Vasco para la Cultura y del primer Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música.

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